ONU Mujeres - Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres

Hermanas olvidadas: Violencia contra mujeres y niñas con discapacidad

Error:

Fecha: 23 October 2012

Discurso de Apertura de Lakshmi Puri, Subsecretaria General y Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres en el Panel de Debate sobre Prevención y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres con Discapacidad. Nueva York, 23 de octubre de 2012.

[Cotejar con el texto pronunciado]

Bienvenidos y gracias por estar hoy aquí. ONU Mujeres se complace en coorganizar este evento para ocuparnos de una cuestión que no recibe la atención que tanto necesita: la violencia contra las mujeres y las niñas con discapacidad.

Quisiera reconocer a la Relatora Especial sobre Violencia contra la Mujer, la Sra. Rashida Manjoo, por hacer de éste el tema principal de su informe para la Asamblea General. Como ella indica allí, pese a la evolución en los marcos normativos referidos a los derechos humanos de las mujeres y los de las personas con discapacidad, las consecuencias de los efectos conjugados de género y discapacidad no han recibido suficiente atención, y la violencia contra las mujeres con discapacidad sigue en gran medida desatendida. El informe ha logrado generar mayor conciencia y aumentar los conocimientos sobre este asunto de tanta importancia.

Quisiera también agradecer a las dos autoras de “Forgotten Sisters (Hermanas olvidadas), un documento de 228 páginas sobre violencia contra las mujeres y las niñas con discapacidad basado en análisis específicos de país en distintos escenarios. Las recomendaciones de este informe serán una referencia fundamental para el trabajo de ONU Mujeres a futuro. Deseo además expresar mi agradecimiento a los Representantes Permanentes de Filipinas y Armenia por acompañarnos hoy y por su compromiso para colocar los temas de las mujeres y las niñas con discapacidad en el centro de la discusión.

El panel contribuirá al impulso generado el mes pasado por la quinta sesión de la Conferencia de Estados Partes de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (conocida como la CRPD). Es alentador ver que la Conferencia reunió a mujeres líderes con discapacidad. Les agradezco de parte de la Secretaría de la Convención y de las contrapartes de la organización por congregarnos hoy en este panel.

El debate de hoy es de particular importancia a la luz de las discusiones permanentes en el Tercer Comité sobre una resolución de la Asamblea General acerca de la eliminación de la violencia contra las mujeres. Resulta fundamental que los Estados Miembros adopten una resolución firme para mostrar la unidad de la comunidad internacional alrededor del principio según el cual ese tipo de violencia no es tolerado en ningún país ni por ningún motivo. Los Estados Miembros tienen la oportunidad de reforzar el marco normativo sobre prevención y respuesta a la violencia contra las mujeres.

Esta discusión es crucial de cara a la próxima Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, que tendrá como tema prioritario la eliminación de la violencia contra las mujeres. Las conclusiones firmes acordadas en esa Convención serán otra forma efectiva de consolidar las bases normativas internacionales sobre la cuestión y de acelerar su implementación.

Además, la prevención y el trabajo por las mujeres y la juventud son dos de las cinco oportunidades generacionales identificadas por el Secretario General de las Naciones Unidas para su agenda de los próximos cinco años. Afrontar la violencia contra las mujeres y las niñas con discapacidad debe ser un aspecto central de esa agenda.

Todos sabemos muy bien que la intersección entre género y discapacidad torna a las mujeres con discapacidad más vulnerables frente a la violencia. Ellas tienen más probabilidades que otras mujeres y niñas de padecerla. La discapacidad puede ser también resultado de la violencia de género. Las mujeres golpeadas corren más riesgos de sufrir discapacidad física o mental. Las agresiones sexuales pueden causar discapacidad permanente. En el caso de las mujeres con discapacidad, la discriminación de género, la violencia y la discapacidad están estrechamente vinculadas.

Los datos disponibles muestran que hasta 7 de cada 10 mujeres informan haber padecido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida; y hasta el 50 por ciento de las agresiones sexuales fueron cometidas contra niñas menores de 16 años. Al mismo tiempo, el Informe Mundial de 2011 sobre Discapacidad indica que el índice de prevalencia de discapacidad femenina es del 19,2 por ciento, mientras que entre los varones es del 12 por ciento. Es claro que las mujeres con discapacidad representan una parte considerable de la población mundial.

Además de las formas de violencia contra las mujeres que la mayoría conocemos, las mujeres y niñas con discapacidad también padecen formas específicas de violencia asociadas a su condición. Por ejemplo, en el caso de mujeres con discapacidad mental, su falta de noción de la situación durante una agresión sexual y/o su incapacidad para rehusarse pueden ser percibidas como un consentimiento a una relación sexual.

En muchos casos, quienes infligen la violencia son quienes brindan cuidados, ya sea en el hogar o en alguna institución, familiares o profesionales. En su forma más común de violencia doméstica, ésta tiene lugar entre las cuatro paredes del hogar, en la cocina o en el baño. Es por ello que la violencia contra las mujeres queda generalmente escondida tras un manto de silencio. Las mujeres con discapacidad pueden además sufrir de un ‘síndrome de dependencia'; es decir, que son renuentes a denunciar la violencia de género por temor a perder a la persona que las cuida o incluso a volverse más vulnerables frente a esa persona.

Por otra parte, existen barreras específicas para las mujeres y niñas con discapacidad para denunciar y enfrentar la violencia, incluyendo barreras relativas a la información y la comunicación, inclusive en los formatos más accesibles; y barreras a su movilidad u otros servicios que podrían ser de ayuda.

Este problema de discriminación múltiple merece especial atención. La discriminación de género se ve agravada por la discapacidad y viceversa. Me gustaría hoy atraer su atención hacia tres áreas de interés muy importantes que requieren un trabajo concertado.

En primer término, debemos incorporar una perspectiva de discapacidad a la labor en pos de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. Comenzando por el trabajo de ONU Mujeres, se destinará una atención especial a las necesidades e intereses de las mujeres y las niñas con discapacidad.

ONU Mujeres se abocará a promover los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad en todos los aspectos de la sociedad y el desarrollo. Sus perspectivas deberían también incluirse en todos los aspectos del trabajo para implementar la CEDAW.

En cuanto al trato de la violencia contra las mujeres y niñas con discapacidad, ONU Mujeres ya ha tomado algunas medidas:

Proporcionamos insumos a la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos para el desarrollo de un Estudio analítico temático sobre la cuestión de la violencia contra las mujeres y las niñas con discapacidad.

Estamos prestándole especial atención a través del Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para Eliminar la Violencia contra la Mujer, que administra ONU Mujeres en nombre del sistema de la ONU, a programas destinados especialmente a poblaciones marginadas, incluyendo las personas desplazadas internas, las refugiadas, las víctimas de trata y las mujeres con discapacidad.

Por ejemplo, en Namibia, un beneficiario del Fondo Fiduciario, la International Planned Parenthood Federation, trabaja en la promoción de los derechos sexuales y reproductivos y ofrece servicios afines como mecanismos para responder a la violencia contra las mujeres. El programa incluye medidas preventivas como sensibilización y capacitación para mujeres y niñas con discapacidad. Como resultado de estas capacitaciones, el acceso de las mujeres con discapacidad a los servicios se ha incrementado.

En Albania, estamos prestando apoyo a organizaciones de mujeres con discapacidad para velar por que sus intereses y recomendaciones queden reflejados en la Estrategia Nacional para la Igualdad de Género, la Reducción de la Violencia de Género y la Violencia Doméstica (2011-2015). Esto resultó en la inclusión de disposiciones para las mujeres y niñas con discapacidad en el proyecto final de la Estrategia y su Plan de Acción. 
Asimismo, nuestro Centro Virtual Global de Conocimientos para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres y las Niñas contiene información sobre algunos de los desafíos especiales que enfrentan las mujeres con discapacidad, y orienta acerca de cómo crear servicios con más inclusión.

Nuestro trabajo por la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas, incluyendo a las mujeres y niñas con discapacidad, se enfoca tanto en la prevención y la protección, como en las respuestas. Independientemente de la importancia de emplear estos dos enfoques en paralelo, los Estados deben ir más allá de los esfuerzos de carácter exclusivo o específico para comenzar a tratar la violencia de forma integral y coordinada. Esto significa atacar las causas de fondo de la violencia, incluyendo la pobreza y ciertas normas, comportamientos y actitudes sociales que tienden a perpetuarla. Los servicios de protección y apoyo deberían, además de responder a la violencia, ayudar a prevenirla.

En segundo término, la incorporación de las cuestiones de discapacidad en el trabajo por la igualdad de género no basta. Se hace necesario también incluir una perspectiva de género en el trabajo a favor de las personas con discapacidad. 
He escuchado a la Asamblea General referirse al desarrollo social, incluyendo asuntos sobre la situación social mundial, la juventud, el envejecimiento, las personas con discapacidad y la familia.

En todos los debates, los representantes de un total de 80 estados miembros o grupos regionales apoyaron de manera casi unánime la incorporación de una perspectiva de discapacidad en la agenda para el desarrollo sostenible. Sin embargo, al hablar de discapacidad, ningún estado miembro mencionó al género o tomó nota de las dificultades que enfrentan las mujeres y las niñas con discapacidad.

Toda labor sobre el tema debería incorporar una perspectiva de género y se debería prestar especial atención a incluir a las mujeres y las niñas con discapacidad en la implementación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y sus procesos de seguimiento y evaluación.

Mi tercer punto es la necesidad imperiosa de mejorar las estadísticas e indicadores sobre discapacidad, desagregándolos por género y edad. La recolección de datos sobre violencia contra las mujeres y las niñas, incluidas las que tienen discapacidad, y el seguimiento y la evaluación de los efectos de las leyes, políticas y programas son vitales para comprender qué funciona mejor y hacia dónde orientar la inversión.

La violencia contra las mujeres y las niñas con discapacidad no puede abordarse de manera aislada. Las organizaciones tradicionales de mujeres y las organizaciones de personas con discapacidad, incluyendo las de mujeres con discapacidad, deben colaborar entre sí más estrechamente. El panel de hoy es un ejemplo de cómo podemos trabajar en conjunto para abordar con mayor eficacia la violencia contra las mujeres y las niñas y los derechos de las mujeres y las niñas con discapacidad.

Espero que tengamos una discusión muy enriquecedora.