Pasamos el micrófono a: Naruthai Tansukasem, Tailandia

Ex cantante y activista contra la ciberviolencia y el acoso en línea.

Fecha: martes, 17 de noviembre de 2020

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En el marco de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, pasamos el micrófono a mujeres que trabajan en primera línea, combatiendo la COVID-19 y la pandemia de violencia contra las mujeres y niñas, un problema que aumenta sin cesar. Son las voces de sobrevivientes, trabajadoras esenciales y mujeres líderes que nos indican los problemas urgentes y cómo podemos detener la escalada de violencia, recuperarnos tras la COVID-19 y rehacer nuestras vidas.

Naruthai Tansukasem performing during a 2019 reunion concert with her former group “Siamese Kittenz”. Photo courtesy of Kukufoto
Naruthai Tansukasem en 2019. Foto cortesia de Kukufoto
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Mucha gente puede adorar a las jóvenes cantantes que aman los escenarios y las legiones de fans. Sin embargo, todo ello tiene un lado oculto en el que muy pocas personas piensan jamás.

¿Qué puede hacer para contribuir a este objetivo?

Es fundamental hacer un uso ético y responsable de los medios sociales. Esto comienza por uno mismo y por las personas que nos rodean, para llegar a la comunidad en su conjunto.

A menudo la sociedad nos trata como meros objetos sexuales y no como seres humanos con dignidad y derechos. Los actos de los fans son parte del problema, pero ni siquiera se dan cuenta de ello. Nuestras fotos, autógrafos, notas manuscritas para nuestros seguidores y encuentros con ellas y ellos son productos que se pueden vender, y que nos cuestan nuestra privacidad.

Hace poco sufrí acoso en línea. El número de seguidores de mi cuenta de Instagram aumentó de pronto, y empecé a recibir montones de llamadas de amistades y fans deseosos de comprobar que realmente era yo. Las fotos y los vídeos que se distribuían eran inquietantemente gráficos. ¡Incluso algunos de mis mejores amistades pensaban que era yo! Me sentí traumatizada y avergonzada al ver fotos de mi rostro que alguien había copiado y pegado sobre el cuerpo desnudo de otra persona.

Después comencé a recibir una cantidad excesiva de correos no deseados. Me sentía desesperada e indefensa. Apagué mi teléfono y consulté a una ONG que trabaja para poner fin a todas las formas de acoso sexual y violencia doméstica. Me proporcionaron asistencia jurídica; presenté una denuncia ante la policía y también ante el departamento de delincuencia digital del Ministerio de Economía y Sociedad Digital de Tailandia. Las autoridades recibieron mis denuncias, pero no tienen la menor idea de contra quién deben actuar.

La cosificación sexual en los medios de comunicación puede afectar a la salud mental, emocional y física de las personas que se dedican al mundo del espectáculo. A veces recibimos mensajes solicitando servicios de ‘acompañamiento’ o algo peor, y con mucha frecuencia nos envían por correo electrónico fotos de órganos genitales o de personas realizando actos [sexuales]. Siempre tenía miedo de que mi nombre y mis fotos fueran utilizados de forma fraudulenta.

Las personas que cometen actos de violencia contra las mujeres y contra menores recurren cada vez más a la tecnología como consecuencia de los confinamientos provocados por la COVID-19. Las mujeres y las niñas experimentan ciberviolencia o violencia facilitada por la tecnología, algo misógino y hostil. A veces hemos escuchado que la ayuda llegó demasiado tarde. Cuanto más desconocidos puedan permanecer los agresores, más letales pueden ser”.

ONU Mujeres trabaja para cambiar las normas sociales y prevenir la violencia contra las mujeres a través de programas y campañas sobre el terreno

Cuando tenía 12 años, Naruthai Tansukasem cantaba en la banda infantil femenina Siamese Kittenz. Le apasionaba bailar y subirse a un escenario. Tras permanecer en el grupo durante seis años, finalmente lo dejó por culpa del acoso sexual, un problema demasiado frecuente y que a menudo no se aborda en la industria del espectáculo. En la actualidad, con 20 años, es una firme activista contra la cosificación de las mujeres y las niñas en la industria del entretenimiento, un papel que jamás imaginó para sí misma.

Se unió a la plataforma en línea y la exposición fotográfica “Girls, Not Objects” (Niñas, no objetos), respaldada por ONU Mujeres y por la Agencia de Cooperación Internacional de la República de Corea, que muestra que las artistas femeninas son minusvaloradas y tratadas como objetos a través de diversos medios, como el ciberacoso, las expectativas sociales sobre las figuras públicas y los métodos de mercadotecnia de la industria del espectáculo.