¿Qué les ocurre a las mujeres durante un brote de ébola? Embarazo, cuidados, violencia y supervivencia: una guía explicativa
El ébola es una de las enfermedades más mortíferas del mundo: aproximadamente la mitad de las personas que se infectan pierden la vida. Para la cepa de Bundibugyo, responsable del nuevo brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda, no existen vacunas ni tratamientos autorizados. Las mujeres y niñas constituyen la mayoría de los casos confirmados, un patrón que se ha repetido desde el primer brote de ébola, en 1976.
Según los datos más recientes disponibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el brote actual, las mujeres representan más del 53 por ciento de los casos confirmados mediante pruebas de laboratorio. La razón no es biológica; tiene que ver más bien con los cuidados, la proximidad y las consecuencias del colapso de los sistemas sanitarios. Este artículo explicativo trata sobre esa historia oculta: qué les sucede a las mujeres cuando estalla un brote de ébola, desde el embarazo hasta la supervivencia.
¿Qué es el ébola y por qué afecta más a las mujeres que a los hombres?
El ébola es una enfermedad viral poco frecuente que provoca un cuadro clínico grave —y a menudo mortal—. Alrededor de la mitad de las personas que contraen la enfermedad mueren a causa de ella.
Si bien desde el punto de vista biológico las mujeres no son más susceptibles a contraer la enfermedad que los hombres, tienen una probabilidad mucho mayor que estos de infectarse con el ébola. La principal causa de ello es que, en todo el mundo, las mujeres asumen la mayor parte de las tareas de cuidados en las familias y las comunidades. La enfermedad se propaga a través del cuidado de personas dependientes, las tareas del hogar, el trabajo sanitario de primera línea y las prácticas funerarias.
En pocas palabras, cuando una persona se enferma, son principalmente las mujeres quienes cuidan de ella: madres, hermanas, parejas, tías e hijas que atienden a las personas enfermas en sus hogares; enfermeras y personal de limpieza en las salas de los hospitales; y parteras que ayudan a las mujeres a dar a luz. Las mujeres también son, a menudo, quienes se ocupan de sus seres queridos cuando fallecen y preparan sus cuerpos para el entierro. Estas responsabilidades hacen que las mujeres mantengan un estrecho contacto físico con las personas enfermas durante las fases contagiosas.
La historia ha demostrado que el ébola afectó en mayor medida a las mujeres y niñas en brotes anteriores: durante el brote de ébola de 2018-2019 en la República Democrática del Congo (RDC), las mujeres y niñas representaron alrededor de dos tercios de los casos notificados; en algunas comunidades de Liberia, las mujeres representaron hasta tres cuartas partes de las muertes por ébola en 2014; y hace 50 años, en la RDC, el 56 por ciento de las personas fallecidas fueron mujeres.
Los primeros datos indican que, en el brote que afecta hoy a la RDC y Uganda, las mujeres y niñas representan el 53,4 por ciento de los casos confirmados mediante análisis de laboratorio para los que se dispone de datos demográficos. En la adolescencia, las niñas representan más del 61 por ciento de los casos.
¿Cómo se transmite el ébola y por qué las mujeres tienen mayor probabilidad de verse expuestas al virus?
El virus puede transmitirse a la población humana cuando las personas entran en contacto directo con la sangre, las secreciones, los órganos u otros fluidos corporales de animales infectados, como los murciélagos frugívoros que se encuentran enfermos o muertos en la selva tropical.
Entre las personas, el ébola se transmite por contacto directo (a través de lesiones cutáneas o de las membranas mucosas) con la sangre o los fluidos corporales de una persona enferma o fallecida a causa de la enfermedad. El contagio también puede producirse mediante objetos o superficies que se hayan contaminado con fluidos corporales.
Los profesionales de la salud y los cuidados se han contagiado con frecuencia al atender a pacientes con ébola; esta es una de las razones por las que las mujeres tienen una probabilidad de contagio superior a la de los hombres, ya que constituyen la mayor parte del personal sanitario y asistencial y mantienen un contacto estrecho con las y los pacientes.
Las ceremonias funerarias —que en algunas culturas son principalmente responsabilidad de las mujeres— suelen implicar el contacto directo con el cadáver de una persona fallecida, lo que también puede contribuir a la transmisión del ébola, y es otra de las razones por las que las mujeres corren mayor riesgo de infectarse.
¿Cuáles son los síntomas del ébola? ¿Son diferentes en el caso de las mujeres?
Los síntomas aparecen de forma repentina y pueden incluir fiebre, fatiga, malestar general, dolor muscular, dolor de cabeza y dolor de garganta, seguidos de vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas y señales de alteración de las funciones renales y hepáticas.
La Organización Mundial de la Salud señala que, a pesar de la percepción de que el sangrado es un síntoma habitual, es menos frecuente y puede aparecer en una fase más avanzada de la enfermedad. Algunas pacientes pueden presentar hemorragias internas y externas, como sangre en el vómito y en las heces, así como sangrado por la nariz, las encías y la vagina. También puede producirse sangrado en los puntos donde se ha perforado la piel con agujas.
Las mujeres no son más susceptibles desde el punto de vista biológico ni presentan síntomas específicos. Sin embargo, corren un mayor riesgo de exposición, y las mujeres embarazadas tienen mayores probabilidades de padecer una forma grave de la enfermedad.
¿Qué les ocurre a las mujeres embarazadas que contraen el ébola?
Una mujer que contrae el ébola durante el embarazo tiene una probabilidad cercana al 100 por ciento de perder a su bebé antes de dar a luz. La madre también corre un mayor riesgo de muerte si contrae la enfermedad, debido al riesgo de hemorragia grave.
Sin embargo, hay otra faceta de los riesgos a los que se enfrentan las mujeres embarazadas: el mayor riesgo de exposición y el miedo asociado a él. Las mujeres embarazadas acuden con más frecuencia a los servicios de salud. El miedo al contagio puede provocar que las mujeres dejen de acudir a las revisiones rutinarias o que decidan dar a luz en su domicilio en lugar de en un centro sanitario, lo que conlleva el riesgo de que se pasen por alto problemas tratables que pueden surgir durante el embarazo o el parto.
¿Existe alguna vacuna?
A diferencia de otras cepas del ébola, la cepa de Bundibugyo no cuenta con ninguna vacuna ni con medicamentos autorizados para combatirla.
Lo mejor que puede hacer el personal médico en este momento es tratar los síntomas cuando antes, una intervención temprana que puede salvar vidas.
En ausencia de una vacuna, es fundamental invertir en la atención básica de la salud, la educación comunitaria y las organizaciones dirigidas por mujeres que ya están liderando la respuesta sobre el terreno.
Esto significa garantizar que el personal sanitario —en su mayoría compuesto por mujeres— disponga del equipo de protección que necesita. Significa capacitar y apoyar a las mujeres en sus comunidades para que difundan información veraz sobre el ébola: cómo se transmite, qué hacer si alguien enferma y dónde acudir en busca de ayuda.
Esto también implica la necesidad de una financiación sostenida y a largo plazo para las organizaciones dirigidas por mujeres. Estos grupos ya están haciendo ese trabajo: llegan a comunidades a las que los sistemas sanitarios formales no alcanzan a cubrir, difunden información que salva vidas y generan la confianza necesaria para que las personas se animen a tratarse en una clínica. Pero no pueden mantener esa labor, ni mucho menos ampliarla, sin un financiamiento constante y flexible.
Cuando invertimos en una atención sanitaria que realmente responde a las necesidades de las mujeres y niñas —accesible, fiable y de base comunitaria—, fortalecemos los sistemas sanitarios en beneficio de todas las personas. Detectamos los brotes en un plazo más breve, evitamos que se produzcan más casos y generamos el tipo de confianza que hace que las personas acudan al personal sanitario en lugar de alejarse de él.
¿Las mujeres y niñas corren mayor riesgo de sufrir violencia durante los brotes de ébola?
Las emergencias de salud pública —desde los brotes de ébola hasta la pandemia de COVID-19— se han relacionado con un aumento de la violencia contra las mujeres y niñas.
Las cuarentenas pueden dejar a las mujeres atrapadas en el hogar con sus maltratadores y privarlas del acceso a sus amistades y a los servicios y redes de apoyo a los que, de otro modo, recurrirían.
Los brotes masivos de enfermedades también dificultan el acceso a servicios de salud que de por sí se encuentran saturados, y es posible que las personas que sufren abusos no puedan buscar la atención médica que necesitan ni denunciar dichos abusos. Estas situaciones de emergencia también agravan las dificultades económicas, la inseguridad alimentaria y el estrés en los hogares, lo que agudiza los desequilibrios de poder y los comportamientos abusivos preexistentes.
El riesgo de que aumente la violencia contra las mujeres y niñas durante los brotes de enfermedades puede pasar desapercibido, por evidente que sea. Por lo tanto, cualquier plan de respuesta debe prestar especial atención a este riesgo y abordarlo.
¿Las mujeres y niñas se enfrentan a algún otro riesgo durante los brotes de enfermedades?
Sabemos que las emergencias de salud pública agravan las desigualdades que ya sufren las mujeres y niñas: si, por ejemplo, ya se las valoraba menos, tenían menos poder en la toma de decisiones y menos libertad, estas dinámicas de poder desiguales suelen acentuarse durante las crisis. Además de un mayor riesgo de sufrir violencia, las mujeres tienen mayores probabilidades de enfrentarse a dificultades económicas debido a las restricciones que limitan su capacidad para generar ingresos durante un brote de una enfermedad como el ébola. Esto resulta especialmente devastador para las comerciantes que dependen del comercio transfronterizo y para las mujeres que dirigen pequeños negocios.
Las mujeres y niñas también tienen más dificultades para acceder a los servicios básicos. El miedo, el estigma, las restricciones de movimiento y la reducción de los servicios pueden impedir que las mujeres y niñas busquen la atención que necesitan. Además, los sistemas sanitarios suelen estar saturados o sufrir graves perturbaciones, lo que dificulta el acceso a la atención de la salud sexual y reproductiva.
El brote actual de la RDC se está produciendo en el contexto de una crisis humanitaria de grandes proporciones. En las zonas afectadas por el ébola, casi 1,87 millones de personas sufren altos niveles de hambre. Las mujeres son las principales encargadas del cuidado de la familia y las principales proveedoras de sustento en muchos hogares. Se ven sometidas a una presión cada vez mayor debido a las restricciones de desplazamiento para evitar la propagación de la enfermedad, las perturbaciones de los mercados y las responsabilidades asistenciales que surgen cuando se enferma algún miembro de la familia.
¿Qué está haciendo ONU Mujeres para frenar la propagación del ébola?
ONU Mujeres está presente sobre el terreno en la RDC —que ya se enfrentaba a una grave crisis humanitaria incluso antes del brote— y en Uganda, donde colabora con las autoridades locales y nacionales, el sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones de mujeres para ayudar a frenar la propagación del ébola. Nuestros programas humanitarios garantizan que la información sobre salud pública, los materiales educativos y las campañas de sensibilización comunitaria se dirijan específicamente a las mujeres y niñas de las comunidades afectadas y lleguen a ellas.
Asignamos financiación a organizaciones de la sociedad civil dirigidas por mujeres que cuentan con un acceso privilegiado a las mujeres, las niñas y las comunidades, y que gozan de su confianza. En un momento en el que el 90 por ciento de las organizaciones dirigidas por mujeres notifican de interrupciones en sus actividades debido a los recortes de financiación a escala mundial, este apoyo resulta vital.
Nuestra organización recopila datos desglosados por sexo y aboga por su importancia, con el fin de que la respuesta al ébola se base en las necesidades específicas de las mujeres y niñas y se adapte a ellas. Si no se dispone de datos sobre las experiencias y necesidades de las mujeres, las políticas y los servicios resultan menos eficaces para frenar o prevenir la enfermedad.
Asimismo, ONU Mujeres colabora con el sistema de las Naciones Unidas para ofrecer una “respuesta sensible al género”; en términos concretos, esto significa que los programas y planes de las Naciones Unidas destinados a hacer frente al brote actual tienen en cuenta las necesidades y la capacidad de acción de las mujeres y niñas, para garantizar que las mujeres sean visibles, que se las tenga en cuenta y se las escuche en las salas de coordinación y en los espacios de toma de decisiones. Esto incluye la codirección del Grupo sobre género en la Acción Humanitaria.