¿Cómo afecta la guerra a las mujeres y niñas? Una breve guía sobre el género y los conflictos

El 21 de enero de 2026, Alawiya y su hija Nariman, de 13 años, friegan los platos en su casa, situada en una zona rural del estado de Gedaref, en Sudán. Alawiya, que vive con una discapacidad desde la infancia, lucha por mantener a su familia. A través del programa de asistencia en efectivo SANAD de UNICEF, financiado por el Banco Mundial, ahora recibe apoyo económico para comprar productos básicos como alimentos, jabón y agua, al tiempo que tiene acceso a servicios de salud y vacunación para sus hijos. Foto: UNICEF/UNI942014/Osman Saif.

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La guerra se está volviendo cada vez más peligrosa para las mujeres y niñas.

En todo el mundo, los conflictos se están volviendo más largos y brutales, y se están librando cada vez más en ciudades y comunidades, en lugar de en campos de batalla lejanos. Se destruyen viviendas, escuelas, hospitales y refugios, y las consecuencias recaen directamente en la población civil.

Hoy el mundo está viviendo el mayor número de conflictos activos desde 1946. El año pasado, un informe de las Naciones Unidas advertía de que 676 millones de mujeres vivían a menos de 50 kilómetros de un conflicto mortal. Esa es, aproximadamente, la distancia que hay entre la ciudad de Nueva York y Newark (Nueva Jersey) en los Estados Unidos, o la que recorren a diario millones de personas en su trayecto diario al trabajo desde Nueva Delhi a Gurgaon, en la India. Imagina tener que huir de tu casa de la noche a la mañana mientras caen bombas y misiles, y los servicios básicos —como el agua o la electricidad— quedan destruidos a tu alrededor.

Desde ese informe, han estallado aún más conflictos.

Las bombas no distinguen entre hombres y mujeres, pero las consecuencias de la guerra sí son diferentes. En este artículo explicativo se analiza por qué las guerras modernas son cada vez más mortíferas para las mujeres y niñas, y la forma en que los conflictos agravan las desigualdades.

¿Qué les ocurre a las mujeres durante un conflicto?

Durante un conflicto, las mujeres y niñas corren un mayor riesgo de verse obligadas a abandonar sus hogares, de tener que dejar la escuela o el trabajo, de perder el acceso a la atención de la salud y de sufrir violencia sexual, traumas, hambre y pobreza.

Cuando los servicios se desmoronan y las familias luchan por sobrevivir, se espera que las mujeres mantengan unidas a las comunidades cuidando de las y los niños, las personas heridas y mayores, a menudo mientras ellas mismas se enfrentan al peligro y al trauma.

A pesar del papel fundamental que desempeñan las mujeres para garantizar la supervivencia de las familias y las comunidades en situaciones de conflicto, suelen verse excluidas de la toma de decisiones políticas y de las negociaciones de paz.

¿Por qué las guerras modernas son cada vez más mortíferas para las mujeres y niñas?

Las Naciones Unidas informaron que en 2025 murieron 37.000 civiles en 20 conflictos armados; casi 1 de cada 5 personas fallecidas era una mujer. Fue la primera vez en cuatro años que se registró un descenso del número total de civiles fallecidos, tras tres años de aumento de la cifra de muertes, pero en algunos países ocurrió lo contrario: en el Sudán y la República Democrática del Congo, los asesinatos se dispararon.

Los tres primeros meses de 2026 supusieron el invierno más mortífero para las mujeres y niñas ucranianas desde el primer año de la invasión rusa de Ucrania a gran escala en 2022.

Entre enero y marzo de 2026, 199 mujeres y niñas fueron asesinadas —más que en el mismo período de 2025, 2024 y 2023—, lo que refleja un cambio profundamente preocupante en las guerras modernas.

Cada vez más guerras se libran en zonas pobladas

Los conflictos actuales se libran con frecuencia en zonas pobladas y residenciales, en lugar de en campos de batalla lejanos. Se dañan o destruyen viviendas, hospitales, escuelas e incluso refugios, lo que expone a la población civil a un mayor riesgo de resultar herida o perder la vida.

Muchas mujeres y niñas no tienen un lugar seguro al que acudir. Algunas son asesinadas al refugiarse en sus hogares; otras resultan heridas cuando huyen de los ataques, al buscar alimento o al intentar mantener con vida a sus familias mientras los servicios básicos colapsan a su alrededor.

Los ataques con drones están causando estragos a la población civil, incluidas las mujeres y las y los niños

En Gaza, Palestina, 38.000 mujeres y niñas perdieron la vida desde el inicio de la guerra hasta diciembre de 2025. Se les siguió asesinando a pesar del acuerdo de alto el fuego.

Las cifras más elevadas de decesos de mujeres, niñas y niños coincidieron con períodos de intensos bombardeos aéreos, ataques con drones y lanzamientos de misiles, junto con la destrucción a gran escala de infraestructura civil. Los edificios residenciales representaron más del 95 por ciento de los daños de infraestructura registrados.

En el Sudán, las Naciones Unidas han informado de un fuerte aumento de los ataques con drones este año, que provocaron la muerte de más de 500 civiles entre enero y marzo de 2026.

El derecho internacional no deja lugar a dudas: los ataques contra civiles y personal humanitario constituyen violaciones graves de los derechos humanos. Sin embargo, la población y la infraestructura civil siguen siendo blanco de ataques en las guerras modernas, a menudo con total impunidad.

“Estábamos sentados en el sexto piso cuando bombardearon el séptimo, el departamento de mi tío. La mujer de mi tío gritaba: ‘¡Mis hijos! ¡Mis hijos ya no están!’. Mientras corría a ayudarla, dispararon el segundo proyectil. Fue entonces cuando mataron a mi madre y a mis hermanos”. 

Mona, de 13 años, describe cómo sobrevivió a un doble ataque aéreo en Gaza que acabó con la vida de su madre, su hermana y su hermano, destruyó la vivienda familiar y le provocó lesiones que le cambiaron la vida.

¿De qué manera los conflictos aumentan el riesgo de violencia sexual para las mujeres y niñas?

La violencia sexual contra las mujeres y niñas aumenta de forma considerable durante los conflictos. En las guerras de todo el mundo, la violación y otras formas de violencia de género se utilizan para aterrorizar a la población civil, castigar a las comunidades, forzar el desplazamiento y ejercer control.

En el Sudán, donde la guerra ha durado ya cuatro años, se ha producido un fuerte aumento de la violencia sexual contra las mujeres y niñas. La cifra de aquellas que necesitan ayuda tras haber sufrido violencia de género casi se ha duplicado en los últimos dos años y se ha cuadruplicado desde el inicio de la guerra, según el último informe de ONU Mujeres.

“Las mujeres y niñas están siendo violadas y asesinadas en sus propios hogares, y también cuando huyen, buscan alimento, agua o atención médica”, afirma Anna Mutavati, Directora Regional de ONU Mujeres para África Oriental y Meridional.

El Sudán no es un caso aislado. En todos los conflictos, la violencia sexual sigue utilizándose como arma de guerra: una táctica deliberada para aterrorizar, humillar y dividir a las comunidades.

En las zonas afectadas por conflictos, la falta de rendición de cuentas por estos delitos sigue alimentando ciclos de violencia e impunidad. El miedo y el estigma social también impiden que muchas mujeres y niñas denuncien la violencia y pidan ayuda.

Las Naciones Unidas verificaron más de 9.300 casos denunciados de violencia sexual relacionada con conflictos en 2025, lo que supone un aumento con respecto a los 4.600 casos denunciados en 2024. Debido a las dificultades que existen para denunciar estos casos, se considera que los casos confirmados representan únicamente la punta del iceberg y que la cifra real ha de ser mucho mayor.

¿Qué es la violencia sexual relacionada con los conflictos?

La violencia sexual relacionada con los conflictos no es una forma de violencia aleatoria o inevitable que simplemente “ocurre” durante las guerras. A menudo se trata de una estrategia deliberada para fracturar las comunidades y romper los lazos sociales, aterrorizar y desplazar a la población y hacerse con el control.

Puede incluir la violación, la esclavitud sexual, el matrimonio forzado, el embarazo forzado, la esterilización forzada y la trata con fines de explotación sexual.

Cualquier persona puede ser víctima de violencia sexual relacionada con los conflictos, pero las mujeres y niñas representan más del 95 por ciento de los casos denunciados.

¿En qué medida afectan de manera diferente los conflictos y desplazamientos a las mujeres y niñas?

A finales de 2024, 123,2 millones de personas se encontraban en situación de desplazamiento forzado a causa de conflictos, violencia, persecución y violaciones de los derechos humanos.

Las mujeres y niñas desplazadas por los conflictos se enfrentan a:

  • un mayor riesgo de sufrir violencia de género, explotación y abusos;
  • hacinamiento en los refugios, con escasa intimidad y seguridad;
  • afectaciones en el acceso a la atención de la salud, los ingresos, la educación y la protección;
  • desplazamientos reiterados y separación de la familia y de las redes de apoyo.

En el Líbano, 1 de cada 4 mujeres y niñas se encontraba desplazada al cabo de un mes de la intensificación de los combates.

Una mujer gesticula con las manos mientras está sentada en el interior, con niños y otras personas de pie detrás de ella.
Zeinab Fakih, desplazada de Srifa, asume el cuidado de varias generaciones mientras el conflicto desarraiga a su familia por segunda vez en dos años. Foto: ONU Mujeres Líbano/Georges Roukoz
Una mujer gesticula con las manos mientras está sentada en el interior, con niños y otras personas de pie detrás de ella.
Zeinab Fakih, desplazada de Srifa, asume el cuidado de varias generaciones mientras el conflicto desarraiga a su familia por segunda vez en dos años. Foto: ONU Mujeres Líbano/Georges Roukoz
Zeinab Fakih, Líbano

“¿Qué clase de vida es esta?”, se pregunta Zeinab Fakih, de 56 años, madre de cuatro hijas e hijos y originaria de Srifa (Líbano). 

“Mi familia se dispersó. Mi esposo se quedó en el sur. Yo me quedé en el refugio con mis hijas e hijos, mis nietas y nietos y los progenitores de mi esposo, ancianos y enfermos. Me encargo de darles de comer, de que tomen sus medicamentos y de cuidarles —afirma—. Estoy agotada. Es la segunda vez en dos años que nos obligan a abandonar nuestro hogar”.

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Una mujer gesticula con las manos mientras está sentada en el interior, con niños y otras personas de pie detrás de ella.
Zeinab Fakih, desplazada de Srifa, asume el cuidado de varias generaciones mientras el conflicto desarraiga a su familia por segunda vez en dos años. Foto: ONU Mujeres Líbano/Georges Roukoz
Zeinab Fakih, Líbano

“¿Qué clase de vida es esta?”, se pregunta Zeinab Fakih, de 56 años, madre de cuatro hijas e hijos y originaria de Srifa (Líbano). 

“Mi familia se dispersó. Mi esposo se quedó en el sur. Yo me quedé en el refugio con mis hijas e hijos, mis nietas y nietos y los progenitores de mi esposo, ancianos y enfermos. Me encargo de darles de comer, de que tomen sus medicamentos y de cuidarles —afirma—. Estoy agotada. Es la segunda vez en dos años que nos obligan a abandonar nuestro hogar”.

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A pesar de que el 17 de abril entró en vigor un acuerdo de alto el fuego , las familias del Líbano siguen desplazándose entre refugios y viviendas, bajo la sombra de la muerte y con el temor de tener que huir de nuevo.

En el Sudán, 4,3 millones de mujeres y niñas siguen desplazadas dentro del país, y varios millones más han huido a los países vecinos. En este país, el desplazamiento supone una elección imposible para las mujeres y niñas. Quedarse puede significar pasar hambre o morir, pero huir puede exponerlas a violaciones, secuestros y actos de violencia mientras buscan alimento, agua y asistencia médica.

Casi un millón de mujeres y niñas se han visto desplazadas en Gaza, y muchas de ellas se han visto obligadas a huir, en promedio, en cuatro ocasiones. Incluso tras el acuerdo de alto el fuego anunciado en octubre de 2025, las familias seguían viviendo sin paz, sin dignidad y sin acceso a alimentos ni agua.

La guerra ha destrozado muchas familias en Gaza, lo cual ha dejado a numerosas mujeres con la tarea de mantener lo que queda de su vida familiar unida tras haber perdido a sus esposos y parientes.

¿Cómo afectan los conflictos a la salud física y mental de las mujeres?

Hambre, lesiones y colapso de los sistemas de atención de la salud

En diciembre de 2025, el sistema sanitario de Gaza se estaba derrumbando bajo el peso de la guerra. Las Naciones Unidas informaron que el sistema de salud para madres y bebés había quedado “diezmado”después de que los ataques israelíes destruyeran el 94 por ciento de los hospitales y cortaran el acceso a los suministros médicos.

Para las 11.000 mujeres y niñas heridas que han quedado con discapacidad permanente, no hay suficientes médicos, medicamentos ni centros de salud en funcionamiento. Las mujeres daban a luz sin atención médica adecuada, mientras que los miembros de la población civil heridos tenían dificultades para acceder incluso a un tratamiento básico.

Resultaba imposible satisfacer incluso las necesidades más básicas. En Gaza, casi 700.000 mujeres y niñas se veían obligadas a lidiar con la menstruación en instalaciones superpobladas o inseguras, en las que las compresas higiénicas eran prácticamente imposibles de conseguir o resultaban prohibitivas.

El hambre también se propagaba rápidamente. En diciembre de 2025, 790.000 mujeres y niñas padecían hambre y una inseguridad alimentaria catastrófica en Gaza. Las mujeres suelen ser las últimas en alimentarse y comen menos cuando hay escasez, lo que las expone a un mayor riesgo de sufrir complicaciones de salud a largo plazo.

ONU Mujeres pidió a una médica de Gaza que explicara cómo era trabajar allí en esos momentos.

“Aquí se lucha simplemente por sobrevivir”, afirmó la doctora Iman Ayad, una estudiante de medicina que trabaja en el hospital Al-Shifa, que ha sido bombardeado en numerosas ocasiones. Debido al colapso del sistema sanitario de Gaza y a las enormes necesidades médicas de la población, ya ha realizado intervenciones quirúrgicas, pese a que todavía está estudiando.

En el Líbano se han registrado más de 150 ataques contra centros sanitarios entre el 2 de marzo y el 29 de abril de 2026, entre los que se incluyen el asesinato de miembros del personal y la destrucción de hospitales, actos prohibidos en virtud del derecho internacional humanitario.

La crisis de salud mental a la que se enfrentan las mujeres en tiempos de guerra

Hay otra crisis dentro de la crisis que rara vez aparece en los titulares. En el Afganistán, Gaza, el Líbano y Ucrania, las mujeres sufren trastorno por estrés postraumático, ansiedad y depresión, y apenas tienen acceso a servicios de salud mental.

En Ucrania, la violencia contra las mujeres ha registrado un aumento del 36 por ciento desde 2022. El 42 por ciento de las mujeres corre el riesgo de sufrir depresión, y casi una de cada cuatro afirmó que ella misma o alguien de su hogar necesitaba asesoramiento psicológico.

Una mujer con delantal y guantes está de pie en una cocina comunitaria
Ghofran Abou Khalil, de 35 años, trabaja en el comedor comunitario del Centro de Formación de Sibline. Ha tenido que desplazarse en cuatro ocasiones: primero dentro de Siria, luego a Trípoli, después al campo de Borj al-Chemali en el Líbano y, finalmente, a Sibline. Foto: ONU Mujeres/Georges Roukoz
Una mujer con delantal y guantes está de pie en una cocina comunitaria
Ghofran Abou Khalil, de 35 años, trabaja en el comedor comunitario del Centro de Formación de Sibline. Ha tenido que desplazarse en cuatro ocasiones: primero dentro de Siria, luego a Trípoli, después al campo de Borj al-Chemali en el Líbano y, finalmente, a Sibline. Foto: ONU Mujeres/Georges Roukoz
Ghofran Abou Khalil, Líbano

“Mi zona estaba bajo amenaza de bombardeo. Tuve que marcharme por la noche, con mis hijas. Olvidé mis medicamentos, pero me llevé el juguete favorito de mi hija, un osito panda de peluche”, dice Ghofran Abou Khalil, de 35 años. Se ha visto desplazada en cuatro ocasiones: primero dentro de Siria, luego a Trípoli, después al campamento de Borj al-Chemali en el Líbano y ahora, de nuevo, dentro del Líbano. Trabaja en el comedor comunitario del Centro de Formación de Sibline.

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Una mujer con delantal y guantes está de pie en una cocina comunitaria
Ghofran Abou Khalil, de 35 años, trabaja en el comedor comunitario del Centro de Formación de Sibline. Ha tenido que desplazarse en cuatro ocasiones: primero dentro de Siria, luego a Trípoli, después al campo de Borj al-Chemali en el Líbano y, finalmente, a Sibline. Foto: ONU Mujeres/Georges Roukoz
Ghofran Abou Khalil, Líbano

“Mi zona estaba bajo amenaza de bombardeo. Tuve que marcharme por la noche, con mis hijas. Olvidé mis medicamentos, pero me llevé el juguete favorito de mi hija, un osito panda de peluche”, dice Ghofran Abou Khalil, de 35 años. Se ha visto desplazada en cuatro ocasiones: primero dentro de Siria, luego a Trípoli, después al campamento de Borj al-Chemali en el Líbano y ahora, de nuevo, dentro del Líbano. Trabaja en el comedor comunitario del Centro de Formación de Sibline.

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¿Cómo afecta la guerra el empleo, los ingresos y el trabajo de cuidados no remunerado de las mujeres?

La guerra arrasa con las economías, los medios de vida y los sistemas de los que dependen las familias para sobrevivir. Las mujeres suelen ser las primeras en perder su empleo remunerado y las últimas en recuperarlo, ya que suelen ocupar puestos de trabajo precarios o mal retribuidos y asumen más responsabilidades de cuidados no remuneradas durante los conflictos.

A medida que las escuelas cierran, que el transporte deja de ser seguro, que los mercados quedan destruidos y los servicios públicos desaparecen, muchas mujeres pierden sus ingresos, pero también el acceso a los sistemas que les permiten desempeñar un trabajo remunerado, formarse y cuidar de sus familias.

Las mujeres son las primeras en perder sus ingresos y las últimas en recuperarlos

La guerra a gran escala contra Ucrania iniciada en 2022 ha supuesto un retroceso para toda una generación de mujeres ucranianas. En 2023, las mujeres representaban el 72,5 por ciento de las personas desempleadasy ganaban un 41,4 por ciento menos que los hombres. En 2024, solo el 48 por ciento de las mujeres desplazadas tenían un empleo, frente al 71 por ciento de los hombres.

Los conflictos también provocan que a las mujeres les resulte más difícil y peligroso desplazarse, trabajar y acceder a los mercados. En Gaza, una de cada siete familias depende actualmente de las mujeres para sobrevivir, mientras estas siguen enfrentándose a graves restricciones para acceder a medios de vida, lo que hace que la ayuda en efectivo, la asistencia alimentaria y el apoyo económico sean fundamentales.

El perjuicio económico que se produce durante una guerra no se limita a la pérdida de ingresos. Las mujeres suelen perder sus bienes, tierras, documentación, ahorros, redes sociales y el acceso al crédito. El desplazamiento también puede empujarlas a aceptar trabajos peligrosos, a endeudarse y a sufrir explotación.

Las mujeres asumen la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado

En las zonas de conflicto, a menudo se espera que las mujeres llenen los vacíos que dejan los sistemas destruidos, es decir, que cuiden de las y los niños, las personas enfermas y de edad, mientras intentan mantener sus familias a flote en condiciones imposibles.

En 2024, las mujeres ucranianas declararon que dedicaban 56 horas a la semana al cuidado de sus hijas e hijos, frente a las 49 horas que destinaban a esta tarea antes de la guerra. El cierre de las guarderías dificultó aún más que las mujeres encontraran empleos remunerados.

Las mujeres están reconstruyendo las comunidades, a menudo sin apoyo alguno

A pesar de los efectos desiguales y devastadores que tienen las guerras sobre las mujeres, estas siguen siendo el pilar fundamental de la supervivencia y la recuperación en las zonas afectadas por conflictos. Desde Ucrania hasta Gaza y el Sudán, las mujeres y las organizaciones dirigidas por mujeres están alimentando a las familias, prestando asistencia médica y psicosocial y liderando la recuperación económica en sus comunidades. En 2025, una de cada dos empresas de Ucrania había sido fundada por una mujer.

Sin embargo, el apoyo a las organizaciones de mujeres está disminuyendo a medida que aumentan las necesidades. Un informe mundial de 2025 elaborado por ONU Mujeres reveló que la mitad de las organizaciones dirigidas por mujeres o que trabajan por los derechos de las mujeres en zonas de crisis humanitarias podrían cerrar en un plazo de seis meses debido a los recortes de financiación.

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Las mujeres están aprendiendo a leer y escribir gracias a una iniciativa de alfabetización respaldada por ONU Mujeres en la provincia de Nuristán, al este de Afganistán
Las mujeres aprenden a leer y escribir gracias a una iniciativa de alfabetización respaldada por ONU Mujeres en la provincia de Nuristán, al este de Afganistán. Como parte de la iniciativa, también se crearon 130 comités de alfabetización en las aldeas. Al mejorar su nivel de alfabetización, las mujeres pueden reforzar sus medios de vida, acceder a la atención sanitaria y desarrollar su resiliencia en una de las provincias más aisladas y desatendidas de Afganistán. Foto: ONU Mujeres/Sayed Habib Bidell
Las mujeres aprenden a leer y escribir gracias a una iniciativa de alfabetización respaldada por ONU Mujeres en la provincia de Nuristán, al este de Afganistán. Como parte de la iniciativa, también se crearon 130 comités de alfabetización en las aldeas. Al mejorar su nivel de alfabetización, las mujeres pueden reforzar sus medios de vida, acceder a la atención sanitaria y desarrollar su resiliencia en una de las provincias más aisladas y desatendidas de Afganistán. Foto: ONU Mujeres/Sayed Habib Bidell

¿Cómo afectan los conflictos a la educación de las niñas?

En todo el mundo, 119 millones de niñas no van a la escuela. En los países afectados por conflictos, la probabilidad de que las niñas no asistan a la escuela es más de dos veces superior que en países no afectados por conflictos.

La guerra arrebata el futuro a las niñas

A las pocas semanas del inicio de la guerra en Ucrania, Olesia Bozhko, exdiplomática y fundadora de Space of Knowledge, una organización de la sociedad civil con sede en Kiev dedicada a la innovación en el ámbito del aprendizaje, se dio cuenta de que la invasión a gran escala de Ucrania era también una guerra contra la educación.

Los ataques rusos han destruido miles de centros educativos, entre ellos escuelas y guarderías. En junio de 2024, alrededor de cuatro millones de niñas y niños habían sufrido interrupciones en su educación en Ucrania, y en torno a 600.000 no podían asistir a la escuela de forma presencial.

Las niñas tienen más dificultades que los niños para acceder a la educación o continuar estudiando cuando los conflictos afectan las infraestructuras y la seguridad y reducen los ingresos familiares.

En el Afganistán se prohíbe a las niñas asistir a la enseñanza secundaria

Los talibanes tomaron el poder en el Afganistán en agosto de 2021 y, un mes después, prohibieron a las niñas asistir a la escuela secundaria.

Sin embargo, la crisis comenzó incluso antes: casi el 30 por ciento de las niñas afganas no llegan a empezar jamás la educación primaria debido a la pobreza, las normas de género restrictivas y los problemas de seguridad. Las familias también sacan de la escuela tanto a las niñas como a los niños para que contribuyan a los ingresos familiares o para prepararles para el matrimonio infantil. Las consecuencias de privar a las niñas de la educación pueden durar toda la vida y sumir a comunidades enteras en ciclos de pobreza.

En 2025, el 78 por ciento de las jóvenes afganas no se encontraban estudiando, trabajando ni recibiendo ningún tipo de capacitación, una proporción que prácticamente cuadruplicaba la registrada entre los jóvenes varones. Se prevé que los embarazos precoces aumenten un 45 por ciento este año y que la mortalidad materna podría incrementarse en más de un 50 por ciento.

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Una mujer mayor utiliza el móvil mientras está sentada en un refugio.
Imágenes de la vida cotidiana en Ucrania bajo los cortes de energía durante la grave crisis invernal, enero de 2026. Foto: ONU Mujeres/Olha Ivashchenko.
Imágenes de la vida cotidiana en Ucrania bajo los cortes de energía durante la grave crisis invernal, enero de 2026. Foto: ONU Mujeres/Olha Ivashchenko.

¿Dónde están las mujeres cuando se negocia la paz?

Cuando las mujeres participan en las negociaciones, la paz es más probable, más inclusiva y más duradera. Los estudios lo han demostrado una y otra vez. En las zonas fronterizas de Malí y el Níger la participación de las mujeres locales en la prevención de los conflictos aumentó del 5 al 25 por ciento entre 2020 y 2022, lo que contribuyó a resolver más de 100 conflictos relacionados con los recursos naturales locales.

El proceso de paz de Colombia demostró al mundo lo que sucede cuando las mujeres están presentes en la mesa de negociación, en lugar de pedirles opinión a última hora. Tras 52 años de conflicto armado, cuando parecía imposible alcanzar la paz, los grupos de mujeres colombianas se negaron a rendirse. En el decenio de 2010, cuando el proceso de paz empezaba a tomar forma, las mujeres de todo el país se movilizaron con el apoyo de ONU Mujeres: querían tener un lugar en la mesa en la que se negociaran las condiciones de la paz y la recuperación. En 2016, cuando se firmó el acuerdo formal de paz, las mujeres representaban el 20 por ciento del equipo negociador del Gobierno nacional y el 43 por ciento de las delegaciones de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la proporción más alta de la historia moderna.

El resultado fue el primer acuerdo de paz del mundo que integraba plenamente la perspectiva de género, con más de 100 compromisos relacionados con los derechos de las mujeres. Cuando se firmó la paz, las mujeres exigieron —y consiguieron— que se incluyeran disposiciones para salvaguardar y promover los derechos de las mujeres, así como para garantizar que lo que les había ocurrido no se repitiera.

Sin embargo, de acuerdo con el promedio mundial, las mujeres representan solamente el 7 por ciento del personal implicado en las negociaciones y el 14 por ciento de las personas que llevan a cabo labores de mediación en los procesos de paz formales.

Con demasiada frecuencia se invita a la mesa de negociación a quienes inician las guerras, mientras que a quienes realmente se comprometen con la paz, como los grupos de mujeres, se les deja de lado de manera sistemática y persistente. Aun así, no se rinden ni se quedan al margen. Las mujeres siguen desempeñando un papel fundamental en la consolidación de la paz en el plano local. Por ejemplo, en Etiopía, Liberia y Kenya, las mujeres que trabajan en el ámbito de la consolidación de la paz influyeron en los procesos y acuerdos de paz a nivel local, regional y nacional. En el Yemen, las mujeres negociaron el acceso de la población civil al agua. En 2024, los únicos acuerdos de paz alcanzados en Sudán del Sur incluían representantes de grupos de mujeres como firmantes.

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Miembros del equipo de ONU Mujeres escuchan a las mujeres en el centro de acogida de Alazhri, en Puerto Sudán, durante una jornada de distribución de ayuda de emergencia. Foto: ONU Mujeres/Ekram Hamad Fadlalla.
Miembros del equipo de ONU Mujeres escuchan a las mujeres en el centro de acogida de Alazhri, en Puerto Sudán, durante una jornada de distribución de ayuda de emergencia. Foto: ONU Mujeres/Ekram Hamad Fadlalla.
Miembros del equipo de ONU Mujeres escuchan a las mujeres en el centro de acogida de Alazhri, en Puerto Sudán, durante una jornada de distribución de ayuda de emergencia. Foto: ONU Mujeres/Ekram Hamad Fadlalla.

¿Cómo apoya ONU Mujeres a las mujeres y niñas en las zonas de conflicto?

ONU Mujeres está presente sobre el terreno en zonas de conflicto de todo el mundo. Trabajamos con mujeres y niñas y para ellas.

La ayuda que ofrecemos salva vidas y tiene un efecto duradero. Colaboramos con organizaciones dirigidas por mujeres y dedicadas a la defensa de los derechos de las mujeres para ofrecer servicios de protección, atención psicosocial, asistencia en efectivo y oportunidades para que las mujeres puedan obtener ingresos.

Nuestro trabajo se basa en el principio de que las mujeres deben tener voz en las decisiones que afectan sus vidas y a sus comunidades. Trabajamos para garantizar que las experiencias y las necesidades de las mujeres y niñas marquen el rumbo de la respuesta humanitaria y las iniciativas de recuperación, al tiempo que integramos la igualdad de género en los sistemas de planificación, coordinación y financiación de emergencias.

Como entidad de las Naciones Unidas dedicada a la igualdad de género y los derechos de las mujeres, ONU Mujeres tiene el mandato de impulsar la agenda sobre las mujeres y la paz y la seguridad, y garantizar que la participación, la protección y el liderazgo de las mujeres sean elementos fundamentales de las iniciativas de fomento de la paz y la seguridad.

¿Qué puedes hacer para ayudar?

Durante demasiado tiempo, la historia, los medios de comunicación y las personas responsables de la toma de decisiones han dado a entender que la guerra es igual para todas las personas. Pero si la desigualdad ya condiciona la vida de las mujeres en tiempos de paz, los conflictos no hacen sino ampliar esa brecha.

  • Conoce y comparte esta historia, inicia conversaciones y haz preguntas: ¿dónde están las mujeres y niñas? ¿Cómo viven el conflicto? ¿Por qué no están presentes en los foros donde se toman decisiones?
  • Apoya a las organizaciones locales de mujeres en zonas de conflicto.
  • Haz una donación a ONU Mujeres para que podamos seguir trabajando con las mujeres a fin de proteger sus derechos en todo el mundo.