Desde mi perspectiva: “Las personas con discapacidad no hablan de la violencia que sufren porque a menudo eso supone denunciar a las personas más cercanas a ellas”

Amira Kushta* fue diagnosticada con un tumor poco común en la columna vertebral y quedó paralizada tras una operación en la espalda cuando tenía 19 años de edad. Su casa se convirtió en una cárcel durante 24 años.

Fecha: martes, 13 de noviembre de 2018

Amira Kushta. Photo: UN Women/ Meriza Emilbekova
Amira Kushta. Photo: UN Women/ Yllka Parllaku

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Solía vivir en la cuarta planta de un edificio de apartamentos con mi padre, mi hermano y su mujer. No había ascensor, y no podían subirme ni bajarme por las escaleras. Durante 16 años ni siquiera tuve una silla de ruedas. Comía sentada en un rincón de la cama y después me estiraba y miraba la televisión. Esa era mi vida.

La situación empeoró tras la muerte de mi padre en el año 2005. Durante años, mi cuñada me insultó, me amenazó con tirarme por las escaleras… Una vez incluso me lanzó contra la pared.

No era una presencia querida en la casa, y me daba miedo hablar. Las personas con discapacidad no hablan de la violencia que sufren porque a menudo eso supone denunciar a las personas más cercanas a ellas. Nunca denuncié a mi cuñada porque quería proteger a mi hermano.

Hace tres años, finalmente conseguí un trabajo administrativo. Poco después me compré una silla motorizada con mi sueldo y empecé a vivir sola.

No es fácil vivir sola, pero al menos tengo libertad de movimiento, de ver a quien quiera. Antes no podía ver a nadie, no tenía amigas o amigos que me visitaran. Solía hablar por teléfono con mis familiares, pero no sabían lo que estaba pasando.

Ahora tengo una vida normal. Voy a trabajar y hago las tareas domésticas sin necesidad de ayuda. Tengo amigas y amigos.

Sin embargo, la infraestructura sigue siendo uno de los principales obstáculos a los que tengo que hacer frente: no todas las carreteras, los espacios públicos o las instituciones tienen en cuenta las necesidades de movilidad y acceso de las personas con discapacidad”.



ODS 5: Igualdad de género
ODS 10: Reducción de las desigualdades

Amira Kushta de Tirana, Albania, sintió que tenía una nueva oportunidad en la vida después de recibir asistencia de la Fundación de Albania por los Derechos de las Personas con Discapacidad. Recientemente, la organización ha contribuido a un informe sobre la violencia contra los grupos desfavorecidos, como parte de un programa regional de ONU Mujeres sobre el fin de la violencia contra las mujeres en los Balcanes occidentales y Turquía, financiado por la Unión Europea. Su historia hace referencia al Objetivo de Desarrollo Sostenible número 10 que se centra en el empoderamiento y la promoción de la inclusión social, económica y política de todas las personas, independientemente de su edad, sexo, discapacidad, raza, etnicidad, origen, religión o condición económica o de otro tipo. También guarda relación con el ODS 5 sobre la igualdad de género y el fin de la violencia contra las mujeres y las niñas.

*El nombre es ficticio para proteger la identidad de la protagonista.