Integración de la migración y de las remesas en la planificación del desarrollo nacional y regional de los países menos adelantados, incluyendo la perspectiva de género

Fecha : 12 May 2011

La Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, pronunció el discurso de apertura del evento “Integración de la migración y de las remesas en la planificación del desarrollo nacional y regional de los países menos adelantados, incluyendo mediante una perspectiva de género, durante la Cuarta Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Países Menos Adelantados (LDC-IV), Estambul, 12 de mayo de 2011.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Honorables Ministros, Excelencias, distinguidos colegas:

Es un privilegio y un placer unirnos a la Organización Internacional para las Migraciones, los Grupos de Estados de África, del Caribe y del Pacífico, los Gobiernos de Benín y de Filipinas, y la organización Women's World Banking en este panel sobre la Integración de la migración y de las remesas en la planificación del desarrollo nacional y regional de los países menos adelantados, incluyendo mediante una perspectiva de género.

La migración y el desarrollo atraen cada vez más la atención de diversos sectores, especialmente en lo que afecta a los países menos adelantados. Para ONU Mujeres ello supone dos elementos esenciales: proteger los derechos de las mujeres migrantes y permitirles contribuir más plenamente al desarrollo económico.

Quizá el aspecto más conocido del nexo entre la migración y el desarrollo sean las remesas, es decir el dinero que los trabajadores migrantes envían a sus familias o utilizan para invertir en pequeños negocios. Hay muchas historias de trabajadoras migrantes, incluso mujeres pobres que emigran para dedicarse al trabajo doméstico, que han vuelvo a sus países para comenzar un pequeño negocio — alquiler de rickshaws en Nepal, tiendas de comestibles en África, compra de terrenos agrícolas, inversión en tecnología agrícola y mejora de los ingresos agrícolas en Filipinas, negocios de guías turísticos o de tiendas de submarinismo en el Caribe — o que asumen un rol importante en la toma de decisiones de la familia y de la comunidad. Estas mujeres son modelos positivos para las jóvenes de sus comunidades, ayudando a mejorar los niveles de vida de las familias y de las comunidades, mejorando el capital humano y asumiendo funciones de liderazgo en el ámbito local.

Para los gobiernos, las remesas son también una fuente importante de divisas, que sirven para contrarrestar los déficits comerciales y reducir la presión sobre la moneda local. En la última década, las remesas han pasado a ser la segunda fuente de financiamiento exterior para los países en desarrollo, ya que las transferencias han excedido en mucho el volumen de la ayuda oficial y de las inversiones extranjeras directas en muchos países en desarrollo.

Para las familias y las comunidades, las remesas también representan relaciones a larga distancia de solidaridad y una obligación que conecta a las mujeres y a los hombres migrantes con sus familiares y amigos en su país de origen. Además, la migración también facilita la transferencia de ideas, habilidades, innovaciones, cultura — que son transferencias sociales — que cambian el modo de pensar y de relacionarse.

Sin embargo, todavía tenemos que comprender y maximizar todo el potencial y el impacto de la migración y de las remesas sobre el desarrollo, tomando en cuenta, entre otras muchas cosas, los costos y los beneficios de las mujeres migrantes y de sus familias, el riesgo social, económico y político de pasar a depender de las remesas, y las desigualdades potenciales que la migración y las remesas pueden generar en los contextos de origen.

Un indicador fundamental de los flujos mundiales de migración en la actualidad es la entrada de las mujeres, que representaron alrededor de la mitad de los 215 millones de migrantes internacionales estimados en 2010 [1]. Entre 1960 y 2005, la proporción de mujeres migrantes aumentó del 46,7 por ciento al 49,6 por ciento [2]. La mayoría de ellas migran actualmente buscando trabajo, sea temporal o a largo plazo. Se les contrata cada vez más para trabajos específicos de las mujeres en los sectores formales e informales de la industria manufacturera y los servicios, pero la gran cantidad de trabajadoras migrantes pobres se concentran en el extremo inferior de la jerarquía de trabajos sin protección, en los trabajos domésticos y en el sector de la hostelería.

A pesar de ello, las mujeres contribuyen considerablemente a los países de destino a través de su trabajo, habilidades y gastos, y a sus países de origen a través de las transferencias económicas y sociales. En la mayoría de los países, sin embargo, las informaciones sobre las remesas no están desglosadas por sexo, lo que hace difícil saber a ciencia cierta la cantidad de la contribución de las trabajadoras migrantes al desarrollo en sus países de origen.

Cuando existen datos o estudios, ellos señalan el potencial sin explotar de las remesas hechas por las trabajadoras migrantes. Los datos correspondientes a Nepal sugieren que las mujeres que trabajan en el extranjero enviaron 7,6 millones de rupias en 1997 al país, que es el 11 por ciento del total [3]. Cifras más recientes sugieren que las remesas hechas por las mujeres constituyen alrededor del 23 por ciento del PIB de Nepal [4]. Un estudio hecho en 2006 por el Banco Asiático de Desarrollo en Asia oriental y del sureste encontró que casi 2 millones de migrantes, en su mayoría mujeres, enviaron más de US$ 3 mil millones de Hong Kong, China, Japón, Malasia y Singapur, en un promedio de US$ 300 a US$ 500 por mes [5].

Estudios hechos por ONU Mujeres y por otras organizaciones indican que las mujeres generalmente ahorran y envían a sus casas una mayor cantidad de sus ganancias que los hombres, que son las que envían con más frecuencia y consistencia, manteniendo el apoyo a los niños y la familia incluso cuando la vida de pareja se deshace, y que están más dispuestas a responder a necesidades imprevistas, incluso de la familia más lejana. Independientemente de quién haga la remesa, las mujeres tienden a ser la mayoría de los que las reciben, sea porque están en situaciones vulnerables — viudas, divorciadas, enfermas o discapacitadas — o porque se les considera mejores administradoras, invirtiendo en la mayoría de los casos no en sí mismas sino en el bienestar de la familia o de la comunidad. Por el contrario, los hombres tienden a gastar más en productos de consumo o a hacer inversiones en propiedades o ganado, que a menudo no pasan a ser propiedad de las mujeres de quedar viudas o de divorciarse, o cuyos beneficios son muchas veces aprovechados de manera desigual dentro de la familia [6].

Muchas mujeres migrantes, especialmente las que tienen ocupaciones con mayores conocimientos, también se benefician del intercambio cultural, del contacto con nuevas ideas, habilidades, actitudes y conocimientos. Se hacen independientes y autosuficientes. Sus roles de sostén económico o de administradoras de las remesas les ha permitido adquirir un mejor estatus y tener mayor poder de decisión dentro de sus familias y comunidades, y ha transformado las relaciones entre los hombres y las mujeres. Sin embargo, esto depende de varios factores: el éxito económico de las mujeres migrantes, las oportunidades que tengan las mujeres de organizarse para el cambio, el grado de los esfuerzos por cooperar con los hombres, y la receptividad de las comunidades para aceptar, ser artífices y mantener el cambio.

Con todo, persisten dificultades a la hora de proteger el bienestar de las mujeres migrantes y de optimizar los beneficios que la migración otorga al desarrollo. La predominancia de las mujeres, muchas de las cuales son indocumentadas, trabajan en el sector informal sin protección y con poca paga, se ven atrapadas por las deudas y frecuentemente son víctimas de abuso, el alto costo de las transferencias y las dificultades para negociar procedimientos institucionales son algunos de los factores que reducen la productividad y el bienestar de las trabajadoras migrantes, y que disminuyen las cantidades que, si fuera de otro modo, podrían ganar y transferir.

Además, hay varias barreras estructurales para que las mujeres inviertan las remesas fuera del ámbito familiar: la orientación comercial de los bancos no considera a las mujeres con pocos ahorros una clientela meta, los requisitos colaterales o la necesidad de tener documentos con la firma de familiares hombres que obstruyen el acceso independiente al crédito de las mujeres, la falta de productos financieros en los que puedan invertir las mujeres o la escasez de conocimientos financieros de las mujeres, la falta de acceso de las mujeres a una guía para el desarrollo de empresas y la formación sobre el mercado adaptada a los negocios de las mujeres. Cuando las mujeres invierten las remesas en negocios, ellos tienden a ser pequeños por tratarse de capitales escasos, a depender del trabajo sin remuneración de los familiares, a verse entorpecidos por las múltiples funciones que tienen las mujeres, especialmente dentro de la casa, por la incapacidad de crecer o de generar empleos. Finalmente, las iniciativas de desarrollo por parte de las comunidades de la diáspora, por lo general, no van dirigidas a las mujeres ni son creadas e implementadas consultando a las mujeres locales.

¿Qué puede entonces hacerse para subvenir a esas dificultades? La ONU y otras entidades pueden trabajar juntas para ayudar a los gobiernos a:

  1. Recopilar y analizar los datos sobre la migración y las remesas desglosados por sexo, que ya existen en las encuestas de las familias, y usarlos para crear políticas y programas que saquen provecho de la contribución de las mujeres al desarrollo.
  2. Implementar políticas y programas que protejan el bienestar de las mujeres migrantes en todas las etapas de la migración. Algunos ejemplos de buenas prácticas son el programa de Sri Lanka para reducir la migración no documentada generando información sensible al género sobre el uso de canales legales para migrar, préstamos a bajo costo para evitar el endeudamiento, programas de formación antes de viajar que existen en Nepal, Sri Lanka y Filipinas que también se centran en cómo pueden protegerse las mujeres a sí mismas, ahorrar y hacer remesas seguras, y leyes y contratos laborales sensibles al género como los que cubren a los trabajadores domésticos en Jordania, Sudáfrica y otros países.
  3. Instar a los bancos y a las compañías de transferencias a reducir los costos de transacción de las remesas, a abrir el mercado a más participantes, como las instituciones de micro financiación, que están acreditadas para distribuir remesas en las áreas rurales y, por lo tanto, son más accesibles para las mujeres rurales, y a utilizar nuevas tecnologías como las transferencias por telefonía móvil y por tarjeta, que pueden ser especialmente beneficiosas para las mujeres en ciertos contextos.
  4. Promover los conocimientos financieros de las mujeres, facilitar la introducción de una serie de productos financieros en los que puedan invertir las mujeres, promover las empresas de mujeres a través de políticas, leyes y servicios institucionales sensibles al género.
  5. Alentar la inversión de la diáspora en iniciativas de desarrollo sensibles al género o dirigidas a las mujeres, en consultación con las mujeres locales.

Las remesas pueden contribuir muy eficazmente al desarrollo sostenible si las políticas y los programas aprovechan éstos y otros recursos para atender los obstáculos estructurales y las desigualdades, incluyendo las desigualdades entre los géneros, con el fin de promover un desarrollo humano equitativo. Los aspectos importantes de dichas políticas deben ser un mejor acceso de las mujeres y un mejor control de los bienes productivos, capacitación en vistas de obtener un empleo y creación de más empleos decentes para las mujeres. Mientras las mujeres invierten las remesas para educar a sus niños, incluyendo a sus hijas mujeres, por ejemplo, la falta de oportunidades de trabajo implica que tienen muchas probabilidades de emigrar buscando trabajo, lo que perpetuará el ciclo de las migraciones.

Para terminar, quiero decir que ONU Mujeres se ha comprometido a fortalecer su colaboración con los socios que trabajan en materia de migración, remesas y desarrollo de las mujeres, incluyendo a los gobiernos, el sector privado, la ONU y las organizaciones regionales, para alcanzar esos resultados. Espero en especial afianzar la asociación con la OIM y trabajar con los miembros de este panel.

Notas:

  1. OIM, 2010. Informe sobre las Migraciones en el Mundo 2010.
  2. Naciones Unidas, 2006. Trends in Total Migrant Stock: The 2005 revision. Documento en CD-ROM.
  3. Seddon, D, et al., Migración de mano de obra al extranjero y la economía de las remesas de Nepal, Critical Asian Studies, 34:1(2002); en ONU Mujeres, Claim and Celebrate Women Migrants' Human Rights through CEDAW.
  4. Presentación de P.C. Bhattarai, Co-secretario, Ministerio de Trabajo y de la Administración del Transporte de Nepal, en la consulta regional de ONU Mujeres sobre el empoderamiento de las trabajadoras migrantes, agosto de 2010, Delhi, India.
  5. BAD, 2006. Flujos de remesas de los trabajadores en el Sureste de Asia.
  6. ONU Mujeres, Ministerio de Asuntos Exteriores y de Coordinación, AECID, 2008. Cruzando Fronteras II, Migración y desarrollo desde una perspectiva de género; y ONU Mujeres, 2009, Las dimensiones de género de las remesas: estudio de las trabajadoras domésticas de Indonesia en Asia oriental y del Sureste.