Discurso de Michelle Bachelet en la presentación del informe de la OIT sobre Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres 2012

Fecha: martes, 11 de diciembre de 2012

Discurso de Michelle Bachelet en la presentación del informe de la OIT sobre Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres 2012, durante una reunión con la prensa el 11 de diciembre en Ginebra.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Buenos días. Me place estar aquí hoy para presentar el nuevo informe “Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres junto a mis colegas de la OIT. Este informe fue hecho por la OIT en colaboración con ONU Mujeres. Agradezco a la OIT por su excelente trabajo y su permanente énfasis en las mujeres y el género en el mundo laboral. Estimamos sobremanera nuestra asociación con la OIT.

Una de nuestras prioridades en ONU Mujeres es hacer avanzar el empoderamiento económico y las oportunidades económicas de las mujeres, así que nuestra asociación con la OIT es sumamente importante para el apoyo que damos a los esfuerzos nacionales.

Esta publicación que presentamos hoy es importante por diversas razones, de las que mencionaré sólo tres.

En primer lugar, este informe es importante porque incluye los datos y los análisis de las tendencias más recientes relativas al impacto de la crisis mundial financiera y económica sobre el empleo de las mujeres en todo el mundo, y hace comparaciones entre las regiones, que es fundamental para establecer políticas que sean sensibles a los asuntos de género.

En segundo lugar, este informe da mucha información sobre las medidas de respuesta a la crisis y, lo que es más pertinente, sobre su dimensión de género, que es un tema para el que a menudo es difícil obtener cifras. Sin embargo, si queremos disponer de políticas y soluciones eficaces para que los países puedan hacer avanzar la igualdad de género y un crecimiento y recuperación económicos inclusivos y sostenibles, DEBEMOS contar con esa dimensión.

Finalmente, este informe es importante porque presenta una serie de opciones de políticas para promover la igualdad de género en el empleo en tiempos de crisis y en tiempos de estabilidad. Aquí se ofrecen una cantidad de buenas prácticas que se pueden usar para hacer avanzar las medidas nacionales sobre esas opciones de políticas.

Con todo, se pueden preguntar por qué debemos atender las desigualdades de género entre las mujeres y los hombres en el trabajo, y el impacto de género de la crisis financiera y económica sobre el empleo de las mujeres. ¿Por qué es esto importante?

Para comenzar, debemos analizar las desigualdades de género en el empleo y el impacto de la crisis financiera porque los hombres y las mujeres son afectados de diferentes maneras, y a menos que las políticas atiendan el impacto diferente y discriminatorio sobre las mujeres, los derechos de las mujeres y de las niñas seguirán siendo violados en el mercado laboral, y las economías y las sociedades no desarrollarán su pleno potencial.

En la actualidad las mujeres y los hombres participan ambos en el mercado laboral pero sobre una base diferente y desigual, y las barreras que encuentran las mujeres para participar plenamente ponen un freno al crecimiento y la recuperación económica.

La pobreza afecta de manera desproporcionada a las mujeres, y la marginalización étnica y de otra índole y los estereotipos de género refuerzan la percepción de que el principal rol de las mujeres es en la casa mientras que los roles públicos de los hombres se consideran “naturales. Todo esto contribuye a marginar a las mujeres y no les permite acceder a los recursos, inclusive al mundo del trabajo formal.

Antes de la crisis, los ejemplos de esta desigualdad ya se encontraban en las brechas en los índices de participación de las mujeres y de los hombres en el mercado laboral mundial, en la segregación ocupacional, en la concentración de las mujeres en los empleos vulnerables y en las brechas en las remuneraciones por razones de género.

La crisis ha exacerbado la condición adversa de las trabajadoras. Por lo tanto, las políticas y los programas deben tomar en cuenta estas diferencias y desigualdades entre las mujeres y los hombres en períodos de estabilidad y de crisis, con el fin de promover la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres son importantes porque son un derecho humano básico.

Ayer conmemoramos el Día Internacional de los Derechos Humanos poniendo un énfasis especial en el derecho a participar en la vida pública y, sin embargo, hay todavía demasiadas mujeres a quienes se les priva de este derecho humano básico. Facilitar ese derecho es una medida inteligente porque contribuye a un crecimiento inclusivo y al logro de otros resultados fundamentales del desarrollo, como una mejor salud, educación y prosperidad para la generación futura, y a instituciones más representativas y democráticas.

Este año, en el trascendental documento final de Rio+20, expresamos la visión conjunta que reconoce la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres como una prioridad, incluyendo la promoción del empleo pleno y productivo y de los trabajos decentes para las mujeres.

Así que ¡pasemos a la acción!

Generalmente yo vivo viendo el vaso medio lleno más que medio vacío. La crisis mundial financiera y económica nos ofrece una gran ventana de oportunidad, la oportunidad de remodelar, reconstruir la estructura económica, social y política de nuestras sociedades con una propuesta de sólidos valores: reconstruir y construir de manera de promover la igualdad y el crecimiento y el desarrollo inclusivos y sostenibles.

De cara al futuro necesitamos una mezcla juiciosa de políticas macroeconómicas, del mercado laboral y de protección social con el fin de promover la igualdad de género en el empleo, apoyándonos en la cantidad de buenas prácticas existentes para hacer avanzar las acciones nacionales.

Los intentos de garantizar mejores condiciones para las mujeres, ya sean trabajadoras remuneradas o sin remunerar, o de prevenir condiciones peores, requieren más que programas limitados, específicos y dirigidos. Ese esfuerzo, ese trabajo debe formar parte de políticas macroeconómicas y sectoriales más amplias que se centren en el gasto público en la creación de empleo y en empleos decentes para las mujeres, combinado con el acceso universal a los servicios sociales de calidad esenciales, como la salud, la educación y diversas formas de protección social. Esto se discutió en el informe del año pasado titulado “El piso de protección social para una globalización equitativa e inclusiva.

Un enfoque tan completo promete revitalizar la demanda, sobre todo para promover el crecimiento inclusivo. Será igualmente importante reestructurar los sistemas financieros y tener la mezcla justa de políticas para regular los mercados de capital, financiero y laboral más estrictamente, porque esto tiene implicaciones positivas para un proceso de crecimiento inclusivo.

Ahora quisiera atraer su atención sobre las políticas que consideramos eficaces para reducir las brechas de género en el empleo y para ayudar a las familias a reducir los prejuicios debidos al género en sus decisiones laborales.

En primer lugar, se necesitan políticas y programas para mejorar las infraestructuras que ayuden a aliviar el trabajo en la casa. En la actualidad, millones de mujeres caminan kilómetros por día para ir a buscar agua o encontrar un transporte, o pasan muchísimo tiempo preparando comida porque simplemente no tienen acceso a la más simple de las tecnologías que muchos de nosotros damos por evidente. No tienen electrodomésticos que les ayuden a ahorrar tiempo y no tienen electricidad. Por lo tanto, se necesitan mayores inversiones en infraestructuras y en servicios públicos como la electricidad, el saneamiento, el agua potable y el transporte. Estas inversiones mejoran las condiciones del mercado laboral para las mujeres, reduciendo el tiempo que se necesita para terminar las tareas domésticas y mejorar la movilidad.

En segundo lugar, se necesitan políticas y programas que faciliten cuidados, especialmente infantiles, para reducir la carga de los cuidados y ayudar a que las mujeres participen en el mercado laboral. En la actualidad muchos padres, especialmente las madres, no pueden participar plenamente del mercado laboral porque carecen de cuidados infantiles. Por lo tanto, se necesitan políticas y programas que faciliten servicios de cuidados infantiles de modo que los padres, y en especial las madres, puedan trabajar fuera de la casa y ganar un sueldo. Esto incluye programas para después de la escuela, cuidados organizados localmente, subsidios y reglamentos para los servicios de salud y una armonización de las horas de trabajo y de los cuidados infantiles o de la escuela de modo que los padres puedan conciliar la vida laboral y la familiar.

En tercer lugar se necesitan políticas para equilibrar la división de género del trabajo remunerado y el no remunerado. Se necesitan políticas, programas y concientización para aumentar la participación de los hombres en las tareas domésticas y en los cuidados infantiles y de los padres ancianos.

Las políticas pueden reducir la carga del trabajo no remunerado de las mujeres y dar seguridad a las mujeres pobres que quedan excluidas de las medidas relacionadas con los trabajadores, incrementando la cobertura y la financiación para la protección social y el suministro público de bienes y servicios que son importantes para las mujeres.

Algunos ejemplos son los programas de transferencia de dinero condicionada que deben velar por no imponer cargas adicionales de tiempo y dinero a las mujeres. Otras maneras de dar algún tipo de seguridad social a las mujeres que han trabajado tanto sin remuneración a lo largo de sus vidas, son los beneficios por desempleo, las pensiones y las asignaciones por discapacidad.

En cuarto lugar, necesitamos políticas que ayuden a cambiar los costos y los beneficios de la especialización de género, principalmente impuestos y transferencias para alentar la participación laboral de los hombres y de las mujeres. Necesitamos políticas para estimular la demanda laboral y que incluyan gastos públicos adicionales en infraestructuras, que velen por una contratación equitativa de las mujeres y por empleos decentes para ellas, como los programas de empleos públicos. El Programa nacional de garantía del empleo rural de India, por ejemplo, es un ejemplo positivo.

Necesitamos programas de reducción de la pobreza para los grupos vulnerables de mujeres como las mujeres pobres que son cabeza de familia, y programas de empleos no tradicionales para las mujeres, una inclusión financiera y un mayor acceso de las mujeres al crédito, y subsidios y reducciones de impuestos para las pequeñas y medianas empresas, especialmente en los sectores dominados por las mujeres. Esta mezcla balanceada de impuestos y transferencias para las familias, como los cuidados infantiles y las licencias pagas, es necesaria para promover la igualdad en el proceso de toma de decisiones en lo relativo a la división del trabajo doméstico.

Finalmente se necesitan políticas para compensar la división desigual de género. En la actualidad muchas mujeres dejan el trabajo para ocuparse de los hijos y de las tareas domésticas. El impacto adverso que tienen las interrupciones en la carrera se puede limitar ofreciendo licencias pagas ligadas a lo que se ha ganado y una garantía del derecho a volver al mismo puesto o a un puesto similar.

Los programas activos en el mercado laboral pueden facilitar la reintegración al trabajo y son especialmente efectivos para las mujeres adultas y las familias monoparentales. Las políticas también pueden alentar decisiones atípicas a edad temprana como el seguir estudiando en esferas tradicionalmente dominadas por hombres como las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas, y reducir las barreras estructurales para minimizar los impactos adversos de la segregación ocupacional.

Necesitamos políticas laborales que respalden a las mujeres que trabajan, que buscan trabajo y que están desempleadas. Estas políticas ayudarán a las mujeres a encontrar trabajo e incluirán asistencia para buscar trabajo así como asesoría, capacitación y aprendizajes, y creación de capacidades.

Para ser eficaces, las políticas y los programas deben responder a las necesidades y realidades de las mujeres y dar información y servicios, y llevar a cabo capacitaciones que sean accesibles a las mujeres. También necesitamos políticas del mercado laboral como las contrataciones positivas, como se han adoptado en el sector público en Bangladesh, y políticas de promoción y retención de modo que las mujeres puedan participar plenamente en el mercado laboral.

En resumen, es imperativo ampliar las oportunidades de empleo para las mujeres, facilitar el acceso de las mujeres al mercado laboral, ampliar las medidas de protección social para reducir la vulnerabilidad y proveer empleos decentes, invertir en la capacitación y educación de las mujeres, y alentar el acceso al empleo en todo el espectro ocupacional. Esto se puede hacer, como lo ha demostrado la serie de buenas prácticas mencionadas en el informe que presentamos hoy.

Muchas gracias. Pasemos ahora a las preguntas.