Discurso de Michelle Bachelet en el 5º Evento Anual Principios para el Empoderamiento de las Mujeres

Fecha: 06 Mar 2013

Discurso de Michelle Bachelet, Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, en el 5º Evento Anual Principios para el Empoderamiento de las Mujeres, en Nueva York, el 6 de marzo de 2013.

[Cotejar con el texto pronunciado.]

Buenos días, Excelencias, honorables invitadas e invitados, colegas, amigas y amigos, señoras y señores. Me gustaría agradecer a Deloitte y al Sr. Georg Kell, Director Ejecutivo de la Oficina del Pacto Mundial de las Naciones Unidas, por acogernos hoy.

Me complace unirme a ustedes esta mañana en la inauguración del 5º Evento Anual Principios para el Empoderamiento de las Mujeres: la igualdad es un buen negocio. Cada año, este evento tiene lugar durante las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, en esta ocasión el viernes.

En torno a ese día, las mujeres y los hombres de todo el mundo participan en eventos que reconocen las virtudes y capacidades de las mujeres, nuestra energía y experiencia, nuestra fuerza y nuestro espíritu. Y también nuestra constante lucha por el ejercicio pleno de los derechos humanos.

En todo el mundo, las mujeres se reúnen, de Costa Rica a la República Checa, de Afganistán a Australia y de Alemania a Gran Bretaña. Organizan obras de teatro y recitales de poesía, concursos de blogs, maratones de baile, conciertos y debates. Defienden la paz, caminan por la igualdad y participan en carreras a favor del empoderamiento.

Este viernes, en Johannesburgo, cientos de percusionistas se reunirán en Rissik Street Bridge para proclamar enérgicamente su mensaje: “Lo único que debes golpear es un tambor”. Se invitará a los y las transeúntes a tocar el tambor para expresar así su indignación y activismo contra la violencia que afecta a mujeres, niñas y niños.

Estamos haciendo grandes cosas… y contamos con la ayuda de mucha gente.

Cerca de donde nos reunimos hoy, en el edificio de las Naciones Unidas, se están desarrollando conversaciones similares sobre medidas para poner fin a la violencia contra las mujeres, como parte del 57º periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer.

Me gustaría hacer hincapié en la palabra “acción”, y querría destacar el papel esencial de las organizaciones mundiales de la sociedad civil que han realizado esfuerzos para conseguir que las medidas para combatir la violencia contra las mujeres sean una cuestión prioritaria.

Hemos roto el silencio. Y nos damos cuenta de que, finalmente, la violación de los derechos humanos de una persona, de los derechos de las mujeres, supone una violación para todas y todos.

Por lo tanto, cada vez más —mujeres y hombres— nos unimos para hacer frente a dichas violaciones. Trabajamos con gobiernos, la sociedad civil y el sector privado para abordar los prejuicios subyacentes y las normas sociales que permiten que las mujeres y las niñas reciban un trato peor que los hombres y los niños.

Las personas, organizaciones y empresas representadas aquí y a través de los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres a nivel mundial también contribuyen de manera inestimable.

Hemos conseguido aunar nuestras voces para abordar problemas y soluciones. Ahora trabajamos conjuntamente, compartimos y contribuimos a plataformas comunes. Una de estas plataformas es Principios para el Empoderamiento de las Mujeres, una alianza entre ONU Mujeres y el Pacto Mundial de las Naciones Unidas.

Con estos siete principios, las empresas, la sociedad civil y el mundo académico pueden hacer frente a problemas persistentes de la desigualdad y promover soluciones creativas, la inclusión y el cambio sistémico.

Es emocionante y alentador ver que más de 500 directoras y directores generales se han adscrito a los Principios para el Empoderamiento de las Mujeres, y esta lista sigue creciendo. Y es aún más satisfactorio conocer las acciones concretas que estas empresas están realizando para promover la igualdad de género, la salud y la seguridad, la educación y la formación de las mujeres en el lugar de trabajo, en los mercados y en la comunidad.

Por esta razón me complace destacar algunas de estas buenas prácticas, puesto que enseñan, inspiran y son imitadas por aquellas y aquellos que desean demostrar su propio compromiso con los derechos humanos y el bienestar de todas y todos.

Una empresa global de TI con sede en la India, por ejemplo, estableció una política de tolerancia cero contra el acoso sexual en el lugar de trabajo. En esta empresa, si llega a producirse un incidente, existe una política de denuncia interna que protege a las fuentes y un comité que rápidamente revisa las quejas y actúa debidamente.

Otra empresa de tecnología ofrece a las mujeres clases de defensa personal en los campus, y transporte especial que incluye un guardia de seguridad si es necesario, para garantizar que las mujeres que trabajan hasta tarde lleguen a casa sanas y salvas.

Una empresa de energía de Brasil ha creado un refugio para mujeres sobrevivientes de violencia doméstica, junto con un centro de apoyo de derivación e información.

Una empresa asiática demuestra su compromiso con los derechos de las niñas a través de la iniciativa “Salvar a la niña”, que proporciona a las mujeres embarazadas información sobre un embarazo saludable, un parto seguro y el cuidado de bebés. También aborda la cuestión del feticidio femenino, transmitiendo un mensaje claro con el que se afirma que las niñas son importantes.

Una empresa de comunicaciones de Kenya proporciona gratuitamente un servicio de guardería en el lugar de trabajo, instalaciones privadas para la lactancia materna y un médico interno.

Dos empresas españolas ofrecen a las sobrevivientes de violencia doméstica servicios de empleo diseñados para facilitar su reincorporación al mercado laboral.

Y una compañía de medios digitales de Estados Unidos entiende el importante vínculo entre las mujeres y el uso de la tecnología para promover la libertad y el empoderamiento. En consecuencia, presta ayuda para desplazamientos y becas para que las mujeres asistan a eventos centrados en el aprendizaje tecnológico en todo el mundo.

Me complace decir que la lista es larga y podría citar muchos otros ejemplos. El gran número y la amplia variedad de sectores demuestran que existe un compromiso creciente en todo el mundo para poner fin a la violencia contra las mujeres y promover la igualdad de género. Sólo tienen que preguntar a sus colegas por qué instituyeron estos principios y de qué forma están dando sus frutos.

Lo importante es que estos ejemplos demuestran que las acciones y las políticas destinadas a fomentar la inclusión y la igualdad de las mujeres también son decisiones empresariales inteligentes. En suma, “la igualdad es un buen negocio”.

Veamos…

Un estudio del Banco Mundial reveló que los directivos podrían aumentar la productividad laboral del 25 al 40 por ciento eliminando la discriminación contra las mujeres directivas y trabajadoras.

Harvard Business Review examinó a 215 empresas de la lista Fortune 500 durante más de 28 años y descubrió que las organizaciones que cuentan con un mayor número de mujeres directivas tienen un mejor rendimiento, entre el 18 y el 69 por ciento, en lo que respecta a los beneficios como porcentaje de ingresos, los activos y los recursos propios.

Un estudio de Goldman Sachs reveló que si se redujeran las barreras que impiden la participación laboral femenina se incrementaría el PIB de Estados Unidos en un 9 por ciento, el de la zona del euro en un 13 por ciento y el de Japón en un 16 por ciento.

Y el Informe de la Brecha Global de Género del Foro Económico Mundial4 lo afirma de manera rotunda: “Existe una clara relación entre los países que tienen más éxito a la hora de eliminar la brecha de género y los que son económicamente más competitivos”.

Como madre, abuela, pediatra, ex Presidenta y ahora Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, el destino de la próxima generación —tanto de niñas como de niños— es un tema en el que pienso mucho.

En el contexto del evento que se celebra hoy, de los eventos del Día Internacional de la Mujer, de la reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer y de todo lo que sucede en el mundo, me acuerdo de las personas de buena voluntad —como este público que me acompaña— que trabajan todo lo posible cada día para lograr la protección, el empoderamiento y la inclusión de las mujeres en todas las facetas de la sociedad.

Eventos como estos también me recuerdan que todavía existen muchas cuestiones pendientes para continuar y desarrollar este trabajo de forma que, en los años venideros, nuestras hijas y nuestros hijos, nuestras nietas y nuestros nietos, formen parte de sociedades diferentes, mejores, más equitativas e inclusivas que la actual.

Permítanme terminar mi discurso de esta manera: como a muchas y muchos de ustedes, me fascinó el asteroide que recientemente iluminó el cielo de Siberia, la fuerza que tenía, el equivalente de miles de toneladas de TNT.

Pero también me impactó —¡aunque no de la misma manera que a Siberia!— la opinión de un científico y astronauta de la NASA que presenció este fenómeno y que cree que necesitamos un sistema de alerta para identificar estas rocas y metales espaciales que entran en la atmósfera terrestre.

Consideró este acontecimiento como un “aviso del espacio”, un recordatorio de que “debemos prestar atención a lo que tenemos ante nuestros ojos”, y preguntó, “¿no sería estúpido que fuéramos aniquilados sólo porque no estábamos mirando?”.

Señoras y señores, me permito esta mañana utilizar este símil: la inclusión y la igualdad de género también son fuerzas que están “ante nuestros ojos”, fuerzas que pueden aprovecharse para fomentar la inclusión y el crecimiento económico y social.

Sería poco inteligente, sería trágico, que el mundo no consiguiera salir de la pobreza y la violencia porque sencillamente preferimos no ver y no utilizar esas fuerzas, ese espacio abierto para las mujeres.

El mundo debe seguir alerta, prestando atención a los derechos y las oportunidades de todos los seres humanos, niñas y niños, mujeres y hombres, para que alcancen el cielo y puedan aprovechar todo su potencial.

Ha llegado la hora de la igualdad de derechos, la igualdad de oportunidades y la igualdad de participación. Ha llegado la hora de ofrecer espacios públicos, espacios para la toma de decisiones, a las mujeres.

Ustedes que alzan la voz, ustedes que actúan, sepan que están contribuyendo a este objetivo.

Quisiera despedirme con la cita de una valiente joven.

En su diario, Ana Frank nos dice, “Qué maravilloso es que nadie necesite esperar ni un solo momento antes de comenzar a mejorar el mundo”.

Les doy las gracias por no esperar y por su iniciativa, su dedicación y su amable atención esta mañana.