En palabras de Anisa Rasooli, magistrada: “No todas las mujeres de Afganistán usan burkas azules ni se dedican a pedir limosna… podemos ser las mejores ingenieras, doctoras, juezas y maestras”

Fecha: miércoles, 7 de noviembre de 2018

Justice Anisa Rasooli poses for a photo behind her desk. Photo: UN Women/Ishaq Ali Anis
Anisa Rasooli. Foto: ONU Mujeres/Ishaq Ali Anis

Anisa Rasooli fue nombrada recientemente la primera mujer en formar parte del Tribunal Supremo de Afganistán. Ha sido una firme defensora de que un mayor número de mujeres ostenten cargos judiciales, por ejemplo como líder de la Asociación Afgana de Magistradas, una organización que cuenta con el respaldo de ONU Mujeres. Tras haber prestado servicio durante 23 años en el sistema judicial, la jueza Rasooli recuerda muy bien la época en la que el estigma asociado al hecho de acudir a una institución judicial era tan fuerte que la mayoría de las mujeres no osaban hacerlo, ni siquiera para inscribir un matrimonio. Hoy en día las tasas de violencia contra las mujeres continúan siendo altas, aunque se está avanzando en este terreno. Ahora se cuenta con leyes y servicios jurídicos de mayor calidad y se ha alcanzado una cifra récord de juezas, lo que está cambiando el curso de la justicia. El programa de participación política en Afganistán, promovido por ONU Mujeres, fue posible gracias a los fondos aportados por los gobiernos de Islandia, Suecia y Noruega.

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Un hito histórico en Afganistán fue la aprobación de nuestra ley para poner fin a la violencia contra las mujeres. La ley protege a las sobrevivientes, que en el pasado eran simplemente ignoradas. También obliga a los diferentes ministerios a proporcionar protección, por ejemplo, mediante la recopilación de pruebas y la prestación de asistencia jurídica gratuita. Es evidente que estas no son las únicas medidas necesarias, queda mucho por hacer en favor de las mujeres afganas. El analfabetismo, la pobreza y la inseguridad explican, en gran medida, la situación en la que nos encontramos actualmente.

Por el hecho de no haber estudiado, muchas mujeres desconocen sus derechos. Creen que tienen que aceptar la violencia. Si supieran que tienen idénticos derechos que los hombres, no aceptarían que nadie las golpeara, lesionara o quemara. Pedirían ayuda.

El empoderamiento económico es crucial en ese sentido, puesto que muchas mujeres se enfrentan a un problema grave: cómo ganarse la vida si abandonan a un esposo que abusa de ellas.

La seguridad sigue siendo un factor fundamental. Si existe seguridad, la gente puede superar los obstáculos. La inseguridad socava la capacidad y la confianza para hacer cualquier cosa. No se han producido recientemente casos de castigos extrajudiciales a mujeres allí donde el gobierno tiene el control, pero no podemos decir lo mismo en las zonas que este no controla.

Hace 23 años, cuando comencé mi carrera como magistrada, sólo había 20 juezas en todo Afganistán. En aquel momento, debería haberme convertido en jueza cuando me gradué; sin embargo, se me asignó otro puesto y únicamente fui nombrada jueza un año antes de que los talibanes tomaran el control. Posteriormente, hasta el año 2001, cuando se designó el gobierno interino, tuve que permanecer en casa.

Hoy somos ya 300 magistradas. Creo que esto anima a las mujeres a acercarse a las instituciones judiciales. Saben que las juezas no permitirán ningún tipo de menoscabo en la respuesta a las sobrevivientes de la violencia y de otros delitos. En estos momentos se están formando muchas más mujeres para convertirse en juezas, y espero que lo sigan haciendo, porque es su derecho y porque esta es una profesión sagrada en la que tenemos la oportunidad de ayudar a otras personas y a nosotras mismas.

Mi deseo es que todas las mujeres disfruten de los derechos que tienen como personas. Esto depende, en buena medida, de la eliminación de la violencia y de los factores que subyacen a ella. No obstante, creo que si trabajamos con la comunidad internacional podemos resolver este problema.

Todo el mundo debe recordar que no todas las mujeres de Afganistán usan burkas azules ni se dedican a pedir limosna por las calles, como suelen mostrar las fotografías. Esa imagen no se ajusta a la realidad. Las mujeres afganas podemos ser las mejores ingenieras, doctoras, juezas y maestras. Hacemos oír nuestra voz, nos dejamos ver y desempeñamos funciones muy importantes. Tenemos muchas cosas buenas que ofrecer si las condiciones son las adecuadas”.