Forjando la democracia: reflexiones sobre Chile

Fecha : 16 January 2012

Alocución de Michelle Bachelet, Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en el Panel sobre Transiciones Democráticas que tuvo lugar en la Universidad Americana de Beirut, el 15 de enero de 2012.

[Cotejar con el texto pronunciado]

Buenas tardes. Es un placer estar hoy aquí, en esta reconocida institución de estudios superiores, la Universidad Americana de Beirut, y dirigirme a ustedes para hablarles de la transición democrática y presentarles algunas reflexiones sobre mi propia experiencia en Chile, mi país de origen.

Para algunos la Primavera Árabe es ahora el Otoño Árabe. Sin duda es un título que atraerá lectores, pero creo que es prematuro hacer este tipo de declaración y, en todo caso, no corresponde extender la consideración a toda una región, porque cada país es un caso aparte.

Personalmente he pasado por una dictadura y he participado en la larga y difícil transformación para alcanzar la democracia. Debo admitir que soy optimista, aunque también soy realista y he aprendido que el cambio no se da de un día para otro. Una sola acción puede hacer, fácil y rápidamente, que todo se derrumbe, pero la democracia debe ser forjada desde abajo, poniendo bloque sobre bloque, y esta construcción de las instituciones, este cambio, lleva tiempo.

Del mismo modo que llevó tiempo para que se manifestase la convulsión en el mundo árabe, también la transición democrática llevará tiempo. Hay una cierta similitud entre la insurrección árabe y la transición europea después de que cayera el muro de Berlín en 1989. La estimulante y contagiosa naturaleza de los levantamientos del año pasado es similar a la de las revoluciones que pusieron fin al comunismo en Europa.

Si bien las protestas se centraron en exigir libertad y democracia, otra motivación en el mundo árabe fue el descontento económico, tema que tiene que ser atendido con decisión para poder avanzar.

El mundo árabe tiene una de las poblaciones más jóvenes del mundo, y nadie que haya visto imágenes de los levantamientos democráticos de la región pudo no haber notado a los jóvenes, tanto mujeres como hombres, firmes en primera línea de las manifestaciones. El cambio se ha conseguido gracias a que la gente se manifestó a favor de la dignidad y de la justica, de la reforma y de la participación, y esta lucha y determinación continúa e inspira esperanzas para el futuro.

Yo fui testigo de la revolución y de la lucha por la democratización que están atravesando muchos países árabes, desde una óptica chilena, desde la perspectiva de alguien que soportó un régimen atroz. Por lo tanto, quiero hacerles partícipes de algunas reflexiones sobre la experiencia chilena que creo son importantes lecciones que hay que aprender.

La dictadura en Chile duró 17 años, de 1973 a 1990, y durante ese tiempo ejerció un férreo control político y social que resultó en violaciones sistemáticas de los derechos humanos, miles de muertes, decenas de miles de casos de tortura y cientos de miles de personas forzadas al exilio. Sin embargo, en el caso de Chile, hay que hablar también de un proceso de restablecimiento democrático, lo que es importante tener en cuenta porque el país tenía una estructura política y social que servía de apoyo al proceso. Es importante recordar que Chile tenía una larga tradición democrática antes del golpe de estado de 1973.

La dictadura entreabrió una puerta al cambio a los siete años de comenzar su mando: en 1980 la dictadura instauró una nueva Constitución que especificaba que se celebraría un plebiscito en 1988 para consultar a los ciudadanos sobre si el régimen tenía que continuar hasta 1997. La oposición a la dictadura decidió participar en el plebiscito e hizo un llamamiento al pueblo chileno a movilizarse y votar NO a la continuación del poder de Augusto Pinochet. Los resultados son bien conocidos: ganó el NO y Pinochet no tuvo más remedio que abandonar el poder un año más tarde.

¿Cuáles son para mí las principales lecciones que nos brinda este proceso? Permítanme mencionar cinco.

Primero: tratar de lograr la unidad de las fuerzas democráticas

Hasta 1982 o 1983, la oposición a Pinochet estaba dividida en varios grupos, pero lo único que se consigue a través de la división de las fuerzas democráticas es fortalecer las fuerzas que no son democráticas. Sólo en 1984 comenzó el proceso de diálogo y reorganización de la oposición alrededor de un proceso común. No fue fácil. Mi partido, por ejemplo, se unió a la estrategia de la oposición sólo hacia fines de 1987.

Lo que es importante señalar es que se necesitó una enorme cantidad de trabajo político para lograr ese acuerdo. La transición requirió miles de reuniones políticas, miles de seminarios, viajes por todo el país, y reuniones con líderes sociales y sindicales para convencerles de aceptar la estrategia. Al principio ni siquiera estábamos de acuerdo sobre cómo gobernar una vez que hubiésemos vuelto a la democracia, pero el proceso, en nuestro caso de vencer a la dictadura a través de elecciones, era claro.

Eso muestra la importancia del liderazgo político. Las manifestaciones pueden surgir espontáneamente - eso es bueno - pero el proceso y el futuro gobierno democrático no lo harán; tienen que ser dirigidos.

Segundo: acordar las reglas constitucionales de la transición

En el caso de Chile, hubo una negociación con el gobierno militar después del plebiscito en 1988 y antes de que el régimen abandonara el poder, para cambiar algunos aspectos de la Constitución que limitaban la soberanía popular. Fue sobre esa base que se hizo la posterior democratización.

Quisiera aclarar algo: estas reglas pueden gustarnos o no - se justificaría discutir sobre su legitimidad - y recuerden que en el caso de Chile la base jurídica de la transición fue la Constitución del propio Pinochet, pero lo que sí es esencial es disponer de un marco que defina el territorio, un marco que permita avanzar hacia la normalización de las instituciones democráticas.

En la situación ideal, los países tendrían que decidir sobre ciertos aspectos básicos de la funcionalidad en el proceso de establecer el marco constitucional para la transición, definiendo, por ejemplo:

  • Un calendario para todo el proceso de democratización, desde lo más alto del poder ejecutivo a las autoridades locales.
  • La forma de gobierno, ya sea presidencial, parlamentario o ambos.
  • La cantidad de miembros de la legislatura, el sistema electoral, la delimitación de los distritos y el establecimiento de un proceso electoral que garantice la transparencia.
  • Sistemas electorales de justicia.

Tercero: tener presente las instituciones a largo plazo

Todo aquél que piense que la estandarización institucional de un país se trata únicamente de organizar elecciones se equivoca. Los gobiernos autoritarios dejan su marca en muchas otras instituciones.

En Chile, por ejemplo, una de las tareas fundamentales del primer gobierno democrático fue precisamente lograr esa estandarización, cambiar las leyes, modificar los procedimientos y nombrar a otras personas para cada institución. Una medida necesaria para garantizar que haya transparencia, que es además la mejor herramienta para evitar la corrupción, es la rendición de cuentas y la reforma de la administración pública para garantizar eficiencia y eficacia.

En algunas áreas hay que dar el brazo a torcer, temporalmente. Por ejemplo, no es un secreto para nadie que Pinochet siguió siendo Comandante en Jefe del Ejército durante ocho años porque así lo estipulaba la Constitución. Sin embargo, la meta final de los gobiernos democráticos es lograr una obediencia total de la autoridad civil por parte de los militares, lo cual finalmente se consiguió.

Cuarto: tener presente que democracia es sinónimo de paz y de bienestar

Es importante no olvidar que, a menudo en estos procesos, las personas han pasado largos períodos de inestabilidad y de miedo.
El caso de Chile es el ejemplo perfecto. Los estudios sobre la opinión pública realizados a fines de la década de 1980 mostraron que, de acuerdo a lo expresado por las personas, lo que éstas más deseaban era vivir tranquilas y en paz de una vez por todas. Nuestro pueblo sufrió enormemente bajo el régimen dictatorial, y lo último que quería era que el conflicto político se prolongase indefinidamente.

En este hecho encontramos un doble llamamiento a las fuerzas democráticas: uno es el de prevenir que vuelva a darse la violencia, de cualquiera de las partes, y otro el de poder garantizar la paz y el orden dentro del marco del nuevo gobierno democrático.

También es importante lograr niveles razonables de crecimiento y de bienestar para la población. Les contaré una anécdota de Chile: el eslogan de la campaña de 1988 “NO a Pinochet era “la alegría ya viene. Sin embargo, poco después de iniciado el primer gobierno democrático, comenzaron a aparecer grafitis en la capital que decían “la alegría nunca llegó.

Por lo tanto, los países tienen que tener especial cuidado de crear las condiciones necesarias para que el nuevo gobierno ejerza sus poderes eficazmente desde un principio, porque de lo contrario la falta de satisfacción del pueblo con el gobierno se puede transformar en una falta de satisfacción con la democracia.

Quinto: no olvidarse que a los ojos, las mentes y los corazones de la gente, la democracia debe ser justa

En este sentido la democracia debe saber cómo establecer la verdad, investigar y castigar las violaciones a los derechos humanos cometidas en el pasado y crear los mecanismos necesarios para las reparaciones y la justicia. La democracia debe saber cómo hacer que impere la justicia ya que ésta es la razón por la que es un modo éticamente superior de gobernar.

En el caso de Chile, el camino llevó muchos años, casi diez. Comenzó con una Comisión Nacional de Verdad que estableció los hechos como ocurrieron realmente y, poco a poco, las cortes de justicia fueron avanzando. La democracia es enemiga de la venganza: los progresos en materia de derechos humanos deben ser siempre conseguidos dentro del marco del estado de derecho, aunque lleve tiempo.

Finalmente, además de considerar la transición democrática, es importante estudiar cómo fortalecer la democracia en general. Por lo tanto, es necesario tomar en cuenta el modo según el cual el proceso se fortalecerá con el paso del tiempo. Está el tema del fortalecimiento institucional, como mencioné, pero también el de promover los valores democráticos en todos los niveles y de fortalecer la participación del pueblo. La democracia implica la inclusión, la representación y la participación del pueblo.

Y ahora, quisiera enfatizar la importancia de la participación de las mujeres. Si una democracia descuida los derechos y la participación de las mujeres, es una democracia sólo para la mitad de la población.

ONU Mujeres está siempre dispuesta a apoyar el empoderamiento y la igualdad de las mujeres en los Estados Árabes en el período de transición. Para mí, es fundamental no excluir al 50 por ciento de las personas del mundo. Hacerlo significa desperdiciar el extraordinario potencial que las mujeres tienen para ofrecer.
Para terminar, permítanme decir que cada país es único y debe ser capaz de realizarse un auto-examen con el fin de proponer un nuevo contrato social y político consigo mismo. Cuando se trata de la transición a la democracia, no hay nada peor que adherirse a modelos importados. La democracia debe estar enraizada y crecer en el propio suelo del país.

Sí, hay por cierto valores universales originados a partir de muchas luchas de las generaciones que nos han precedido que deben ser respetados: la creación de un sistema jurídico que garantice los derechos humanos; la celebración periódica, competitiva y transparente de elecciones; el garantizar la máxima libertad de información, así como la libertad de asociación, de reunión y de formar partidos políticos, etc. Esto está claro.

En cuanto al formato final de la transición - su calendario, el énfasis de la misma, las instituciones que dirigirán el proceso - debe venir del propio país, con la mayor participación y consulta de la sociedad civil. Cuanto mayor sea la participación de toda la comunidad, más fuertes serán las instituciones que se creen y mejor será la vida de todos y cada uno de los seres humanos.

Muchas gracias.

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