Ampliando fronteras en la eliminación de la violencia contra las mujeres: la próxima Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer y la importancia de la cooperación internacional

Declaración de la Sra. Lakshmi Puri, Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres, en la Conferencia Regional sobre el Convenio de Estambul. 17 de enero de 2013.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Excelencias,
Honorables parlamentarias y parlamentarios,
Distinguidas delegadas, distinguidos delegados,
Señoras y señores,

Permítanme empezar rindiendo homenaje a todas aquellas personas que hicieron posible el Convenio de Estambul. Reciban el agradecimiento de ONU Mujeres: se trata de un logro significativo hacia la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, no sólo en Europa, sino a nivel mundial.

El Sr. Bota, que me ha precedido, preguntaba sobre el valor que tiene un trozo de papel. ¿Puede un trozo de papel, que represente un pacto, una ley o un instrumento jurídico no vinculante, cambiar el mundo? ¿Qué valor añadido tiene un convenio, una resolución, una declaración política, o los diversos textos acordados en un entorno intergubernamental? No faltará quien piense que son sólo palabras sobre el papel, y que para producirlas se ha empleado recursos muy necesarios para otras cosas.

Pero ustedes y yo, reunidos aquí hoy, y en especial los organizadores de esta importante reunión —el Consejo de Europa, el Ministerio de Asuntos Exteriores y el Parlamento de Finlandia, a quienes doy las gracias— sabemos que estos documentos son algo más que un compendio de palabras. Sabemos que, al unirlos, estos textos constituyen un conjunto de normas y estándares mundiales y regionales de gran consistencia que posteriormente se trasladará a leyes, políticas y medidas nacionales y locales.

Es posible que sean trozos de papel —que, como hemos oído antes, pueden tardar mucho en imprimirse— pero están imbuidos de autoridad moral. Es posible que sean palabras, pero resuenan con el eco de la legitimidad.

Nos orientan en nuestra lucha diaria por la igualdad de género y empoderan a las defensoras y los defensores de las mujeres de todos los países del mundo. Movilizan a distintas partes interesadas que trabajan en ámbitos diversos, incluyendo a los gobiernos, la sociedad civil, las Naciones Unidas, el sector privado, el mundo académico y los medios de comunicación.

Sí, estos textos provocan cambios, porque evocan compromisos políticos e instan a adoptarlos. Ya sea con la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer —que está a punto de alcanzar la ratificación universal con 187 Estados partes— o las resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas o la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, estos textos tienen el poder de cambiar actitudes.

Por todo ello, en ONU Mujeres creemos firmemente que debemos continuar mejorando y fortaleciendo las normas y los estándares mundiales, nacionales y regionales sobre la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres, y asegurar que se reflejan de forma fundamental en todas las áreas sectoriales relevantes.

ONU Mujeres se compromete a reforzar y ampliar los límites de estas normas y estándares, especialmente en lo que respecta a la violencia de género. Poner fin a la violencia contra las mujeres es una de las áreas prioritarias de ONU Mujeres, además de ser el tema prioritario del próximo periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. En este contexto, celebramos con verdadera satisfacción el Convenio de Estambul, que añade firmeza al conjunto de normas y estándares que sigue creciendo en todo el mundo.

Ya se ha explicado muy bien cuál es el valor agregado del Convenio, también lo ha hecho la Profesora Chinkin. Es un acuerdo de gran alcance, en muchos aspectos un modelo de referencia, que establece la obligación de los Estados de abordar la cuestión de la violencia contra las mujeres de manera exhaustiva a través de la prevención, la protección y el procesamiento judicial.

El Convenio se basa en el importante trabajo realizado en varios foros, incluidos los hitos conseguidos por las Naciones Unidas como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, y su complemento, la Recomendación General 19 del Comité de la Comisión, la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing.

El Convenio de Estambul se une a otros estándares y amplía el marco internacional sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres: ahora tenemos un convenio sólido y legalmente vinculante que define directivas y compromisos muy claros para tomar medidas sobre la prevención, la protección y el procesamiento judicial, y para responder ante la violencia contra las mujeres y concretamente ante la violencia doméstica, que durante tanto tiempo se ha considerado como un asunto privado en el que el Estado no debía intervenir.

Una vez que entre en vigor, el Convenio se convertirá en un impulso adicional para que los Estados partes actúen de forma decisiva y pongan fin a la violencia de género. Pero el Convenio ya tiene un impacto visible: cada uno de los nuevos acuerdos que se firman entre los Estados soberanos reafirma que los derechos humanos de las mujeres son inviolables y con ello se favorece un cambio positivo.

Este convenio consolida un consenso cada vez mayor sobre la necesidad de eliminar la violencia de género y abordar su naturaleza estructural, es decir, la desigualdad histórica en las relaciones de poder entre mujeres y hombres. ONU Mujeres continuará trabajando junto con el Consejo de Europa para divulgar el valor del convenio y promover la adhesión, incluyendo entre aquellos países que no son miembros del Consejo de Europa.

El consenso cada vez mayor sobre la necesidad de eliminar la violencia contra las mujeres también es patente en las Naciones Unidas, donde se han alcanzado diversos logros en 2012. La Asamblea General aprobó en diciembre una resolución sobre la intensificación de los esfuerzos para eliminar todas las formas de violencia contra la mujer, además de su primera resolución sobre la intensificación de los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación genital femenina, gracias al liderazgo de los países africanos.

Estos documentos, de gran trascendencia, demuestran que los gobiernos consideran la violencia contra las mujeres un problema universal que exige una movilización mundial y medidas concertadas. Existe la voluntad política, algo sumamente importante. Sin embargo, todavía queda pendiente debatir sobre los pasos concretos que se deben seguir, los sectores que deben participar y los estándares necesarios. En este sentido, el Convenio de Estambul reviste gran valor gracias a su enfoque detallado y operacional. Me encantará seguir escuchando más sobre este Convenio durante el día de hoy.

Pero estoy aquí por algo más: nos encontramos en la víspera de uno de los periodos de sesiones más decisivos de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que en marzo considerará como tema prioritario la “eliminación y prevención de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas”.

La Comisión es un órgano de deliberación intergubernamental, líder indiscutible en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres a nivel mundial, en la que se reúnen gobiernos y la sociedad civil para hacer balance del progreso y comprometerse adoptar medidas adicionales. Cada año, la Comisión atrae a delegaciones nacionales muy numerosas, incluyendo multitud de ministras y ministros, además de alrededor de 2.000 representantes de ONG procedentes de todas las regiones del mundo.

El próximo periodo de sesiones brinda una gran ocasión para que los Estados Miembros se comprometan a poner fin a esta atroz violación de los derechos humanos y flagrante discriminación contra mujeres y niñas. Esperamos que la Comisión aproveche los éxitos de las resoluciones de la Asamblea General, se inspire en el Convenio de Estambul, y amplíe aún más los límites de acción.

La adopción por parte de la Comisión de un documento final que exija medidas y se oriente hacia el futuro dejará claro que todas las formas de violencia contra la mujer son inaceptables, y que los Estados Miembros no pueden mirar hacia otro lado.

¿Qué resultado de la Comisión se podría considerar audaz? ¿Cuál es el objetivo que queremos lograr como resultado de esta negociación, en las conclusiones convenidas?

En primer lugar, que los Estados Miembros reconozcan que la violencia contra las mujeres es un problema universal que nos afecta a todas y todos, y que deben combatirlo conjuntamente. La violencia de género no puede plantearse en términos de “nosotros” frente a “ellos”. Acabo de llegar de una reunión ministerial africana en Addis Abeba, celebrada como evento preparatorio para la Comisión, y que ha sido muy alentadora en este sentido. En ella quedó muy claro que poner fin a la violencia contra las mujeres no era algo optativo, sino una prioridad política, social, económica y de derechos humanos.

Las conclusiones convenidas deben reafirmar y volver a subrayar el compromiso con las normas y los estándares existentes sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres, pero también deben reforzarlos, y establecer una conexión con normas y estándares de otros ámbitos y sectores. Las conclusiones convenidas deben plasmar claramente que la cultura de la negación y la impunidad debe llegar a su fin. No se puede tolerar ninguna forma de violencia contra las mujeres, tampoco la violencia doméstica, en ningún caso, incluyendo las situaciones de conflicto y posteriores a los conflictos.

El resultado de la Comisión también debe hacer hincapié en la implementación y abordar la manera en que los gobiernos y otras partes interesadas expresarán las normas y los estándares mundiales en legislación, políticas, planes de acción y medidas específicas que sean eficaces. Es fundamental hacer un seguimiento del progreso y conseguir la rendición de cuentas de los Estados.

Además, esperamos presenciar esfuerzos de prevención más firmes, exhaustivos y continuados, ya que la mejor manera de detener la violencia es evitar que llegue a ocurrir. La prevención multisectorial es la nueva frontera que debemos conquistar. La prevención no sólo implica llevar a cabo campañas de concienciación; se debe contar con todo un ecosistema de políticas y debe establecerse conexiones con otras políticas de género para promover una prevención y respuesta exhaustiva y holística.

La violencia contra las mujeres no surge de la nada: está estrechamente relacionada con diversas formas de discriminación de género que se observan en las esferas política, económica y social, así como en el entorno familiar y de la comunidad. Contamos con los programas educativos para que enseñen derechos humanos, igualdad de género y respeto mutuo. Debe haber más mujeres en la política, el cumplimiento de la ley y las fuerzas de mantenimiento de la paz.

También necesitamos contar con protección social efectiva, igualdad de oportunidades económicas y trabajo decente para las mujeres. Dicho de otro modo, debemos lograr una transformación estructural que por sí sola sea capaz de eliminar la violencia contra las mujeres.

Asimismo, esperamos que se instauren nuevas y mejores leyes y planes de acción nacionales que garanticen la protección y la prestación de atención multisectorial, incluyendo centros polivalentes y de atención de crisis. La prestación de servicios actúa como mecanismo tanto de disuasión como de respuesta, y puede incluir líneas de atención telefónica gratuita, instrumentos policiales y jurídicos, refugios, ayuda legal, asistencia médica y sanitaria, incluidos los servicios de salud sexual y reproductiva, y asesoramiento psicosocial y apoyo a las sobrevivientes de la violencia y a sus hijas e hijos.

Además, es fundamental que estos servicios los presten instituciones sensibles al género, especialmente las que forman parte del sistema de justicia.

Finalmente, esperamos que la firme voluntad política de los Estados Miembros para abordar la violencia contra las mujeres y las niñas se traduzca en mayores fondos que cubran la gran cantidad de medidas que debemos implementar de forma urgente. Es preciso contar con más recursos a escala nacional, pero también en el marco de la cooperación internacional. En sus programas de ayuda, los donantes deben priorizar la eliminación de la violencia contra las mujeres, pero también la agenda general sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres.

Estos aspectos que acabo de mencionar conforman el objetivo que queremos lograr en la Comisión. Posteriormente, las conclusiones convenidas de la Comisión servirán de orientación a los gobiernos de todo el mundo y serán una valiosa herramienta de promoción para las innumerables personas que defienden los derechos humanos y la igualdad de género, y que luchan por las mujeres y las niñas. Es lo menos que podemos ofrecer a los millones de víctimas y sobrevivientes de todos los países del mundo.

Incluso así, alcanzar el consenso sobre un resultado audaz no será una tarea fácil. La violencia contra mujeres y niñas está estrechamente relacionada con diversas cuestiones que han suscitado debates. En los últimos años, dos de ellas han recibido especial atención.

La pasada década ha presenciado diversos acontecimientos geopolíticos que han reavivado la sensibilidad en torno a la cultura, la religión y las tradiciones. Teniendo en cuenta este contexto, el llamado a que los Estados “condenen enérgicamente la violencia contra la mujer y se abstengan de invocar ninguna costumbre, tradición, o consideración de carácter religioso para eludir las obligaciones con respecto a su eliminación”, que figura en la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y se reitera en la Plataforma de Acción de Beijing, adquiere más importancia que nunca.

Sin embargo, sigue habiendo algunos pocos que dudan a la hora de reconocer que la cultura, la religión y las tradiciones se pueden malinterpretar para negar a las mujeres y niñas sus derechos humanos básicos y someterlas a la violencia. Por eso fue esperanzadora la reunión preparatoria a la Comisión que he mencionado antes, en la que ministras africanas y mujeres líderes condenaron enérgicamente las prácticas tradicionales nocivas.

Los datos que arroja la investigación de ONU Mujeres muestran que hay más de 3.000 prácticas tradicionales nocivas registradas que infligen distintas formas de violencia a mujeres y niñas, entre las que se incluye el matrimonio forzado, formas específicas de violencia sexual y esclavitud, y la mutilación y la ablación genital femenina. Con el fin de avanzar y poner fin a estas prácticas, es fundamental implicar a los líderes tradicionales y a los grupos confesionales.

Otro tema a considerar es la salud sexual y reproductiva de las mujeres, y sus derechos reproductivos. Si bien el concepto de derechos reproductivos se consolidó a mediados de la década de los noventa, en la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo y en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, hoy se interpreta de maneras diferentes y no existe un reconocimiento suficiente de la importancia fundamental que tiene el respeto y la promoción de la salud sexual y reproductiva y los derechos reproductivos a la hora de poner fin a la violencia contra las mujeres.

En consecuencia, es necesario lograr un consenso firme para que las estrategias de prevención, protección y respuesta en materia de violencia contra las mujeres incorporen plenamente la salud sexual y reproductiva y sus derechos relacionados, lo que incluye medidas educativas, de sensibilización y de prestación de servicios. Europa debe encabezar la iniciativa y permanecer unida en estos temas. Espero que el Convenio de Estambul funcione como una fuerza motriz en este sentido.

Los debates que se llevan a cabo en torno a la cultura, la religión y las tradiciones, así como sobre los derechos reproductivos, demuestran que es preciso contar con más esfuerzos para alcanzar un consenso auténtico, que amplíe los límites e impulse una agenda a favor del cambio.

ONU Mujeres tiene la responsabilidad de prestar apoyo a los Estados Miembros en sus deliberaciones sobre igualdad de género y empoderamiento de las mujeres, además de apoyar la implementación de un marco normativo internacional.

Los preparativos para el próximo periodo de sesiones de la Comisión empezaron hace un año, y han culminado con la elaboración de dos informes sobre prevención de la violencia y sobre servicios multisectoriales y respuestas a la violencia. Estos informes, que crean jurisprudencia sustantiva y un terreno intelectual común en torno a estas cuestiones, incorporan contribuciones de expertas y expertos independientes, Estados Miembros, socios de las Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil, además de basarse en nuestra amplia experiencia a escala nacional.

Reconociendo la necesidad de crear coaliciones amplias como paso previo a la Comisión, ONU Mujeres organizó un foro de partes interesadas de alto nivel el pasado diciembre en Nueva York. Este evento, el primero de su categoría, reunió a ministras y ministros, encargadas y encargados de la formulación de políticas, defensoras y defensores de la mujer y profesionales sobre el terreno, además de movilizar a activistas de todas las regiones.

Logró sensibilizar a las delegadas y los delegados de Nueva York en relación con el tema de la Comisión, así como con la necesidad de reafirmar y ampliar el marco normativo de la eliminación de la violencia contra las mujeres, acelerar su implementación y garantizar su cumplimiento.

También estamos impulsando otra iniciativa con la que nos acercamos a los gobiernos: “NOS COMPROMETEMOS para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas”. Esta campaña insta a las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno a anunciar iniciativas para poner fin a la violencia contra mujeres y niñas y exhibir estos compromisos públicamente.

Actualmente contamos ya con los anuncios de 15 Estados, que incluyen el compromiso del Gobierno de Finlandia y el Gobierno de Austria de ratificar el Convenio de Estambul en 2013, y el compromiso del Gobierno de Jamaica de firmar y ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.

Este trabajo de promoción mundial se complementa con nuestros esfuerzos a escala nacional para acelerar la implementación. ONU Mujeres trabaja en 85 países para, en primer lugar, prevenir la violencia, y para poner fin a la impunidad de estos delitos y ampliar los servicios esenciales a las sobrevivientes.

Coordinamos el Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres que, a finales de 2012, incluía 95 programas en 85 países y territorios, con un valor total aportado de más de 63,5 millones de dólares estadounidenses. El próximo ciclo de convocatorias para propuestas del Fondo Fiduciario de la ONU se inició en noviembre, prestando especial atención al tema de abordar la violencia contra las adolescentes y las jóvenes.

Asimismo, me gustaría resaltar la importante contribución de la campaña del Secretario General de las Naciones Unidas, ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres, y de su red de hombres líderes, que presenta un oportuno enfoque sobre el papel que tienen los hombres y los niños varones a la hora de poner fin a la violencia contra mujeres y niñas.

En sus esfuerzos para movilizar a todas las partes interesadas en la eliminación de la violencia contra mujeres y niñas, ONU Mujeres confía en el valioso apoyo de la sociedad civil. Las organizaciones no gubernamentales son actores cruciales en la respuesta ante la violencia contra las mujeres y han sido decisivas para poner de relieve este tema. La participación activa de las organizaciones no gubernamentales durante la Comisión contribuirá a enriquecer el debate sobre buenas prácticas y lecciones aprendidas. Las pruebas que aportan sobre “lo que funciona” tienen un valor incalculable, y pueden impulsar la repetición y la ampliación de iniciativas.

Sin duda, el diálogo entre las diversas partes interesadas es fundamental para limar diferencias y lograr el consenso en relación con acciones concretas que deben adoptarse para transformar las vidas de mujeres y niñas. No me cabe la menor duda de que en los próximos años la Comisión oirá hablar mucho, y se beneficiará enormemente, de la experiencia de los países que implementen el Convenio de Estambul.

Mientras tanto, será un placer escuchar lo que tengan que decir sobre el Convenio durante el día de hoy, y cuento con su apoyo en marzo para la elaboración de un documento final de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, pero también, y más importante, sobre su implementación. Unámonos para mostrar al mundo la importancia que tienen las normas y los estándares.

Pueden cambiar actitudes y sociedades, y repercutir de manera significativa en el tema de la violencia contra las mujeres, que tiene profundas implicaciones no sólo para la promoción de los derechos humanos, sino también para el logro del desarrollo sostenible y de la paz y la seguridad. Las normas aspiran a conseguir la perfección, y por eso precisamente necesitamos estándares de alta calidad: que nos sirvan de inspiración y nos animen a cambiar lo que es en lo que debería ser.

Muchas gracias.

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