En palabras de Habiba Sarabi: “Nuestra ambición es la de un Afganistán en que todas las mujeres puedan vivir en paz y se reconozcan sus derechos”

Fecha: lunes, 19 de octubre de 2020

Dra. Habiba Sarabi. Foto: UNAMA/Fardin Waezi
Dra. Habiba Sarabi. Foto: UNAMA/Fardin Waezi

La Dra. Habiba Sarabi, líder pionera en Afganistán, es una de las únicas cuatro mujeres que negocian la paz con los talibanes como parte de las conversaciones en curso entre afganos. Formada como hematóloga, se convirtió en activista por la paz, en política y en reformadora en tareas de reconstrucción de Afganistán. Ha sido ministra de Asuntos de la Mujer, y en 2005 se convirtió en la primera mujer afgana en fungir como gobernadora. Sigue teniendo una función importante en la promoción de los derechos de las mujeres y la consolidación de la paz en un momento crucial para su nación. ONU Mujeres habló con la Dra. Sarabi en ocasión del vigésimo aniversario de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que sigue dando forma a la agenda de mujeres, paz y seguridad a fin de incluir a las mujeres y el análisis de género en todos los aspectos de la prevención de conflictos, la paz y la reconstrucción. Las líderes en favor de la paz están ganando y ejerciendo el poder de toma de decisiones, lo que es fundamental para esta agenda.

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Cuando era una niña, creciendo en Afganistán en la década de 1960, todo lo que quería hacer era ir a la escuela. Fue difícil porque mi padre no tenía interés en mi educación, pero nací terca y decidida. Caminaba a la escuela y debí soportar las burlas de los chicos. 

Cuando los talibanes ocuparon Afganistán, en 1996, era una joven casada con dos hijos y trabajaba en el área de atención sanitaria en Kabul. Mi ciudad se convirtió en un lugar violento y peligroso. Los talibanes encerraron a las mujeres en sus casas y no nos dejaron trabajar. Cuando cerraron las escuelas, escapé con mi hija y mis hijos a Pakistán. Mi marido se quedó aquí.

Fue un tiempo terrible para mi familia. Mi hija y mis hijos eran muy jóvenes, pero no sentía que pudiera permanecer inmóvil mientras mis hermanas sufrían en Afganistán. Empecé a volver a Kabul en secreto, caminando por las montañas y cruzando la frontera en burqa para ayudar a crear una red subterránea de escuelas para niñas. Cuando regresé a Pakistán, trabajé con organizaciones de la sociedad civil en campos de personas refugiadas, y hablé sobre la situación de las mujeres en mi país.

Después de la caída de los talibanes, en 2001, regresé inmediatamente a Afganistán para ayudar con la reconstrucción. Fui nombrada ministra de Asuntos de la Mujer por primera vez por la Administración Interina Afgana bajo Hamid Karzai. Luego, en 2005, fui nombrada gobernadora de la provincia de Bamyan, y me convertí en la primera mujer en servir como gobernadora en cualquier parte de Afganistán. 

Fue un momento histórico para las mujeres del país. Muchas personas nunca antes habían visto a una mujer en un puesto de autoridad. Una vez, recuerdo haber estado en un evento y hablado con un grupo de mujeres en una antesala. En algún momento llegó el jefe de policía y las mujeres quedaron asombradas al ver a este hombre importante recibiendo órdenes de mí. Aprendí el poder de ser un modelo a seguir y mostrar a las mujeres que el cambio es posible.

La situación que enfrentan las mujeres afganas hoy no es la misma que hace unas décadas. Estamos más movilizadas. Las redes sociales nos han ayudado a elevar nuestras voces. Ahora muchas mujeres participan en la vida pública y ocupan cargos públicos.

Sin embargo, enfrentamos un momento crucial en nuestra lucha, tanto por los derechos de las mujeres como por una paz duradera. 

Actualmente estoy participando en las conversaciones de paz entre el Gobierno afgano y los talibanes, para tratar de que las mujeres estén en el centro de las negociaciones en curso. Sin la participación de las mujeres en este proceso, no habrá una paz duradera y sostenible.

Al mismo tiempo, estamos viendo un aumento de la violencia contra las mujeres en Afganistán por parte de quienes entienden que, al atacar a las mujeres, también se puede atacar y socavar el proceso de paz en sí. Las agresiones sexuales y los asesinatos están aumentando, y se está silenciando la libertad de expresión de las mujeres en las zonas rurales. 

Hay mucho en juego. No debemos cejar en nuestra determinación de seguir avanzando hasta que hagamos realidad nuestra ambición de un Afganistán en que todas las mujeres puedan vivir en paz y se reconozcan sus derechos”.