Declaración de Michelle Bachelet ante el Foro Ministerial para Líderes de la Salud de Harvard

Fecha : 07 June 2012

Declaración de Michelle Bachelet, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en la cena inaugural del Foro Ministerial para Líderes de la Salud de Harvard. Universidad de Harvard, Boston, Massachusetts. 3 de junio de 2012.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Buenas noches. Es un gran placer para mí reunirme con ustedes en esta cena inaugural del Foro Ministerial para Líderes de la Salud de Harvard. Felicito al cuerpo docente y a la Universidad por esta excelente iniciativa para promover un liderazgo transformador en la salud. Agradezco al Decano Julio Frenk por invitarme a este Foro y lo felicito por ser un experto tan distinguido y un asiduo defensor de la salud mundial.

Si bien el Dr. Frenk ha publicado mucho más que yo, tenemos mucho en común: ambos somos doctores en medicina y hemos sido Ministros de Salud. Además, ambos hemos defendido y enfrentado oposición a nuestras propuestas de salud sexual y reproductiva y a la distribución al público de la píldora del día después para prevenir embarazos no deseados. Sobrevivimos… y estamos siempre dispuestos a crear controversias una vez más con el fin de defender el derecho a la salud.

Amigos:

Estoy encantada de estar en esta prestigiosa institución que es la Universidad de Harvard. Doy la bienvenida a todos los Ministros de Salud Pública de África, Asia y América Latina. Rindo tributo a cada uno de ustedes por haber sido reconocidos líderes debido a sus contribuciones al sector de la salud, y los felicito por haber sido elegidos por la Universidad de Harvard como Líderes de la Salud 2012.

El liderazgo transformador no es un tipo de personalidad o una característica individual o una serie de cualidades. El liderazgo es un proceso dinámico basado en la escucha, la facilitación de un consenso y la interacción con las personas para hacer avanzar los principios y lograr los objetivos en los que se cree. Presumo que este espíritu de colaboración se encuentra entre los aquí presentes hoy. Los felicito a cada uno de ustedes y me uno a ustedes en la creencia en el servicio público y en un sentido de misión que me lleva a sentir que sí es posible.

Durante mi vida, he tenido el privilegio de servir los objetivos comunes de democracia, igualdad y justicia, primero en Chile, mi país, y ahora para las mujeres del mundo a través de ONU Mujeres. Sé que no hay límites para lo que puede lograr una mujer. Me complace ver que hay cuatro ministras mujeres de salud entre los 17 aquí presentes. Por doquiera que voy, insto a que haya más mujeres líderes en calidad de Jefas de Estado, Ministras, miembros de los Parlamentos y Directoras Ejecutivas y miembros de las juntas ejecutivas de las compañías. Todavía tenemos mucho camino por recorrer para alcanzar la igualdad, pero cada vez nos acercamos más; y llegaremos más rápido si todos ustedes toman medidas y grandes pasos a favor del empoderamiento de las mujeres y de la igualdad de género. Esas son las acciones del liderazgo transformador en la salud.

Así como una sociedad saludable está basada en los principios de igualdad y justicia, el buen liderazgo está basado en el cumplimiento de los derechos humanos y de la dignidad humana para todos, donde el gobierno recibe sus poderes del consentimiento de los que gobierna. En mi vida he aprendido que escuchar es una forma muy poderosa de comunicación y que es absolutamente esencial para resolver los problemas y tomar buenas decisiones. El liderazgo transformador es además justo e inclusivo.

En Chile, logramos reducir el tiempo de espera en las dependencias de cuidados primarios en un 82 por ciento. También reducimos la cantidad de chilenos que viven en la pobreza, ampliamos el acceso libre a los servicios de salud, construimos centros de cuidados infantiles diurnos y preescolares gratis para las familias más pobres de Chile, y ampliamos la provisión de pensiones para los ancianos. Logramos estas y otras metas priorizando el bienestar social y la protección social y yendo sobre el terreno a hablar con todos los interesados, escuchando a las personas y tomando acciones en respuesta a sus inquietudes.

En 2009, comenzamos en Chile un proyecto llamado “Construyamos juntos una mejor salud para todos. Este proceso de participación comunitaria, cuyo fin es la elección de prioridades en materia de salud con el objetivo de reducir las desigualdades, se compuso de cuatro etapas. En primer lugar, se procedió a escuchar las diferentes opiniones y a obtener información mediante 57 foros organizados en todo el país con la participación de alrededor de 50 000 personas. En segundo lugar, un grupo de expertos clasificó y analizó la información. En tercer lugar, volvimos a presentar las propuestas a las comunidades para su aprobación. Finalmente, incorporamos las propuestas en los objetivos de salud para la década 2011-2020 y en la planificación regional de salud de 2010.

Puedo decirles que el proceso de consultas ofreció información extremadamente valiosa para el establecimiento y la ejecución de políticas sociales eficaces. La mayoría de las propuestas presentadas por la comunidad y por los trabajadores de la salud fueron sensatas, posibles y bien estudiadas, y también fueron innovadoras, eficaces y orientadas hacia la justicia social.

El liderazgo transformador en la salud comienza con el compromiso de defender el derecho a la salud para todos, especialmente para los que son vulnerables y están en desventaja. Sin embargo, como saben, esto trae consigo desafíos, ya que, en calidad de Ministros de Salud, nos enfrentamos a exigencias específicas que no siempre vienen acompañadas de recursos financieros y humanos. Luego de haber establecido las prioridades y la agenda para la salud con la participación comunitaria en Chile, enfrentamos tensiones a la hora de comenzar a implementar el plan. Tuvimos que responder a las necesidades, lo que significó modificar los criterios técnicos, cambiar los procedimientos administrativos y adaptar los servicios para colmar la demanda del público. Estos son desafíos reales que requieren un liderazgo transformador que respete a los seres humanos, que atienda al sector ahora pero que mire al futuro.

Actualmente observamos tendencias emergentes que exigen una respuesta en materia de salud a través de varios sectores. Hablo de las dinámicas poblacionales, del cambio climático, del aumento de los países de ingresos medios y de la carga creciente de enfermedades no contagiosas.

Tanto ustedes como yo somos uno de entre casi 7 000 millones de personas sobre la Tierra. Pese a que las personas viven más y con mayor salud, persisten enormes desigualdades. El crecimiento actual en el mundo agrega unas 78 millones de personas por año, y prácticamente todo ese crecimiento se da en áreas urbanas en países menos adelantados, algunos de los cuales ya están luchando por colmar las necesidades de sus habitantes. Al mismo tiempo, muchos países ricos y de ingresos medios están preocupados por una baja tasa de natalidad y por poblaciones en declive que envejecen.

A medida que la población del mundo pase de los 7 000 millones actuales a casi 9 000 millones en 2040, y que la cantidad de consumidores de clase media aumente en 3 000 millones en los próximos 20 años, la demanda de recursos aumentará de manera exponencial. Para 2030, el mundo necesitará por lo menos un 50 por ciento más de alimentos, un 45 por ciento más de energía y un 30 por ciento más de agua — todo en un momento en que los límites medioambientales restringen el abastecimiento.

El que podamos vivir en un planeta saludable dependerá del liderazgo transformador que se ocupe de la desigualdad, de las disparidades y de la discriminación en la sociedad, que son condiciones que privan a las personas de su derecho a la salud y que no son sostenibles. Hoy lo observamos claramente cuando examinamos la salud de las mujeres y de los niños y niñas. Los estudios muestran que el estado de la salud de las mujeres es un indicador del estatus de las mujeres en la sociedad.

De todos los indicadores de la salud, la mortalidad materna representa la mayor desigualdad entre los ricos y los pobres. Todos los días mueren 800 mujeres por complicaciones ligadas al embarazo y al parto, o sea dos mujeres por minuto. Cada año, estas complicaciones dejan a más de 10 millones de mujeres con discapacidades físicas y mentales.

Sabemos que, en el mundo, la mortalidad materna se debe a una falta de acceso a servicios de salud de calidad. La alta tasa de mortalidad materna, donde la gran mayoría de las muertes ocurren en África subsahariana y en Asia meridional, también tiene sus causas principales en la pobreza y la desigualdad de género, en el acceso limitado a la educación, especialmente para las niñas, en los matrimonios tempranos, en el embarazo de las adolescentes y en el acceso limitado a la información y a los servicios en materia de salud sexual y reproductiva, incluyendo para las adolescentes. Sabemos que cuanto más se respetan los derechos de las mujeres, incluyendo el derecho a la salud sexual y reproductiva, menores son las tasas de muertes de madres durante el embarazo y el parto, de niñas adolescentes que quedan embarazadas y de abortos.

También sabemos que las enfermedades no contagiosas como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes son un factor creciente y son responsables de más del 60 por ciento de las muertes en el mundo. Casi el 80 por ciento de estas muertes se dan en países de bajos ingresos y de ingresos medios, lo que puede empujar a las familias a la pobreza y afectar negativamente las economías nacionales.

Por lo tanto, se necesitan esfuerzos urgentes para suministrar servicios de salud integrados y promover modos de vida saludables que se centren en una dieta nutritiva y en la actividad física, así como en el consumo reducido de alcohol.

Amigos, hoy y todos los días, personas como ustedes e instituciones como la Facultad de Salud Pública de Harvard se unen para hacer avanzar los derechos de las mujeres y de los niños y niñas, y para hacer avanzar la salud pública. Estos esfuerzos están rindiendo frutos. Gracias a una alianza con los gobiernos y con líderes como ustedes, los organismos de la ONU, el sector privado, las ONG, las universidades y los grupos filantrópicos como la Fundación Gates se movilizan para erradicar las muertes debidas a la malaria. La poliomielitis ha sido casi eliminada, como lo fue la viruela en su día. Se está controlando el VIH/SIDA, lentamente pero con paso seguro.

La salud de las mujeres y de los niños y niñas está mejorando. En todos los países, los hombres, las mujeres y los jóvenes se están movilizando para poner fin a la violencia y a la discriminación contra las niñas y las mujeres. Es un placer para mí estar a la cabeza del organismo más joven de las Naciones Unidas, ONU Mujeres. Cada vez hay más conciencia de que las mujeres y las niñas contribuyen mucho a la salud de las familias y de las comunidades, impulsan el crecimiento económico y mejoran las perspectivas para las generaciones futuras.

Estos avances hablan del poder creciente de las alianzas mundiales, y es aquí donde quiero hacerles un llamado. Les insto a que hagan de la salud de las mujeres y de los niños y niñas una prioridad. Digo esto porque invertir en la salud y el bienestar de las mujeres y de las niñas no sólo es lo correcto desde el punto de vista moral y de derechos humanos, sino que es el camino inteligente, estratégico y rentable a seguir.

Los estudios y la experiencia indican que dar prioridad a la salud de las mujeres y de los niños y niñas hace mejorar el suministro de servicios, lo que quiere decir que es necesario centrarse en realizar intervenciones a través de diversos sectores cuando sean necesarias para colmar las verdaderas necesidades de las personas. Además, si los recursos para la salud son limitados, la salud de las mujeres y de los niños y niñas rendirán los mayores beneficios sobre la inversión.

Cuando las madres han recibido educación y son saludables, tienen probabilidades de que sus hijos e hijas también lo sean, y pueden además participar en la economía, haciendo que disminuya la pobreza, la mala salud y la desnutrición, y que los estándares de vida y el crecimiento de la economía mejoren notablemente.

Las mujeres reinvierten el 90 por ciento de sus ingresos en sus familias y en el bienestar de sus hijos e hijas. Un niño nacido de una madre que puede leer tiene 50 por ciento más de probabilidades de sobrevivir más allá de los cinco años de edad. Las niñas que terminan la educación secundaria tienen entre cuatro y siete veces más probabilidades de usar preservativos, en comparación con las niñas que no la han completado, teniendo así menos probabilidades de contraer el VIH.

Amigos:

Tan sólo el mes pasado, ONU Mujeres se unió a otros organismos de la ONU y a otras organizaciones en una alianza mundial para hacer avanzar la salud de Todas las Mujeres y de Todos los Niños. Desde 2010, más de 200 socios han hecho políticas, suministrado servicios y asumido compromisos financieros para hacer avanzar la Estrategia Mundial para la Salud de las Mujeres y de los Niños a través de Todas las Mujeres, Todos los Niños, por un total de más de 40 000 millones de dólares. Entre ellos se encuentran 69 países, de los cuales 53 son países de bajos ingresos y de ingresos medios.

De los 17 Ministros de Salud presentes en esta conferencia, 12 provienen de países que se han comprometido a hacer avanzar la Estrategia Mundial para la Salud de las Mujeres y los Niños a través de Todas las Mujeres, Todos los Niños. Sé que los países representados aquí que no se han comprometido con Todas las Mujeres, Todos los Niños, se han comprometido a mejorar la salud de las mujeres y de los niños en sus propios países.

Dichos compromisos están rindiendo sus frutos: la mortalidad infantil está disminuyendo y la meta de los ODM de reducir la mortalidad infantil puede ser alcanzada si se toman medidas substanciales y aceleradas para eliminar las principales causas de muertes infantiles. Los esfuerzos especiales de lucha contra la neumonía, la diarrea y la malaria, conjuntamente con una mejor nutrición, podrían salvar la vida de millones de niños.

La salud materna está mejorando: gracias a los esfuerzos de personas como ustedes, la cantidad de mujeres que muere por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto en los últimos 20 años se ha reducido a la mitad. Se está obteniendo progresos en todas las regiones, pero es necesario tomar medidas aceleradas, especialmente en África subsahariana donde menos de una de cada cuatro mujeres tienen acceso a los contraceptivos y más de la mitad de las mujeres da a luz sin la atención de un profesional. El acceso a la planificación familiar podría disminuir las muertes maternas en un 20 a un 35 por ciento. Sin embargo, en la actualidad hay unas 215 millones de mujeres que querrían planificar y espaciar sus partos pero que no tienen acceso a una contracepción eficaz.

Los socios mundiales tienen intenciones de ampliar el acceso a la planificación familiar, aplaudo y apoyo dichos esfuerzos. Brindar una planificación familiar y facilitar servicios de parteras y cuidados obstétricos de emergencia salvará y mejorará las vidas de millones de mujeres y de sus familias. Esto es particularmente importante para las mujeres jóvenes. Actualmente, los embarazos y las condiciones de maternidad son la causa número uno de muerte de las adolescentes de entre 15 y 19 años de edad en el mundo. Estas niñas tienen dos veces más probabilidades de morir durante el embarazo y el parto que las mujeres de más de 20 años de edad. Para las que tienen menos de 15 años, los riesgos son 5 veces mayores.

A pesar de estos riesgos, una de cada siete niñas en los países en desarrollo se casa antes de cumplir los 15 años. Por otra parte, no se ha adelantado mucho en todas las regiones a la hora de reducir la cantidad de embarazos de adolescentes. Hoy les insto a todos ustedes a enfocarse particularmente en las niñas adolescentes. Así darán muestras de un liderazgo que transforma sus vidas y que impulsa el bienestar de sus naciones.

Amigos:

Todas las Mujeres, Todos los Niños tiene el objetivo de salvar la vida de 16 millones de mujeres y de niños y niñas; de prevenir 33 millones de embarazos no deseados; de erradicar los problemas de crecimiento de 88 millones de niños y niñas; y de proteger a 120 millones de niños y niñas de la neumonía para 2015.

No se trata sólo de reducir la mortalidad infantil y materna o una enfermedad específica. Se trata del empoderamiento de las niñas y de las mujeres. Por estas razones, si forman parte de Todas las Mujeres, Todos los Niños, podrán comprometerse a garantizar el acceso a la educación y a evitar el matrimonio de niños y niñas, así como ampliar los servicios integrados para la salud materna e infantil, la prevención y los cuidados relacionados con el VIH y con el SIDA, y con las enfermedades no contagiosas.

También existen compromisos para apoyar planes nacionales de salud; compartir las investigaciones y las innovaciones; mejorar el financiamiento, la formación de los trabajadores de la salud y las políticas; y mejorar el suministro de servicios para llegar a las personas en sus lugares de residencia. Sí, esta misión de salvar a 16 millones de mujeres, niños y niñas para 2015 es un desafío. Es una tarea enorme y sin precedentes, pero se puede lograr si unimos nuestras fuerzas.

En calidad de ministros de la salud, les aliento a continuar trabajando a través de todos los sectores y con otros ministerios y socios mundiales. Una vacuna o un tratamiento para el SIDA dan mucho mejor resultado si una persona cuenta con alimentos, agua potable y saneamiento. La contracepción funciona mucho mejor si una mujer puede tomar sus propias decisiones acerca de su cuerpo y de su vida. La salud pública mejora cuando los esfuerzos se hacen también para luchar contra la pobreza, la violencia y la discriminación.

En calidad de líderes transformadores en la salud, ustedes tienen las posibilidades técnicas, políticas y de liderazgo para crear un entorno donde todas las personas puedan hacen valer sus derechos a la salud. Gracias a sus buenas obras en materia de SIDA, malaria y tuberculosis, de mejora de la salud de las mujeres y de los niños y niñas, están haciendo del mundo un lugar mejor y están contribuyendo al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Están haciendo muchas obras loables, que aplaudo, aunque todavía quedan muchas otras por realizar.

Este verano será muy importante para la salud mundial. En junio, se reunirán los líderes en la Conferencia Río+20 sobre desarrollo sostenible, en la Cumbre del G20 y en la reunión sobre las Promesas que hay que Cumplir para poner fin a las muertes infantiles prevenibles. En julio, tenemos la Cumbre de Planificación Familiar y la 19ª Conferencia Internacional sobre SIDA. Muchos de sus países estarán representados en estos eventos.

Quiero alentarlos a seguir luchando, a seguir forjando caminos con base en lo que creen. A medida que aumentan nuestras capacidades colectivas, debemos utilizarlas al máximo de su potencial para acelerar las acciones que favorezcan la salud de las mujeres y de los niños y niñas. Esto es muy importante en momentos en que pedimos a todos que definan la agenda post 2015. La salud y los derechos de las mujeres y de las niñas son vitales para el desarrollo sostenible. Si colocamos la salud de las mujeres y de los niños y niñas al centro de la agenda mundial de desarrollo, podremos obtener resultados para 2015 sobre las promesas que les hemos hecho.

Muchas gracias.