Declaración de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres Phumzile Mlambo-Ngcuka con ocasión del Día Internacional de la Juventud, 2019: Transformando la educación para crear una nueva generación de líderes

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Jakomba Jabbie, una joven de Gambia de 16 años de edad, quiere ser ingeniera aeroespacial. Defensora activa de la educación de las niñas, ha formado un equipo de robótica en el colegio para demostrar que las niñas también pueden participar en el campo de la tecnología y convertirla así en un “ámbito para todas nosotras y todos nosotros”. Jakomba es consciente de lo importante que es la educación, sobre todo para una niña. Nos comentó que “la educación te permite desarrollar confianza en ti misma, demostrar tu valía y defender tus derechos”. También señaló el papel fundamental que tiene el profesorado, cuyo apoyo puede ayudar a las niñas a inclinarse por las clases de ciencias y matemáticas, incluso cuando dudan obtener la aprobación de sus familias. “Las niñas tienen que saber que pueden llegar a ser lo que ellas quieran”, nos dijo en marzo de este año.

En ONU Mujeres entendemos la educación de las niñas como una oportunidad que ofrece muchos logros posibles y ningún inconveniente. Sin embargo, a nivel mundial las niñas siguen quedando atrás en la educación por obligaciones domésticas como cuidar de hermanas y hermanos mientras sus madres trabajan, o incluso asumir la responsabilidad del hogar como niñas casadas. Las barreras culturales como el sesgo contra las niñas entre el cuerpo docente o limitaciones de carácter físico como instalaciones de saneamiento inadecuadas pueden repercutir muy negativamente en su acceso a las aulas y su seguridad durante el día escolar. Estos impedimentos se pueden agravar en el caso de mujeres jóvenes y niñas que viven con discapacidad, pertenecen a comunidades indígenas, están en campamentos de personas refugiadas o se encuentran en otras situaciones de vulnerabilidad. En contextos de conflicto, las niñas tienen más del doble de posibilidades de no estar escolarizadas en comparación con las niñas de países que no están en conflicto, lo que crea generaciones de oportunidades y potencial perdidos.

Como ya sabe Jakomba, una educación de calidad puede contribuir a que las mujeres jóvenes y las niñas en especial reclamen sus derechos, alcen la voz contra la discriminación y la violencia y potencien las habilidades que les permitan ganar independencia económica. La educación sexual integral es fundamental para que las niñas conozcan sus cuerpos y tomen decisiones respecto a la atención de la salud que quieren, incluida la salud sexual y reproductiva. Según un informe reciente del Banco Mundial, conseguir la educación secundaria universal eliminaría prácticamente el matrimonio infantil y reduciría la prevalencia de la maternidad a una edad temprana hasta en tres cuartas partes.

Una educación realmente transformadora implica lograr que el aprendizaje sea accesible a todas las personas jóvenes, independientemente de su acceso a un aula física, e integrar mejor la tecnología en la educación, inclusive mediante el uso de dispositivos móviles, a fin de que las niñas puedan conectarse a materiales educativos dondequiera que se encuentren.

Asimismo, debemos eliminar las normas sociales y los estereotipos profundamente arraigados que impiden el acceso de las niñas a la educación, o bien que les impiden adquirir las competencias STEM y de TIC importantes para sobresalir en los empleos del futuro.

La educación ayuda a las mujeres jóvenes y a las niñas a convertirse en ciudadanas plenamente comprometidas. Esto es más necesario que nunca. Esperamos de las y los jóvenes que rompan con el statu quo y presionen para conseguir políticas transformadoras que definan el futuro al que aspiran, como jóvenes que lideran, se alían y fomentan la igualdad de género. Educando y trabajando junto con la próxima generación podemos respaldar un futuro más inclusivo, sostenible y equitativo para todas las personas.