Discurso de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres en el Centro Conjunto de Operaciones de Paz Sergio Vieira de Mello

Fecha : 16 December 2011

Discurso de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres en el Centro Conjunto de Operaciones de Paz Sergio Vieira de Mello, Río de Janeiro, Brasil, 16 de diciembre 2011.

Boa tarde a todos e todas. Realmente, é uma honra especial estar aqui hoje com vocês.

Para mi es un honor estar aquí y tener la oportunidad de recorrer las instalaciones de este Centro Conjunto de Operaciones de Paz, compartiendo con personas como ustedes que han abrazado la causa de la paz como la mejor manera de traer estabilidad, confianza y desarrollo a nuestros pueblos.

Hoy día la violencia armada es el principal obstáculo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la principal causa de la pobreza y la desigualdad extrema entre países y regiones.

Una quinta parte de la población mundial vive en países envueltos en guerras o que están en fase de recuperación con altos índices de fragilidad e inestabilidad. Los grandes desplazamientos humanos que vemos en el mundo, y en los cuales la violencia e inseguridad afectan principalmente a mujeres y niños, se producen o por la violencia o por desastres naturales, cuya intensidad y frecuencia han generado crisis humanitarias y políticas que nos plantea otro enorme desafío.

Hay 42 millones de desplazados, ya sea en sus propios países o como refugiados. Más del 70 por ciento de las personas desplazadas son mujeres y niños.

Durante el conflicto en Bosnia-Herzegovina, entre 20 mil y 50mil mujeres fueron violadas, muchas de ellas en campos de detención. En 1994, durante el genocidio en Ruanda, entre 250 mil y 500 mil mujeres fueron violadas como parte de un esfuerzo deliberado para cambiar la composición demográfica y étnica del país.

En Sierra Leona, más de 50 mil mujeres desplazadas fueron asaltadas sexualmente por los combatientes.

En más de una década de conflicto en la República Democrática del Congo, varios cientos de miles de mujeres y niñas fueron violadas, y a pesar de que la misión de la ONU ha logrado reducir otros tipos de violencia, la violencia sexual continúa con la misma intensidad, y proliferan los masivos ataques a civiles en los que no se registra ni una muerte, pero sí cientos de violaciones.

Las guerras actuales se caracterizan por ser asimétricas e irregulares y por el aumento significativo de víctimas civiles, en especial mujeres y niños. La proliferación y fragmentación de los grupos armados irregulares conlleva la utilización de tácticas diseñadas para compensar el desequilibrio en capacidad militar, y de ahí los ataques deliberados a escuelas y hospitales, o el uso estratégico de la violencia sexual para causar terror o desplazar poblaciones enteras.

De ahí que el General Cammaert, que comandaba las fuerzas de la ONU en el Este del Congo, dijera frente al Consejo de Seguridad que “hoy en día, es más peligroso ser mujer que ser soldado.

Dada la magnitud del problema y el reconocimiento internacional de que era necesario buscar una solución, fue aprobada por unanimidad en octubre de 2000 la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que reconoce que los hombres y las mujeres son afectados de manera diferente por los conflictos y la guerra, y que las mujeres no son sólo parte del problema sino también de la solución, ya que pueden contribuir a la consolidación de la paz.

Existen actualmente 15 operaciones de mantenimiento de la paz en curso en todo el mundo en las que participan 99 mil militares, y sólo el 3,6% son mujeres. Aún tenemos mucho camino por recorrer.

En este sentido, nos alegra que tres mujeres activistas que han tenido un rol muy especial en la pacificación de sus países, Ellen Johnson Sirleaf y Leymah Gbowee de Liberia, y Tawakkul Karman de Yemen hayan sido galardonadas con el Premio Nobel de la Paz 2011 este fin de semana. Pude conversar con ellas durante la ceremonia y reiterarles la importancia de su ejemplo para millones de mujeres en el mundo que están trabajando por sus países y comunidades y también quieren ser un aporte para la paz.

Brasil ha sido un promotor de la paz con sus fuerzas militares desde 1956, participando en más de 30 misiones de paz, además de poner énfasis desde su asiento en el Consejo de Seguridad, en el vínculo entre la paz, seguridad y desarrollo, jugando ahora un papel importante con respecto a la protección de las mujeres.

El Ejército brasileño ha sido pionero en permitir y fomentar desde comienzos del siglo pasado, en 1905, la entrada de mujeres en su Escuela de Comando y Estado-Mayor.

Hoy día se están graduando aquí en el curso de la Escuela de Comando y Estado-Mayor un grupo de mujeres médicos a quienes felicito por su generosidad y decisión. Una de ellas, la Mayor Carla Clausi, ha sido incluso condecorada como la primera de su grupo.

La Mayor Clara Clausi sirvió en Haití en 2008 y comento hace unos días a en un medio de comunicación, que la mayor emoción de su vida tuvo lugar cuando durante un rescate que duró más de seis horas, junto a un grupo de ocho enfermeros, consiguió salvar la vida de cuatro niños. Ella demuestra que, por medio de su trabajo, el compromiso de las mujeres con el respeto a los derechos humanos y también con sus comunidades son características fundamentales en actividades de pacificación y reconstrucción post catástrofe.

Muchos de ustedes ya han servido en áreas de conflicto o en áreas devastadas por catástrofes naturales, así que son testigos de cuán distinto es para un hombre y para una mujer estar en esas circunstancias.

La participación de las mujeres en los procesos de pacificación y estabilización ayuda a reducir la incidencia de los conflictos y enfrentamientos, promueve un mayor acceso y apoyo a las mujeres desplazadas y victimizadas por la guerra, la presencia de mujeres ayuda a empoderar a las mujeres en sus comunidades de origen, y aumenta la sensación de seguridad para la población local, particularmente para las mujeres y los niños y niñas.

Sabemos que una característica común a los dos contextos es la inseguridad para los civiles que viven en los territorios afectados, así como la impunidad. Tenemos la responsabilidad de proteger a los civiles, en todas las situaciones. Según el mandato y las reglas vigentes, las personas que actúan como cascos azules deben intervenir en todas las situaciones en que los civiles enfrentan agresiones, sean de combatientes o no.

El proceso de reconstrucción de territorios en pacificación se basa en tres pilares: recuperación económica, restablecimiento de la cohesión social y recuperación de la legitimidad política. Y las mujeres tenemos mucho que contribuir en los tres pilares, no sólo por una cuestión de derechos y justicia social, sino también porque con nuestra participación los resultados de la reconstrucción de las comunidades son más efectivos, legítimos y participativos.

Como decía, uno de los instrumentos internacionales que respaldan nuestra actuacion en este campo es la Resolución nº 1325 del Consejo de Seguridad, que reconoce la importancia de las mujeres en los procesos de paz y la necesidad de incorporar la perspectiva de género y a las propias mujeres en estos procesos.

Ya han pasado 10 años de la implementación de esta resolución y junto con las evaluaciones y ajustes necesarios que debemos proveer, en el próximo tiempo las intervenciones sobre “mujer, paz y seguridad tendrán mayor intercambio de experiencias, incorporaran prácticas exitosas, innovadoras y muchas de ellas testadas en Brasil. Vamos a aumentar la práctica de formar equipos conjuntos de protección, integrados no sólo por militares y policías, sino también por expertos civiles en protección, derechos humanos, género u otros, que están mejor preparados para comunicarse con la población civil y obtener mejor información, así como su confianza; preparación de módulos o talleres de capacitación para las tropas en género y prevención y respuesta a la violencia sexual en conflicto armado o cambios en las pautas de patrullaje para mejorar la protección de las mujeres y niñas, como se implementó en Haití, Darfur, el Congo.

Ustedes, como Tropas de Paz, juegan un rol central, y deben incorporar en su labor la lucha contra las desigualdades de género y contra las discriminaciones basadas en el sexo. Concretamente, pueden jugar el rol fundamental de proveer ambientes más seguros para las mujeres en situaciones de conflicto. En sus experiencias en terreno, pueden ayudar a difundir los argumentos en defensa de la participación de las mujeres en dichos espacios.

Desde ONU Mujeres, estamos en diálogo con el gobierno brasileño para seguir colaborando en todas las actividades del Centro Conjunto de Tropas de Paz, apoyando el trabajo que ya están llevando a cabo el Coronel Pessoa y su equipo, en los cursos y talleres de capacitación así como durante los Juegos Militares.

Quiero terminar mis palabras diciendo que ustedes tienen la gran responsabilidad cuando están en misiones de paz de intervenir para proteger a las mujeres, de actuar hombro a hombro con las mujeres en la reconstrucción de sus comunidades y países, y difundir el mensaje de que la igualdad de género es esencial para la democracia y la paz. Ustedes pueden ayudar a hacerlo realidad.

Muchas gracias.