Día Mundial del Refugiado

Declaración: Debemos centrar la acción humanitaria en las voces, los conocimientos y el liderazgo de las mujeres

Declaración de la Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, y de la Directora Ejecutiva Interina del Fondo de Población de las Naciones Unidas, Natalia Kanem, con motivo del Día Mundial de los Refugiados

Fecha: lunes, 19 de junio de 2017

Nadie elige abandonar su hogar y sus pertenencias con ligereza. Para que una persona se convierta en refugiada, debe haber experimentado circunstancias insoportables: de peligros inmediatos a riesgos incalculables. Estos contextos afectan especialmente a las mujeres y las niñas, quienes enfrentan condiciones y derechos inciertos, además de peligros tales como altas probabilidades de sufrir violencia sexual. Según el FPNU, en la actualidad, 26 millones de mujeres y adolescentes en edad reproductiva necesitan ayuda humanitaria en todo el mundo.

Algunas familias toman la decisión de entregar a sus hijas jóvenes en matrimonio para protegerlas. Un estudio reciente en Líbano arrojó que el 47 % de las mujeres casadas de entre 20 y 24 años habían contraído matrimonio antes de los 18 años. Esta práctica coarta la infancia de las niñas, exacerba la deserción escolar, y su salud reproductiva corre peligro de sufrir complicaciones por procrear a corta edad, especialmente si se tiene en cuenta la falta de acceso a servicios esenciales para el cuidado de su salud sexual y reproductiva. Según algunas estimaciones, entre el 6 y el 14 % de las mujeres desplazadas de entre 15 y 49 años probablemente estén embarazadas. De este porcentaje, un 15 % tiene muchas probabilidades de experimentar complicaciones durante el embarazo que pongan en peligro su vida.

Dichas vulnerabilidades se ven agravadas por la falta de educación, dado que existe una relación directa entre el nivel educativo de las niñas y su autonomía para tomar las decisiones que afectan sus cuerpos y sus vidas. Las mujeres y las niñas migrantes tienen más probabilidades de perder oportunidades educativas y de quedar aisladas de la sociedad. Las niñas representan menos de un tercio de las personas refugiadas en la educación secundaria. Esta realidad afecta también su capacidad de generar ingresos. El contexto en el que viven estas mujeres y niñas —inmersas en crecientes y prolongadas crisis de personas refugiadas— evidencia la necesidad imperiosa de garantizar servicios y protección adecuados para quienes los necesitan.

En el Día Mundial de los Refugiados, recordamos las vulnerabilidades que sufren en particular las mujeres y niñas, y la necesidad de mejorar nuestras acciones de respuesta. Además, queremos destacar su fortaleza. En cualquier tipo de crisis, se distinguen la resiliencia y la constancia de las mujeres y niñas en las soluciones duraderas alcanzadas en momentos difíciles para sus familias, comunidades y sociedades.

Las mujeres y niñas son las mejores defensoras de los servicios indispensables, como centros de salud e instalaciones educativas, y las promotoras más eficientes para mantener medios de vida. Tienen derecho a participar de igual manera en las decisiones que las afectan. Cuando deben asentarse en campamentos, adoptan con rapidez las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías, como capacitación por dispositivos móviles, o los programas de dinero por trabajo que permiten desarrollar habilidades para vivir fuera del campamento. Son expertas en instalaciones sanitarias seguras, diseño de campamentos adecuados para mujeres y otros aspectos fundamentales para la reducción del riesgo de violencia física y sexual, así como para aumentar su capacidad de llevar vidas independientes y plenas. Debemos escucharlas y asegurarnos de replicar sus opiniones.

Sin embargo, estamos fallando a estas mujeres y niñas. Se reduce constantemente el financiamiento de servicios fundamentales: áreas críticas como lo son la educación, así como la prevención y capacidad de respuesta en situaciones de violencia de género reciben sólo una fracción de los recursos necesarios. Muchas de las refugiadas en todo el mundo no encuentran amparo en pautas internacionales para el diseño de campamentos con perspectiva de género ni para la prestación de servicios.

Enfrentan negativas cotidianas para participar en la toma de decisiones que afectan sus vidas, desde cuidados de salud, escolarización y oportunidades de capacitación y emprendimiento de pequeños negocios, hasta ideas de iluminación para los campamentos y modos de brindar ayuda fuera de ellos. Los hombres acaparan los espacios de toma de decisión y excluyen las perspectivas, los intereses y las necesidades de las mujeres.

La imperiosa tarea de impregnar con las voces, los conocimientos y el liderazgo de las mujeres las acciones de respuesta frente a la crisis de personas refugiadas no es insuperable ni inaccesible. Por el contrario, esta tarea es viable con cambios modestos pero inteligentes en la manera en que escuchamos, asignamos nuestros recursos y trabajamos.

El mundo se ha comprometido como nunca con la causa de la igualdad de género y la protección de las personas refugiadas. La comunidad internacional debe renovar su compromiso para centrar la acción humanitaria para las personas refugiadas en las mujeres y las niñas, al igual que en los hombres y los niños. Nosotros —y ellas— no podemos permitir menos que eso.