Promoción de la capacidad productiva, del empleo y del trabajo decente para erradicar la pobreza y alcanzar los ODM

Fecha : 24 July 2012

Declaración de Lakshmi Puri, Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres, ante el Quinto Foro de la Federación de Mujeres para la Paz Mundial sobre la Erradicación de la Pobreza, el 3 de julio de 2012.

Señoras y señores:

Buenos días a todos. Es un placer participar en este evento paralelo en ocasión del examen ministerial anual del ECOSOC. El tema de este evento es muy importante para ONU Mujeres y fundamental para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. En efecto, la promoción de la capacidad productiva, del empleo y del trabajo decente es esencial para erradicar la pobreza y también para poner a las mujeres en posición de facilitadoras y de beneficiarias del desarrollo social y económico. Además, es fundamental también para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Todos reconocemos que el progreso en el ODM 3, relativo a la promoción de la igualdad de género y del empoderamiento de las mujeres, es un elemento esencial para lograr el ODM 1 relativo a la erradicación de la pobreza y del hambre, así como otros objetivos. Si bien los ODM abarcan en cierto modo las tres dimensiones de la erradicación de la pobreza -la promoción de la igualdad de género, los trabajos decentes y la capacidad productiva- todavía existen brechas en el marco de los ODM para sacar pleno provecho de las relaciones entre esas dimensiones.

Por ejemplo, el ODM 3 sobre promoción de la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres no es lo suficientemente exhaustivo, ya que su objetivo se refiere únicamente a la disparidad de género en la educación cuando sabemos que la igualdad de género es necesaria en muchas otras áreas. Tampoco el ODM 1 tiene metas de género en lo relativo a la erradicación de la pobreza y del hambre.

El reconocimiento de que el empleo y el trabajo decente son una de las principales estrategias para que las personas puedan salir de la pobreza llevó a la inclusión, en 2005, de la nueva Meta 1.B de los ODM relativa a “Alcanzar el pleno empleo productivo y el trabajo decente para todos, incluyendo a las mujeres y los jóvenes, pero esta meta no toma en cuenta directamente el tema de la capacidad productiva.
Acabo de regresar de la Conferencia Río+20 y puedo decir que el documento final busca remediar algunas de estas brechas, ya que no sólo habla de la integración de las dimensiones económica, social y medioambiental del desarrollo sostenible, sino que relaciona claramente el desarrollo sostenible con la erradicación de la pobreza.

El segundo párrafo del documento final declara que la “erradicación de la pobreza es el mayor reto al que se enfrenta el mundo hoy y un requisito indispensable para el desarrollo sostenible. Éste y otros aspectos importantes del documento final sientan las bases para mayores progresos, especialmente para la nueva generación de objetivos de desarrollo que serán acordados como parte del nuevo marco de desarrollo post-2015.

El resultado de Río+20 también es importante para las mujeres y para la promoción de la igualdad de género en el contexto del desarrollo sostenible. En el documento final intitulado El Futuro Que Queremos, los países han confirmado el rol central de las mujeres en el desarrollo sostenible, no sólo como beneficiarias potenciales sino como motores del cambio y del progreso en todas las áreas. Asimismo, destaca la determinación de liberar el potencial de las mujeres como requisito indispensable para lograr el desarrollo sostenible.

El futuro que quieren las mujeres se integra ahora en el futuro que queremos todos. El mundo reconoce que la responsabilidad y el liderazgo de las mujeres son inalienables para que se haga realidad ese futuro, el cual tiene que estar basado en el crecimiento económico, la inclusión social, la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad.

El Futuro que Queremos incluye un llamado claro para aumentar la cantidad de mujeres en los puestos directivos. El documento pide que se eliminen las barreras que impiden la participación plena y equitativa de las mujeres en la toma de decisiones y en la gestión a todos los niveles y en la economía. Insta a los Estados a realizar y cumplir sus compromisos en materia de igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en la toma de decisiones política y económica, así como en la asignación de recursos.

Tal como fuera indicado por el Secretario General, el énfasis sobre el rol vital de las mujeres en y para el desarrollo sostenible es uno de los mayores logros de Río+20. Este ha sido incluido en varias secciones temáticas del documento final, incluyendo en la alimentación, la nutrición y la agricultura sostenible, el agua, la energía, la salud y la población, las ciudades sostenibles y la educación. También ha sido incluido en las secciones sobre erradicación de la pobreza, y por supuesto, en la sección sobre empleo, trabajo decente y protección social. Esta sección destaca la importancia de crear empleos mediante un entorno favorable y políticas macroeconómicas de cara al futuro, oportunidades de empleo productivo, desarrollo agrícola e industrial y suministro de servicios adecuados, incluyendo la protección social. También reconoce la importancia de crear empleos y capacidades para las mujeres, especialmente las mujeres jóvenes.

Es esencial que las políticas macroeconómicas sean sensibles a los asuntos de género y que el entorno institucional y de políticas tome en cuenta los retos específicos a los que se enfrentan las mujeres. Es preciso incluir leyes y políticas que promuevan el acceso de las mujeres a los bienes productivos y a los recursos económicos, incluyendo los mismos derechos a la tierra y a la propiedad, al crédito, a la herencia, a los recursos naturales y a la tecnología. Esto ha sido enfatizado en varios acuerdos internacionales, incluyendo en la Plataforma para la Acción de Beijing. También fue confirmado en Río y resulta esencial para aumentar la capacidad productiva de las mujeres.

En este sentido, celebro la declaración que realizó recientemente el G20 en México, comprometiéndose a tomar “medidas concretas para eliminar las barreras que obstaculizan la plena participación económica y social de las mujeres, y expandir las oportunidades económicas para las mujeres en las economías del G20. Esto es un gran paso adelante en el reconocimiento de la relación entre el empoderamiento de las mujeres, la promoción de sus capacidades productivas, el empleo y el trabajo decente, y la erradicación de la pobreza.

El G20 también asumió el firme compromiso de hacer avanzar la igualdad de género en todos los ámbitos, incluyendo en la capacitación; las remuneraciones y los salarios; el trato en el trabajo; y las responsabilidades en materia de cuidados familiares. Esto abarca cuatro importantes respuestas que son necesarias para poder aumentar las capacidades productivas. El último punto sobre las responsabilidades compartidas en materia de cuidados familiares es de especial importancia, ya que se ocupa de las políticas de empleo que se apoyan en los estereotipos de la mujer como “ama de casa y el hombre como “sostén de la familia, diferenciando cómo las mujeres y los hombres acceden y se benefician del empleo. Incluso cuando se promueve explícitamente la contratación de las mujeres, una discriminación socioeconómica y cultural más amplia puede impedir que las mujeres accedan al empleo y puedan hacer avanzar sus vidas profesionales.

El contexto socioeconómico más amplio puede también tener consecuencias adversas sobre el empoderamiento económico de las mujeres. Las brechas salariales por razones de género reflejan una desventaja en la educación; en el poder de negociación así como la movilidad y flexibilidad en el mercado laboral; en el alto grado de participación en los empleos a tiempo parcial, temporarios y con baja remuneración; y en la discriminación directa. Las investigaciones sobre las diferencias salariales por razones de género sugieren que algunas de las diferencias salariales entre los hombres y las mujeres se deben a una discriminación de género directa y a la idea de que los hombres son más productivos y competentes que las mujeres.

Un área esencial es la reglamentación de las condiciones de trabajo y de empleo de los trabajadores más vulnerables, especialmente los que trabajan en el sector informal, incluyendo a los que trabajan a domicilio, los trabajadores domésticos y los trabajadores migrantes. Es preciso fortalecer las capacidades institucionales si se quiere formular e implementar políticas que mejoren el acceso de las mujeres al empleo y al trabajo decente.

Otra área importante de políticas es el desarrollo y la mejora del uso de datos desglosados por sexo y de estadísticas de género, mediante instrumentos de recopilación de datos más sensibles a los asuntos de género, incluyendo el uso de encuestas sobre el empleo del tiempo. También es crucial garantizar que haya recursos presupuestarios adecuados e inversiones en más empleos, en empleos decentes para las mujeres y en el empoderamiento económico de las mujeres, y promover la rendición de cuentas haciendo el seguimiento de la implementación, dando incentivos por el cumplimiento y contando con una reglamentación eficaz.

Estas políticas deben ser adoptadas de manera urgente, particularmente en el contexto actual de mayores desigualdades dentro y entre los países, así como del alza en el desempleo. Esta situación se ha visto exacerbada por las crisis económica y financiera mundiales en las que, de muchas maneras, las mujeres llevan la peor parte. En la actualidad, las mujeres representan el 60 por ciento de los pobres del mundo y la continua feminización de la pobreza es una tendencia preocupante.

La promoción de las capacidades productivas de las mujeres y del trabajo decente es una estrategia importante para revertir esta tendencia. Una mayor cantidad de empleos, de trabajo decente y el empoderamiento económico de las mujeres no sólo resulta positivo para las mujeres, sino que es bueno para la economía en general. Un informe de la CESPAP encontró que la región de Asia y el Pacífico pierde entre 42 y 47 mil millones de dólares anuales debido a las restricciones en el acceso de las mujeres a las oportunidades de empleo.

Espero que, sobre la base de Río+20 y de otros documentos relevantes, podamos avanzar en el logro de un modelo de crecimiento inclusivo donde las mujeres estén empoderadas económicamente para participar y beneficiarse del crecimiento en términos de una evolución ascendente que las ponga en igualdad de condiciones con los hombres. La promoción de la capacidad productiva, del empleo y del trabajo decente es una estrategia fundamental en este sentido. Es esencial para el crecimiento económico sostenible y la justicia social, y es absolutamente crucial para respetar los derechos humanos de las mujeres.

Muchas gracias.