ONU Mujeres - Entidad de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de las Mujeres

Las mujeres de Binga hacen historia en el río Zambezi

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Fecha: 21 March 2012

“Yo solía vender pescado bajo los árboles, y solía llevarlo sobre mi cabeza. Me levantaba a las 4 de la mañana y recorría grandes distancias para comprarles pescado a los pescadores. Ahora duermo y me levanto a una hora normal y tomo un té antes de que llegue la capitana. ¡Nunca pensé que tendría tiempo para dormir, comer, trabajar y descansar como ahora!

Éstas son palabras de Kuli Mungombe, una de las diez mujeres que están haciendo historia en Zimbabwe, ya que son propietarias y operan una plataforma pesquera en el país. Las mujeres, del grupo étnico Tonga, entraron formalmente en una industria dominada por los hombres el año pasado después que se les diera la plataforma, el equipo y la formación adecuada. Desde entonces, trabajan para ampliar la iniciativa a Binga, uno de los distritos menos adelantados del país, con el fin de poder mantenerse a sí mismas y a sus familias y crear oportunidades para otras mujeres de la región.

Es la primera vez desde 1950 que las mujeres de este grupo étnico han podido pescar. Anteriormente, eran las mujeres Tonga las que pescaban por medio de las tradicionales canastas Zubo, pero ciertos aspectos de su cultura matrilineal cambiaron cuando el grupo fue desplazado por la construcción del embalse Kariba en la era colonial, lo que redujo su acceso a los recursos y puso fin a su participación en las actividades de pesca de su comunidad.

El Fondo Zubo Basilizwi, que es una organización de desarrollo centrada en las mujeres, consiguió la plataforma pesquera para las mujeres comerciantes de Siachilaba con el apoyo de ONU Mujeres. Creada con las mujeres en mente, cuenta con baños y duchas, tecnología especial como un localizador de peces, además de ser algo más grande que las demás plataformas para dar mayor estabilidad sobre el río.

Las 10 mujeres fueron elegidas de entre 80 comerciantes de pescado de la aldea de Siachilaba después de haber conseguido un permiso de pesca y haber pasado los exámenes médicos y de salud física requeridos. En un principio tuvieron cuatro operadores hombres que ayudaron a formarlas para que se hiciesen cargo de la operación. Las mujeres han construido habitaciones temporales en los alrededores sobre la ribera y se han dedicado por entero, y con éxito, a su nueva ocupación: sus ventas promedio se duplicaron en comparación con la época anterior a la plataforma y alcanzan los 2.500 dólares mensuales.

Con el apoyo de ONU Mujeres, el Fondo Zubo Basilizwi está ahora ayudando a las mujeres a organizarse en cooperativas, a mejorar sus puestos de venta y condiciones en el mercado de Siachilaba, y a vender su pescado a poblaciones y ciudades más grandes de Zimbabwe. El programa ha establecido un fondo rotatorio para otorgarles pequeños préstamos.

“Crecí convencida de que cualquier negocio importante estaba exclusivamente reservado a los hombres, y no destinado a nosotras las mujeres, confiesa una de las operadoras de la plataforma, Sarudzai Mumpande, describiendo las dificultades a las que se han enfrentado tradicionalmente las mujeres. “Desde entonces nos hemos sobrepuesto a esas dificultades porque nos hemos organizado en una entidad comercial seria.

Las comerciantes también han ideado un plan para compartir sus ingresos de modo de que se beneficie a otras mujeres. El 50 por ciento de sus ganancias se destina a las operadoras de la plataforma; el 30 por ciento al fondo de tejido de canastas para las mujeres de la región; y el 20 por ciento restante irá al Fondo Zubo Basilizwi para poder ampliar el fondo rotatorio para las mujeres de otras regiones. Si bien todavía se enfrentan a muchos retos, las mujeres ahora están comenzando a creer y aceptar que son las dueñas de sus propios destinos.

“Aunque crecí aquí, nunca había estado en el puerto. No tenía idea de lo que se sentía navegar por el río, dice la operadora Violet Mwinde. “Vendí pescado durante años pero no podía permitirme comer el pescado que vendía. Ahora nuestros hijos vienen a visitarnos durante las vacaciones y comen pescado. Mi vida ha cambiado considerablemente. Gozo de perfecta salud física y espiritual.