Por qué el agua y el saneamiento son temas de derechos de las mujeres
Desde la educación de las niñas hasta el liderazgo de las mujeres, descubre por qué el acceso al saneamiento y al agua limpia y segura es esencial para todos los ámbitos de la igualdad de género.
¿Cómo usas el agua todos los días?
Bebes, te bañas, cocinas, limpias, tiras de la cadena del inodoro, produces y cultivas con ella. Puede que la obtengas del grifo, de una botella o un cubo, del río o de un pozo.
El agua —no contaminada, suficiente y asequible— es esencial para el disfrute pleno de la vida.
Es un derecho humano y es fundamental de formas obvias y no tan obvias. El acceso al agua limpia y al saneamiento puede influir en si una niña va al colegio, si una mujer embarazada da a luz a un bebé sano o si una familia tiene lo necesario para comer.
El agua y el saneamiento —o la falta de ellos— repercute en la seguridad, la autonomía y el tiempo de las mujeres y niñas en todo el mundo.
¿El agua es un derecho humano? ¿Y el saneamiento?
La respuesta a ambas preguntas es la misma: ¡sí! El derecho humano al agua es esencial para disfrutar del derecho a un nivel de vida adecuado consagrado por el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966. La Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció el derecho humano al agua potable segura en 2010 y a un saneamiento digno y seguro, como un derecho diferenciado, en 2016.
Gracias a los incansables esfuerzos de los grupos de activistas feministas, hemos comprendido que el agua y el saneamiento son determinantes para los derechos de las mujeres. Ellas soportan la carga de conseguir agua limpia para sus familias, sufren acoso en sus trayectos para recoger agua o usar letrinas públicas y se enfrentan a limitaciones económicas y sociales debido a la pobreza asociada a la menstruación. Son problemas persistentes tanto en entornos urbanos como rurales.
¿Qué es el ODS 6? El objetivo mundial sobre el agua limpia y sus limitaciones
El acceso al agua limpia y el saneamiento es tan vital para el progreso mundial que las Naciones Unidas lo incluyeron entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030: Objetivo 6: Garantizar la disponibilidad de agua, su gestión sostenible y el saneamiento para todas las personas.
La comunidad internacional y las comunidades locales subrayan además su importancia con la celebración de conferencias, ceremonias y otras actividades durante el Día Mundial del Agua (y la Semana Mundial del Agua), el Día Mundial del Retrete y el Día de la Higiene Menstrual.
¿Qué significa la sigla WASH?
WASH es el acrónimo en inglés de agua, saneamiento e higiene. El concepto incluye agua que sea segura, asequible y suficiente para satisfacer las necesidades personales; servicios de saneamiento que desechen los residuos humanos de manera segura; y prácticas de higiene, como el lavado de manos y la higiene menstrual, que reduzcan los riesgos sanitarios y sustenten la dignidad y el bienestar.
Sin embargo, la medición oficial de los avances en el ODS 6 no incluye indicadores de género, en parte debido a la preocupante ausencia de la perspectiva de género en las políticas de WASH. Si no se abordan explícitamente los derechos y las realidades a las que se enfrentan cada día las mujeres y niñas, el acceso al agua seguirá siendo profundamente desigual.
Aquí es donde resulta crítico el trabajo de ONU Mujeres y nuestras entidades asociadas: garantizamos que las mujeres y niñas, así como sus necesidades, derechos y liderazgo, no sean una parte invisible de la crisis global del agua ni de sus soluciones.
Cómo es la crisis del agua para las mujeres y niñas
La intensificación del cambio climático, la degradación ambiental y la creciente demanda del sector agrícola e industrial han provocado una crisis histórica mundial. Esta situación crítica se ve agravada por la mala gestión y la planificación de corto plazo. Y afecta de manera desproporcionada a las mujeres y niñas, menoscabando su salud, su seguridad y sus oportunidades.
Al mejorar el acceso al agua y el saneamiento —y entender su estrecha relación con la igualdad de género—, podemos mejorar drásticamente las experiencias que viven las mujeres y niñas en todo el mundo.
El agua limpia puede ser la diferencia entre la vida y la muerte durante el parto
Cada año mueren alrededor de un millón de madres y bebés debido a la falta de higiene en el parto. Las madres en países de ingresos medianos y bajos y las que viven en zonas en conflicto, donde las instalaciones sanitarias disponen de menos recursos, son las más expuestas al riesgo de infección.
Con saneamiento y agua limpia y suficiente, muchas de esas muertes podrían evitarse.
La responsabilidad de recoger agua sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, sobre todo en las zonas rurales
En muchas familias, son las mujeres y niñas las que asumen la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de cuidados no remuneradas. Recoger agua, ya sea para beber, cocinar o limpiar, no es una excepción.
En siete de cada 10 hogares sin agua corriente, las responsables de ir a recogerla son las mujeres y niñas. Según un análisis en los 53 países con datos disponibles, las mujeres y las niñas dedican el triple de tiempo a esta tarea que los hombres y niños.
Estas horas implican menos tiempo para la educación, el trabajo remunerado y el descanso. En algunos casos, el trayecto de ida y vuelta hasta el punto de acceso al agua expone a las mujeres y niñas a situaciones de acoso, agresión y explotación.
Invertir en infraestructuras es invertir en la vida de las mujeres y niñas. Lograr el ODS 6 para 2030 requerirá un financiamiento anual de 1 billón de dólares.
Los riesgos de seguridad a los que se enfrentan las mujeres y niñas cuando no hay un saneamiento adecuado
Un saneamiento adecuado que garantice la dignidad implica tener acceso a instalaciones en las que las personas puedan satisfacer sus necesidades fisiológicas de un modo seguro y con privacidad. Eso significa contar con aseos y letrinas funcionales en casa, en la escuela y en el trabajo; con puertas que se cierren y medios para lavarse las manos y evitar la transmisión de enfermedades.
Para las mujeres y niñas, que habitualmente necesitan orinar con más frecuencia que los hombres y niños, las diferencias no son sólo anatómicas. Si se ven obligadas a usar instalaciones inadecuadas, inseguras o muy alejadas, se exponen a sufrir acoso o violencia. Cuando no hay instalaciones de saneamiento públicas, las mujeres y niñas participan menos en la vida pública.
En el caso de las personas menstruantes o embarazadas, las instalaciones seguras resultan todavía más vitales. Este hecho resulta de especial relevancia en los lugares en los que se estigmatiza injustamente la menstruación, y las mujeres y niñas se ven apartadas por sus propias familias o por la sociedad durante el periodo. La falta de un saneamiento adecuado, la falta de conocimientos y el alto precio (o la poca disponibilidad) de los artículos de higiene menstrual condenan a millones a vivir en la pobreza asociada a la menstruación, sobre todo en las zonas rurales.
¿Lo sabías?
156 millones de niñas de entre 10 y 19 años de edad todavía carecen de servicios básicos de higiene, lo que pone en riesgo su salud, su dignidad y su educación. Las adolescentes suelen faltar más al empleo o a la escuela y evitar las actividades sociales durante la menstruación.
La escasez de agua potencia el hambre y la inseguridad alimentaria
La escasez de agua y alimentos suele exacerbar las desigualdades de género. Esa carestía significa que las mujeres —quienes a menudo son las responsables de la recolección y la gestión del agua, la comida y el combustible para el hogar— deben trabajar más duro y desplazarse más lejos.
Y lo que es peor, la incapacidad de proveer estos bienes básicos puede desembocar en violencia física, una situación perpetuada por relaciones o parejas sentimentales.
Es frecuente que, tras un desastre, durante un conflicto, en el día a día de las personas que viven en la pobreza o, simplemente, cuando así lo dicta la tradición, las mujeres y niñas sean las últimas en comer o coman menos.
Por eso, cuando la escasez de agua implica inseguridad alimentaria —por ejemplo, durante una sequía grave—, las mujeres y niñas padecen mayores tasas de malnutrición.
La desigualdad de género se constata desde el inicio mismo de la cadena de suministro alimentario. Las agricultoras tienen menos acceso a la tierra, el financiamiento y la información. Las responsabilidades de cuidados implican menos tiempo disponible para cultivar. Por eso, incluso en los países en los que las mujeres constituyen la mayoría de la mano de obra agrícola, estas producen entre el 20 y el 30 por ciento menos que sus homólogos masculinos. La escasez de agua agota esos márgenes que ya son escasos.
Las crisis hídricas pueden aumentar la violencia, el matrimonio infantil y el desplazamiento
Los fenómenos extremos como las inundaciones y sequías, que son cada vez más intensos debido al cambio climático alimentado por los combustibles fósiles y a ciclos naturales como El Niño y La Niña, son de por sí experiencias angustiosas. Estas crisis agotan las reservas de agua, interrumpen los servicios, dañan infraestructuras e incrementan los niveles de enfermedad, hambre, desplazamiento y conflictos.
Los desastres relacionados con el agua, que son cada vez más frecuentes y graves, representan el 70 por ciento de las muertes derivadas de desastres.
Y para las mujeres y niñas, las pruebas demuestran que estos fenómenos acentúan el riesgo de violencia. Las tasas de matrimonio infantil y forzado también aumentan debido a la desesperación de las familias que han de lidiar con la escasez de agua, la inseguridad alimentaria y la pobreza.
Durante la sequía que sufrió el Cuerno de África en 2022 y 2023, en Somalia se registró un aumento del 20 por ciento en los casos de violación y violencia en la pareja. En Etiopía, el matrimonio infantil se multiplicó casi por cuatro.
Un estudio sobre la sequía en Zimbabwe, Mozambique y Lesotho reveló un drástico incremento de la violencia sexual (un 46 por ciento), con especial incidencia entre las adolescentes. De acuerdo con el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, IPCC, se prevé que las ya escasas reservas de agua de África Meridional se reduzcan un 30 por ciento para 2050.
¿Qué significa el concepto de bancarrota hídrica?
El término “bancarrota hídrica mundial” se refiere al estado actual de nuestros recursos hídricos. Muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades, malgastando o contaminando fuentes de agua más rápido de lo que el ciclo natural puede reponer las reservas. El objetivo de este término es promover el pensamiento a largo plazo de un modo más eficaz que “estrés hídrico” o “crisis hídrica”.
La brecha de datos de género deja las soluciones hídricas medio vacías
Los datos no solo muestran el alcance de los problemas, también indican el camino hacia las soluciones.
Las estadísticas de género y los datos desglosados por sexo pueden mostrarnos, mediante cifras objetivas, los distintos efectos para mujeres y hombres, niñas y niños. Dedicar una inversión adecuada a esta labor es el primer paso para garantizar que no se deje a nadie atrás en la carrera por lograr el ODS 6.
Las políticas de WASH más eficaces emplean análisis de género y datos desglosados por discapacidad, edad y sexo, a fin de reflejar la diversidad de experiencias de las mujeres y niñas.
Las mujeres están abanderando las soluciones hídricas, pero a menudo se las excluye de la toma de decisiones
A pesar de las responsabilidades con las que cargan —a veces literalmente— las mujeres y niñas en materia de gestión del agua, su contribución rara vez goza de reconocimiento en los espacios formales en los que se diseñan las políticas de WASH. Las mujeres se ven excluidas en gran medida de los puestos públicos de liderazgo, planificación y gobernanza del agua.
Las mujeres y las organizaciones lideradas por mujeres, incluidos los movimientos de defensa de los derechos humanos y los derechos hídricos de las comunidades indígenas, aportan perspectivas y una experiencia fundamental para la gestión del agua. La gobernanza hídrica feminista refuerza el acceso al agua, la sostenibilidad y la igualdad.
En qué consisten las políticas de agua y saneamiento verdaderamente sensibles al género
ONU Mujeres aboga por políticas de WASH que:
- Defiendan los derechos humanos de las mujeres, especialmente en casos de conflictos y desastres, en los que escasean más los recursos.
- Promuevan el liderazgo de las mujeres y su participación plena, igualitaria y significativa, incluidas las comunidades rurales e insuficientemente atendidas, mediante una mayor representación en la toma de decisiones, la formación y el financiamiento.
- Se basen en datos desglosados y estadísticas de género, de modo que las políticas reflejen las diversas necesidades de las personas a las que se dirigen.
- Reconozcan y redistribuyan el trabajo de cuidados no remunerado, las responsabilidades domésticas y el trabajo comunitario de las mujeres y niñas, incluida la recolección de agua.
- Inviertan en infraestructuras de agua y saneamiento más cercanas a los hogares o dentro de ellos para reducir la dedicación temporal y el trabajo pesado de las mujeres y niñas, y garantizar una mayor seguridad y privacidad.
- Eduquen a las comunidades y reduzcan la estigmatización, en especial sobre la menstruación y la higiene personal.
- Protejan el agua y utilicen los recursos de forma sostenible, de modo que las siguientes generaciones hereden un mundo más saludable, seguro e igualitario.
Acción ambiental y climática con perspectiva de género
Por el logro de la igualdad de género y de un planeta más seguro, saludable y sostenible para todas las personas.