Desde mi perspectiva: “Jamás me rendí y todos los días aprendo algo nuevo”

Fecha: lunes, 4 de marzo de 2019

En todo el mundo, 1.700 millones de personas adultas carecen de acceso a los servicios bancarios; un 56% de ellas son mujeres, de acuerdo con los últimos datos disponibles del Banco Mundial. Y la tendencia prosigue en África, donde hasta 95 millones de personas adultas sin acceso a servicios bancarios reciben pagos en efectivo por la venta de productos agrícolas, y 65 millones ahorran utilizando métodos semiformales. La falta de acceso a los servicios bancarios y de conocimientos financieros, como los relativos al ahorro, los presupuestos y la gestión de la deuda, implica que las mujeres que ya de por sí son pobres poseen escasos o ningún medio para invertir, jubilarse o contar con un colchón económico frente a posibles emergencias. En las crisis humanitarias, estos problemas se exacerban. Esperance Mutegwaraba, de 61 años, huyó del conflicto en la República Democrática del Congo en 2012 junto con otras 30.000 personas refugiadas.

Esperance Mutegwaraba. Photo: Novella Nikwigize/UN Women, 2019
Esperance Mutegwaraba. Foto: ONU Mujeres/Novella Nikwigize
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Escapar de la guerra junto con mis cuatro hijas e hijos y cuatro nietas y nietos, además de con una niña huérfana que rescaté... la vida era realmente dura... no teníamos dónde dormir ni a dónde ir. Mi esposo y yo nos habíamos separado.

Llegué a este campamento para personas refugiadas en junio de 2012. Mis hijas e hijos son mi motivación para quedarme aquí, porque si los llevo de vuelta al Congo no podrán terminar sus estudios. Cuando me seleccionaron para participar en un programa de capacitación de ONU Mujeres en el campamento, me sentí entusiasmada.Estamos aprendiendo a tejer hermosas cestas que Indego Africa vende por todo el mundo. Recibimos pedidos y nos pagan en nuestras propias cuentas bancarias personales que el programa nos dio la oportunidad de abrir. ¡Algo totalmente nuevo para mí! Nuestra cooperativa, Igisubizo (que significa “La Solución”), ganó cerca de 300.000 francos rwandeses (340 dólares de los Estados Unidos) con su primer pedido.

En los seis años que llevo en el campamento para personas refugiadas, es la primera vez que tengo un lugar al que ir y donde ser productiva, encontrarme con otras mujeres, compartir experiencias y confortarnos unas a otras. Tengo 61 años; las otras mujeres me llaman 'Taté' (abuelita). Antes, debido a mi edad, la gente solía dudar de mi capacidad para trabajar. Pero el programa aumentó mi confianza y, a pesar de que al principio cometí muchos fallos al tejer las cestas, jamás me rendí y todos los días aprendo algo nuevo con el apoyo del personal de formación.

En mi ciudad natal, el único trabajo que podían realizar las mujeres era la agricultura o el trabajo doméstico; nadie esperaba que pudiésemos trabajar juntas en cooperativas ni hablar en público. Nuestra estancia aquí nos ha enseñado mucho; es un conocimiento que utilizaré si alguna vez vuelvo al Congo.

Hemos aprendido a administrar nuestras finanzas y ahorramos en nuestras cuentas un 10% de lo que ganamos. Aunque sólo es el principio, ya puedo percibir el efecto que esto tiene sobre mi familia y me permite albergar esperanza para su futuro... el programa me abrió unas puertas que nunca había sabido que existían”.



ODS 1: Fin de la pobreza
ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico
 

Por su edad y su analfabetismo, Esperance Mutegwaraba no había tenido oportunidad de trabajar hasta que se inscribió en un programa apoyado por ONU Mujeres y gestionado por Indego Africa, que se dedica a capacitar a mujeres refugiadas para que adquieran aptitudes empresariales. El programa, que está financiado por el Gobierno de Suecia, también proporciona a las refugiadas conocimientos financieros y ha facilitado que constituyan una cooperativa. Además, les permite acceder al crédito y a servicios bancarios.