Las mujeres rurales buscan nuevas soluciones para contrarrestar las costumbres y la pobreza que impulsan la crisis de la mutilación genital femenina

Fecha: martes, 14 de noviembre de 2017

Un pueblo entero en Sierra Leona se une para hablar en contra de la Mutilación Genital Femenina. Foto: ONU Mujeres / Cecil Nelson
Un pueblo entero en Sierra Leona se une para hablar en contra de la Mutilación Genital Femenina. Foto: ONU Mujeres/Cecil Nelson

A nivel mundial, al menos 200 millones de niñas y mujeres que viven hoy en día han sido sometidas a algún tipo de mutilación o ablación genital femenina. Sierra Leona tiene uno de los índices más elevados de mutilación genital femenina del mundo: nueve de cada 10 mujeres y niñas ha sufrido esta práctica, algunas con tan sólo cinco años de edad. Durante la crisis del ébola de 2014, se impuso una moratoria sobre la mutilación genital femenina como parte de las medidas sanitarias de emergencia. Pero ahora, tres años después, esta práctica ha regresado pese a que sigue habiendo una prohibición vigente. Si bien la desigualdad de género, los mitos y las creencias culturales se encuentran en la raíz de esta práctica, para muchas mujeres rurales la mutilación genital femenina también es un medio con el que ganarse el sustento.

“No lo hacemos por amor, sino por costumbre, ignorancia y pobreza”, afirma Mabinty Kamara, del distrito de Port Loko, en la parte septentrional de Sierra Leona, encargada de realizar mutilaciones genitales femeninas durante 30 años como ceremonia del rito de transición hacia la edad adulta para las niñas. “Pero esta práctica es muy perjudicial. Causa sufrimiento a nuestras niñas, es un procedimiento doloroso”, admite. En esta parte de Sierra Leona, Kamara y otras líderes tradicionales que realizan estos rituales reciben el nombre de “soweis”.

Llevar a cabo la Bondo Bush —que es como se llama a la mutilación genital femenina en el idioma local— representa una importante fuente de ingresos para las soweis. Por realizar el ritual reciben regalos de los padres y las madres de las niñas. También disfrutan de un mayor estatus en la comunidad como guardianas de su cultura, y tienen miedo a perder el respeto que les profesan si dejan de llevar a cabo el ritual: “Lo hacemos porque creemos que no tenemos otra alternativa”, afirma Kamara.

En un momento en el que Sierra Leona se prepara para las elecciones de 2018, la cuestión de la mutilación genital femenina es un tema culturalmente sensible y de una gran carga política. Para poner fin a esta práctica, ONU Mujeres trabaja junto con entidades asociadas locales y nacionales para transformar la opinión pública e implicar a las y los líderes tradicionales y religiosos, así como a miembros del parlamento, a fin de que comprendan los efectos negativos de la mutilación genital femenina.

Por ejemplo, ONU Mujeres reunió a 35 periodistas de Sierra Leona y activistas contra la mutilación genital femenina durante una capacitación de cuatro días de duración para mejorar la narrativa sobre esta cuestión en los medios de comunicación nacionales y locales. Recientemente, en octubre de 2017, durante las celebraciones del Día Internacional de las Mujeres Rurales, nueve aldeas y sus respectivos altos cargos de la jefatura de Yoni, en el distrito de Tonkolili, al norte de Sierra Leona, se reunieron para entablar un diálogo sobre las experiencias de las mujeres con la mutilación genital femenina. Denunciaron colectivamente la práctica, un logro significativo en una zona donde la mutilación genital femenina está muy generalizada, y donde ni siquiera la policía puede intervenir efectivamente si las y los líderes tradicionales respaldan la práctica.

No dejar a nadie atrás...

Fatmata B. Koroma. Photo: UN Women/Cecil Nelson
Fatmata B. Koroma. Foto: ONU Mujeres/Cecil Nelson

Fatmata B. Koroma es una líder sowei y jefa comunitaria del distrito de Tonkolili, Sierra Leona. Antes solía practicar la mutilación genital femenina en niñas como parte de una ceremonia de rito de transición. Sin embargo, hoy en día, después de conocer los efectos perjudiciales, entre ellos complicaciones médicas, y de asistir a talleres organizados por ONU Mujeres, ha cambiado su opinión sobre la mutilación genital femenina.

“Después de asistir al taller de ONU Mujeres, dejé de practicar la mutilación genital femenina y he animado a otras personas de mi jefatura a que hagan lo mismo.

Poner fin a la mutilación genital femenina es posible, pero primero tenemos que crear un medio de supervivencia óptimo para aquellas personas que siguen considerando la iniciación como un medio de empleo. Si diseñamos programas agrícolas para las mujeres que les permitan ganarse el sustento a través de diferentes medios, podremos eliminar la mutilación genital femenina de nuestra tradición.

Necesitamos tractores, semillas y fertilizantes para empezar a trabajar en el campo. Hemos podido educar a nuestras niñas y nuestros niños con este trabajo de sowei, con la mutilación genital femenina. Por lo tanto, las mujeres necesitan estar empoderadas económicamente para poner fin a la mutilación genital femenina”.


Asimismo, en la primera línea de la lucha contra la mutilación genital femenina se encuentran hombres como el reverendo Osman Jessie Fornah, superintendente nacional de la Iglesia Wesleyan de Sierra Leona y embajador HeForShe de ONU Mujeres. El reverendo Osman ha sido pastor durante 31 años y ha sido testigo de los efectos negativos de la mutilación genital femenina entre sus fieles. “Debería abolirse en Sierra Leona”, afirma. “He presenciado muchas veces como las niñas mueren desangradas como consecuencia de la mutilación genital femenina”.

Desde 2009, el reverendo Osman ha promovido el abandono de esta práctica, y los resultados son evidentes. En 50 congregaciones de iglesias de todo el país consiguió que afrontaran la cuestión y elaboraran materiales educativos que dejaran claro su posicionamiento religioso contra la mutilación genital femenina.

“Debemos animar a las mujeres a que alcen la voz, sean fuertes y apuesten por el cambio que creará mejores oportunidades para ellas y sus hijas e hijos”, afirma Mary Okumu, representante de ONU Mujeres en el país. “Si rechazan la práctica tradicional nociva de la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil y animan a sus hijas a que vayan a la escuela, las mujeres rurales de Sierra Leona pueden lograr un futuro mejor para el país”.

Además de implicar a jefes tradicionales y a parlamentarios a través de la campaña HeForShe, ONU Mujeres ha respaldado a las mujeres rurales con programas de transferencia de efectivo y capacitaciones sobre agricultura y avicultura con financiación de los Fondos Fiduciarios de Asociados Múltiples.

 “Para poner fin a la mutilación genital femenina, las mujeres deben estar empoderadas económicamente”, concluye Fatmata Koroma, que actualmente está centrándose en la agricultura como medio alternativo con el que ganarse el sustento.