Prioridades en materia de VIH para un cambio positivo: las mujeres hablan

Fecha : 07 June 2011

Discurso de apertura pronunciado por la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, en el evento paralelo “ Prioridades en materia de VIH para un cambio positivo: las mujeres hablan organizado por ONUSIDA y ONU Mujeres en colaboración con la Coalición Mundial sobre Mujeres y SIDA y la Red ATHENA, previo a la Reunión de Alto Nivel sobre SIDA de 2011 (8-10 de junio de 2011), Sede de la ONU, 7 de junio de 2011.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Ms. Bachelet Speaking at the event HIV Priorities for Positive Change: In Women's Words

Foto: UN Photo/JC McIlwaine

Distinguidos delegados, panelistas, colegas y amigos:

Es un placer y un honor copresidir este panel hoy con el señor Michel Sidibe, presentando la publicación “Las mujeres hablan que analiza los progresos logrados para las mujeres desde 2001 e identifica las prioridades de las mujeres para el futuro.

El evento de hoy se celebra en la víspera de la Reunión de Alto Nivel sobre SIDA de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que marca 30 años del comienzo de la epidemia del SIDA y el décimo aniversario de la Declaración de Compromiso histórica en materia de VIH / SIDA. Este año es igualmente el año de la creación de ONU Mujeres. En efecto, ONU Mujeres, el organismo más nuevo de la ONU, entró en operaciones en enero de 2011 con el mandato de hacer avanzar la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres.

Todos estos elementos juntos marcan un momento crucial, un momento de reiterar nuestro compromiso con una respuesta al VIH centrada en las mujeres y en las niñas. Ofrece la oportunidad de dar mayor coherencia a nuestros esfuerzos de modo de que las respuestas al SIDA formen parte de las estrategias de desarrollo sensibles al género de mayor amplitud. No se podrán lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio si no nos ocupamos de los nexos que existen entre esos Objetivos.

Desde 2001, se han dado pasos importantes para proporcionar una mejor respuesta a las diferentes necesidades de las mujeres y de los hombres en el marco de la respuesta al VIH. Ha habido un mayor compromiso político: 131 de 171 países indicaron que han incluido acciones específicas relativas a las mujeres en los planes nacionales en materia de VIH. Los socios y donantes esenciales - como el Fondo Mundial de lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria - promueven cada vez más la igualdad entre los géneros en su trabajo para responder a las necesidades de las mujeres y de las niñas. ONUSIDA y ONU Mujeres apoyan el desarrollo y la puesta en práctica de una Agenda para una acción acelerada en materia de mujeres, niñas, e igualdad de género y VIH. Ya hay más de 60 países que están implementando esta Agenda con la participación de más de 400 organizaciones de la sociedad civil, incluyendo las organizaciones de mujeres.

Estos esfuerzos son importantes pero no lo suficiente para garantizar que el apoyo a las mujeres contagiadas y afectadas por el VIH/SIDA se incremente hasta los niveles necesarios.

Los datos más recientes [1] son decepcionantes, ya que indican que el progreso ha sido demasiado lento:

  • En 1997, 41 por ciento de los adultos que vivían con VIH eran mujeres. Esa cifra pasó al 49 por ciento en 2001 y ahora es de 52 por ciento.
  • En países de ingresos bajos y medios, el VIH es la principal causa de muertes entre las mujeres en edad de reproducirse.
  • 74 por ciento de los hombres jóvenes saben que los preservativos son eficaces a la hora de prevenir el contagio del VIH, en comparación a sólo el 49 por ciento de las mujeres jóvenes.
  • En el mundo, 26 por ciento de todos los nuevos contagios son en mujeres jóvenes de entre 15 y 24 años, y la mayoría de ellas desconoce su seropositividad.
  • Las mujeres jóvenes representan más del 60 por ciento de todos los jóvenes que viven con VIH. En África subsahariana, esa cifra alcanza un alarmante 72 por ciento.

A lo largo del proceso relativo al VIH/SIDA, desde la prevención de la difusión del virus hasta la disminución de su impacto, esta crisis es diferente para las mujeres que para los hombres. El desglose por sexo de los datos y análisis son un requisito previo para comprender cabalmente esas diferencias y para centrar la asignación de recursos, la investigación médica, la reforma legislativa y los programas de seguridad social de modos precisos para garantizar un acceso y beneficios equitativos para las mujeres y las niñas.

El empoderamiento de las mujeres y la garantía de sus derechos, de modo de que puedan protegerse a sí mismas de la infección, sobreponerse a la estigmatización y lograr un mayor acceso al tratamiento y a los cuidados, es una de las principales estrategias de ONU Mujeres para hacer frente a la epidemia.

Señoras y señores:

Tenemos que garantizar que la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de las mujeres sean más que un mantra. Deben pasar a ser el principio fundamental en la lucha contra el VIH/SIDA. Nosotros y nuestros socios debemos trabajar con una determinación colectiva para reconocer los derechos humanos de las mujeres y reflejarlos en todas las políticas, planes, leyes, toma de decisiones, representación y, de manera inmediata y práctica, en todas las asignaciones presupuestarias.

Terminar con esta epidemia es también crucial para promover una vida saludable, segura y productiva para las mujeres y las niñas, y para los hombres y los niños. Por ejemplo, cuando el SIDA irrumpe en las familias y en las comunidades, son invariablemente las mujeres las que responden primero. Un estudio realizado en África subsahariana por la Comisión Huairou mostró el valor económico de los cuidados sin remuneración que prestan las mujeres en el contexto del VIH/SIDA. El estudio demostró que decenas de miles de cuidadoras mujeres sin paga, de entre 20 y 49 años, donan constantemente un promedio de 69 horas por mes para ocuparse de los enfermos y vulnerables, lo que representa una donación de tiempo de un valor económico considerable.

Aunque las mujeres son muy fuertes, necesitan apoyo para mitigar el impacto del VIH y del SIDA, especialmente en los casos en que los sistemas de salud no funcionan lo suficientemente bien para prestar los servicios requeridos. Este trabajo impide que las mujeres tengan un ingreso y que accedan a las oportunidades de una educación.

En la próxima década tendremos que respaldar nuestros compromisos con acciones para hacer avanzar la igualdad de género y empoderar a las mujeres y a las niñas. Me gustaría proponer tres ideas:

La primera es ampliar las alianzas y el compromiso político, como lo estamos haciendo aquí hoy. Ninguna persona o sector puede asumir la responsabilidad por sí solo. La respuesta al VIH requiere alianzas de varios interesados que tengan una participación dedicada. Eso significa que tienen que participar los profesionales del sector de la salud, los sectores de los derechos de las mujeres y de las comunicaciones sociales, los grupos comunitarios de mujeres, los economistas y muchos otros actores.

Si trabajamos con los socios esenciales, incluyendo a los organismos de la ONU, el sector privado, los defensores de la igualdad de género, la sociedad civil y especialmente las organizaciones de mujeres, no sólo seremos más exhaustivos, reuniendo los conocimientos y experiencias de los diferentes sectores para hacer frente a los desafíos de manera holística, sino que seremos también más fuertes, trabajando para crear el impulso hacia los resultados y el progreso que todos queremos ver.

La segunda sugerencia es que tenemos que mejorar la integración de nuestros esfuerzos y apoyarnos en enfoques holísticos. Tenemos que inspirarnos de lo que sabemos que funciona, ya sea en lo referente a servicios integrados para la salud sexual y reproductiva y el VIH, o a incrementar las oportunidades económicas de las mujeres, de modo de ayudar a prevenir la propagación del VIH, o en lo referente a dar respuesta a las pandemias íntimamente ligadas de la violencia contra las mujeres y del VIH.

Ya estamos viendo que los esfuerzos integrados funcionan: en su calidad de catalizadores de nuevas ideas y de acciones estratégicas, el Fondo Fiduciario de la ONU para eliminar la violencia contra las mujeres y Johnson & Johnson lanzaron una iniciativa innovadora de capacitación a nivel mundial entre siete beneficiarios con el fin de determinar las prácticas eficaces para atender la relación entre el VIH y la violencia contra las mujeres.

En tercer lugar, tenemos que invertir en el liderazgo de las mujeres, incluyendo en sus esfuerzos por organizarse y movilizarse. Si bien este proceso no es todo lo rápido que debería ser, los grupos de mujeres seropositivas y los defensores de su causa están haciendo oír cada vez más sus voces y perspectivas, cambiando las políticas y los programas.

Para citar un ejemplo, en Senegal, gracias al apoyo del Fondo para la Igualdad de Género, la Alianza Nacional contra el SIDA y la Sociedad para las Mujeres y el SIDA en África recopilaron datos básicos sobre la situación de las mujeres afectadas por el VIH e identificaron las brechas existentes en materia de protección en las leyes actuales relativas al VIH/SIDA. Apoyándose en esas informaciones, ambas entidades entablaron un diálogo con miembros del Parlamento senegalés para abogar por la necesaria reforma legislativa con el propósito de que se incorpore los asuntos de género en la ley existente en materia de VIH/SIDA en Senegal.

De ésta y de muchas otras maneras, ONU Mujeres está comprometida con dar apoyo a los múltiples llamados en pro del liderazgo de las mujeres, de parte de grupos de mujeres y de redes de mujeres seropositivas en todos los países. Cuanto más se hagan oír las mujeres y las niñas sobre qué, dónde y cómo adoptar estrategias, más probabilidades habrá de que éstas lleguen a las personas que más las necesitan.

Señoras y señores:

La publicación que se presenta hoy, y la consulta virtual que llevó a ella, también demuestra el liderazgo del movimiento de mujeres y, especialmente, de las mujeres que viven con VIH en la respuesta al VIH. Sea que las mujeres defiendan sus derechos, identifiquen las prioridades que deben ser atendidas o cuiden de los miembros de sus familias y de sus comunidades, las mujeres son “agentes de cambio.

En este sentido, tal como lo definen las mujeres que prestaron sus “voces a la consolidación de las prioridades, nos referimos a las mujeres en general, sean ellas jóvenes, viejas, rurales, urbanas, madres, esposas o abuelas.

Al entrar en la cuarta década de la epidemia, tenemos que reflexionar sobre los éxitos del pasado, aprender y establecer una ruta a seguir en el futuro. Tendré interés en oír los pensamientos, ideas y sugerencias de los miembros del panel sobre cómo hacer avanzar los derechos de las mujeres en el contexto del VIH de modo de que puedan prevenir el contagio, tener acceso a los cuidados y al tratamiento y poner fin a la epidemia de una vez por todas.

Muchas gracias.

Notas:

  1. Informe de ONUSIDA - el SIDA a los treinta (2011) e Informe de ONUSIDA sobre la Epidemia Mundial (2001).