Michelle Bachelet se dirige al Congreso de los Diputados de España

Fecha: 30 May 2011

Discurso pronunciado por la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres Michelle Bachelet frente al Congreso de los Diputados en Madrid el 30 de mayo de 2011.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Excelentísimo Sr. Presidente del Congreso de los Diputados,
Excelentísimos Señoras y Señores Presidentas y Presidentes de las Comisiones de Cooperación e Igualdad del Congreso de los Diputados y Senado,
Excelentísimas Diputadas, Diputados, Senadores y Senadoras,

Quisiera iniciar mis palabras agradeciendo la oportunidad que me brindan en mi calidad de Secretaria General Adjunta de ONU Mujeres de compartir algunas reflexiones sobre el enorme desafío que hoy representa para nuestras sociedades trabajar por la inclusión y la participación como pilares esenciales para el vigor y la fuerza de la democracia.

Inclusión y participación que en mi caso — y bajo el mandato de Naciones Unidas — está enfocado prioritariamente a las mujeres: a las mujeres jóvenes, a las niñas, profesionales, trabajadoras, madres, mujeres mayores, mujeres indígenas, desempleadas, inmigrantes. Todas y cada una de ellas ya no solo buscan tener una vida sin violencia y dejar de ser víctimas de abusos constantes; reclaman, como nunca en la historia, su derecho a ser protagonistas de su vida y protagonistas de la marcha de sus comunidades y de sus países.

Y esta mañana quisiera hacer llegar — a través de ustedes como sus representantes — a la ciudadanía española primero nuestra gratitud por su apoyo constante a las labores de nuestra misión que es el empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género. Pero lo que es igualmente importante, rendir cuentas del uso y la dirección que han tenido los recursos económicos entregados por la cooperación española para nuestras tareas.

La sociedad española, en su conjunto, tiene una vocación de ayuda y de colaboración con otros países que destaca por sobre el resto.

No es fácil mantener la ayuda internacional cuando una crisis económica de las dimensiones que conocimos y que aún impacta a muchas economías del mundo, también golpea a nuestras puertas.

Señorías: España ha mantenido su compromiso con la comunidad internacional a través de la cooperación en los buenos momentos y en los malos momentos, y lo ha hecho además de manera transversal, apoyada por todas las fuerzas políticas y con el legítimo aliento de sus ciudadanos y ciudadanas.

Miraba una encuesta que decía que este mismo año un 67 por ciento de la ciudadanía española sigue considerando que España debe cooperar internacionalmente para ayudar a solucionar los problemas que tienen los países menos desarrollados, aunque ello tenga costes. Es una respuesta que no sería posible encontrar en muchas sociedades y que merece todo mi respeto, reconocimiento y agradecimiento al principio de solidaridad que exhibe la sociedad española.

Ustedes tienen, qué duda cabe, un capital social inapreciable.

Hoy estoy aquí para explicarles los resultados que hemos conseguido y nuestras aspiraciones, para rendir cuentas ante todos y todas ustedes sobre la eficacia de nuestro trabajo y para seguir manteniendo una relación estratégica con España en materia de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres en el mundo.

El pasado 2 de julio de 2010, la Asamblea General adoptó por unanimidad una resolución histórica estableciendo la Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres, ONU Mujeres. Como su Directora Ejecutiva y Secretaria General Adjunta se me encomendó dar un salto cualitativo en la búsqueda de la protección y promoción de los derechos de las mujeres y las niñas en el mundo entero.

No empezamos el trabajo de cero. Nos preceden años de experiencia de organizaciones en Naciones Unidas como el Fondo de Desarrollo de Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM), el Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW), la Dirección de Avance de las Mujeres y la Oficina del Asesor Especial en cuestiones de género (OSAGI), junto al trabajo incansable de miles de organizaciones sociales presentes en todos los países del mundo.

ONU Mujeres tiene el mandato de trabajar y estar presente tanto en los países en vías de desarrollo como en aquellos desarrollados. Tenemos obligación de trabajar con todos.

Señorías, somos por tanto colaboradores necesarios para conseguir el empoderamiento de las mujeres en España, en Bruselas, en Bolivia, Egipto, Nigeria, o Filipinas por citarles algunos ejemplos.

Las prioridades estratégicas que hemos definido para ONU Mujeres incluyen el empoderamiento económico de las mujeres, el liderazgo y participación política, la erradicación de la violencia, el trabajo de la defensa de los derechos de las mujeres en situaciones de conflicto y post conflicto, y la inclusión de la igualdad de género en la planificación nacional de desarrollo de nuestros países.

Conseguir estos objetivos es una cuestión de justicia pero también una política inteligente para mejorar la calidad de nuestras democracias, la calidad de la vida, la sociedad de bienestar y la creación de riqueza. Eliminar la desigualdad de género permite eliminar el resto de las desigualdades. El empoderamiento de las mujeres y la igualdad de género no es una política sectorial, es una política integral que debe guiar todas las demás políticas y un eje de cualquier agenda política, independientemente de una u otra ideología. La igualdad de género es una política de Estado que requiere un gran consenso entre fuerzas políticas, una hoja de ruta de desarrollo de la misma y un cambio estructural en las sociedades que no tiene marcha atrás.

Porque cuando hablamos de empoderamiento económico de las mujeres hablamos de mayor renta per cápita, de mejor desempeño en el caso de las empresas que tienen más mujeres en sus consejos de administración (estudio Fortune 500 de 2007) de acceso a crédito y otros activos, mayor calificación. A mayor beneficio de las mujeres, menor mortalidad materna, menor mortalidad infantil, mayor nutrición infantil, menos riesgo de VIH y mayor seguridad alimentaria. En definitiva, cuando se empodera a una mujer se empodera a toda la comunidad.

Conocemos que donde hay más mujeres en las instituciones hay mejor representación, más transparencia y más sistemas de rendición de cuentas. Por ello nuestro trabajo consiste en profundizar la democracia, hacer que nuestros sistemas políticos de manera real representen a los hombres y mujeres, se ocupen de sus problemas y se haga de una manera participativa. El debate, las ideas y la acción deberían marcar nuestra gestión.

Sin embargo, sigue siendo la violencia la pandemia que más mujeres mata en el mundo. Mueren a manos de sus parejas, de sus ex parejas, son utilizadas como armas de guerra, son violadas como recompensa, son entregadas como premio o vendidas, se trafica con ellas.

Tenemos muchos retos y uno de ellos es el empoderamiento de las mujeres en el ámbito de la participación política. Hoy lo vemos en los países de la llamada “primavera árabe. En Túnez y en Egipto y también en otros países de la región donde las mujeres han salido y están saliendo a la calle a reclamar libertad, ciudadanía y justicia social, ONU Mujeres está trabajando para que las mujeres de base en todos estos países puedan ser ciudadanas, tener derechos, y participar también en las transiciones, los cambios constitucionales y estar participando activamente en las instituciones.

Para ello trabajamos con la sociedad civil de esos países, con sus movimientos de mujeres de base, intercambiamos experiencias de Sur a Sur con transiciones como la de España o Chile y también colaboramos con la comunidad internacional para apoyar las iniciativas que los y las ciudadanas en estos países quieran ir decidiendo.

Un buen ejemplo de esto es el taller que hemos organizado el pasado viernes aquí en España con los responsables de la cooperación española de los países del Norte de África y de Medio Oriente y con las representantes de ONU Mujeres en esos países, para aumentar nuestra eficacia y conseguir el objetivo de apoyar a las mujeres en la región.

Dicho esto se preguntaran cómo vamos a conseguir el cumplimiento de estos objetivos, cómo vamos a trabajar con la necesaria coherencia dentro del sistema de Naciones Unidas para no duplicar los esfuerzos entre agencias, qué relación vamos a tener la cooperación multilateral con la colaboración bilateral en este caso española, y cuáles son los mínimos recursos materiales y humanos que necesitamos para avanzar en ese salto cualitativo en igualdad de género que llevamos grabado internamente muchos hombres y mujeres en el mundo, y por cierto quienes trabajamos en el ámbito de los derechos humanos.

Sobre el presupuesto de ONU Mujeres, se ha considerado un mínimo a recaudar de 500 millones de dólares para 2013. En esta tarea estamos abocados como equipo, sabiendo que contamos con la ayuda de instituciones, empresas y sociedad civil. Pero es un trabajo en desarrollo y la meta no es fácil.

Antes de proseguir quisiera en esta casa reconocer la labor que una española, Inés Alberdi, llevó a cabo como Directora en UNIFEM, desde 2008 hasta la creación de ONU Mujeres. Durante esos años hubo un importante crecimiento de los programas en ámbitos como el empoderamiento económico, político y la lucha contra la violencia, ampliándose además a muchos más ámbitos geográficos.

En lo que se refiere a las contribuciones de España y a sus resultados hagamos una pequeña historia.

Las contribuciones de España a la entonces UNIFEM tiene ya varios años, creciendo paulatinamente hasta convertirse en el primer donante de UNIFEM en 2008. Al año siguiente se firma el acuerdo estratégico para tres años (2010 a 2012) por un valor de 95 millones de euros, y cuyo objetivo principal es fortalecer la función y capacidad estratégica de ONU Mujeres para apoyar a los países y al sistema de la ONU en la incorporación de metas de género, dentro del marco de los principios de la Declaración de París y del Programa de Acción de Acra.

El Acuerdo se enfoca en las siguientes prioridades estratégicas compartidas:

  • Reducir la feminización de la pobreza y la exclusión de las mujeres, mediante la mejora de su seguridad y derechos económicos;
  • Reducir los índices de violencia contra las mujeres y las niñas;
  • Lograr la igualdad de género en la gobernabilidad democrática, mediante el apoyo al liderazgo de las mujeres en la gestión pública y la consolidación de la paz en zonas de conflicto y post conflicto.

Si bien hemos trabajado en diferentes ámbitos geográficos, hay una clara atención para los programas en América Latina, lo que por cierto agradezco en nombre de esa “mi querida región.

Señorías, dicho ello quisiera también reseñar que ONU Mujeres se encuentra en el puesto número 11 de las contribuciones de la cooperación española a otras agencias hermanas del sistema sea el PNUD (9,7%), UNICEF (5,8%), FIDA (3,4%), FAO (3,3%); recibimos alrededor de un 2,5 por ciento de la contribución multilateral de España.

Queremos generar un cambio cultural, cambiar prácticas y comportamientos que en muchos casos están muy arraigados en nuestra sociedad. No es tarea fácil ni es una tarea visible en el corto plazo.

Pero ya vemos cambios concretos en el mundo y tenemos resultados específicos derivados de sus contribuciones. Por ejemplo, 140 países han adoptado leyes contra la violencia sexual, 103 países tienen leyes contra el acoso sexual. Hay leyes de igualdad de género en 67 países y es, en el caso de la participación política de las mujeres, donde mejor poder evaluar su mejora.

En 20 años, entre 1975 y 1995, el aumento de las mujeres en los Parlamentos del mundo fue sólo de un 1 por ciento. Entre 1995 y 2009 ese porcentaje de participación ha crecido del 11,6 por ciento al 19 por ciento. El aumento ha sido importante, sin embargo menos del que nuestras sociedades y comunidades demandan.

Quisiera brevemente comentarles algunos de los resultados directos que tenemos como ONU Mujeres en estos últimos 2 años.

Desarrollamos el Programa Mundial Ciudades Seguras para Mujeres y Niñas junto a HABITAT (Naciones Unidas) que encubre en estos momentos cinco ciudades: Quito (Ecuador), El Cairo (Egipto), Nueva Delhi (India), Port Moresby (Papúa Nueva Guinea) y Kigali (Ruanda). El objetivo del programa es generar un modelo replicable por parte de alcaldías y municipios del mundo para reducir el acoso y la agresión sexual en espacios públicos. Se ha realizado el diseño de evaluación de impacto de este programa y se ha convenido como uno de los objetivos del nuevo Plan Estratégico que se pueda replicar a 35 ciudades.

Implementamos una plataforma web con un Centro Virtual de Conocimiento para Poner Fin a la Violencia contra las Mujeres y Niñas. La plataforma es única en su tipo y reúne las estrategias más efectivas y el conocimiento acumulado de la experiencia de diversos países a disposición de redes de ONG, medios de comunicación, centros de estudios, legisladores y público en general.

El Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres canaliza recursos técnicos y financieros a gobiernos y organismos de la sociedad civil, lo que nos ha permitido apoyar desde 1996 a 317 programas en 124 países y territorios con casi 60 millones de dólares.

En materia de empoderamiento económico se está trabajando con trabajadoras domésticas, mujeres que realizan trabajos informales, mujeres migrantes y su aporte a la economía, junto con la producción de indicadores desagregados por sexo, raza y etnia que permitan visibilizar la problemática y entregar información para generar programas o políticas públicas que se hagan cargo de esta situaciones.

Quiero — particularmente — referirme al Fondo para Ia Igualdad de Género, cuyo principal donante es España y que ha iniciado exitosamente su primer año de funcionamiento con un objetivo definido: apoyar proyectos de la sociedad civil que estén orientados al empoderamiento económico y político de las mujeres en el mundo.

Difundimos en cinco idiomas y a través de una plataforma digital la convocatoria, y les puedo informar que la demanda ha superado el capital disponible, que es de 69 millones de dólares. Recibimos más de 1.200 solicitudes por un monto de 3 mil millones de dólares, y participaron 127 países.

Esto es, señores parlamentarios y parlamentarias, un éxito sin precedentes. Para conseguir una evaluación justa y transparente de propuestas tan numerosas, se impulsó un proceso abierto en el que 39 personas expertas en igualdad de género de todas las regiones del mundo valoraron las peticiones bajo criterios empíricos.

Como resultado de este procedimiento, durante el primer ciclo de subvenciones, el Fondo otorgó 37,5 millones de dólares para impulsar 40 programas en 35 países. Algunos ejemplos:

En Liberia, más de 9.000 liberianas y sus familias contarán con una fuente solvente de ingresos en la medida en que se reactiven sus mercados en un plazo de cuatro años. En Egipto, Brasil, Filipinas y Camerún se trabaja con y para que las trabajadoras domésticas y las mujeres empleadas en el sector informal se organicen y se les reconozcan sus aportes a la economía y sus derechos laborales.

En Marruecos, las mujeres que viven en 13 comunidades de los oasis están alcanzando su independencia y su fuente de ingresos gracias a sólidas cooperativas. En Ghana, activistas de los derechos de las mujeres han conformado la única coalición de mujeres que participa como organización experta en cuestiones de género en el Comité Nacional de Ghana sobre Cambio Climático.

En Bosnia y Herzegovina, 180 mujeres jóvenes adquirieron habilidades en liderazgo para la negociación, las relaciones públicas y las campañas para la igualdad de género. En China, las mujeres de tres provincias rurales reclaman un lugar en el espacio político y exigen capacitación para las candidatas con el fin de conseguir una mayor participación en los procesos gubernamentales de toma de decisiones. En Sri Lanka, mediante un gran esfuerzo multimedia, se prepara a las mujeres de minorías étnicas para que se presenten como candidatas en las próximas elecciones.

El programa de Afganistán trabaja sobre el derecho de las mujeres a la propiedad y la herencia. En los Territorios Palestinos ocupados, seis cooperativas comunitarias trabajan para reclamar sus derechos económicos y políticos. El programa de México apoya la gestión de las mujeres dentro de una de las asociaciones rurales de agricultores.

Estos son algunos ejemplos que permiten visualizar de qué estamos hablando cuando nos referimos al apoyo en el empoderamiento de mujeres en el área económica y política.

Hay una cuestión, sin embargo, que necesitamos mejorar aún más y está dentro de nuestros desafíos para esta naciente ONU Mujeres: los mecanismos de seguimiento y evaluación.

Queremos priorizar la evaluación de lo que hacemos; queremos que análisis rigurosos por parte de expertos estudien qué es lo que funciona para el avance de la igualdad de género y debe ser replicado y mejorado y qué debemos cambiar para tener mayor impacto.

Esta es una preocupación que tenemos todos los que nos ocupamos de igualdad de género tanto en la política interna así como en la política de cooperación, pues es fundamental saber cuáles son los programas y medidas que tienen más y mejor impacto.

Hemos realizado y difundido 8 documentos con evaluaciones corporativas, cuyos resultados son accesibles públicamente como medida de transparencia. Estas evaluaciones nos evidencian importantes conclusiones que servirán asimismo para orientar nuestra actuación a futuro; me gustaría aquí resaltar cuatro elementos fundamentales:

  1. las evaluaciones concluyen que la organización ha sido relevante en responder a las necesidades nacionales, y eficaz en contribuir a la creación y aprobación de marcos normativos nacionales en ámbitos como la eliminación de la violencia de género o los derechos a la propiedad; pero demuestran que aún existen debilidades en la aplicación e implementación de estas leyes para garantizar una igualdad real y son necesarias medidas específicas;
  2. demuestran que la organización ha sido eficaz en el fortalecimiento de capacidades a nivel macro en las propias instituciones, lo mismo con las organizaciones de mujeres y colectivos de mujeres a nivel comunitario; eficaz generando espacios de diálogo entre la sociedad civil y los gobiernos y mecanismos de rendición de cuentas; sin embargo, debemos generar estrategias de más largo plazo para el fortalecimiento de capacidades;
  3. indican que los cambios producidos por los programas tienen serios riesgos de sostenibilidad, un reto por cierto común en políticas sociales, y que en la mayoría de los casos requerirán de apoyo técnico y financiero sostenido; y por último,
  4. arrojan evidencias sobre la necesidad de avanzar en las herramientas con las que contamos para medir avances en la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres que sean capaces de captar cambios a mediano y largo plazo, y en la necesidad de fortalecer nuestras capacidades internas para avanzar en este sentido.

Señorías, quizás consideren me he excedido en mi intervención sobre el pasado, pero queremos que ustedes tengan la confianza que de forma transparente rendimos cuentas ante los representantes de la ciudadanía que nos aportan estas importantes contribuciones para que podamos ayudar a las mujeres de otros países. Esta es la base de la relación estratégica que queremos seguir manteniendo desde ONU Mujeres con España y con todos los demás donantes.

Hemos decidido avanzar aún más y establecer metas concretas y mensurables. Además de las prioridades señaladas estamos sometiendo a la discusión de la Junta Ejecutiva, que cada una de las prioridades señaladas tengan resultados concretos sobre lo que se evaluará nuestro trabajo en el marco de seis años. Por ejemplo, para finales de 2017 tenemos que conseguir un aumento del 30 por ciento de representación de mujeres en los parlamentos nacionales y consejos municipales, en al menos un 30 por ciento de países donde haya programas de Naciones Unidas.

Para el 2017 al menos 20 países más — donde trabaja Naciones Unidas — habrán reforzado la protección social de las mujeres en el sector de trabajo informal, especialmente para mujeres migrantes y trabajadoras domésticas.

Y así podría citarles, aunque todavía no está aprobado por la Junta Ejecutiva, alrededor de 30 resultados concretos con fechas, metas específicas y que tocan terreno firme en cuanto a la eficacia de los derechos de las mujeres se refiere.

Igualmente queremos tener resultados concretos en la manera de gestionar nuestro trabajo internamente, para lo cual hemos fortalecido nuestras capacidades así como una mayor colaboración en el seno del sistema de Naciones Unidas para conseguir más cohesión y eficacia en el trabajo conjunto de las distintas agencias.

No queremos ningún solapamiento, ni una sola duplicación ni una sola merma de la eficacia del trabajo del sistema en la consecución de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

Y esto me lleva a explicarles una de las novedades de ONU Mujeres, en este caso de mi cargo como Secretaria General Adjunta. De conformidad con la resolución del 2 de julio de 2010, tenemos también el rol de velar porque las distintas agencias en su ámbito de actuación atiendan y subrayen la tarea de la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres. No es un papel de policías vigilantes, pero sí de promotores eficaces de la igualdad de género en todas las agencias.

No es gratuito que la creación de ONU Mujeres se encuentre inserta en la resolución cuyo título es “Coherencia en todo el sistema porque en definitiva ONU Mujeres es la primera gran reforma del sistema de Naciones Unidas al objeto de mejorar su eficacia y conseguir la mayor coherencia y eficacia en su funcionamiento.

Nos satisface que seamos esa primera gran reforma porque ello implica grandes esperanzas y expectativas puestas en nuestra entidad. Esperanzas que han depositado Gobiernos, instituciones y sociedad civil, porque si en el apoyo de todos los agentes no hubiera sido posible este cambio.

Y queremos que todos estos actores nos sigan acompañando. Con los Gobiernos en la Junta Ejecutiva el dialogo está siendo muy fructífero, y quiero asegurarles que España está siendo un gran aliado en la puesta en marcha de la nueva entidad. Agradecemos formalmente aquí en el Parlamento este apoyo.

Hemos articulado también mecanismos de consulta con la sociedad civil para elaborar nuestro Plan Estratégico, y aquí en España han participado numerosas organizaciones a las que en esta misma visita queremos corresponder, informando sobre lo que está debatiendo y se va a aprobar.

Es en este contexto que queremos renovar nuestra apuesta estratégica con España. No sólo cumplir el Acuerdo Estratégico ya firmado, sino ir más allá en aplicación de ese carácter universal que tenemos como entidad.

España es un referente en las políticas públicas para la igualdad de género y empoderamiento de las mujeres. No es extraño que se sitúe entre esa minoría de 28 países que tienen más de un 30 por ciento de mujeres en el Parlamento; cuente con políticas públicas avanzadas en la eliminación de la violencia de género (aunque ésta sea una lacra global difícil de erradicar); o que la Ley de Igualdad recoja medidas importantes para avanzar en empoderamiento económico de las mujeres.

Es por ello que nos gustaría proponer a las diferentes instituciones competentes que se impulsara, con nuestro acompañamiento, la creación de un Centro Mundial de Conocimiento de las Políticas Públicas para la Igualdad de Género y Empoderamiento de las Mujeres. Recoger lo que las diferentes administraciones públicas en el Estado Español, desde el Gobierno de España hasta los Gobiernos de las diferentes Comunidades Autónomas y las Entidades Locales están haciendo y promoviendo para las mujeres, y gestionar la distribución e intercambio de experiencias y conocimiento con otras administraciones en el mundo.

Un centro mundial de conocimiento situado en España permitiría generar un tipo de cooperación y de colaboración con el mundo que sin duda marcará precedente.

Soy muy consciente que queda mucho por resolver, también en España. Muchísimas mujeres viven agobiadas porque a la hora de repartir tareas domésticas son ellas las que les dedican cinco horas al día, y sus compañeros varones no llegan a las dos horas. Conciliar la responsabilidad de la familia, de los quehaceres domésticos, la crianza de los hijos, el cuidado de los enfermos o las personas mayores debe ser una responsabilidad compartida.

Hay situaciones sociales nuevas a las cuales debemos ponerles atención: en España un 25 por ciento de los abuelos (o diríamos quizás más abuelas) se ocupan diariamente de sus nietos, y la pregunta que debemos hacernos como sociedad es, ¿de qué manera colaboramos con ellos? ¿Cómo seguir avanzando para que no haya ni una sola muerte por violencia de género, y en el caso desgraciado de que exista, cómo dotar de protección, otorgando toda la ayuda necesaria para la reparación de las víctimas, lugares de acogida, atención a la familia, etc.?

Por ello queremos colaborar con las instituciones, con el Gobierno, y también con el Parlamento. Como ya les propuse en la Asamblea General de la Unión Inter Parlamentaria realizada hace unos meses en Panamá, nos gustaría articular un diálogo con el Parlamento al inicio de la legislatura, un diagnóstico que nos permita saber cómo podemos colaborar en el empoderamiento de las mujeres españolas en la consecución de la igualdad de género.

Señores parlamentarios y parlamentarias, quiero concluir como inicié, con la expresión del agradecimiento a la sociedad española en su conjunto, a través de todos los partidos políticos, autoridades y sociedad civil, por apoyar firmemente esta causa de justicia social, de solidaridad entre sociedades y de avance del bienestar en el mundo.

Muchas gracias.