El trabajo de cuidados es el motor que sostiene el mundo
Todas las personas necesitamos cuidados, los damos y los recibimos.
El trabajo de los cuidados – tanto remunerado como no remunerado – es lo que mantiene el mundo en marcha. Desde que nos despertamos hasta que nos acostamos, los cuidados dan forma a nuestras vidas, nuestras economías y nuestras comunidades. Están en las comidas que se preparan, en acompañar a los niños y niñas a la escuela, en el apoyo a las personas mayores, en la ropa que se lava y plancha y en tantas tareas invisibles que hacen posible la vida cotidiana. También suman a la carga mental que recae sobre quienes cuidan, que en su mayoría son mujeres. Sin los cuidados, las sociedades sencillamente se detendrían por completo y dejarían de funcionar.
Pero hay un problema de fondo: durante demasiado tiempo hemos entendido mal el trabajo de los cuidados.
La responsabilidad de cuidar. El trabajo de los cuidados no es cosa de mujeres: es una realidad y responsabilidad de todas y todos
Lo hemos oído alguna vez: los cuidados son “cosa de mujeres”. Esa creencia anacrónica limita los derechos y las oportunidades de las mujeres y supone un lastre para la sociedad en su conjunto.
En todo el mundo, las mujeres dedican más de 2,5 veces más tiempo al trabajo de cuidados no remunerado es que los hombres. Las mujeres también ocupan la mayoría de los puestos de trabajo remunerados en el sector de los cuidados como niñeras, empleadas de hogar, cuidadoras, enfermeras y docentes. Sin embargo, estas funciones suelen ser informales, estar mal remuneradas y carecer de protecciones básicas como atención sanitaria o licencias retribuidas.
La forma en que se organiza el trabajo de los cuidados en la actualidad limita el tiempo del que disponen las mujeres para estudiar, acceder a un trabajo remunerado decente, participar en la vida pública o simplemente descansar. Alrededor del 45 por ciento de las mujeres en edad de trabajar están fuera del mercado laboral como consecuencia del trabajo de cuidados no remunerado, frente a tan solo el 5 por ciento de los hombres.
Todas las personas necesitamos cuidados, y todas los proporcionamos
A lo largo de la vida, todas las personas pasamos por momentos en que nos toca proporcionar y recibir cuidados, y en ocasiones ambas cosas a la vez.
Sin embargo, el trabajo de los cuidados no remunerado que sustenta todas las economías sigue siendo invisible e infravalorado. Si se contabilizara el trabajo no remunerado que realizan las mujeres, superaría el 40 por ciento del producto interno bruto (PIB) en algunos países.
ONU Mujeres trabaja para transformar los cuidados de una labor invisible e infravalorada a un bien público
El trabajo de cuidados es una cuestión de derechos humanos. Contar con sistemas de cuidados sólidos es esencial para garantizar la dignidad, los derechos y el bienestar tanto de quienes cuidan como de quienes reciben cuidados.
El cambio real empieza por reconocer el trabajo de cuidados como lo que es: un trabajo esencial y cualificado. No un favor, ni una responsabilidad que deba recaer sobre las mujeres, sino un bien público y un derecho humano que merece reconocimiento, inversión y una responsabilidad compartida. La economía de los cuidados —que abarca todo el trabajo de cuidados, remunerado y no remunerado, directo e indirecto— es fundamental para el desarrollo humano y la calidad de vida.
Un sistema de cuidados que funcione adecuadamente implica:
- Reconocer los cuidados como fundamento de sociedades prósperas e igualitarias desde el punto de vista del género.
- Reducir las tareas domésticas de cuidados no remuneradas que exigen gran cantidad de energía mediante infraestructuras y tecnología.
- Redistribuir las responsabilidades de manera más equitativa entre las mujeres y los hombres, los hogares y el Estado, las familias, las comunidades y las empresas.
- Recompensar a los millones de personas que se dedican a la prestación de cuidados con un salario justo, protección social y condiciones de trabajo decentes.
- Representar a las personas dedicadas al trabajo de cuidados en la esfera de la formulación de políticas, las organizaciones y los espacios en los que se toman decisiones que afectan a sus vidas.
Dotar de recursos a los sistemas de cuidados mediante fondos públicos para políticas, servicios, infraestructuras, normas y capacitación.
Cerrar las brechas en los cuidados es clave para avanzar hacia la igualdad
La brecha de género que hoy atraviesa a las sociedades de todo el mundo, alimentada por la infravaloración y la distribución desigual del trabajo de cuidados, sigue siendo uno de los grandes obstáculos para alcanzar la igualdad.
Pero invertir en sistemas de cuidados da resultados: economías más sólidas, mayor igualdad y comunidades más resilientes.
¿Y si repensamos los cuidados?
Explora historias, investigaciones y soluciones que están ayudando a construir sociedades del cuidado más integrales, donde los cuidados están en el centro de economías más justas, dinámicas y pensadas para todas las personas.