Conversación con Sahely Ferdous, mujer miembro de las fuerzas de mantenimiento de la paz, Superintendente de la Unidad de policía de Bangladesh, en Haití

Fecha : 29 May 2012

Una de las 102 mujeres que sirven con el contingente de policía de Bangladesh de la misión de la ONU, formado únicamente por mujeres. La feminización de las fuerzas de mantenimiento de la paz ayuda a que la ONU establezca mejores relaciones con las mujeres en su lucha contra la violencia sexual. Foto: ONU Mujeres /Hadrien Bonnaud

El Día Internacional del Personal de Paz de las Naciones Unidas, que se celebra anualmente el 29 de mayo, es una ocasión de rendir homenaje a los 120 000 miembros de las fuerzas de mantenimiento de la paz que sirven en 17 misiones en algunas de las situaciones más volátiles y peligrosas del mundo. En la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), el contingente de Bangladesh está compuesto enteramente por mujeres. Sirviendo de ejemplo, las 102 mujeres contribuyen a restablecer la paz y la seguridad en esta isla del Caribe con un énfasis particular en la erradicación de la violencia contra las mujeres.

¿Qué tipo de impacto tienen las oficiales de policía sobre las comunidades en Haití, especialmente sobre las mujeres?

Las integrantes de mi contingente asistieron a formaciones sobre el código de conducta y sobre explotación y abuso sexual. Observamos que el impacto de las mujeres que mantienen la paz es el fortalecimiento del apoyo psicológico que pueden ofrecer a las víctimas, para que éstas se sientan más cómodas a la hora de denunciar la violencia sexual o física. Se sienten más seguras con una mujer que con un oficial hombre. Notamos que las mujeres víctimas son tratadas con más paciencia por las oficiales mujeres, porque éstas entienden mejor el fenómeno del acoso. También pueden dar consejos sobre diferentes temas como la salud, la educación, las finanzas y las cuestiones familiares.

¿Cuáles son los principales retos para las haitianas hoy? ¿Considera que se ha progresado bastante?

Los principales retos para las haitianas son estar mejor protegidas contra la violencia y la discriminación de género, ser independientes económicamente y aumentar su participación en el gobierno central y local. Hay cambios, como el desarrollo de las infraestructuras en diferentes áreas de Puerto Príncipe y el traslado de los desplazados a mejores áreas de residencia. Más niños van a la escuela ahora, pero todavía existen grandes retos para reducir las violaciones y la violencia sexual.

¿Cómo han encarado la violencia sexual en Haití?

La violencia sexual es un problema importante en la sociedad haitiana. Las mujeres y las niñas son vulnerables en los campamentos de personas desplazadas internamente, dado el sistema deficiente de viviendas. La violencia sexual ha disminuido con la implementación de medidas de seguridad; MINUSTAH, conjuntamente con la policía local, realiza patrullas regulares. Ahora se denuncia más la violencia sexual gracias a la presencia de las oficiales de policía mujeres.

Para hacer frente a la violencia sexual, ofrecer seguridad es importante. Si una víctima de violencia sexual denuncia una agresión, los culpables de la misma la pueden amenazar. Si no la denuncia, la pueden seguir abusando gracias a su silencio. En este sentido, la seguridad y el apoyo emocional tienen que ofrecerse simultáneamente.

¿Cómo se siente su unidad lejos de su familia, en un país donde el idioma, la comida y la cultura son tan diferentes?

Es difícil, pero las oficiales lo sobrellevan. Tienen acceso a internet y a los teléfonos móviles, así que se comunican diariamente con sus familias. Además están orgullosas de trabajar al servicio de una organización internacional: ello demuestra su capacidad de trabajar por la paz.

En calidad de mujer y de líder dentro de la Policía de la ONU, ¿cree que se ve cada vez más a las mujeres como agentes del cambio?

Nuestro contingente de mujeres tendrá un impacto a largo plazo sobre los haitianos, especialmente sobre las mujeres y las niñas. La mayoría de las mujeres están contentas con nuestra presencia y actividades. Nos ven como un símbolo del empoderamiento de las mujeres y les da aliento para progresar social y económicamente.