Discurso de Michelle Bachelet en la ceremonia de graduación de 2012 de la Facultad de Salud Pública de Columbia Universidad

Fecha : 16 May 2012

Discurso de Michelle Bachelet en la ceremonia de graduación de 2012 de la Facultad de Salud Pública de Columbia Universidad 15 de mayo 2012

Gracias, Decana Linda Fried, por su amable presentación y por otorgarme el premio de Servicio Distinguido.

Agradezco sinceramente este honor.

La felicito a usted y a su equipo docente por el acertado liderazgo de esta institución excepcional. Los felicito a ustedes, estudiantes; hoy es su día. Es 2012 el año en que su clase se gradúa de la Facultad Mailman de Salud Pública, y es una ocasión extraordinaria.

Felicito también a sus familiares y amigos. Como padres, abuelos, hermanos, hermanas, tías, tíos y amigos, ustedes comparten el mismo orgullo que estos logros aportan.

Hoy sólo tengo una cosa que decirle a todos los que se gradúan: sigan su pasión. Actúen conforme a sus convicciones. Si siguen su camino personal, es increíble a dónde los puede conducir; lo sé por experiencia propia. Cuando era joven, mi sueño era ser médico. Estudié medicina en mi país natal, Chile, y luego continué mis estudios en el exilio, en Alemania. En los años de exilio viví algo que se puede llamar una doble vida: una vida privada y una vida colectiva.

Mi país y el proyecto nacional en el que creíamos y por el que habíamos luchado había sido aplastado por una dictadura, y mis amigos habían sido matados o estaban desaparecidos. Fueron momentos difíciles para muchas familias chilenas como nosotros, familias que perdieron a un ser querido o que fueron perseguidas o exiliadas.

Cuando volví a casa después del exilio, terminé mi internado médico en la Universidad de Chile, en Santiago. Recuerdo uno de los principios del Juramento Hipocrático: ante todo, no hacer daño. Dada mi experiencia con la brutalidad y la dictadura, esas palabras siguen teniendo un sentido especial. El principio de No Hacer Daño se aplica tanto a la responsabilidad del liderazgo político como a la disciplina de la salud pública y la medicina.

Después de graduarme de la facultad de medicina, me especialicé y trabajé en pediatría, y realicé estudios de salud pública y epidemiología. Sin embargo, siempre sentí que no hacía lo suficiente. Podía mejorar el resfriado, la neumonía o la diarrea de un niño, pero ese niño iba a volver a una casa sin agua o saneamiento. Podía reunir uno, dos, tres -según los pacientes que tuviera- pedazos del rompecabezas, pero nunca vería todo el cuadro terminado. Quería tomar medidas para mejorar la salud pública en general.

El deseo de hacer más me llevó a la administración pública, donde trabajé en el Ministerio de Salud Pública. Eventualmente, y sin planes de llegar a un puesto público superior, eso me llevó a ser Ministra y luego Presidenta. La vida es curiosa porque, por supuesto, cuando era funcionaria del gobierno, parte de mí echaba de menos ser pediatra. Echaba de menos trabajar como médico por las relaciones personales con los niños y con sus madres, por poder curarlos cuando estaban enfermos y ver su sonrisa y energía cuando estaban bien y saludables. Así que me prometí que siempre mantendría un toque personal y que nunca perdería de vista la relación entre la política y la persona.

En Alemania, recuerdo las palabras escritas en el estandarte de la Universidad de Berlín: la medicina es una ciencia social, y la política no es más que medicina a gran escala. La cita es de un médico y político alemán, Rudolf Virchow. Él estableció la relación entre la medicina y la política. Después de todo, el cuerpo humano es parecido a la política. En la salud pública se observa cómo trabaja el cuerpo y cómo trabaja la sociedad. Nos preguntamos cuáles son los cambios que tenemos que hacer para mejorar la condición del cuerpo y cuáles para mejorar la condición de la sociedad.

Ustedes saben que esos temas están relacionados entre sí. Del mismo modo que una sociedad saludable se apoya en los principios de igualdad y de justicia, un buen liderazgo se basa en la búsqueda de los derechos humanos y de la dignidad humana para todos, donde el gobierno obtiene sus justos poderes del consentimiento de las personas a las que gobierna.

Esto me lleva a mi segundo punto: hay que escuchar a las personas.

Hoy, al momento que celebramos este paso en nuestras vidas, el mundo está cambiando, y hay nuevas fuerzas que están cobrando importancia. La crisis financiera de 2008 todavía estremece las bases de la economía mundial. Las alianzas geopolíticas están cambiando, como también está cambiando el contrato social entre las personas y los gobiernos y las instituciones establecidas para representarlos. Las personas se están sublevando, desde las mujeres y los hombres que exigen cambios en los países árabes hasta los estudiantes, trabajadores y desempleados que piden el fin de la codicia personal y la corrupción y reclaman empleos decentes, igualdad de oportunidades y seguridad.

Vivimos en tiempos de transición e inseguridad, y las personas quieren que se les incluya y quieren formar parte de la solución. Esto es particularmente importante al enfrentar el cambio climático, que amenaza los sistemas naturales de la Tierra de los que dependemos. También tenemos que unirnos para hacer frente a los problemas de derechos humanos, guerra y paz, pobreza extrema y necesidades humanitarias, de Gaza y Siria a Somalia y Sudán.

Al mismo tiempo, vivimos en un periodo de increíbles avances tecnológicos y científicos. Vivimos en un nuevo mundo y necesitamos una nueva forma de liderazgo, un liderazgo que sea justo e inclusivo. Un liderazgo que respete al ser humano. Un liderazgo que sea ético y cuya legitimidad provenga de la protección del bienestar de las generaciones presentes y futuras.

Al continuar por el camino de la salud pública, se harán un favor a sí mismos y a los demás si consultan lo más ampliamente posible y escuchan bien antes de actuar. Con el paso de los años he aprendido que escuchar es una forma poderosa de comunicación y absolutamente esencial para resolver problemas y tomar buenas decisiones.

En Chile, logramos reducir el tiempo de espera en las instalaciones de cuidados primarios en un 82 por ciento. Redujimos la cantidad de chilenos que viven en la pobreza, ampliamos el libre acceso a la salud, construimos centros de cuidado infantil diurnos y preescolares gratis para las familias más pobres del país, y ampliamos las prestaciones de las pensiones a los ancianos. Logramos éstos y otros objetivos yendo sobre el terreno y hablando con los interesados, escuchando a las personas y tomando medidas acordes. Esto significa que hay que tener confianza en las personas y considerarlas no como parte del problema, sino como parte de la solución.

Esto me lleva a mi tercer y último punto: nunca se den por vencidos.

Cuando entren en el campo de la salud pública, se enfrentarán a las desigualdades, a las disparidades y a la discriminación en la sociedad, condiciones que privan a las personas de su derecho a la salud. Esto se ve claramente al estudiar la salud de las mujeres en particular. Las investigaciones muestran que el estado de la salud de las mujeres es un indicador del estatus de las mujeres en la sociedad.

En los países que tienen los índices más altos de muertes maternas y de embarazos de adolescentes, los derechos y opciones de las mujeres están restringidos. De todos los indicadores de la salud, la mortalidad materna representa la mayor desigualdad entre los ricos y los pobres. Las mujeres en algunas partes de África subsahariana y de Asia se enfrentan de por vida a un riesgo de muerte materna mil veces superior al de algunos países industrializados. Aquí, en los Estados Unidos, las investigaciones indican que los embarazos son mucho más peligrosos para las afroamericanas.

Los estudios de los Centros de Control de Enfermedades muestran que, en las últimas cinco décadas, las afroamericanas han tenido consistentemente un riesgo casi cuatro veces mayor de morir por complicaciones en el embarazo que las mujeres blancas. Los riesgos más altos son independientes de la edad, la cantidad de nacimientos o el nivel de educación.

Aquí, en la ciudad de Nueva York, las afroamericanas embarazadas se enfrentan a casi el doble del riesgo nacional de morir en el parto. En todo el mundo, diariamente mueren mil mujeres por complicaciones en el embarazo y en el parto, y la gran mayoría de ellas mueren en los países en desarrollo. Esas complicaciones dejan cada año a más de 10 millones de mujeres con una discapacidad física o mental. Al día de hoy, alrededor de 215 millones de mujeres en el mundo todavía no tienen acceso a contraceptivos eficaces.

Sabemos que, a nivel mundial, la mortalidad materna se debe a una falta de acceso a servicios de salud de calidad. También sabemos que el alto índice de mortalidad materna, con la gran mayoría de las muertes en África subsahariana y en Asia meridional, tiene sus orígenes en la pobreza y en la desigualdad de género, en un acceso limitado a la educación, especialmente para las niñas, en matrimonios tempranos, embarazos de adolescentes y poco acceso a la información y a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluyendo para las adolescentes.

Sabemos que cuanto más se respetan los derechos de las mujeres, incluyendo el derecho a la salud sexual y reproductiva, más baja será la cantidad de madres que mueren en el embarazo y en el parto, de niñas adolescentes que quedan embarazadas y de abortos. Sin embargo, todavía se oyen voces en éste y en otros países del mundo que piden que se restrinjan las opciones de las mujeres. Al mismo tiempo, una cantidad cada vez mayor de padres quieren que sus hijos e hijas crezcan con los mismos derechos y oportunidades.

Ésa es la razón por la que digo que nunca se den por vencidos. La búsqueda del cambio social, de la igualdad y de la justica, y de la salud pública es un proceso fluido y dinámico.

Hoy y todos los días, las personas y las instituciones de todo el mundo se unen para hacer avanzar los derechos de las mujeres y la salud pública. Estos esfuerzos están dando resultados. Gracias a una alianza de los organismos de la ONU, el sector privado, las ONG y los grupos filantrópicos como la Fundación Gates, estamos en camino a erradicar las muertes por malaria.

La poliomielitis también está cerca de ser erradicada, como lo fue la viruela. El VIH/SIDA está siendo controlado, lenta pero consistentemente. La salud de las mujeres y de los niños ha mejorado, y en todos los países los hombres, las mujeres y los jóvenes se están movilizando para poner fin a la violencia y a la discriminación contra las niñas y las mujeres.

Es un placer dirigir la nueva Entidad de las Naciones Unidas, ONU Mujeres. Hay una conciencia cada vez mayor de que las mujeres y las niñas contribuyen enormemente a la salud de las familias y de las comunidades, impulsan el crecimiento económico y mejoran las perspectivas para las generaciones venideras. Estos avances son el testimonio del poder creciente de las asociaciones mundiales.

Y aquí es donde apelo a ustedes, les insto a que miren el mundo, comprendan todo lo que todavía hay por hacer y consideren una vida al servicio de los demás. Se encontrarán quizá en la República Democrática del Congo, trabajando para prevenir las violaciones y dar apoyo a las víctimas. O quizá dirigiendo un programa en Camboya, dando a las familias y a las comunidades servicios vitales de salud. A lo mejor serán trabajadores humanitarios en Haití o conducirán un Land Cruiser por los desiertos de Darfur, entregando alimentos a los que tienen hambre y salvando vidas diariamente. O quizá trabajen aquí, en los barrios más pobres de la ciudad de Nueva York o de otras ciudades de los Estados Unidos, dando el apoyo necesario a las comunidades desatendidas.

Ustedes tienen que ser líderes. Es por ello que les insto a formar parte de la administración pública. Puede ser con las Naciones Unidas o con su propio gobierno, con la Cruz Roja o con la Media Luna Roja. Puede ser con Médecins Sans Frontières, Save the Children, Human Rights Watch, CARE, o cualquier otra ONG nacional. Lo importante es formar parte de algo que vaya más allá de su persona y adoptar y participar plenamente en nuestro maravilloso mundo.

Como dije al principio, les insto a que sigan su pasión. Busquen los retos y la aventura, sean generosos con su espíritu y su tiempo, sean generosos al escuchar y al comprender, sean generosos con su curiosidad y su compasión, sean generosos sirviendo a los demás. Como dijo mi compatriota, el gran poeta chileno Pablo Neruda: La vida te ofrece miles de posibilidades… todo lo que tienes que hacer es tomar una.

Aprovechen pues la oportunidad de hacer de nuestro mundo un mundo mejor, hoy y todos los días, en todo momento y con todas las personas que encuentren. Sean generosos y créanme, lo que reciban a cambio estará muy por encima de lo que ustedes esperan, y de lo que esperan los que los rodean.

¡Buena suerte! ¡Les deseo lo mejor!