En Líbano, país de acogida, las mujeres refugiadas y campesinas fomentan la capacidad empresarial, la cohesión y el futuro

Las mujeres emprendedoras de las comunidades de personas refugiadas y de acogida de Líbano están empleando sus habilidades y creatividad únicas para desarrollar su propio modelo de estabilidad social en dicho país, además de poner en marcha empresas económicamente viables.

Fecha: miércoles, 14 de septiembre de 2016

Mujeres refugiadas y rurales en Líbano, país de acogida, aprenden a crear y comercializar artesanías de alta calidad, productos orgánicos y productos agroalimentarios como parte de un proyecto del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Foto: ONU Mujeres/Joe Saade.
Mujeres refugiadas y rurales en Líbano, país de acogida, aprenden a crear y comercializar artesanías de alta calidad, productos orgánicos y productos agro-alimentarios como parte de un proyecto del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Foto: ONU Mujeres/Joe Saade.

“Cuando nos vimos forzados a abandonar nuestro país, nunca creí que una comunidad de Líbano me aceptaría y trataría como miembro activa de la manera en que lo hacen en el Grupo de Trabajo de Mujeres en Kfeir”, asegura Hiba Kamal, una refugiada siria de 18 años que escapó de la inestabilidad de su país cinco años atrás junto a su familia para llegar a Líbano.

Kamal es una de las más de 1.500.000 personas refugiadas de Siria y países vecinos que fueron acogidas en Líbano. La masiva afluencia de refugiadas y refugiados representa el 25 por ciento de la población total de Líbano, lo que presiona la economía libanesa de manera inaudita. Hay una demanda cada vez mayor de servicios públicos y una competencia notablemente más fuerte por recursos y empleos, que son limitados.

Hiba Kamal, una refugiada siria, aprende técnica de costura de una mujer libanesa en un taller ofrecido por la Asociación Amel, apoyado por el Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Foto cortesía de la Asociación Amel.
Hiba Kamal, una refugiada siria, aprende técnica de costura de una mujer libanesa en un taller ofrecido por la Asociación Amel, apoyado por el Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres. Foto cortesía de la Asociación Amel.

La prolongada crisis de personas refugiadas y migrantes ha causado tensiones entre las poblaciones de acogida y refugiadas, especialmente en las áreas más pobres, donde estas últimas tienden a concentrarse. Hay mayor riesgo de inseguridad y de violencia sexual y de género [1].

A menudo, las mujeres, tanto las ciudadanas libanesas como las refugiadas, son quienes sufren una mayor discriminación debido a la prevalencia de leyes prejuiciosas y estereotipos culturales. Con frecuencia, son restringidas al ámbito doméstico o relegadas en busca de ingresos bajos e inestables dentro de la economía informal que carece de protección social.

Para mejorar el acceso de las mujeres al empleo y los mercados, la Amel Association, beneficiaria del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres, implementó un proyecto de tres años de duración, entre 2012 y 2015, en el sur de Líbano y los suburbios de Beirut. El proyecto repercutió en la vida de más de 1000 mujeres campesinas y refugiadas, quienes aprendieron a crear, catalogar y comercializar artesanías de alta calidad, como bordados y accesorios, productos orgánicos y agroalimentos, cumpliendo con los más altos estándares de calidad y sanidad.

Mediante la mezcla de técnicas, materiales y diseños tradicionales, las participantes del proyecto MENNA crean productos únicos y comercializables bajo la marca MENNA. Los talleres interactivos, en los que las refugiadas y las libanesas aprenden y trabajan juntas, también han creado espacios para el diálogo y la convivencia. Foto: ONU Mujeres/Joe Saade.
Mediante la mezcla de técnicas, materiales y diseños tradicionales, las participantes del proyecto MENNA crean productos únicos y comercializables bajo la marca MENNA. Los talleres interactivos, en los que las refugiadas y las libanesas aprenden y trabajan juntas, también han creado espacios para el diálogo y la convivencia. Foto: ONU Mujeres/Joe Saade.

Mediante sesiones interactivas, donde las mujeres refugiadas y libanesas aprendieron y trabajaron en conjunto, el programa creó también espacios para el diálogo y la convivencia con el fin de fomentar la estabilidad social. “Las mujeres [libanesas] comenzaron a enseñarme su costura tradicional y yo, genuinamente feliz, compartí las prácticas tradicionales de telar que mi madre y mi abuela me habían enseñado”, comparte Kamal. Al combinar técnicas, materiales y diseños tradicionales, quienes participan conectan su patrimonio e historia cultural con los productos, que los hace únicos y con un elevado valor comercial.

“Comenzamos a ver verdaderos resultados por nuestro trabajo cuando algunas de las mujeres crearon sus productos y empezaron a exhibirlos. Se fortalecieron, ganaron confianza y fundaron ejemplos inspiradores para otras mujeres de la región”, dice Safaa Al Ali, directora de programa de la Amel Association.

La organización permitió forjar una alianza con otras 13 cooperativas y organizaciones de la sociedad civil que desarrollaban trabajos similares con el fin de crear la primera red económica para mujeres en Líbano, denominada “MENNA” (en idioma árabe, “hecho por nosotras”). En la actualidad, más de 300 productoras, entre refugiadas y campesinas libanesas, venden jabones, velas, accesorios y artesanías directamente al público en una tienda también llamada MENNA en Beirut.

“Llegué a Líbano cinco años atrás, cuando comenzó la crisis en Siria... fue difícil encontrar trabajo como refugiada; no podía acceder al sector empresarial formal”, comparte Mona Hamid, una refugiada siria de 51 años que vive en los suburbios de Beirut. “Al unirme a la red MENNA de Amel, adquirí habilidades para vender y promover mis artículos en tiendas locales y también tuve la oportunidad de ofrecerlos en exhibiciones”.

El éxito de la iniciativa propició que Amel creara un servicio de suministro de comidas en febrero de 2016, lo que posibilitó el desarrollo de más oportunidades de generación de ingresos para las mujeres.

La marca MENNA reunió a mujeres libanesas y refugiadas y logró beneficios para comunidades enteras. “La importancia de este proyecto radica en que respeta la cultura y las habilidades de las mujeres refugiadas y las ayuda a integrarse a la comunidad de acogida. Es un modelo que funciona, no sólo para que las mujeres sean agentes de su propio empoderamiento económico en un contexto frágil, sino también como un modo de vincularlas en pos de un objetivo en común, lo que fomenta la estabilidad social y la paz sostenible”, destaca Rana El-Houjeiri, especialista del programa del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres en Líbano. En la actualidad, el Fondo se afirma sobre el éxito de este proyecto al respaldar iniciativas similares en dicho país y en otros países de la región de los Estados árabes.

Nota

[1] Amel Association International (2013). Estudio sin publicar sobre “Gender analysis of Host Communities affected by Syrian Refugee Crisis” (análisis de género de las comunidades de acogida afectadas por la crisis de refugiados sirios).