Agricultora timorense: “Trabajo como una esclava que come como un rey”

Fecha: 06 Sep 2012

Veronica Casimira, agricultora timorense, llega a la reunión de la comunidad cargando bananas recién recogidas en una canasta que lleva sobre la cabeza. Allí se encuentra con muchas amigas del grupo de autoayuda que comenzó hace tres años.

Sus amigas le toman el pelo y la llaman Mana Abut, que quiere decir raíz o centro en banuk, el dialecto local en la aldea de Memo en la zona occidental de Timor-Leste. Es ése el mote justo porque ella ha alentado a muchas otras mujeres a comenzar sus propias empresas y grupos de autoayuda. “Yo trabajo como una esclava que come como un rey, dice.

Veronica Casimira, mentora de ocho grupos de autoayuda en le región de Bobonaro y ganadera orgullosa de la aldea de Memo, Timor-Leste, el 28 de julio de 2012. Foto: ONU Mujeres/ Betsy Davis Cosme

Estos grupos de autoayuda son cooperativas de mujeres y de hombres que trabajan juntos en la agricultura, crían ganado o peces y fabrican ladrillos para el desarrollo de las infraestructuras, que han cambiado la situación financiera y la división del trabajo según el género en muchas comunidades en la aldea de Memo en Timor-Leste. Memo está ubicada en la región montañosa de una de las áreas más pobres de Timor-Leste, que tiene frontera común con Indonesia. Los niveles de trata de personas a través de las fronteras han disminuido recientemente, pero esta parte del país era considerada el centro de esa trata y de delitos menores.

La vida de Casimira y de otros miembros del grupo de autoayuda era muy diferente. Una mujer dijo: “Muchas de nosotras hacíamos agricultura de subsistencia y no sacábamos suficiente para dar de comer a nuestros hijos. Era imposible conseguir suficientes hortalizas y arroz por nuestros propios medios, además de cuidar de los niños y del resto de las tareas de la casa. Todos los miembros del grupo antes trabajaban en la agricultura de manera independiente, pero ahora trabajan juntos para ganar más dinero, ya que los esfuerzos combinados les permiten producir más alimentos y les lleva menos tiempo, lo que les permite ocuparse también de sus necesidades personales en el hogar.

El grupo de autoayuda que comenzó Casimira tenía originalmente 42 miembros, y el programa preveía cursos de administración de empresas, formación en materia de aptitudes para la vida diaria y otras intervenciones para promover la independencia financiera de las mujeres.

Después de realizar una capacitación para formadores sobre Género y Prevención de Conflictos impartido por una organización local de la sociedad civil, Casimira decidió formar a otras mujeres para que comenzasen sus propios grupos de modo de promover la independencia y la generación de ingresos. La mayoría de los grupos de autoayuda también son un refugio para las sobrevivientes de violencia doméstica, para las viudas y para las mujeres jefas de familia.

Grupo de autoayuda de agricultores de la aldea Tapomemo, Timor-Leste, en su huerta, 28 de julio de 2012. Esa huerta ha producido alimentos para 12 familias y ha dado ingresos a algunas mujeres por primera vez en su vida. Foto: ONU Mujeres

En los últimos cinco años, los grupos de autoayuda han avanzado a través del programa de ONU Mujeres “Desde las comunidades hasta las instituciones de seguridad global: haciendo participar a las mujeres en los programas de consolidación de la paz y de seguridad, que cuenta con el apoyo del Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID).

Casimira pasa mucho tiempo ayudando a otros grupos de autoayuda y también es una de las pocas mujeres representantes en el consejo de la aldea. Aboga porque las mujeres trabajen en los gobiernos locales como una oportunidad de mejorar los perfiles de sus grupos en la comunidad y de trabajar en la consolidación de la paz y la mediación. Casimira también representa al distrito en las conferencias y talleres nacionales, participa en todos los eventos de la comunidad y es la voz de las campesinas en las reuniones de alto nivel.

Recientemente viajó a Filipinas donde no sólo se le saludó como una de las mujeres más exitosas e influyentes en la agricultura de la región de Asia y el Pacífico, sino que también recibió formación agrícola que le permitirá contribuir aún más a su comunidad. Fue algo especial que una mujer fuese recibida así, sobre todo una mujer de una aldea muy remota de Timor-Leste. Hablando de su trabajo y de lo que quiere conseguir, dice “Quiero ser un modelo a seguir para las demás mujeres.