Día Internacional de las Viudas

Declaración: El derecho de las viudas a disfrutar de vidas y medios de subsistencia independientes tras la pérdida

Fecha: miércoles, 21 de junio de 2017

Ellen Mlalazi es viuda y vive en una zona rural de Zimbabwe. Tiene que mantener a una familia de 10 personas entre hijas, hijos, nietas y nietos, pese a la escasez de oportunidades económicas en la región de Binga derivada de las crisis constantes y de la desigualdad de género predominante. Ellen es una más entre las millones de viudas de todo el mundo que luchan por defender la igualdad de los derechos humanos tras la pérdida del marido, suceso que puede llevar a las mujeres y a sus familias a situaciones de pobreza.

Aunque se dispone de poca información precisa, se calcula que existen unos 285 millones de viudas en todo el mundo, de las cuales más de 115 millones viven en la pobreza extrema. Con frecuencia los datos sobre la situación de las mujeres no se desglosan por estado civil, por lo que las viudas son invisibles en todos los niveles de las estadísticas de género, desde las nacionales hasta las mundiales. No obstante, sabemos que muchas viudas de edad se enfrentan a múltiples formas interrelacionadas de discriminación por razones de género, edad, ubicación en zona rural o discapacidad. Otras mujeres todavía son jóvenes cuando pierden a sus maridos, quizás como resultado de un conflicto o porque se casaron con hombres mucho más mayores cuando aún eran niñas. En estos casos, tienen ante ellas una larga vida de viudez.

Además de la conmoción por perder a su cónyuge, la situación de las viudas suele agravarse debido a la estigmatización y al aislamiento social. En muchos países, a las viudas se les arrebatan sus derechos a activos diversos como la tierra, los ingresos y la propiedad. Al carecer de acceso a la protección social, quedan en la indigencia.

Según el informe Women, Business and the Law 2016 del Grupo Banco Mundial, el 90% de los 173 países analizados tienen al menos una ley que restringe la participación económica de las mujeres, entre otras cosas limitando su capacidad para heredar tierras o tenerlas en propiedad. La derogación de estas leyes discriminatorias no responde tan sólo a una cuestión ética, sino que también es un mandato de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La primera meta del ODS 5 consiste en “[p]oner fin a todas las formas de discriminación contra todas las mujeres y las niñas en todo el mundo” y cuenta con una meta adicional que especifica la necesidad de “[e]mprender reformas que otorguen a las mujeres el derecho a los recursos económicos en condiciones de igualdad , así como el acceso a la propiedad y al control de las tierras y otros bienes, los servicios financieros, la herencia y los recursos naturales, de conformidad con las leyes nacionales”. Las iniciativas en este sentido podrían repercutir en las vidas de millones de viudas cuyos medios de subsistencia dependen actualmente de sus maridos.

Ellen Mlalazi logró mejorar su situación con apoyo de un proyecto del Fondo para la Igualdad de Género de ONU Mujeres, que le ofreció capacitación en materia financiera y que le permitió convertirse en miembro de un grupo de ahorro y préstamo. Por medio de este grupo, Ellen ahorró suficiente dinero para poner en marcha dos microempresas (venta de zapatillas y cría de cabras) que le han permitido ser independiente, hacer crecer su negocio y mantener a su familia.

ONU Mujeres se compromete a trabajar con los Estados Miembros y con la sociedad civil para garantizar los derechos humanos de las viudas, entre otras cosas proporcionando a las mujeres información sobre el acceso a una porción equitativa de su herencia, a las tierras y los recursos de producción, a pensiones y protección social que no se basen únicamente en el estado civil, a trabajo decente y salarios iguales, y a oportunidades educativas y de capacitación.

Las viudas deben estar empoderadas para mantenerse a sí mismas y mantener a sus familias. Para ello, también se debe luchar contra los estigmas sociales que provocan la exclusión y contra las prácticas discriminatorias o nocivas, como las observadas en Togo, donde se puede exigir a una viuda que se someta a un periodo de aislamiento y confinamiento y a ceremonias de purificación para “cortar el vínculo” con su difunto marido y se le puede presionar para que vuelva a casarse.

El foro político de alto nivel de las Naciones Unidas de este año, que se celebrará en julio, prestará una atención especial a “La erradicación de la pobreza y la promoción de la prosperidad en un mundo en evolución”. Esta reunión brinda una oportunidad excelente para poner de relieve el vínculo entre viudez y pobreza, así como la escasez de datos de calidad desglosados por sexo relativos a las viudas y sus vidas, y para actuar al respecto.

Los ODS hacen un llamado para que todos incluyamos a quienes corren el riesgo de quedarse atrás. Los derechos humanos de las mujeres son inviolables y no dependen de otras personas; ellas han de poder disfrutar de ellos tanto si están solteras o casadas como si se han separado o han enviudado. Trabajemos para garantizar que, igual que Ellen Mlalazi, todas las viudas disfruten de la oportunidad de construirse una vida nueva tras una pérdida personal.

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