ONU Mujeres - Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres

Etiopía: volviendo a tener esperanzas en la vida

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Fecha: 01 February 2011

La directora del refugio, Maria Munir Yusuf (extremo izquierdo) acompaña a la Sra. Bachelet (derecha) en la visita de su centro de violencia de género para las mujeres pobres, en Addis Abeba.

La directora del refugio, Maria Munir Yusuf (extremo izquierdo) acompaña a la Sra. Bachelet (derecha) en la visita de su centro de violencia de género para las mujeres pobres, en Addis Abeba. (Foto: ONU Mujeres)

Se atraviesa un alto portón, que no se ve desde la calle, para llegar a un refugio. Hay flores por doquier a lo largo de los caminos que conectan una serie de edificios modestos de una única planta. El aire está cargado de risas, música y baile, ya que hoy se celebra la supervivencia y la fuerza de las mujeres.

Las mujeres y los niños se reúnen frente a los edificios para saludar a la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet, que ha venido a visitar las nuevas instalaciones en Addis Abeba, Etiopía, que ofrecen refugio a las mujeres pobres que han sido víctimas de la violencia de género. Muchas llegan a la Asociación para el santuario y el desarrollo de las mujeres debilitadas por los abusos, pero salen recuperadas en cuerpo y mente, habiendo adquirido conocimientos y confianza para comenzar una nueva vida.

La Sra. Bachelet escucha atentamente algunas de sus historias: “La policía me encontró inconsciente, me faltaban los dientes inferiores y mi marido me había roto la mandíbula, cuenta una de las mujeres que todavía tiene golpes y cicatrices en la cara. “Me mandaron a un hospital privado, pero como no tenía dinero me enviaron aquí donde se ocuparon de mi tratamiento médico. Ahora estoy en buena salud y he aprendido el oficio de peluquera. Estoy agradecida y feliz por la oportunidad que se me ha dado de vivir una nueva vida independiente. Su marido está cumpliendo una sentencia de siete años, después que el refugio la ayudara a denunciar el caso ante la justicia. Ella se preocupa por lo que le pasará cuando lo liberen. ¿Será una ayuda los cursos de defensa propia que se dan a las residentes en el refugio? “¡Sí, sí, sí!, exclama.

Otra mujer se acerca; está vestida con una larga túnica púrpura. “Este establecimiento es pequeño pero desempeña una tarea maravillosa a la hora de solucionar una serie de problemas, dice. “Aquí no nos quedamos sin soluciones. Cuando llegó estaba confinada a la cama, quebrada por el abuso a la que la sometía su marido y por la noticia de que era seropositiva. “Lloré cuando me enteré, dice suavemente, “pero salí de aquí convertida en una mujer feliz, con un hijo sano. Se quedó un año en el refugio, antes de salir e instalar una pequeña tienda de ropa para niños. Hoy volvió al refugio porque echa de menos a todos allí. “Esta es su gran familia, le dice la Sra. Bachelet abrazándola cariñosamente.

La Asociación es un tributo a lo que unas pocas mujeres activistas pueden hacer con algo de financiación y mucho compromiso. Maria Munir Yusuf, directora del centro y ex jueza de la Alta Corte de Justicia, acompaña a la Sra. Bachelet en su visita. Se detienen en la clínica, visitan los dormitorios inmaculados, admiran las artesanías de las mujeres que están aprendiendo costura y bordado, y prueban la comida recién hecha por las residentes del refugio.

La Sra. Bachelet (izquierda) observa un curso destinado a las mujeres donde obtienen un certificado de cuidadoras infantiles, en un centro de violencia de género en Addis Abeba. Este certificado las ayuda a obtener empleo en guarderías, orfanatos y centros infantiles. (Foto: ONU Mujeres)

La Sra. Bachelet (izquierda) observa un curso destinado a las mujeres donde obtienen un certificado de cuidadoras infantiles, en un centro de violencia de género en Addis Abeba. Este certificado las ayuda a obtener empleo en guarderías, orfanatos y centros infantiles. (Foto: ONU Mujeres)

La Sra. Yusuf cuenta que la idea del refugio surgió cuando se dio cuenta que las mujeres que sobrevivían a la violencia tenían escasos servicios de ayuda, sobre todo las mujeres pobres. Como muchos otros países, Etiopía tiene leyes para erradicar la violencia contra las mujeres, pero sistemas limitados para implementarlas. Incluso los jueces todavía dicen a las mujeres que en vez de acudir a las cortes tendrían que pedir consejo a sus familias o a los líderes de la comunidad, muchos de los cuales instan a las mujeres a que vuelvan con sus abusadores. Según las encuestas nacionales, hasta un 60 por ciento de las mujeres etíopes son víctimas de violencia doméstica en algún momento de sus vidas.

“Muchas mujeres llegan aquí sin nada. Ni siquiera pueden contar sus historias. Les damos ropa, alimento, vivienda, cuidados médicos, asistencia jurídica y oficios, es decir todo lo que necesitan para cambiar sus vidas, dice la Sra. Yusuf. El refugio puede albergar 50 personas, pero la cantidad de mujeres y niños que viven allí es a menudo el doble. “Somos mujeres, nos las arreglamos, y nunca nos damos por vencidas, dice la Sra. Yusuf riendo.

“Esto muestra lo que se puede hacer, dice la Sra. Bachelet, que cuenta cómo, durante su presidencia en Chile, se reconocieron problemas similares. Con el decidido apoyo del gobierno, se pudieron establecer 70 refugios de este tipo. También destacó la importancia de la autonomía económica de las mujeres para poder salir del círculo de la violencia. “Si se es pobre y no se tienen opciones, el abuso puede continuar durante años, pero si se aprende algún oficio y que no es así como tienen que ser las cosas, entonces se tienen muchas más posibilidades.

La Asociación abrirá un segundo refugio a principios de febrero con el apoyo de ONU Mujeres. De momento, y después de escuchar los testimonios de las mujeres, la Sra. Bachelet, la Sra. Yusuf y docenas de residentes del refugio bailan juntas en el patio bajo un cálido sol invernal. Celebran el progreso de las personas y de las instituciones que abren la puerta a una vida mejor.