Lo que pasó tras el brote de COVID-19: Líbano

Una demanda pionera podría abrir al fin las puertas de la justicia para las empleadas de hogar migrantes en Líbano

Fecha: martes, 17 de noviembre de 2020

Incluso antes de la aparición de la pandemia de COVID-19, 243 millones de mujeres y niñas en todo el mundo habían sido maltratadas por sus compañeros sentimentales en el último año. Desde el inicio de la pandemia, con las medidas de confinamiento, los países de todo el mundo han presenciado un aumento alarmante de las denuncias de violencia contra las mujeres y, en especial, de violencia en el ámbito privado. Dado que la COVID-19 continúa tensionando los servicios de salud y poniendo en peligro nuestras economías y nuestros servicios esenciales, ONU Mujeres trabaja con mujeres que están en primera línea día a día, dando respuesta a la pandemia en la sombra: la violencia contra las mujeres y las niñas. La serie “Lo que pasó tras el brote de COVID-19” refleja algunas de sus historias, y cómo nuestros programas prestan apoyo a soluciones que no dejan a nadie atrás.

Meserat Hailu. Photo courtesy of Meserat Hailu
Meserat Hailu. Foto courtesia de Meserat Hailu
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Antes solía trabajar sin cobrar. Cuando pedía el salario que me correspondía, madame decía que no o me golpeaba. Me pegaba muy a menudo.

Era una pesadilla. Sufrí torturas y abusos físicos, psicológicos y verbales. Trabajé y viví en casa de mi kafeel (empleadora) durante ocho años y siete meses. Solamente me pagaron 13 meses. Trabajaba 15 horas al día todos los días, sin vacaciones ni fines de semana.

No se me permitía ver a nadie. Cuando pedía permiso para llamar a mi familia, la señora me preguntaba si era necesario que me recordara que tenían una hija de la que debía ocuparme.

Quería marcharme, pero no podía. Pensé que si lograba escapar quizá pudiera acudir a la policía. Sin embargo, la puerta estaba siempre cerrada y mi empleadora había pedido al conserje que me vigilara. Si hubiera intentado marcharme, me lo habría impedido. Al final le conté a mi madre lo que me estaba ocurriendo.

Una mañana, mi empleadora recibió una llamada telefónica de un abogado, que le pidió que me dejase marchar. Dos semanas después mi empleadora me devolvió a Etiopía, pero sin dinero.

Me sentía feliz por ser libre, pero también triste porque llevaba mucho tiempo trabajando sin ganar dinero”.


ONU Mujeres responde con programas sobre el terreno

Meserat Hailu tenía 29 años cuando viajó a Beirut, la capital de Líbano, como empleada de hogar migrante procedente de Etiopía. Su empleadora abusó de ella durante más de ocho años, hasta que Legal Action Worldwide tuvo conocimiento de su situación y se hizo cargo del caso, exigiendo su liberación.

Tras llegar a su aldea, cerca de Addis Abeba, Hailu mantuvo el contacto con los abogados de Legal Action Worldwide, que le ayudaron a emprender un procedimiento judicial contra su kafeel. El 8 de octubre de 2020, con la ayuda de ONU Mujeres, Legal Action Worldwide interpuso una demanda pionera en su nombre, argumentando que el trato que había recibido Hailu era “constitutivo de los delitos de esclavitud, trata de esclavos, trata de seres humanos, trabajo forzado, privación de libertad y retención de documentos personales, discriminación racial, discriminación de género y tortura”.

La demanda se presentó en nombre de Hailu contra su empleadora y contra el intermediario que facilitó su contratación y su migración a Líbano. Se trató de la primera demanda por esclavitud y trata de esclavos que se interpuso ante un tribunal penal libanés. Si es declarada culpable, la parte demandada puede enfrentarse a una pena de hasta diez años de cárcel con arreglo al Código Penal libanés.

En el Líbano trabajan entre 250.000 y 300.000 personas en el sector doméstico. La mayoría de ellas son mujeres migrantes procedentes de Etiopía, Filipinas, el Nepal, Bangladesh y Sri Lanka. Su trabajo y su residencia en el Líbano están regulados por el tristemente célebre sistema kafala (que significa “patrocinio” en árabe). Los grupos defensores de los derechos humanos llevan largo tiempo denunciando este sistema, que permite a las personas empleadoras explotar y abusar de las trabajadoras y los trabajadores. Las empleadas y los empleados de hogar están excluidos de la legislación laboral libanesa. Si una trabajadora o un trabajador desea cambiar de empleadora o empleador, necesita su consentimiento. Dejar un trabajo sin contar con dicha autorización expone a las personas trabajadoras a numerosos riesgos, que incluyen la detención y la deportación. Quienes intenten escapar también corren el riesgo de ser detenidas o detenidos en prisiones hacinadas, donde las tasas de COVID-19 son muy altas.

“Las empleadas de hogar migrantes llevan décadas sufriendo el sistema kafala”, afirma Antonia Mulvey, Directora Ejecutiva de Legal Action Worldwide. “Al carecer prácticamente de protección jurídica y de acceso a la justicia, miles de estas trabajadoras han sufrido –y continúan sufriendo– abusos por parte de sus empleadoras y empleadores y se ven privadas de sus libertades, incluida la libertad de circulación”.

Con el telón de fondo de los desafíos sin precedentes que han planteado las sucesivas crisis económicas, la pandemia de COVID-19 y las explosiones recientemente producidas en Beirut, el caso de Maserat Hailu puede sentar un precedente para que miles de empleadas de hogar migrantes obtengan reparación jurídica. La labor de ONU Mujeres con trabajadoras migrantes en el Líbano cuenta con el generoso apoyo del Gobierno de los Países Bajos.