Crear espacios públicos seguros que empoderen a las mujeres y las niñas

El acoso sexual y otras formas de violencia sexual en los espacios públicos, tanto en entornos urbanos como rurales, son un problema cotidiano al que se enfrentan las mujeres y niñas en todos los países del mundo.

Las mujeres y niñas sufren y temen diferentes tipos de violencia sexual en espacios públicos, desde comentarios y gestos desagradables de índole sexual hasta la violación y el feminicidio. Sucede en las calles, en el transporte público, las escuelas, los lugares de trabajo, los aseos públicos, los puntos de distribución de agua y alimentos y los parques, así como en las inmediaciones de todos estos lugares.

Esta realidad reduce la libertad de circulación de las mujeres y niñas. Limita su capacidad de participar en la educación, el trabajo y la vida pública. Dificulta su acceso a servicios esenciales y el disfrute de actividades culturales y recreativas, afectando negativamente a su salud y su bienestar.

Pese a que hoy en día existe un amplio reconocimiento de que la violencia contra mujeres y niñas en el ámbito privado y en el lugar de trabajo supone una violación de los derechos humanos, a menudo se pasa por alto el acoso sexual y otras formas de violencia contra las mujeres y las niñas en los espacios públicos; de hecho, existen escasas leyes y políticas para prevenir y abordar este tipo de violencia.

Nuestras soluciones

Durante 10 años, la iniciativa mundial, Ciudades Seguras y Espacios Públicos Seguros para las Mujeres y las Niñas de ONU Mujeres ha trabajado con las principales organizaciones de mujeres, Gobiernos locales y nacionales, organismos de las Naciones Unidas y otros socios en el desarrollo, la aplicación y la evaluación de enfoques integrales para prevenir y responder al acoso sexual contra mujeres y niñas en los espacios públicos en entornos diversos.

Empezando por las ciudades de Quito (Ecuador), El Cairo (Egipto), Nueva Delhi (India), Port Moresby (Papúa Nueva Guinea) y Kigali (Rwanda), esta iniciativa internacional que cuenta con la participación de múltiples partes interesadas ha crecido hasta incluir 50 ciudades y sigue cosechando resultados positivos con sus socios.

En Port Moresby, Papúa Nueva Guinea, por ejemplo, la iniciativa ha contribuido a aumentar la seguridad, la higiene y el confort entre las mujeres y niñas que trabajan en los mercados y cuando utilizan el transporte público.

En Quito, Ecuador, se aprobó un reglamento local para incluir una disposición específica contra el acoso sexual en los espacios públicos. Esta medida se ha traducido en un descenso del acoso sexual en el ámbito del transporte en la ciudad, y ha servido para aportar información a la estrategia nacional de lucha contra la violencia de género.

En Marruecos, el Ministerio de Vivienda elaboró unas “Directrices nacionales sobre planificación sensible al género” con el objetivo de garantizar que todas las mujeres y niñas que viven en las ciudades puedan acceder a los espacios públicos urbanos y utilizarlos de forma segura.

En Maputo, Mozambique, jóvenes con aptitudes de promoción y análisis de datos movilizaron al Ministerio de Educación para mejorar la seguridad de las mujeres y niñas, incluso organizando sesiones de concienciación sobre la prevención del acoso sexual.

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