Una nueva ley proporcionará viviendas de bajo costo para las sobrevivientes de la violencia doméstica en Albania

Fecha: martes, 5 de marzo de 2019

Silva Kaca* Foto: ONU Mujeres/ Yllka Parllaku

“¿Por qué no se marcha?” es una pregunta preocupantemente habitual sobre las mujeres que viven relaciones abusivas. La pregunta suele ir seguida del escepticismo: si de verdad la situación fuera tan mala, ¿no se habría ido de casa?

Pregúntenle a Silva Kaca* por qué no se marchó; por qué soportó la situación tantos años. Y ella les explicará uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan muchas mujeres en Albania, igual que en cualquier otra parte del mundo, cuando intentan abandonar a una pareja que abusa de ellas: la vivienda.

Silva estuvo casada 22 años y tuvo dos hijas con su esposo, que abusaba de ella.

Las niñas dejaban de jugar y corrían a casa tan pronto como veían a su padre aparcar el coche, recuerda. Se sentaban en el regazo de su madre, esperando protegerla así de las palizas. Los últimos cinco años de su matrimonio, Silva vivía un infierno. La gota que colmó el vaso llegó cuando su esposo comenzó a golpear también a su hija mayor, que en aquel momento tenía 14 años.

Silva intentó acudir a la justicia. “Recibí dos órdenes de protección de la policía, pero seguíamos viviendo bajo el mismo techo”. Como muchas otras mujeres de Albania, no tenía ningún otro lugar adonde ir. Su esposo terminó en la cárcel por abuso doméstico y finalmente se divorció de él, pero posteriormente quedó en libertad y Silva se vio obligada a huir de su casa, pues su ex cónyuge amenazaba con asesinarla. Ni siquiera tuvo tiempo de empacar su ropa ni de llevarse a sus hijas con ella.

“Dormía en casa de amistades y parientes hasta que una buena amiga me recomendó el Refugio para Mujeres y Niñas Víctimas de Abuso. Allí encontré el lugar más agradable y encantador posible”, afirma Silva. “Finalmente conseguí reunirme con mis dos hijas. En el momento en el que entramos en el refugio nos tranquilizamos; sentíamos que habíamos vuelto a nacer”.

El Refugio para Mujeres y Niñas Víctimas de Abuso forma parte de la Red de Vigilancia contra la Violencia de Género, una red integrada por 48 organizaciones de la sociedad civil de toda Albania. ONU Mujeres apoyó la creación de esta red en el marco de su programa regional para la eliminación de la violencia contra las mujeres, financiado por la Unión Europea. En 2018, la red desempeñó un papel significativo en la defensa de la modificación de la ley “sobre medidas de lucha contra la violencia en las relaciones familiares” y en la propuesta de un proyecto de ley de vivienda social. Dada la labor de abogacía que llevan a cabo, las mujeres sobrevivientes de la violencia doméstica, las víctimas y posibles víctimas de la trata y las madres solteras figuran actualmente entre los grupos que deben contar con acceso prioritario a viviendas públicas de bajo costo en virtud de la ley de vivienda social aprobada en mayo de 2018.

Edlira Haxhiymeri, directora durante 20 años del Refugio para Mujeres y Niñas Víctimas de Abuso en Tirana, señala que la falta de vivienda y alojamiento es uno de los principales problemas a los que se enfrenta la mayoría de las mujeres que sufren abusos. “O bien no poseen una vivienda durante su matrimonio, o la pierden tras el divorcio. [Pagar] un alquiler es imposible para ellas”. Atrapadas entre el abuso y la dependencia económica, muchas mujeres se ven obligadas a soportar relaciones abusivas o a regresar con parejas abusivas.

“Realmente esperamos que la ley de vivienda social ayude a las sobrevivientes de la violencia doméstica”, añade Haxhiymeri.

El refugio, que también cuenta con el apoyo del programa regional de ONU Mujeres en los Balcanes Occidentales y Turquía, tiene por objetivo concienciar a las instituciones públicas y a los miembros de la comunidad del municipio de Lezha sobre la violencia doméstica, así como dar a conocer las leyes con la que se pretende proteger a las mujeres. Además, está desarrollando las capacidades de quienes proveen los servicios públicos, de manera que puedan garantizar unos servicios de calidad para las víctimas de la violencia.

Después de más de seis meses viviendo en el refugio, este año Silva Kaca tuvo que mudarse a un pequeño estudio. Pese a que ahora vive de forma independiente, lucha para llegar a fin de mes. “Pagar el alquiler significa que algunos días no tengo suficiente para comer”, dice. “Todavía estamos a principios de mes y solamente me quedan 90 dólares [de los Estados Unidos]”.

Escena de un complejo de viviendas públicas en Albania. Sobrevivientes de violencia doméstica toman prioridad para espacios y disponibilidad en viviendas públicas como estas y otras. Foto: ONU Mujeres/ Yllka Parllaku

“Cuando son la única persona que aporta ingresos a la familia, resulta imposible asumir el costo de la vivienda”, destaca Haxhimeri, haciéndose eco de la necesidad de disponer de viviendas públicas asequibles para las mujeres. En la actualidad, organizaciones de la sociedad civil de toda Albania están informando a las comunidades sobre la nueva ley y cómo utilizarla.

Algunos municipios del país han ayudado a las sobrevivientes de la violencia doméstica, proporcionándoles ayudas para el alquiler. “Estamos pensando en alentar al resto de municipios a hacer lo mismo para apoyar a las sobrevivientes”, afirma Merita Xhafaj, Directora General de Políticas y Desarrollo para la Salud y la Protección Social del Ministerio de Sanidad y Protección Social.

“La aprobación de la nueva ley de vivienda social representa un hito muy importante para Albania en pos del cumplimiento de las normas internacionales, como el Convenio de Estambul. ONU Mujeres tiene el compromiso de respaldar su aplicación, abogando por unas asignaciones presupuestarias adecuadas a escala central y local para garantizar que ninguna mujer se quede atrás”, destaca Estela Bulku, Directora del Programa de ONU Mujeres en Albania.

Para las mujeres como Silva Kaca, la ley de vivienda es, ni más ni menos, una cuestión de vida o muerte. Pero también se trata de que los servicios públicos respondan al fin a las necesidades y problemas específicos de las mujeres. Según Silva, todas las mujeres que, como ella, viven situaciones abusivas deberían contar con un refugio, al menos hasta que se recuperen y puedan ganarse la vida por sí mismas.

* Se ha utilizado un nombre ficticio con el fin de proteger la identidad de la protagonista.