Hechos y cifras: Acabar con la violencia contra mujeres y niñas

Diferentes formas de violencia

  • Se estima que el 35 por ciento de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental o violencia sexual por parte de otra persona distinta a su compañero sentimental (estas cifras no incluyen el acoso sexual) en algún momento de sus vidas. Sin embargo, algunos estudios nacionales demuestran que hasta el 70 por ciento de las mujeres ha experimentado violencia física y/o sexual por parte de un compañero sentimental durante su vida. Los hechos demuestran que las mujeres que han sufrido violencia física o sexual por parte de un compañero sentimental presentan tasas más altas de depresión y más posibilidades de tener un aborto o de contraer el VIH que las que no han experimentado este tipo de violencia [1].
  • De acuerdo con un estudio plurinacional realizado en cuatro países de Oriente Medio y el África del Norte, cuyos resultados son similares a los de otras regiones, los hombres que durante su infancia presenciaron un comportamiento violento de su padre hacia su madre o sufrieron alguna forma de violencia doméstica presentan una probabilidad notablemente superior de actuar de forma violenta como compañeros sentimentales en las relaciones mantenidas en su vida adulta. Por ejemplo, en Líbano, la probabilidad de cometer actos de violencia física es tres veces superior entre los hombres que vieron a su padre pegarle a su madre durante su infancia que en el caso de los que no presenciaron esta situación [2].
  • Se estima que en prácticamente la mitad de los casos de mujeres víctimas de homicidio en 2012, el autor de la agresión fue un familiar o un compañero sentimental, frente a menos del 6 por ciento de hombres asesinados ese mismo año. Según los datos oficiales de 16 países, el número total de feminicidios en América Latina y el Caribe ascendió en 2017 a 2.554 [3].
  • Las mujeres adultas representan el 51 por ciento de las víctimas de trata de seres humanos detectadas a nivel mundial. En conjunto, las mujeres y las niñas suponen cerca del 71 por ciento, siendo las niñas casi tres de cada cuatro víctimas infantiles de la trata. Casi tres de cada cuatro mujeres y niñas víctimas de trata lo son con fines de explotación sexual [4].
  • Se calcula que hoy hay en el mundo 650 millones de mujeres y niñas que se casaron antes de cumplir los 18 años. Durante la última década, la tasa mundial de matrimonios infantiles se ha reducido, pasando de una de cada cuatro mujeres jóvenes (de entre 20 y 24 años) casadas durante la infancia a casi una de cada cinco. Sin embargo, en África Occidental y Central —donde esta práctica nociva es más habitual— más de cuatro de cada diez mujeres jóvenes se casaron antes de cumplir 18 años. El matrimonio infantil suele dar lugar a embarazos precoces y al aislamiento social, interrumpe la escolarización, limita las oportunidades de las niñas y aumenta su riesgo de sufrir violencia doméstica [5].
  • Como mínimo, 200 millones de mujeres y niñas que viven actualmente han sufrido la mutilación genital femenina en los 30 países en los que existen datos representativos sobre prevalencia. En gran parte de estos países, la mayoría de las niñas fueron mutiladas antes de cumplir los cinco años. Debido a los movimientos de población, la mutilación genital femenina está adoptando una dimensión internacional, sobre todo entre las mujeres y niñas migrantes y refugiadas [6].
  • Unos 15 millones de muchachas adolescentes (de entre 15 y 19 años) de todo el mundo han sido obligadas a mantener relaciones sexuales forzadas (coito u otras prácticas sexuales forzadas) en algún momento de sus vidas. De ellas, 9 millones fueron víctimas de estas prácticas durante el año pasado. En la inmensa mayoría de los países, el principal riesgo para las adolescentes es verse obligadas a mantener relaciones sexuales por su pareja o expareja, ya sean novios, compañeros sentimentales o maridos. Según los datos recogidos en 30 países, solamente el 1 por ciento de ellas ha buscado ayuda profesional [7].
  • En todo el mundo, uno de cada tres estudiantes (de 11 años y de entre 13 y 15 años de edad) sufrió el acoso de compañeras o compañeros en el centro educativo al menos un día durante el mes pasado. Niñas y niños tienen igual riesgo de sufrir acoso escolar. Sin embargo, los niños tienen más probabilidades de ser víctimas de acoso físico y las niñas de sufrir acoso psicológico, en especial comportamientos como que se las ignore, se las aparte o se difundan rumores desagradables sobre ellas. Las niñas también son víctimas de burlas por el aspecto de su rostro o de su cuerpo con más frecuencia que los niños. La violencia de género en el contexto escolar es un importante obstáculo para la escolarización universal y el derecho a la educación de las niñas [8].
  • Un estudio realizado en 27 universidades de los Estados Unidos en 2015 reveló que el 23 por ciento de las estudiantes universitarias había sido víctima de agresiones sexuales o conductas sexuales indebidas. El porcentaje de denuncias a las autoridades universitarias, los cuerpos del orden público u otras entidades varió del 5 al 28 por ciento, en función del tipo de comportamiento concreto. [9].
  • Una de cada diez mujeres de la Unión Europea declara haber sufrido ciberacoso desde la edad de 15 años, lo que incluye haber recibido correos electrónicos o mensajes SMS no deseados, sexualmente explícitos y ofensivos, o bien intentos inapropiados y ofensivos en las redes sociales. El riesgo es mayor para las mujeres jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años [10].
  • En un estudio plurinacional realizado en Oriente Medio y África del Norte, entre el 40 y el 60 por ciento de las mujeres declaró haber sufrido acoso sexual en la calle (principalmente comentarios de carácter sexual, hostigamiento/seguimiento o miradas fijas/obscenas) y entre el 31 y el 64 por ciento de los hombres afirmó haber incurrido alguna vez en estos comportamientos. Los hombres más jóvenes, con mayor nivel educativo y aquellos que han sido víctimas de la violencia durante la infancia son más propensos a realizar actos de acoso en la calle [11].
  • Los resultados de un estudio nacional efectuado en Australia demuestran que casi dos de cada cinco mujeres (39 por ciento) de 15 o más años de edad que han participado en el mercado laboral durante los últimos cinco años han sido víctimas de acoso sexual en el lugar de trabajo en ese período, en comparación con uno de cada cuatro (26 por ciento) en el caso que sus homólogos masculinos. Por lo que respecta a los responsables más habituales de estas conductas, en casi cuatro de cada cinco casos (79 por ciento) uno o más de los autores fueron hombres [12].
  • En un estudio realizado por la Unión Interparlamentaria en 39 países de cinco regiones, el 82 por ciento de las parlamentarias encuestadas declaró haber experimentado alguna forma de violencia psicológica(comentarios, gestos e imágenes de carácter sexista o de naturaleza sexual degradante usados contra ellas, amenazas o acoso laboral) durante su mandato. Mencionaron las redes sociales como el principal canal a través del cual se ejerce esta violencia psicológica. Casi la mitad de las encuestadas (el 44 por ciento) afirmó haber recibido amenazas de muerte, violación, agresión o secuestro contra ellas o sus familias. El 65 por ciento fue objeto de comentarios sexistas, procedentes principalmente de colegas masculinos en el parlamento, tanto de los partidos de la oposición como de los suyos. [13]

Medidas para abordar la violencia

  • En la mayoría de países donde existen datos, menos del 40 por ciento de las mujeres que sufren violencia buscan algún tipo de ayuda. Entre las mujeres que lo hacen, la mayoría recurre a la familia y a amistades y muy pocas confían en instituciones y mecanismos oficiales, como la policía o los servicios de salud. Menos del 10 por ciento de aquellas mujeres que buscaron ayuda tras haber sufrido un acto de violencia lo hicieron recurriendo a la policía [14].
  • Al menos 144 países han aprobado leyes sobre violencia doméstica y 154 disponen de legislación sobre acoso sexual. Sin embargo, ni siquiera contar con una ley garantiza que ésta siempre respete o aplique las normas y las recomendaciones internacionales [15].
  • La disponibilidad de datos sobre la violencia contra las mujeres ha aumentado significativamente en los últimos años. Desde 1995, más de 100 países han llevado a cabo al menos una encuesta sobre esta cuestión. Más de 40 países realizaron como mínimo dos encuestas en el período entre 1995 y 2014, lo que significa que, dependiendo de la comparabilidad de las encuestas, existe la posibilidad de analizar los cambios a lo largo del tiempo [16].

No dejar a nadie atrás

  • Las pruebas indican que determinadas características de las mujeres como, por ejemplo, la orientación sexual, la discapacidad o la etnicidad y algunos factores contextuales como las crisis humanitarias, incluidas las situaciones de conflicto y posteriores al conflicto, pueden aumentar la vulnerabilidad de las mujeres ante la violencia [17].
  • En 2014, el 23 por ciento de las mujeres no heterosexuales (aquellas que identificaban su orientación sexual como lesbianas, bisexuales u otras opciones) entrevistadas en la Unión Europea indicó haber sufrido violencia física y/o sexual fuera de su relación sentimental por parte de agresores de ambos sexos, en comparación con el 5 por ciento de mujeres heterosexuales [18].
  • En una encuesta nacional a estudiantes de universidad realizada en Australia, el 72 por ciento de estudiantes transgénero y de género diverso (aquellas personas que identifican su género como "indeterminado o inespecífico", "transgénero" u "otro") afirmó haber sufrido acoso sexual al menos una vez en 2016, en comparación con el 63 por ciento de estudiantes mujeres y el 35 por ciento de estudiantes hombres [19].
  • Los datos de mujeres participantes en intervenciones de prevención en seis países de ingresos bajos y medianos de Asia y África han demostrado que las mujeres con discapacidades tienen entre dos y cuatro veces más riesgo de ser víctimas de violencia por parte de sus compañeros sentimentales que en el caso de aquellas sin discapacidades. Además, la probabilidad de sufrir todo tipo de actos de violencia, cometidos tanto por compañeros sentimentales como por otras personas, aumenta con la gravedad de la discapacidad. Los datos cualitativos indican que la estigmatización y la discriminación vinculadas a la discapacidad agravan la vulnerabilidad de las mujeres a la violencia y suponen un impedimento para buscar ayuda [20].
  • En una encuesta realizada a 3.706 alumnas y alumnos de primaria de Uganda, el 24 por ciento de las niñas de 11 a 14 años con discapacidad afirmó haber sufrido violencia sexual en la escuela, frente al 12 por ciento de las niñas sin discapacidad [21].
  • En la encuesta nacional de comportamientos juveniles de riesgo realizada en los Estados Unidos en 2015, casi el 12 por ciento de las alumnas de enseñanza secundaria que tuvieron una cita o salieron con alguien durante los 12 meses anteriores a la realización del estudio afirmó haber sufrido daños físicos intencionados infligidos por una persona con la que habían tenido una cita o habían salido durante ese período, en comparación con el 7 por ciento de los alumnos varones de enseñanza secundaria. Casi el 16 por ciento de ellas refirió prácticas sexuales no deseadas forzadas por personas con las que habían tenido una cita o habían salido, en comparación con el 5 por ciento de alumnos varones de enseñanza secundaria. [22]
  • En Australia, la prevalencia de acoso sexual en el lugar de trabajo durante los últimos cinco años fue notablemente superior entre las personas que se identificaban como pertenecientes a las comunidades aborígenes e isleñas del estrecho de Torres (53 por ciento) que entre aquellas que no (32 por ciento). En este caso, no hubo diferencias significativas de género ya que el 50 por ciento de los hombres que se identificó como aborígenes e isleños del estrecho de Torres y el 55 por ciento de las mujeres del mismo grupo fueron víctimas de acoso durante los últimos cinco años [23].

Notas

[1] Organización Mundial de la Salud, Departamento de Salud Reproductiva e Investigación, Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Consejo Sudafricano de Investigaciones Médicas (2013). Estimaciones mundiales y regionales de la violencia contra la mujer: prevalencia y efectos de la violencia conyugal y de la violencia sexual no conyugal en la salud, pág. 2. Para obtener información individual por países, véase The World’s Women 2015, Trends and Statistics, Chapter 6, Violence against Women, Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, 2015 y ONU Mujeres Global Database on Violence against Women.

[2] Promundo y ONU Mujeres, (2017) Understanding Masculinities: Results from the International Men and Gender Equality Survey (IMAGES) – Middle East and North Africa., p. 16. Para obtener información sobre el Líbano, véase Understanding Masculinities: Results from the International Men and Gender Equality Survey (IMAGES) in Lebanon, pág. 77.

[3] Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2014). Global Study on Homicide 2013, pág. 14. Los datos sobre América Latina y el Caribe proceden del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe y son de octubre de 2018.

[4] UNODC (2016). Global Report on Trafficking in Persons 2016, págs. 7, 28.

[5] UNICEF (2018). Child Marriage: Latest Trends and Future Prospects, págs. 2-4; y UNICEF (2017). Is every child counted? Status of Data for Children in the SDGs, pág. 54.

[6] UNICEF (2016). Female Genital Mutilation/Cutting: A global concern; y Naciones Unidas (2018). Intensificación de los esfuerzos mundiales para la eliminación de la mutilación genital femenina. Informe del Secretario General, pág.18.

[7] UNICEF (2017). A Familiar Face: Violence in the lives of children and adolescents, págs. 73, 82.

[8] UNESCO (2018). School violence and bullying: Global status and trends, drivers and consequences, págs. 4, 9; Informe de Seguimiento de la Educación para Todos en el Mundo (EFA GMR), UNESCO, Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas (UNGEI) (2015). La violencia de género relacionada con la escuela impide el logro de la educación de calidad para todos, Documento de política 17; y UNGEI (2014). Infografía Acabar con la violencia de género relacionada con la escuela (VEBG).

[9] Cantor, D., Fisher, B., Chibnall, S., Townsend, R., Lee, H., Bruce, C., y Thomas, G. (2015). Report on the AAU Campus Climate Survey on Sexual Assault and Sexual Misconduct, págs.13, 35.

[10] Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2014). Violence against women: an EU-wide survey, pág. 104.

[11] Promundo y ONU Mujeres (2017) Understanding Masculinities: Results from the International Men and Gender Equality Survey (IMAGES) – Middle East and North Africa, pág. 16.

[12] Comisión Australiana de los Derechos Humanos (2018). Everyone’s business: Fourth National Survey on Sexual Harassment in Australian Workplaces, págs. 8, 27.

[13] Unión Interparlamentaria (2016). Sexism, harassment and violence against women parliamentarians, pág. 3.

[14] Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (2015). The World’s Women 2015, Trends and Statistics,pág. 159.

[15] Grupo del Banco Mundial (2018). Women, Business and the Law 2018, database.

[16] Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (2015). The World’s Women 2015, Trends and Statistics, pág. 140.

[17] Véase Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2014). Violence against women: an EU-wide survey, Anexo 3, págs. 184-188.

[18] Ibíd.

[19] Comisión Australiana de los Derechos Humanos (2017). Change the Course: National Report on Sexual Assault and Sexual Harassment at Australian Universities, pág. 36

[20] Dunkle K., Van Der Heijden I., Stern E., y Chirwa E. (2018). Disability and Violence against Women and Girls: Emerging Evidence from the What Works to Prevent Violence against Women and Girls Global Programme, págs. 1-3.

[21] Devries, K., Kyegome, N., Zuurmond, M., Parkes, J., Child, J., Walakira, E. y Naker, D. (2014). Violence against primary school children with disabilities in Uganda: a cross-sectional study, pág. 6

[22] CDC (2016). Youth Risk Behavior Surveillance—United States, 2015, pág. 11

[23] Comisión Australiana de los Derechos Humanos (2018). Everyone’s business: Fourth National Survey on Sexual Harassment in Australian Workplaces, pág. 28.

[Última actualización de la página: noviembre de 2018].