En Etiopía, un centro de acogida para niñas víctimas de abusos ofrece refugio y esperanza para un futuro mejor

Fecha: 09 Oct 2012

En una polvorienta calle de las afueras, detrás de altas paredes encaladas, portones y alambre de púas, hay una pequeña casa de ladrillo como tantas otras en la ciudad etíope de Adama. Pero lo que la hace especial es que presta un servicio que ofrece un mejor futuro a mujeres y niñas que han sufrido abusos inimaginables.

El centro de acogida de la Asociación para el Santuario y el Desarrollo de las Mujeres, que cuenta con el apoyo de ONU Mujeres, es un lugar bullicioso y animado donde se oye el griterío de niños jugando y se percibe el olor del injera (pan etíope) en el horno.

“Mi generación está más consciente de nuestros derechos que las generaciones anteriores y, gracias a nuestra colaboración con la policía, sus actitudes también cambian, afirma la Directora del Programa (cuyo nombre ha sido omitido por razones de seguridad). “Pero muchas mujeres desconocen sus derechos y no saben qué pueden hacer cuando han sido violadas o han sufrido actos violentos, añade.

Para garantizar totalmente la seguridad de las residentes, la Directora del Programa afirma que es fundamental mantener la confidencialidad. “Nadie, ni siquiera los vecinos, saben lo que es esta casa. Ni siquiera la policía sabe dónde está.

El año pasado, el centro de acogida dio refugio a 125 mujeres por un periodo mínimo de tres meses cada una y les ofreció asesoramiento intensivo y asistencia médica. Una parte fundamental de la misión del centro es impartir cursos de cocina, informática, peluquería o costura y bordado a todas las sobrevivientes.

La casa incluye una clínica con atención ininterrumpida, un aula de formación, una cocina, servicios de asesoramiento, un jardín de hierbas aromáticas, espacios residenciales y una oficina administrativa. Todos los rincones se aprovechan, como la oficina financiera, que incorpora escritorios de oficina, ordenadores e impresoras para dos empleados, así como dos camas para niñas, cuando es necesario.

Hana (nombre ficticio) tiene 15 años. Nació en Gonder, a 800 kilómetros de Adama. Hace dos años, su tía convenció a sus padres de que la enviaran a Adama y pudiera recibir una educación. En cambio, acabó trabajando como sirvienta de la familia y sufriendo las violaciones de su primo. Hana quedó embarazada y la echaron de casa. Demasiado avergonzada para regresar a su hogar, una anciana vecina la acogió y luego comunicó el caso a la policía local, que a su vez avisó al centro de acogida.

“Me han enseñado a alimentar, limpiar y cambiar a mi hijo. De no ser por el centro de acogida, no habría tenido adonde ir. Terminé el tercer curso en la escuela y todavía me gustaría volver algún día. Por ahora, quiero aprender a cocinar para poder trabajar y ganar un sustento para mí y mi hijo, afirma Hana.

Pero la Directora del Programa no confía demasiado en que se haga justicia a Hana en el futuro. “Obviamente, el delito se comunicó bastante tarde. La policía está trabajando en el caso, pero Hana no puede permitirse pagar la prueba de ADN, por lo que no hay pruebas.

Otra niña internada en el centro es Rahima (nombre ficticio). Tiene 12 años y procede de un pueblo cercano a Addis Abeba. Violada por sus primos adultos, despertó de un coma que duró una semana con la cadera rota. Uno de sus agresores está en proceso de juicio y el otro se ha fugado. El centro de acogida está asumiendo los gastos de la terapia que recibe para poder andar sin muletas en el futuro. Los padres de Rahima la llevaron al centro de acogida, ya que no pueden permitirse el tratamiento que necesita. Pero Rahima echa de menos a su familia y la escuela.

La Directora del Programa, afirma que los servicios que prestan tienen una elevada demanda y que la policía les comunica diariamente nuevos casos de mujeres golpeadas o violadas. Lamentablemente, el centro de acogida no puede refugiar a todas debido a que el espacio y los recursos son limitados. Sin embargo, las que atraviesan los portones del centro de acogida ven este lugar como un santuario, y los servicios que presta ofrecen una oportunidad para la autosuficiencia y la rehabilitación.