Discurso de Michelle Bachelet en el Día de Consulta del Foro ONG de la CSW

Fecha : 04 March 2013

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Estoy muy contenta de estar aquí una vez más y de dirigirme a la amplia comunidad de ONG el día antes de la apertura oficial de la 57ª sesión de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Es un honor tener la oportunidad de reunirme con tantas mujeres y hombres cuya ambición es lograr la igualdad de género y promover el empoderamiento de las mujeres. Su energía y dedicación es una inspiración.

Deseo ante todo agradecer a la Presidenta del Comité de las ONG sobre la Condición de la Mujer – Nueva York, la Sra. Soon-Young Yoon. Es también un gran honor para mí hablar en la misma ocasión que la ganadora del Premio Nobel de la Paz, Tawakkol Karman, quien es el rostro valiente de la revolución, una mujer que lucha por el cambio en su sociedad.

Ésta es la tercera vez que se me da la oportunidad de dirigirme a este importante órgano en la antesala de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Ante todo quiero decir que esta entusiasta participación de la sociedad civil marca de antemano un adelanto del tono de las próximas dos semanas. Ahora es el momento de pasar a la acción. La discriminación y la violencia contra las mujeres y las niñas no tienen cabida en el siglo XXI, pero el cambio es posible y ya se está dando.

A nivel mundial, se ha alcanzado muchos logros importantes y notables a favor de la igualdad de género. El Presidente de los Estados Unidos acaba de firmar una nueva directiva de fortalecimiento de las actividades para hacer avanzar la igualdad de género en todo el mundo. El 11 de octubre de 2012 se celebró el primer Día Internacional de la Niña. Además, dos presidentas más han sido electas: en Malawi y en la República de Corea, y la Unión Africana eligió a su primera presidenta también.

Desafortunadamente, las historias de éxitos como éstas se ven a menudo ensombrecidas por historias de violaciones graves y persistentes de los derechos humanos de las mujeres y de las niñas, quienes siguen siendo atacadas, violadas y violentamente asesinadas en los países de todo el mundo. Con todo, a pesar de estos horribles eventos, vemos que las cosas están cambiando, que hay menos indiferencia y que las voces se alzan para decir basta ya.

El impulso crece y se oye los ecos de este llamado a la acción entre las personas, entre las miles de organizaciones de la sociedad civil, en las comunidades, en las ciudades y en los países. Las mujeres, los hombres y los jóvenes se han lanzado a las calles con carteles de “¿Dónde está la justicia?” y con clamores de “¡Despierten!”.

Asimismo, declararon solidaridad con la niña pakistaní herida por defender el derecho a la educación, prometieron justicia para una joven en India y otra joven en Sudáfrica, quienes murieron luego de ser violadas violentamente, exigieron poner fin a los innumerables casos de violación y de violencia que amenazan las vidas de demasiadas mujeres y niñas pero que nunca llegan a los titulares. Este llamado fue oído en todo el mundo el 14 de febrero cuando las personas salieron de sus oficinas, casas y comercios para unirse a la Campaña Mil millones se levantan (One Billion Rising) con el fin de desafiar el silencio, la indiferencia y la injusticia.

Decir que el tema prioritario de la CSW57, la prevención y la eliminación de todas las formas de violencia contra las mujeres y las niñas, es oportuno se quedaría corto. El mundo no se puede permitir el costo de la violencia hacia las mujeres y las niñas. La violencia tiene que terminar. Debemos pasar a la acción. No hay que equivocarse: no puede haber ni paz, ni prosperidad, ni progreso sin la plena y equitativa participación de las mujeres. Éste es el mensaje que quiero hacer llegar dondequiera que vaya.

Es el mensaje que presenté en las recientes consultas sobre la desigualdad en Copenhague, donde el tema que se discutía era ni más ni menos que el futuro del desarrollo sostenible. Finalmente ha quedado claro que, en el mundo posterior a 2015 y con las lecciones que hemos aprendido de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la violencia contra las mujeres y las niñas socava todos nuestros esfuerzos relativos al desarrollo.

Esta exclusión, esta discriminación y esta violencia basadas en el género son uno de los mayores obstáculos a los que nos enfrentamos para hacer avanzar el desarrollo sostenible. Digamos NO a todas las formas de violencia contra las mujeres, NO a la violencia a manos de un compañero íntimo, NO a los matrimonios tempranos y forzados, NO a los crímenes cometidos en el nombre del honor o de la pasión, NO a la mutilación genital femenina, NO al feminicidio, NO a la violencia sexual, NO al acoso sexual, NO a la trata de personas, NO a la violencia consentida por el Estado, y NO a la violencia contra las mujeres en las situaciones de conflicto.

En la actualidad, hasta 7 de cada 10 mujeres en el mundo declaran haber sido víctimas de violencia física y/o sexual en algún momento de sus vidas. Si bien hoy en día 125 países cuentan con leyes que penalizan la violencia doméstica, para 603 millones de mujeres la violencia doméstica todavía no está tipificada como delito en sus países. Ningún país es inmune a esta violación de los derechos humanos, y todos los países pagan un precio por esos graves impedimentos al desarrollo de sus sociedades.

Ha habido muchos pasos positivos en los marcos legales, muchos de los cuales han surgido gracias al inquebrantable apoyo de la sociedad civil. Ahora debemos asumir el desafío de implementarlos y de rendir cuentas. Esperamos que esta CSW resulte en medidas sobre las promesas asumidas por los Estados y sobre los tratados y acuerdos internacionales que han firmado, porque las leyes y las políticas no valen ni siquiera el papel sobre el que están escritas si no conducen a la acción.

Ésta es la reunión internacional más importante que se haya realizado jamás sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres. Es una oportunidad de lograr progresos reales, de que nuevas leyes y políticas sean adoptadas, puestas en práctica, implementadas y “popularizadas”.

Es gracias al apoyo de la sociedad civil que los gobiernos nacionales adoptarán esas medidas y velarán por aquellos grupos que muchas veces quedan relegados, como los grupos de mujeres que viven con discapacidades, de mujeres que viven con VIH y SIDA, de mujeres indígenas, de mujeres migrantes, de niñas adolescentes y de mujeres mayores.

A medida que trabajamos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, resulta inaceptable sólo rascar la superficie. Debemos atacar eficazmente las causas de la violencia contra las mujeres y las niñas, y es aquí donde el Estado debe respetar su parte pero donde la sociedad civil es también un socio indispensable.

Tenemos que llegar a lo más profundo: a la cultura patriarcal, a las prácticas socioculturales discriminatorias, a la distribución desigual del poder social, cultural y económico, y a la falta de empoderamiento económico de las mujeres. Necesitamos crear conciencia, educar y hacer participar a los hombres y a las mujeres por igual. Lo he dicho muchas veces y lo voy a repetir: tenemos que hacer que los hombres jóvenes y los niños varones participen como socios en nuestros esfuerzos a favor de la igualdad de género.

Al establecer ONU Mujeres hace más de dos años, declaramos como una de nuestras principales prioridades la eliminación de la violencia contra las mujeres. Estamos perfectamente conscientes que ello requiere hacer cambiar actitudes y normas culturales muy arraigadas y avanzar hacia los mismos derechos, las mismas oportunidades y la misma participación, especialmente en la toma de decisiones.

¿Cómo trabaja ONU Mujeres en esta área? Mediante el apoyo al establecimiento de leyes, de planes de acción y de políticas nacionales, y de programas de creación de capacidades y de capacitación. Ofrecemos financiamiento a las ONG y a la sociedad civil, contribuimos a la promoción y a los esfuerzos de sensibilización y apoyamos las iniciativas locales.

A través del Fondo Fiduciario de la ONU para poner fin a la violencia contra las mujeres, los beneficiarios llevan a cabo pequeñas pero poderosas iniciativas sobre el terreno. Hasta la fecha, el Fondo Fiduciario de la ONU ha otorgado más de 86 millones de dólares a 351 iniciativas en 128 países y territorios.

Nuestra movilización social y plataforma de promoción “Di NO – ÚNETE para poner fin a la violencia contra las mujeres” ha movilizado y obtenido las firmas de Jefas y Jefes de Estados, Ministros y parlamentarias y parlamentarios de más de 70 países. Es también una plataforma para que las personas y las organizaciones hablen de lo que están haciendo en sus comunidades, desde actividades de difusión a nivel local hasta campañas a favor de leyes que protejan a las mujeres y a las niñas de la violencia.

Junto con UNICEF y ONU-Hábitat iniciamos un programa de cinco años “Ciudades seguras y amistosas para todas y todos”, que tiene el objetivo de promover la seguridad de las mujeres y de las niñas en los espacios públicos. Trabajamos con los líderes locales y con los grupos de la sociedad civil para prevenir y reducir la violencia y para movilizar a los grupos de mujeres y a quienes defienden los derechos de las y los jóvenes y de las niñas y los niños para definir su entorno urbano. Ahora trabajamos en más de 20 ciudades de todo el mundo, y el número sigue en aumento.

Deseo también mencionar que en noviembre del año pasado lancé la iniciativa “NOS COMPROMETEMOS” de ONU Mujeres, que insta a los Gobiernos a implementar acuerdos internacionales para poner fin a la violencia contra las mujeres, y a comprometerse a medidas nuevas y concretas para poner fin a esta violación de los derechos humanos que afecta a las mujeres de todo el mundo, en anticipo de la CSW y de cara al futuro. De Togo a la República de Corea, de Australia a Turquía y Polonia, unos 40 países han dejado en claro que asumen compromisos nacionales que se pueden llevar a cabo en sus países, y esperamos ver muchos más compromisos en los próximos días.

En este sentido, ONU Mujeres ha apoyado los exitosos esfuerzos de una delegación de mujeres pacifistas para participar en las negociaciones de estabilización política en Malí durante la crisis política y humanitaria de comienzos de 2012. En Asia, se firmó un acuerdo histórico entre el Gobierno de Filipinas y el Frente Islámico de Liberación Moro, que estipuló que se garantiza a las mujeres el derecho a la participación política y a ser protegidas de todas las formas de violencia.

Permítanme hablar ahora de cómo fortalecemos nuestra relación con las organizaciones de la sociedad civil.

El año pasado creé el Grupo Asesor Mundial de la Sociedad Civil, y además se han establecido 13 grupos asesores de la sociedad civil a nivel regional, subregional y nacional con el apoyo de ONU Mujeres y de la sociedad civil. El primer grupo regional que se estableció fue el de América Latina y el Caribe, seguido por el de Europa Central y Sudoriental. A nivel subregional, se crearon los grupos del Caribe y del Pacífico, y nueve países tienen sus propios grupos asesores nacionales: Brasil, Camerún, Georgia, India, Kirguistán, Moldova, Pakistán, Tayikistán y la República Unida de Tanzania. En 2013, ONU Mujeres planea establecer por lo menos otros 13 grupos asesores de la sociedad civil en todo el mundo. Estos grupos asesores sirven de foros dinámicos para el diálogo y la participación.

Me complace saber que la mitad del grupo mundial estará aquí con nosotros, junto a unos 20 miembros de grupos asesores de la sociedad civil de la región de Europa Central y Sudoriental, de América Latina y el Caribe, de Camerún, de India y de Brasil. Cuento con su ingenio, compromiso e influencia para establecer un puente con los involucrados, alentar a sus conciudadanos y facilitar el intercambio de informaciones durante la reunión. Espero nuestra estrecha colaboración durante esta sesión y más allá de 2013.

ONU Mujeres también ha apoyado la creación de una serie de nuevos comités regionales de ONG de la CSW. Agradecemos a estos comités y a sus socios por sus valiosas contribuciones que ya han aportado a los debates de la CSW57 a través de los documentos de consulta redactados y presentados a ONU Mujeres y a la Oficina de la CSW.

El año pasado más de 2000 representantes de ONG de 429 organizaciones participaron en la sesión anual de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Sin embargo, pese a los importantes debates e iniciativas por parte de los Estados Miembros y de las ONG, no se llegó a conclusiones consensuadas, lo que fue desalentador. Este año hay más ONG y se espera que se llegue a un buen resultado. En ONU Mujeres conocemos el valor de la plena participación de la sociedad civil en ésta y en otras importantes sesiones. Ésa es la razón por la que nos pusimos en contacto con las jefas y los jefes de las delegaciones de modo de asegurarnos que incluyan a representantes de la sociedad civil en las delegaciones de sus gobiernos a la CSW de este año.

ONU Mujeres está dispuesta a crear alianzas con las organizaciones que estén comprometidas a marcar una diferencia en la vida de las mujeres. Este año esperamos que la Comisión adopte conclusiones consensuadas que refuercen las normas y los estándares internacionales, con medidas concretas que puedan implementarse para prevenir y eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas en todas sus formas. Creemos firmemente que las políticas deben estar inspiradas por las experiencias de las sobrevivientes y que las medidas de empoderamiento económico son una parte esencial de las estrategias destinadas a poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas.

Las complejidades de la violencia hacia las mujeres y las niñas son muchas y enormes, y el tema requiere de toda nuestra atención, ni más ni menos. ONU Mujeres espera que ustedes compartan sus conocimientos y experiencias en los debates sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres y las niñas en eventos paralelos y en paneles que se organicen durante esta sesión. Esto es primordial para llegar a un mejor resultado.

En lo que a mí respecta, sigo comprometida con fortalecer la relación entre ONU Mujeres y la sociedad civil, sigo queriendo imaginar y crear modos de prosperar en los temas de preocupación y de interés común, todas y todos juntos. Seguiré trabajando para ampliar los espacios donde la sociedad civil pueda participar en las reuniones y en los programas de las Naciones Unidas.

Hacia fines del año pasado, durante el Foro de Interesados organizado por ONU Mujeres, oímos a las mujeres sobrevivientes de la violencia dejar muy en claro que no debemos ignorar sus opiniones y experiencias. Ellas quieren ser parte de la solución y esperan que las Naciones Unidas creen políticas fuertes, de múltiples vertientes y eficaces.

De cara al futuro, tenemos la excelente oportunidad de dar prioridad a la igualdad de género y de crear una agenda de desarrollo posterior a 2015 basada en la inclusión, en la justicia y en la igualdad. La desigualdad es, y seguirá siendo, el principal desafío de nuestro siglo. Las desigualdades entre los hombres y las mujeres, entre los pudientes y los marginados, incluso entre los países y las regiones, tienen un impacto negativo que ya no nos podemos permitir ignorar.

Como ya lo he mencionado, en los últimos meses la comunidad internacional ha llevado a cabo una consulta sobre el tema de las desigualdades y del desarrollo posterior a 2015. El informe final de esta consulta, codirigido por ONU Mujeres y UNICEF, ha sido revelador: el oír y el hacer participar a la sociedad civil, a las organizaciones de los derechos de las mujeres y a las personas de todo el mundo debe de ser una preocupación constante y no un evento aislado.

El diálogo y la inclusión deben ser siempre centrales respecto a la corrección de las desigualdades. El hacer que las personas participen en el desarrollo no tiene que ser considerado una formalidad de procedimiento, sino que es un deber colectivo. Las personas no son los beneficiarios sino los socios en el desarrollo. Sin ellas, no podemos dar forma ni mucho menos implementar una nueva agenda de desarrollo. La plena participación de las mujeres es esencial si queremos que el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género sean prioritarios en el periodo posterior a 2015.

La agenda posterior a 2015 tendrá que basarse en un nuevo contrato social entre los Estados y los ciudadanos que dé prioridad a la inclusión, a la igualdad y a la participación democrática. Tendrá que apoyarse en un sistema de gobernanza mundial que sea más justo, donde no quepan las prácticas injustas y las desigualdades arraigadas. La igualdad de género debe ser una prioridad en la nueva agenda mundial de desarrollo. Nada menos que esa meta hará que alcancemos un mundo más equitativo, inclusivo, pacífico y sostenible.

Señoras y señores:

El Día Internacional de la Mujer está cerca; es el día en que celebramos los adelantos logrados para crear un mundo donde la igualdad de género sea la norma y no la excepción. Hay muchos progresos de los que podemos sentirnos orgullosos; una niña nacida hoy tiene más probabilidades de vivir y de crecer en un mundo más consciente de sus capacidades y de su valor, tiene más probabilidades de estudiar, trabajar y expresarse que una niña nacida hace 50 años. Tiene además más probabilidades de participar en la creación y en la lucha por un mundo más equitativo, justo y pacífico.

En este sentido, nuestro trabajo está lejos de completarse, ya que lo anterior no es verdad para todas las niñas que nacen hoy en el mundo. Ésta es la razón por la que el Día Internacional de la Mujer también debe ser el momento de pensar en lo que todavía queda por hacer, de contemplar los desafíos que nos esperan, de recapacitar y de planificar los próximos pasos a seguir. Es momento de progresar.

La buena noticia es que la violencia contra las mujeres y las niñas no es inevitable, sino que se puede prevenir. Ustedes y yo sabemos que todas y todos tenemos la responsabilidad de erradicar la violencia en el mundo y que su rol en cuanto que sociedad civil no debe desestimarse.

Tawakkol Karman, quien nos honra hoy con su presencia, en su discurso de recepción del Premio Nobel expresó: “Siempre creí que la civilización humana es fruto del esfuerzo de las mujeres y de los hombres por igual. Cuando se trata injustamente a las mujeres y se les priva de su derecho natural, surgen todas las deficiencias sociales y los males culturales y, en resumidas cuentas, toda la comunidad, tanto hombres como mujeres, sufre.” Apuntó también que “la solución a los temas relativos a las mujeres puede alcanzarse sólo en una sociedad libre y democrática en la que la energía humana sea liberada, es decir la energía de ambos, mujeres y hombres juntos.”

Me he apropiado hoy de sus palabras, no sólo porque son realmente una inspiración, sino porque ese sentimiento está exactamente en el centro de nuestros esfuerzos en pro de la igualdad de género y del empoderamiento de las mujeres, y de una vida sin violencia para todas y todos. Esto es precisamente lo que debemos hacer: combinar la energía de los hombres y de las mujeres para cambiar el mundo. Sólo entonces se podrá hablar de progreso, sólo entonces podremos garantizar que haya un desarrollo basado en la inclusión y en la igualdad. La verdad es que o bien todas y todos encontraremos el camino para lograr el desarrollo, o todas y todos fracasaremos en el intento.

Quiero agradecer a todas las personas presentes hoy aquí por el trabajo que han hecho en los últimos años. Sé que muchos de los logros de los que nos enorgullecemos hoy han sido posibles gracias a ustedes y a otros como ustedes: personas dedicadas, comprometidas con los valores de justicia, democracia, paz e igualdad. Ustedes están hoy aquí porque creen que ningún país puede hacer avanzar el crecimiento inclusivo y la igualdad sin proteger los derechos humanos de las niñas y de las mujeres a vivir sin violencia ni discriminación. Ustedes están aquí porque hará falta contar con el pleno apoyo de los gobiernos y de la autoridad de la ley para proteger lo que nos ha costado tanto conseguir en materia de igualdad de género. Ustedes están aquí porque sus opiniones son las que harán progresar nuestros esfuerzos conjuntos. Porque juntas y juntos, podemos hacer que este siglo sea el de la inclusión de las mujeres.

El cambio es posible. El cambio se está dando. Me siento orgullosa de estar hoy aquí y de saber que todas y todos seremos parte del cambio.

Muchas gracias.