Michelle Bachelet se dirige a la sesión de apertura de la Cuarta Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Adelantados

Fecha : 09 May 2011

Discurso de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, en la sesión de apertura de la Cuarta Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Adelantados, Estambul, 9 de mayo de 2011.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Excelencias, distinguidos delegados, señoras y señores:

Quiero en primer lugar agradecer a S.E. el Presidente de la República de Turquía y al Gobierno de Turquía por organizar la Cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Desarrollados en esta hermosa ciudad de Estambul. Esta Conferencia es un importante punto de reunión para todos nosotros donde podemos reafirmar nuestros compromisos e identificar las principales áreas para ayudar a los Países Menos Desarrollados a que alcancen los objetivos de desarrollo acordados internacionalmente, incluyendo los ODM.

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, se dirige a la sesión de apertura de la Cuarta Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Adelantados

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, se dirige a la sesión de apertura de la Cuarta Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Adelantados, Istanbul, 9 de mayo de 2011. (Foto: PNUD Turquía.)

Antes que nada hay que reconocer el progreso considerable, muchas veces no tomado en cuenta, que han logrado los Países Menos Desarrollados para alcanzar los ODM. Por ejemplo, las informaciones recientes muestran que el promedio de niñas en relación a los niños que se inscribieron en la escuela primaria en los Países Menos Desarrollados se situó entre el 0.7 y el 1.1 por ciento. Los promedios de los niveles de alfabetización de las mujeres han crecido en casi un 10 por ciento en la última década. Es importante mantener y seguir estos progresos.

Como sabemos, la educación de las mujeres y de las niñas tiene un importante efecto multiplicador para la reducción de la pobreza y proporciona beneficios a las familias, a las economías y a las sociedades en general. Es necesario progresar más aún para subsanar el hecho de que alrededor del 80 por ciento de los 800 millones de personas en los Países Menos Desarrollados siguen viviendo con menos de dos dólares por día, y la mayoría de éstas son mujeres y niñas.

Un área que me preocupa de manera especial — en calidad de médico y de ex Ministra de Salud —es la falta de acceso de las mujeres rurales y de los niños a los servicios de salud. Una de cada 16 mujeres de los Países Menos Desarrollados corre el riesgo de morir en un parto. Los índices de mortalidad de infantes y de niños son también muy altos. En África subsahariana las mujeres jóvenes tienen ocho veces más probabilidades que los hombres de ser seropositivas.

Estas cifras muestran claramente la urgencia que hay de pasar a la acción.

Es crucial hacer mayores inversiones en la agricultura y en el desarrollo rural. En el mundo, las áreas rurales se han quedado muy atrás en lo relativo a los progresos en todos los indicadores de los ODM, incluyendo los relacionados con la igualdad de género. Esto es especialmente importante en los Países Menos Desarrollados, dado que más del 70 por ciento de sus habitantes viven en áreas rurales.

Por lo tanto, en la redacción de mi Visión y plan de acción para los primeros 100 días de ONU Mujeres, he identificado la autonomía económica de la mujer rural como una prioridad esencial.

Un área importante que necesita que se le preste mayor atención es la de reducir el trabajo de los cuidados familiares no remunerado de las mujeres. En el mundo, 2,7 mil millones de personas dependen de hogueras y de cocinas tradicionales para ganarse la vida y alimentar a sus familias. En África, las familias pueden llegar a gastar hasta un tercio de sus ingresos disponibles para alumbrarse a base de combustible, y las mujeres dedican por lo menos un cuarto del trabajo total de la casa a juntar madera.

Las tecnologías que economizan el trabajo y las fuentes de energía alternativa para cocinar y preparar la comida, así como para otras labores familiares no remuneradas, han dado pruebas de ser efectivas en reducir el tiempo de trabajo de las mujeres de muchas horas a sólo unos minutos.

En Tanzania, se estima que una reducción de una hora semanal dedicada a las labores agrícolas podría aumentar la participación de las mujeres en otras actividades en un 7 por ciento. Sin embargo, las mujeres y los hombres rurales, especialmente los que viven en áreas con poca densidad de población, se ven obstaculizados por grandes déficits de infraestructura en los sectores del transporte y la energía, y por una falta de servicios fundamentales para sobrevivir, como la energía y el agua.

Las energías renovables pueden ser una solución buena para todos en lo relativo al desarrollo rural sostenible, la reducción de la pobreza y las mejoras en los resultados en materia de salud, educación e igualdad de género. Por ejemplo, la energía solar puede dar luz a aldeas enteras, permitir bombear agua, ofrecer posibilidades de refrigeración para guardar medicamentos y alimentos, y dar electricidad a los centros de salud, a las escuelas y a otros lugares públicos. La energía renovable puede también mejorar el acceso de las mujeres y de los hombres a la información y a la comunicación (como el internet, la televisión y la radio), abriendo una ventana al mundo.

La inversión en el acceso de las comunidades rurales a una energía limpia y renovable es esencial para impulsar el desarrollo de las comunidades rurales, particularmente en los Países Menos Desarrollados. Las mujeres se beneficiarán de manera especial, porque son las responsables de llevar a cabo las labores gratis cuando el acceso a la energía es limitado o no está disponible.

Debido a su gran dependencia de las importaciones, los Países Menos Desarrollados se han visto muy afectados por los precios en aumento de los alimentos, que han llevado a 44 millones de personas a la pobreza en todo el mundo en el último año. Más de 300 millones de personas que viven en África, la mayoría de ellos en los Países Menos Desarrollados, no tienen seguridad alimentaria. Una mayor productividad del sector agrícola puede contribuir mucho a una mayor seguridad alimentaria.

Las mujeres representan la mitad de la masa laboral del sector agrícola en los Países Menos Desarrollados. Las inversiones en el acceso de las mujeres rurales a los recursos productivos y a los servicios financieros pueden tener un importante efecto multiplicador sobre el desarrollo rural, beneficiando a mujeres y hombres, a niñas y niños por igual. Sin embargo, en la actualidad, en el medio rural del África subsahariana, las mujeres en las pequeñas instalaciones agrícolas tienen acceso a menos del 10 por ciento del crédito disponible.

La FAO ha estimado que si las mujeres tuviesen el mismo acceso a los recursos productivos que los hombres, aumentarían la producción de sus granjas en un 20 o un 30 por ciento. Esto podría tener un gran impacto sobre la seguridad alimentaria y la nutrición en los Países Menos Desarrollados. Entonces, ¿por qué no se hacen mayores inversiones para hacer aumentar la productividad agrícola por medio de un aumento del acceso de las mujeres a esos recursos?

La OCDE ha estimado en los últimos años que sólo el 5,6 por ciento de la ayuda dirigida al sector agrícola se centra específicamente en la igualdad de género. Hago un llamado a los gobiernos y a la comunidad internacional para incrementar el apoyo a las mujeres rurales y a las dueñas de granjas en los Países Menos Desarrollados.

Con el fin de empoderar a las mujeres rurales, ONU Mujeres trabajará con los gobiernos y con las comunidades rurales de modo de identificar soluciones viables para reducir su carga de trabajo no remunerado de la atención familiar por medio de una promoción de inversiones en energías renovables y en tecnologías que economicen el trabajo. También promoveremos un mayor acceso de las mujeres a los recursos productivos y a los servicios financieros.

Señoras y señores: ahora quisiera pasar al tema más amplio de los medios de vida de las mujeres y su acceso al empleo y al trabajo decente en sectores no agrícolas.

Tanto las mujeres como los hombres encuentran dificultades para encontrar trabajo cuando las economías no pueden generar suficientes empleos y medios de vida productivos para la cantidad cada vez mayor de jóvenes mujeres y hombres que entran anualmente al mercado laboral. Muchas mujeres y hombres jóvenes han tenido que buscar trabajo en la economía informal. En los Países Menos Desarrollados, la cantidad de trabajadores por cuenta propia y que ayudan a la familia alcanza el 81 por ciento de todos los trabajos.

Esto requiere dar una mejor base de protección social para brindar garantías de empleo, de beneficios de apoyo a los ingresos, de seguridad de ingresos básicos para los ancianos y los discapacitados, y de beneficios para los niños. También es esencial incrementar el acceso de los trabajadores informales a los servicios públicos esenciales como la salud, la educación primaria, la vivienda, el agua y el saneamiento.

Los elementos para una base de protección social ya existen en muchos de los Países Menos Desarrollados, y han dado pruebas de ser eficaces a la hora de luchar contra la creciente desigualdad y la pobreza persistente.

Aquí quiero hacer notar que la protección social tiene que ser considerada como una inversión, y no un costo. Ofrece beneficios futuros considerables en lo relativo a mejores resultados de desarrollo humano y en tanto que instrumento esencial para hacer uso de la capacidad de producción de las mujeres. Eso les permitirá participar más plenamente en la vida económica en tanto que trabajadoras, empleadoras, consumidoras y ciudadanas.

La gran cantidad de trabajadoras por cuenta propia también requiere de una mayor atención en lo relativo a fortalecer los conocimientos económicos y la conciencia sobre las exigencia de los mercados, tales como la calidad y los estándares, y su acceso a los mercados, y requiere el apoyo de las autoridades locales y de las organizaciones comerciales. Las prácticas existentes que han tenido éxito tienen que ser ampliadas y reproducidas. Una de ellas es la creación de mercados sensibles a las mujeres y de entidades de múltiples servicios para las empresarias y las propietarias de negocios para que puedan sobreponerse a las barreras que puedan encontrar.

La importancia de esa ayuda y, de manera más amplia, de la autonomía económica de las mujeres está siendo cada vez más reconocida por los gobiernos, por el sector privado y por las instituciones financieras internacionales. Ahora ha quedado bien claro que lo que se gana en igualdad de género se corresponde con lo que se gana en PIB, además de tener un efecto secundario positivo sobre la salud y la educación de las mujeres y de los niños. Cuando se da poderío a una mujer, se da poderío a una comunidad.

El empoderamiento económico de las mujeres es también fundamental para aumentar la independencia y el control de las mujeres sobre sus propias vidas. En los próximos años, ONU Mujeres se asociará con entidades de la ONU y con instituciones financieras internacionales para acelerar el empoderamiento económico de las mujeres, en especial en áreas pobres y rurales, de modo de garantizar que las mujeres estén equipadas para competir en la economía sobre un pie de igualdad con los hombres. ONU Mujeres liderará la creación de una estrategia y plan de acción del sistema de la ONU en materia de empoderamiento económico de las mujeres.

Quedamos a disposición de todos los países para darles apoyo de modo de dejar su estatus de Países Menos Desarrollados y encontrar soluciones creativas dirigidas a subsanar los obstáculos para el desarrollo, y en especial a hacer de las mujeres un objeto de acción positiva.