Discurso de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres en la III Conferencia Nacional de Políticas para las Mujeres

Fecha: miércoles, 14 de diciembre de 2011

Discurso de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres en la III Conferencia Nacional de Políticas para las Mujeres, Brasilia, Brasil, 14 de diciembre 2011. 

[Cotejar con el texto pronunciado]

Quiero agradecer al gobierno de Brasil por haberme invitado a esta Conferencia, lo que es para mí realmente un privilegio. Ver desde aquí a mujeres de todas las edades, provenientes de tantos lugares en representación de millones de ciudadanas de todo este enorme país, como resultado de un proceso democrático, amplio y libre, es una lección para todos nosotros.

Un proceso que comenzó hace algunos meses, allá en los municipios, reuniendo mujeres luchadoras de los más remotos lugares de la selva amazónica, de la soleada costa y del agreste nordestino, de la periferia de las grandes metrópolis, de las comunidades rurales del sur, todas conocedoras de la realidad cotidiana de las mujeres y listas para construir juntas sus agendas y traer a Brasilia sus propuestas y reivindicaciones.

Nadie conoce las necesidades y demandas de las mujeres mejor que ustedes, y la oportunidad que les proporciona esta Conferencia de reunirlas aquí es de un valor extraordinario, pues son las voces de todas las mujeres brasileñas que hablan a través de ustedes, y hacen vibrar las estructuras de este enorme auditorio.

La iniciativa de la Secretaria de Políticas para las Mujeres fue crucial para congregarnos hoy aquí, pero igual de crucial es el trabajo de las organizaciones y movimientos de mujeres, que todos los días, casi siempre con muchas dificultades, pero con una energía inagotable, redoblan sus esfuerzos en busca de una vida mejor para todas. Usando una imagen del fútbol, las mujeres organizadas bajan la pelota con el pecho, chutean el gol y defienden, todo al mismo tiempo. Quiero que sepan que ONU Mujeres está con ustedes, y va a estar siempre.

Esta é uma noite muito especial para mim. Pela primeira vez, visito o Brasil na qualidade de Subsecretária Geral da ONU e Diretora Executiva da ONU Mulheres. Tenho por este país um grande carinho, inclusive porque, ao mesmo tempo em que eu inaugurava a ONU Mulheres, o Brasil dava posse à sua primeira Presidenta, a minha querida amiga Dilma Rousseff.

Sí, ambas pasamos por situaciones impensables hace poco más de treinta años, cuando éramos jóvenes comprometidas con la actividad política, en contextos de extrema dificultad para la democracia en nuestros países. En aquella época, la presencia de mujeres en los altos cargos era todavía un sueño, pero hoy, como dice la Presidenta Dilma: “nosotras podemos.

Precisamente es sobre democracia que quiero hablar en primer lugar. Bien se puede caracterizar este año como el inicio de la “cuarta ola de la democracia. Como pudimos constatar en los dramáticos eventos de la llamada “primavera árabe, las mujeres están activamente involucradas en la nueva oleada de demandas por libertad política y dignidad. En las calles de las capitales árabes, percibíamos la presencia de mujeres de todas las clases protestando y levantando sus voces en favor de la democracia y la ciudadanía.

Tuve el privilegio de asistir en Oslo, Noruega, a la entrega del Premio Nobel de la Paz que este año fue entregado a tres mujeres, las que han desempeñado papeles esenciales en los procesos de negociación de paz de sus países en situación de conflicto, o en la conquista y ampliación de espacios de actuación política, en ambientes hostiles y adversos.

La misma figura de muchas mujeres latinoamericanas y sus movimientos organizados que contribuyeron en las últimas décadas sustancialmente en los procesos de combate a las dictaduras y de conquistas democráticas. Muchas de esas organizaciones son hoy pilares de los mecanismos de control social, indispensables para la profundización de la democracia, la lucha contra la corrupción, y la formulación de políticas públicas sensibles al género y a la diversidad en sus múltiples manifestaciones.

Sin embargo, infelizmente, estos logros no se traducen en la presencia de un número significativo de mujeres en espacios de poder y en la actividad política. Estos territorios se mantienen todavía separados por la división tradicional de los papeles.

Los motivos son diversos y bien conocidos: la presencia reciente de las mujeres en la vida pública; una contaminación de la actividad política por prácticas que, en lugar de acercar, alejan a las personas que podrían interesarse; el dominio masculino de las máquinas de los partidos políticos y de los recursos de las campañas electorales; la falta de experiencia de las mujeres para el ejercicio del poder; y tantas otras. Sin embargo, como en todo y más en la vida, sólo se aprende a hacer haciendo.

Las mujeres representan hoy en día la mayoría del electorado brasileño, razón más que suficiente para que estén presentes en todos los espacios en igualdad de condiciones con los hombres.

La elección de la Presidenta Dilma, así como la creciente presencia de mujeres en puestos de decisión, aquí en Brasil, debe servir como inspiración para muchas mujeres, ofreciendo una oportunidad singular para repensar los sistemas político y electoral, y ajustarlos a esta nueva realidad.

Y hablando de poder, la experiencia nos ha demostrado la importancia de contar con espacios adecuados que permitan aprovechar las políticas transversales, que congreguen todas las áreas de gobierno en torno a un tema prioritario, en el más alto nivel de gestión pública y contando con una asignación presupuestaria compatible. Esto es, instituciones sólidas, instaladas en el centro del poder, que promuevan el empoderamiento de las mujeres, con cuerpo técnico y recursos suficientes, son indispensables para garantizar avances e impedir retrocesos.

Vivimos un momento muy especial, también, porque finalmente estamos llegando a un consenso en la comunidad internacional acerca de la importancia de la inclusión de las mujeres.

Todas las voces poderosas lo están diciendo: los gobiernos, los bloques económicos, las entidades de cooperación internacional, los bancos, las grandes corporaciones y otros. No es casualidad que ONU Mujeres llegue en este momento. Sobre la base de un valioso trabajo previo realizado por otros organismos, ONU Mujeres llega, con toda la energía y el coraje, a decirle al mundo que no habrá desarrollo, no habrá sostenibilidad, no habrá futuro posible sin que las mujeres sean definitivamente consideradas e incluidas en todos los procesos, en todas las áreas y en todos los niveles.

Como se pueden imaginar, ONU Mujeres tiene grandes tareas por delante. Hemos definido a través de una consulta participativa con ONGs de todo el mundo, expertos y gobiernos, 5 áreas prioritarias de trabajo para los próximos años: enfrentar la violencia que sufren las mujeres en todos los países; aumentar su autonomía económica; promover mas liderazgos de mujeres en política y en todas las áreas cruciales del desarrollo del país; aumentar la participación de mujeres en procesos de paz en países en conflicto y en países que están viviendo transiciones políticas y, finalmente, colaborar con los gobiernos para obtener presupuestos y programas con perspectiva de género.

Con este fin, estamos trabajando sin descanso para reunir los recursos financieros necesarios en un escenario bastante adverso de crisis económica y reorientación de las inversiones.

Confiamos en que la comunidad internacional cumplirá sus compromisos con el empoderamiento de las mujeres, pero también estamos buscando apoyo financiero “no tradicional, como grandes corporaciones transnacionales que vienen mostrado sensibilidad y disposición para invertir en la promoción de la autonomía de las mujeres, como una contribución decisiva para la superación de la pobreza y la desigualdad.

Hablando de pobreza y desigualdad, este gran país, que durante décadas fue “el país del futuro, está dando una lección al mundo. Cuando se constata que, en los últimos diez años, casi treinta millones de brasileñas y brasileños salieron de la pobreza y pasaron a integrar la clase media, se llega a la conclusión de que hubo mucho trabajo, conducción, voluntad política y mucha inversión detrás. Principalmente, hubo voluntad política, que, como sabemos, hace toda la diferencia.

El sueño de “Brasil sem miséria por fin parece viable, y sin necesidad de un milagro. 
Brasil ha acumulado una experiencia muy rica de trabajo con enfoques de género, raza y etnia, en lo que se refiere al combate a la pobreza. Los programas brasileños en esta área, hoy llamada “piso de protección social, tienen mucho potencial para ser replicados en otros países.

Aquí en Brasil, estamos presentes desde hace veinte años, actuando a través de alianzas históricas con diversas instancias del gobierno federal, organizaciones y redes de los movimientos sociales y de mujeres, centros de investigación y empresas públicas y privadas. Puedo afirmar que, desde 1992, estamos presentes en todas las iniciativas de alcance nacional para el empoderamiento de las mujeres y la eliminación de la violencia basada en género, donde se han alcanzado avances muy importantes.

De entre estas iniciativas, me gustaría destacar el trabajo intensivo de sensibilización para la no discriminación contra las mujeres y las y los afrodescendientes, trabajo que la oficina de Brasil lidera en toda América Latina, especialmente en lo que se refiere a la producción y análisis de estadísticas. Todas nosotras sabemos cómo la desigualdad afecta de manera aún más profunda a las mujeres afrodescendientes y a las mujeres indígenas, pero necesitamos que esto se refleje en las políticas públicas destinadas a mejorar las condiciones de vida de las mujeres.

En 2006, publicamos, en colaboración con la Fundación Ford y la organización no gubernamental CEPIA, un informe que se convirtió en referencia. Estoy hablando del “Progreso de las Mujeres en Brasil, el primer panorama amplio sobre las mujeres brasileñas, con datos y análisis actualizados sobre la situación, y sobre los avances y los retrocesos en las más diversas áreas. En los próximos días, vamos a lanzar una segunda edición de este Informe, más completo todavía, actualizando los datos y análisis anteriores, estableciendo comparaciones e incorporando nuevos temas.

Amigas y amigos,

Como les decía nos hemos impuesto la meta de abordar con todas nuestras fuerzas la violencia contra las mujeres en todas las partes del mundo, independientemente de la cultura, de la tradición y de la existencia o no de legislación específica. Este es un problema complejo y profundo, que todavía va a exigir mucho trabajo y recursos, y del cual lamentablemente no hay país que pueda decir que no lo padece.

Hace unos días, hicimos un llamado de atención a las y los líderes mundiales, para que movilicen voluntad política e inversión para garantizar una vida sin violencia para las mujeres. Estamos proponiendo dieciséis medidas, entre las cuales se encuentran reforzar la aplicación de la legislación anti-violencia, como la Ley Maria da Penha, y medidas que permitan mayor y mejor acceso de las mujeres y niñas a la justicia; desarrollar planes de acción nacionales y locales, contando con el Pacto Nacional de Enfrentamiento a la Violencia contra las Mujeres como referencia importante; acciones de movilización; hacer que los medios de comunicación se comprometan, quienes, como repetimos sin cansarnos, tienen una responsabilidad y un papel esenciales para la promoción del cambio cultural tan necesario cuando hablamos de violencia, entre otras.

Además de ser un tema estratégico del trabajo de ONU Mujeres en todo el mundo, y de involucrar significativamente parte de nuestros esfuerzos y recursos, la eliminación de la violencia de género recibe, desde el año 2008, un apoyo importantísimo del Secretario General de las Naciones Unidas, el Señor. Ban Ki-moon. Estoy hablando de la campaña mundial “Únete para poner fin a la violencia contra las mujeres y las niñas, a través de la cual todas las personas, especialmente los hombres, son convocadas a ayudar en la difusión de la no violencia y a asumir un compromiso público en este sentido.

Muchos hombres destacados ya lo han hecho, entre ellos el ex presidente Lula, atletas, futbolistas, líderes políticos, artistas y figuras públicas en varias partes del mundo. Esta no es sólo una causa de las mujeres, sino también de los hombres. Ya no hay duda sobre la necesidad de invertir en una nueva cultura de paz y diálogo en las relaciones de género para que la violencia realmente disminuya; y para eso precisamos de estrategias de trabajo claras con los hombres agresores.

Esto incluye situaciones de guerra, conflicto y posconflicto. En virtud de la Resolución 1325, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, por fin las mujeres están siendo involucradas en los procesos de negociación y mantenimiento de la paz. Y Brasil ha jugado un rol muy importante en esta área, a través de su presencia en las Tropas de Paz de las Naciones Unidas y de la capacitación de fuerzas militares internacionales para este trabajo.

En Brasil, hemos colaborado con el fortalecimiento de la capacitación de las fuerzas de paz en el enfoque de género, y la protección específica de las mujeres y las niñas en situaciones de conflicto y posconflicto. Debo decir que las autoridades brasileñas han mostrado una gran sensibilidad y apertura a este trabajo, esencial para garantizar los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas, que por su situación ya enfrentan un cotidiano de privaciones y agresiones innombrables.

En junio de 2012, se celebrará en Río de Janeiro la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, conocida como Río +20, sobre un tema clave: la sostenibilidad de la vida en el planeta, buscando asegurar la integración del desarrollo económico, el desarrollo social y la protección del medio ambiente.

Ya hace veinte años, la Agenda 21 abogó por la protección del medio ambiente como fundamental para la supervivencia de la humanidad. Recién en 2009 apareció el tema de la participación equitativa de mujeres para enfrentar los desafíos de los cambios climáticos y al año siguiente algunos gobiernos hablaban de la dimensión de género y el acuerdo recogió la igualdad entre los sexos.

Hoy en día no hay duda alguna de la centralidad de los temas ambientales y del rol crucial que en ellos tienen las mujeres.

Las mujeres suelen ser las primeras en sentir los impactos de los cambios climáticos: ellas soportan una gran y creciente carga en sus actividades diarias como gestoras de los recursos domésticos, tales como el agua, la comida y el combustible. Como pequeñas agricultoras, cargan con un mayor estrés medioambiental porque cuentan con muchos menos recursos que sus pares varones.

El empoderamiento de las mujeres recoge beneficios en el ámbito del medio ambiente: en salud ecológica, en seguridad alimentaria o en preparación para desastres. ONU Mujeres ha enfatizado que el cambio climático requiere de una respuesta sensible al género. Deben escucharse las preocupaciones de las mujeres y asegurar su participación en todos los procesos.

La semana pasada se debatió en Durban, Sudáfrica, sobre este tema. Existen evidencias de que cuando se implica a las mujeres en la toma de decisiones y la gestión de recursos, se obtienen resultados medioambientales positivos. Un estudio realizado en 130 países muestra que los países con mayor representación de mujeres en el parlamento se inclinan más a ratificar tratados internacionales sobre el medio ambiente.

Mundialmente, las mujeres sólo ocupan seis por ciento de los ministerios de medio ambiente. Brasil es uno de los países que tiene y ha tenido en los últimos años una mujer al frente de este ministerio. Les felicito también por esto.

Una de nuestras iniciativas para la Conferencia será el Foro de Mujeres Líderes sobre Justicia Social, Igualdad de Género y Gobernanza para la Sostenibilidad Ambiental, con el fin de acordar una propuesta de agenda para la inclusión de las mujeres en las decisiones que allí serán tomadas y que afectarán la vida de toda la humanidad.

Amigas y amigos,

Las temas que afectan a las mujeres son tantos y los desafíos que tenemos por delante de una enorme magnitud. Pero estamos confiados en los millones de hombres y mujeres en el mundo que trabajan todos los días por tener sociedades mas igualitarias, donde para los hombres y las mujeres los derechos sean los mismos.

Quisiera finalizar manifestando mi admiración por la realización de esta Conferencia, que ya es la tercera. Sé que de ella saldrá una propuesta de consenso para el Tercer Plan Nacional de Políticas para las Mujeres, sobre la cual todas ustedes están trabajando desde el comienzo del año, en un hermoso proceso de ejercicio democrático tomado con toda seriedad y competencia por la Secretaría de Políticas para las Mujeres, bajo el liderazgo de la Ministra Iriny Lopes. Al presentar sus propuestas y al votarlas, no tengan miedo en atreverse, no duden; piensen en su responsabilidad, en las mujeres a las que están representando, en las enormes desigualdades que todavía precisan ser superadas, en el privilegio de dar una contribución real al avance.

Principalmente, considerem tudo o que já foi conquistado e se inspirem para o futuro, pois, tomando emprestadas as palavras da presidenta Dilma, “tenho certeza, senhoras e senhores, de que este será o século das mulheres.

Muchas gracias y muito obrigada.