Discurso de Michelle Bachelet para presentar la iniciativa Servicios Críticos

Fecha: 07 Mar 2013

Discurso de Michelle Bachelet, Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Presentación de la iniciativa Servicios Críticos, Nueva York, 7 de marzo de 2013.

[Cotejar con lo pronunciado]

Excelencias,
Colegas, amigas y amigos,
Buenas tardes.

Doy las gracias a AusAID por colaborar en la organización de esta importante reunión junto con ONU Mujeres y asimismo doy las gracias a la Embajadora Penny Williams. Mi más cálida bienvenida al Dr. Babatunde Osotimehin, Director Ejecutivo del UNFPA, y a Claudia García Moreno de la Organización Mundial de la Salud.

Me complace enormemente estar aquí hoy con todas y todos ustedes para dar impulso a una importante y emocionante iniciativa: elaborar estándares mundiales para mejorar los servicios a las mujeres y niñas que sufren violencia.

Mientras nos reunimos hoy, está teniendo lugar el 57º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.
Nuestra esperanza es que los debates en curso sirvan para reforzar las normas y los estándares internacionales, y den como resultado un plan de acción para prevenir y poner fin a todas las formas de violencia contra mujeres y niñas.

Para ello, nos fijamos en los acuerdos internacionales ya establecidos y que han labrado el camino: la CIPD, la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo; las acciones clave de la CIPD+5; la Plataforma de Acción de Beijing aprobada en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer; la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer; la resolución 1325 del Consejo de Seguridad y las resoluciones subsiguientes; y todos los tratados internacionales sobre derechos humanos.

No podemos dar un paso atrás, debemos seguir hacia delante. Eso es lo que las mujeres y niñas de todo el mundo esperan que hagamos.

Para seguir hacia delante, debemos proteger los derechos humanos de las mujeres. Debemos proteger sus derechos reproductivos y el derecho a la salud sexual y reproductiva. Debemos mejorar la calidad, la coherencia y la disponibilidad del amplio abanico de servicios que se prestan a millones de sobrevivientes de la violencia.

Actualmente, demasiadas mujeres sufren una doble violación de sus derechos: por una parte, cuando se ven sometidas a la violencia, y, por otra, cuando buscan y no encuentran los servicios y la justicia que merecen.

Para seguir hacia delante, se debe garantizar a todas las víctimas de violencia un acceso rápido a todos los servicios, incluidos los relacionados con la salud sexual y reproductiva, y asistencia para asegurar su salud mental y física, bienestar, seguridad, y dar respuesta a otras necesidades.

Como respuesta a todas las formas que adopta la violencia contra las mujeres —la cometida por compañeros sentimentales, la violencia sexual, incluida la violación, la trata de personas, la mutilación genital femenina o el matrimonio precoz o forzado— las víctimas necesitan servicios críticos para sobrevivir y recuperarse.

Los efectos de esta violencia pueden afectar a las mujeres durante toda su vida, incluso a sus hijas e hijos, pasando de generación en generación. Estos efectos incluyen el embarazo no deseado, la infección por VIH y otras ETS, lesiones físicas y otros peligros para la salud física y mental general de las mujeres.

El impacto de la violencia puede provocar depresión a largo plazo y suicidio. La violencia durante el embarazo puede causar abortos y mortinatalidad. Diversos estudios demuestran que las niñas y los niños que han sido testigos de actos violentos o se han visto sometidos a la violencia tienen más posibilidades de convertirse en víctimas o agresores. Los datos reflejan que los niños varones expuestos a la violencia son tres veces más propensos a utilizar la violencia contra sus parejas en el futuro.

Es crítico, por ejemplo, que las sobrevivientes de una violación tengan acceso rápido a una clínica de salud que pueda administrarles atención médica de emergencia, incluido el tratamiento para prevenir el VIH y los embarazos no deseados, además de recibir asesoramiento; acceso a la policía para presentar una denuncia; y acceso a personal médico que pueda realizar un examen forense durante las 72 horas posteriores al ataque.

Es crítico, para una mujer que sufre el maltrato de su marido, tener un lugar donde ir con sus hijas o hijos y poder disfrutar de seguridad, sanidad y refugio.

En todos los casos, es crítico situar los plenos derechos humanos de una mujer en el centro de atención de cualquier respuesta de manera que la recuperación y la justicia se vean reforzadas y no se perpetúe el ciclo de violencia.

Actualmente, en muchas comunidades, los servicios a las sobrevivientes de la violencia de género son escasos y están fragmentados, o es posible que ni siquiera existan. Esta fragmentación de los servicios y la ausencia de sistemas de derivación eficaces exponen a las sobrevivientes a un mayor riesgo de violencia, si no se garantiza su seguridad y protección, y al trauma cada vez que tienen que explicar y revivir su historia de nuevo. Incluso cuando hay servicios disponibles, a menudo suelen estar ubicados en instalaciones separadas, lo que dificulta la posibilidad de prestar una respuesta ágil y eficiente.

Es más, todas las pruebas indican que determinados grupos como las mujeres y niñas rurales, las adolescentes y las mujeres de comunidades indígenas o migrantes sufren una desventaja particular. Por otra parte, el personal encargado de prestar servicios puede no contar con la información necesaria o mostrarse insensible o displicente ante las quejas de las sobrevivientes, fomentando una cultura de desesperanza e impunidad.

Hoy nos reunimos aquí porque podemos y debemos mejorar la situación. Existe mucha buena voluntad y un muy buen trabajo realizado que podemos aprovechar.

En El Salvador, el programa Ciudad Mujer se centra no sólo en responder a la violencia contra las mujeres, sino también en ofrecer servicios que favorezcan el empoderamiento de las mujeres en todos los ámbitos de la vida. Entre otros, estos incluyen el cuidado infantil, el apoyo económico, los servicios de salud —que incluyen la salud sexual y reproductiva—, el refugio, la asistencia jurídica o la ayuda a largo plazo.

En países de todo el mundo, el Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres está respaldando iniciativas que amplían el acceso de las sobrevivientes a los servicios críticos.

En Mozambique, se ha creado el primer centro polivalente que reúne servicios de salud, psicosociales, de orden público, paralegales y sociales comunitarios en un solo lugar, lo que permite a la policía garantizar la ayuda inmediata tras un incidente violento.

En Ucrania, se ha creado el primer sistema para prestar servicios y derivar a mujeres y niñas que viven con el VIH así como a mujeres y niñas en zonas de riesgo de Kiev que han sufrido violencia.

En Iraq, gracias a un plan de estudios de formación multisectorial, el personal encargado de prestar atención médica primaria en Bagdad ahora está mejor capacitado para identificar casos de violencia, dispensar la ayuda adecuada y derivar a las víctimas, garantizando su privacidad.

Hay muchos, muchísimos más ejemplos innovadores de cooperación entre gobiernos, ONG, organismos de las Naciones Unidas y quienes prestan los servicios.

Estos ejemplos demuestran que cuando los distintos sectores trabajan juntos y ofrecen servicios integrales, cuando se trata a las mujeres de manera justa y apropiada, cada paso sirve para romper el ciclo de violencia. Sabemos que las mujeres que trabajan en la primera línea del sistema judicial refuerzan la justicia para las mujeres.

Es por ello que ONU Mujeres y el UNFPA crearon esta iniciativa conjunta de servicios críticos y animan al resto de entidades de las Naciones Unidas a que nos apoyen. Poner fin a la violencia contra las mujeres es una prioridad de todo el sistema de las Naciones Unidas, y las entidades trabajan conjuntamente para crear un mayor impacto en los países aprovechando los activos y los recursos que ya tienen. Estos estándares y estas directrices mundiales a favor de los servicios críticos también deben ser un resultado de la cooperación y complementariedad interinstitucional.

El objetivo es alcanzar un entendimiento compartido y un consenso mundial sobre los servicios y las respuestas esenciales, así como el nivel de la prestación de servicios que son necesarios para cubrir las necesidades de seguridad, salud y ayuda, entre otras, a mediano plazo de las mujeres y niñas que sufren violencia.

A modo de ejemplo, se podría incluir lo siguiente: servicios de atención sanitaria que incluyan asistencia tras una violación; respuesta policial inmediata y eficaz, apoyo psicológico y recomendaciones; asesoramiento jurídico y órdenes de protección; y ayuda social.

La calidad y la coherencia de los servicios, actualmente muy dispares, se pueden mejorar enormemente mediante estándares y directrices acordadas internacionalmente, según recomienda el Secretario General de las Naciones Unidas en su informe sobre la prestación de respuestas y servicios multisectoriales.

Nuestro objetivo es establecer un proceso participativo que tenga en cuenta las experiencias de los Estados Miembros, las entidades de las Naciones Unidas y la sociedad civil y se base en iniciativas existentes adaptadas a la situación de cada país.

Desde aquí afirmo que no hay mejor momento para empezar con ese trabajo que el presente.

Si unimos nuestras fuerzas, no sólo podemos mejorar el acceso, sino también la calidad y coherencia de los servicios y las respuestas en todo el mundo. El Gobierno de Australia (AusAID) ha ofrecido financiamiento para seguir ampliando esta iniciativa, un apoyo fundamental que, Embajadora Williams, le agradecemos muy sinceramente.

Asimismo, los nuevos compromisos adoptados por los gobiernos nos animan a seguir. Hasta la fecha, 50 gobiernos han anunciado medidas y compromisos concretos para prevenir y poner fin a la violencia contra las mujeres, y muchos de estos compromisos incluyen la prestación de servicios críticos a las sobrevivientes.

Con cada día que celebra esta Comisión, el número de países que se pronuncia va en aumento. Mi agradecimiento personal a todos y cada uno.

Señoras y señores,

Hoy quiero alentarles a que acudan al periodo de sesiones del próximo año que celebrará esta Comisión para presentar oficialmente los estándares mundiales que hayan elaborado. Estoy segura de que si unimos nuestras fuerzas podemos romper el ciclo de violencia que nos degrada a todas y todos, y que podemos construir un mundo más seguro, más igualitario y más pacífico.

Muchas gracias.