Aunando esfuerzos en aras del desarrollo local: las mujeres de Tanzania toman las riendas

Fecha: 15 Jan 2013

La cultivadora de hongos Batuli Massawe se ha convertido en una empresaria respetada gracias a la capacitación y a un fondo fiduciario local de mujeres. Foto: ONU Mujeres, Laura Beke.

“Debemos aunar esfuerzos para ser fuertes, explica Batuli Massawe, una cultivadora de hongos de 46 años que se ha convertido en una empresaria respetada debido, en gran parte, a la capacitación y la solidaridad en la comunidad de Morogoro, a 190 km al oeste de la capital del país.

En un país donde la agricultura es la principal fuente de ingresos de la gran mayoría —representando más de dos tercios de los empleos y casi la mitad del PIB de Tanzania— el sector agrícola se ha “feminizado y hoy hay hasta un 80 por ciento de mujeres rurales[1] que se dedican a las actividades agrícolas. Aunque las mujeres son la espina dorsal de la economía de Tanzania, a menudo se les excluye de los procesos de toma de decisiones que afectan su diario vivir.

Para remediar esta situación, ONU Mujeres y el Fondo de la ONU para el Desarrollo de la Capitalización (FNUDC) pusieron en marcha un programa piloto —el Desarrollo Local Equitativo desde el punto de vista del Género (GELD por las siglas de Gender Equitable Local Development)— conjuntamente con las autoridades gubernamentales.

La Municipalidad de Morogoro fue la elegida para liderar la iniciativa en la que ONU Mujeres ha prestado asesoramiento en lo relativo a presupuestos con perspectiva de género, que garantizarán que los recursos del Gobierno se utilicen para cubrir las necesidades de las mujeres y de los hombres por igual.

El Consejo Municipal de Morogoro ha comenzado a dar capacitación en lo referente a la incorporación de los asuntos de género y solicitó a los grupos de mujeres que participasen en varias consultas comunitarias con el fin de identificar los temas relativos al género que deben ser atendidos en su presupuesto.

Esther Nathai Mufui (izquierda) es tesorera y Emmy Kiula (derecha) es presidenta del Fondo de Procesado de Alimentos de las Mujeres de Tanzania a través del cual más de 200 mujeres han canalizado sus recursos para impulsar los negocios agrícolas locales. Foto: ONU Mujeres, Laura Beke.

“Cuando asistimos a las consultas por primera vez, fue muy difícil especificar un único problema porque las mujeres quedan relegadas en tantos niveles aquí, dice Emmy Kiula, de 47 años, madre de cinco hijos, cuya familia se dedica a la producción de mangos encurtidos. Anteriormente fue consejera municipal durante cinco años y se ha sobrepuesto a múltiples barreras impuestas por la sociedad. Emmy dice que no estaba segura si sus aportes serían tomados en serio en las consultas porque “algunos no piensan que vale la pena oír a las mujeres.

En Tanzania las mujeres todavía no tienen el derecho a poseer tierras, acceder al crédito o incluso a recibir una educación. Como resultado, el 60 por ciento [2]de las mujeres del país vive en la más absoluta pobreza.

A la gran sorpresa de Emmy, las consultas tuvieron como resultado el primer proyecto en Morogoro de desarrollo del negocio del procesado de alimentos. “Habiendo reunido a personas de diferentes comunidades, todas y todos han tenido la oportunidad de expresarse y de identificar las necesidades urgentes de la sociedad, inclusive del procesado de alimentos, dijo Emmy. “Como resultado, decidimos aunar nuestros esfuerzos en un fondo fiduciario que dé apoyo a las mujeres que se dedican a este precario sector.

Salome Nyoni, miembro del Fondo, dice que antes de la formación un kilo de hongos se vendía a 4000 TSH (US $2,50), mientras que ahora se venden a 6000 TSH (US $3,70). Foto: ONU Mujeres, Laura Beke.

Combinando sus finanzas, las 228 miembros del nuevo fondo fiduciario han invertido más de US $3.000 (5 millones de TSH), que han sido utilizados para ayudar a las mujeres con préstamos y con talleres sobre prácticas del negocio agrícola. Con mejores capacidades agrícolas y más conocimientos del negocio, las agricultoras han garantizado una mejoría notoria en la calidad de los alimentos procesados en la región. La mejor calidad ha generado más demanda de los productos a un precio más alto, y ha mejorado el acceso de las mujeres a los mercados.

“Estamos marcando una diferencia en la comunidad porque respondemos directamente a las necesidades de las mujeres, dice Emmy, presidenta del Fondo. “Celebramos reuniones trimestrales para evaluar los progresos y decidir colectivamente acerca de cómo volver a invertir lo que obtiene el Fondo. Como decidimos juntas, estimamos que todas somos responsables de nuestras acciones.

Es precisamente ese sentido de autoría que es primordial para el desarrollo de la comunidad. Las autoridades locales de Morogoro han respondido a los desafíos reales de su comunidad y han institucionalizado el liderazgo de las mujeres estableciendo un presupuesto inclusivo sensible a los asuntos de género.

Ahora que tienen mayores ingresos, se respeta a las mujeres como firmes contribuyentes a la economía familiar. Las mujeres, a su vez, sienten que pueden hacer oír sus voces, lo que refuerza el ciclo de empoderamiento. “Lo lindo de todo esto es que no hemos vuelto a inventar la rueda, dice sonriendo la tesorera del Fondo, Esther Nathai Mufui. “Ya procesábamos alimentos. Ya soñábamos con ser independientes. Simplemente necesitábamos un empujón para tomar las riendas de la situación.


[1] FAO and ILO (2010). ‘FAO y OIT (2010). “Componentes de género y empleo rural: caminos diferentes para salir de la pobreza. http://www.fao.org/docrep/013/i1638e/i1638e.pdf

[2] http://www.tanzania.go.tz/gender.html