“La compasión fue un mensaje clave”

En mayo de 2018, Irlanda votó a favor de derogar la prohibición casi total del aborto que regía hasta entonces, una victoria que las y los activistas en favor de los derechos de las mujeres habían esperado durante mucho tiempo.

Fecha: martes, 16 de julio de 2019

Publicado originalmente en el informe insignia de ONU Mujeres El progreso de las mujeres en el mundo 2019-2020: Familias en un mundo cambiante

. Yes voters celebrate as the result of the Irish referendum on the 8th amendment concerning the country’s abortion laws is declared at Dublin Castle on May 26, 2018 in Dublin, Ireland. Photo: Getty Images/ Charles McQuillan
Las personas que votaron por el “sí” celebran la declaración oficial del resultado del referéndum irlandés sobre la octava enmienda relativa a las leyes nacionales contra el aborto en el Castillo de Dublín, el 26 de mayo de 2018. Fotografía: Getty Images/Charles McQuillan

Annie Hoey entró en la sede de Together For Yes (“Unidos por el Sí”) en Dublín minutos antes de que se conocieran los resultados de la encuesta a pie de urna durante el referéndum sobre el aborto celebrado en Irlanda el 25 de mayo de 2018. Cuando escuchó el resultado, tuvo que sentarse. “Todo el mundo reía, gritaba, lloraba y se felicitaba”, dice la ex presidenta del Sindicato de Estudiantes de Irlanda y pieza clave en la campaña de Together For Yes.

La ciudadanía irlandesa había votado abrumadoramente a favor de derogar la octava enmienda, a saber, la prohibición del aborto. Con una participación del 64,5 %, el 66,4 % de los votantes eligieron el sí, contra un 33,6 % que se decantó por el “no”.

“La campaña no estuvo liderada por un solo grupo ni dirigida a un grupo, y eso fue realmente importante”, señala Hoey. “Se dieron a conocer historias impactantes sobre el efecto de la octava enmienda en todos los ámbitos de la vida”.

Cuando crearon Together for Yes, las y los jóvenes activistas unieron sus fuerzas con las y los veteranos que habían luchado contra el amargo referéndum de 1983, sobre el que se cimentó la prohibición del aborto en Irlanda. Ya desde entonces, algunos activistas —entre quienes se encontraba Ailbhe Smyth, codirectora de la campaña Together for Yes— habían sido denunciados públicamente por su participación.

Shortly after the Ireland referendum, protesters in London hold “My Body, My Choice” placards during a pro-choice campaign outside the Houses of Parliament. Photo: Getty Images/ Charles McQuillan
Poco después del referéndum irlandés, manifestantes sostienen pancartas con el lema My Body, My Choice (“Mi cuerpo, mi decisión”) en Londres, frente a las cámaras del Parlamento británico, durante una campaña en favor de la libertad de elección. Fotografía: Getty Images/Charles McQuillan

Sin embargo, en las décadas posteriores, el panorama político y social irlandés cambió y sus estrictas leyes contra el aborto se vieron sometidas a una creciente presión internacional, tanto a través de una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) en 2010, como de las críticas formuladas por el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

De pronto, en 2012, una odontóloga de 31 años llamada Savita Halappanavar falleció en un hospital de Galway tras denegársele un aborto durante un embarazo que no llegó a término por causas naturales. “Aquello provocó una efusión espontánea de tristeza y rabia”, recuerda Smyth.

Después de aquella tragedia, una de las estrategias cruciales que adoptaron las y los activistas para presionar en favor de la derogación de las rigurosas leyes irlandesas contra el aborto consistió en romper el silencio y posibilitar que las personas afectadas contaran sus historias.

Two women look at written notes left on the Savita Halappanavar mural. Savita Halappanavar, who became the symbol of the Yes campaign, died aged 32, due to complications following a septic miscarriage in Galway in 2012. Photo: Getty Images/ Charles McQuillan
Dos mujeres miran las anotaciones escritas en el mural en recuerdo a Savita Halappanavar. Savita Halappanavar, que se convirtió en símbolo de la campaña a favor del “sí”, murió a los 32 años como consecuencia de las complicaciones derivadas de una pérdida séptica de embarazo en Galway, en 2012. Fotografía: Getty Images/Charles McQuillan

“La vía más poderosa y convincente para ayudar a las personas a comprender la urgencia del tema era que escucharan a una mujer decir: esto es lo que me sucedió a mí”, afirma Smyth. En todo el país se pusieron en marcha una serie de proyectos de narración de historias —como In her Shoes, es decir, “En sus zapatos”, “En su lugar”—. “La compasión fue uno de nuestros mensajes clave”, señala Smyth. “No se trataba de si una mujer estaría dispuesta a abortar ni de si estaba de acuerdo con el aborto, sino de si se opondría al aborto de una mujer que lo necesitara”.

En opinión de Clare Daly, política irlandesa del partido Independents 4 Change, el tono de la campaña también resultó crucial. Dado que el 78,3 % de la población irlandesa se identifica como católica, fue muy importante ayudar a la ciudadanía a conciliar su religión con el deseo de disfrutar de derechos reproductivos. “Se trataba de generar solidaridad. Si la otra parte está gritando, nos toca ser racionales y compasivos. Estamos hablando de mujeres reales”, dice Daly.

A juicio de Jon O’Brien, presidente de Catholics for Choice, el resultado obtenido en Irlanda ha supuesto una inyección de esperanza para que otros países católicos, como la Argentina, luchen por conseguir derechos similares. “El hecho de que este país católico, la joya de la corona, pudiera votar motivado por la compasión, es una gran esperanza para todos los países, católicos y no católicos”.

Annie Hoey afirma que el éxito de la campaña de Together for Yes debe servir ahora como trampolín para nuevas campañas.

“Las mujeres migrantes, las personas trans, las comunidades rurales... hemos de asegurarnos de que toda persona que necesite acceder al aborto pueda hacerlo”, señala Hoey, “tanto en Irlanda como en el resto del mundo”.