Poner fin a la MGF es esencial para dar a las niñas control sobre sus propias vidas

Fecha: jueves, 4 de febrero de 2021

The Gambia Committee on Traditional Practices Affecting the Health of Women and Children (GAMCOTRAP), an advocacy group supported by the UN Trust Fund to End Violence against Women, holds an Anti-FGM workshop aimed at empowering women to claim their rights and those of their daughters in February 2016. Photo: UN Trust Fund to End Violence against Women

Un taller Anti-MGF destinado a empoderar a las mujeres para que reclamen sus derechos y los de sus hijas en febrero de 2016. Foto: UNTF

En un mundo en el que el poder y las oportunidades están determinadas por el género, las prácticas nocivas del matrimonio infantil, precoz y forzado y la mutilación genital femenina (MGF) despojan diariamente a millones de niñas de su infancia, su educación, su salud y sus aspiraciones. En muchas comunidades, el matrimonio precoz y la MGF van de la mano porque las personas creen que mutilar a una niña aumenta sus posibilidades de contraer matrimonio.

Más de 200 millones de mujeres y niñas vivas hoy en día en 31 países han sido sometidas a mutilación genital, aunque estudios en pequeña escala, informes de los medios de comunicación y pruebas anecdóticas sugieren que la MGF puede estar presente en más de 90 países.

En 2021, 4,16 millones de niñas y mujeres de todo el mundo corren el riesgo de sufrir mutilación genital. Lo que es más, debido a las perturbaciones provocadas por la COVID-19, podría haber hasta 2 millones de casos adicionales de MGF para 2030 que de otra manera pudieron haberse evitado.

La mutilación genital femenina implica la "eliminación parcial o total de los genitales externos femeninos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por razones no médicas", y normalmente se lleva a cabo entre la infancia y los 15 años. No tiene beneficio alguno para la salud, pero las consecuencias inmediatas y a largo plazo son numerosas: infecciones y cicatrices anormales, dolor debilitante, o incluso la muerte.

Este 6 de febrero es el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina; a continuación cinco sobrevivientes y activistas que exigen voz, elección y control para cada niña y mujer sobre sus propias vidas y sus propios cuerpos.

Una sobreviviente que protege a su hija y educa a sus hijos en Egipto

Amal Ahmed con su hija de 11 años. Foto: Cortesía de Amal Ahmed

Amal Ahmed*, esposa y madre de una niña de 11 años y tres niños de 15, 18 y 19 años, vive en la Gobernación de El Cairo, Egipto. Cuando Amal tenía 10 años, ella y su hermana fueron engañadas por su familia para que se sometieran a la MGF. A partir de esa experiencia, sus vidas nunca volvieron a ser las mismas.

“Tenía sólo 10 años, pero todavía recuerdo cada momento. Sin anestesia, me obligaron a pasar por una experiencia traumática que no sólo dejó cicatrices físicas sino también psicológicas. No puedo explicar el insoportable dolor y el miedo que sentí. Gritaba muy fuerte, pero nadie parecía oírme. Mi vida quedó trastornada. Nunca pude vivir una vida normal", se lamenta Amal.

Las cicatrices psicológicas de la MGF son todavía más profundas.

“Ahora tengo una hija y tres hijos; por ella y ellos decidí seguir adelante. Eduqué a mis hijos para que respeten a las mujeres como un deber, y para que eviten aceptar hábitos culturales [perjudiciales] sin pensarlo. Mis hijos entienden las repercusiones de la MGF, y la rechazan".

"Cuando mi marido y mi madre me dijeron que debía someter a mi hija a la MGF, me negué. Le dije a mi madre: "No voy a destruir la vida de mi hija".

“Deseo que todas y todos en todo el mundo se den cuenta de las terribles repercusiones físicas y psicológicas de la MGF para ponerle fin... ahora”.

Si desea más información sobre la experiencia de Amal, lea su historia completa.

*Se le ha cambiado el nombre para proteger su identidad.

Una organización comunitaria en la zona rural de Kenya empodera a las niñas

Natalie Robi Tingo. Photo: Jenny Riva.
Natalie Robi Tingo. Foto: Jenny Riva.

Natalie Robi Tingo, de 28 años de edad, es fundadora y Directora Ejecutiva de Msikhana Empowerment Kuria, una organización comunitaria dirigida por mujeres en la zona rural de Kenya, que desde 2015 ha trabajado para poner fin a la mutilación genital femenina (MGF) al enfrentar sus causas fundamentales y empoderar a mujeres y niñas.

"¿Por qué nos dicen que, como niñas, cuando nos mutilen, nos estarán confiriendo honor?", pregunta Natalie. "Eso no es cierto. Es muy doloroso, algunas niñas mueren como consecuencia de la mutilación. O nos casan. Básicamente nos arrebatan nuestras vidas".

Natalie nació en la comunidad de Kuria, en el suroeste de Kenya. Mientras crecía enfrentó los mismos desafíos que otras niñas de su comunidad. "La MGF es una norma social en Kuria, y es tan común como que hay que tocar a la puerta cuando vamos a la casa de una persona. Como era la primogénita de mi familia, se esperaba que me mutilarían. [Debido a que] mis padres eran personas educadas, mi hermana y yo nos salvamos", relata.

Cree que las niñas deben tener la capacidad de cambiar sus comunidades. "Desde edad temprana, muchas niñas creen que la MGF es una obligación que tienen con sus padres y su comunidad. En cuanto las niñas entiendan que esto es incorrecto, podrán luchar por sí mismas y rescatar a las demás. Lo he visto ocurrir. Por lo tanto, debemos seguir prestando suma atención a las voces de las niñas".

Lea la entrevista completa de Natalie aquí.

El personal de asistencia jurídica entrenado está logrando un cambio notable en Uganda

Christine Awori es la Jefa de Asistencia Legal de la Sociedad Jurídica de Uganda (ULS), que dirige campañas en los medios de comunicación, así como clínicas móviles de asistencia jurídica para mujeres y niñas en riesgo de MGF en el distrito de Amudat, en el noreste de Uganda. La ULS cuenta con el apoyo de ONU Mujeres, en el marco de la Iniciativa Spotlight de la UE-ONU.

"Las clínicas tienen por objeto mejorar el acceso a servicios de asistencia jurídica y remisión de calidad esenciales para las mujeres y las niñas que sufren violencia, y promover sus derechos a la salud sexual reproductiva", explica Christine. "Alentamos a las mujeres y las niñas a rechazar la práctica de la MGF e informar a las autoridades sobre quienes la llevan a cabo. Nuestras intervenciones también incluyen la capacitación de personal de asistencia jurídica comunitario, quienes ocupan la primera línea de respuesta en torno a asuntos jurídicos y de derechos humanos. En 2019, una de nuestras asistentes jurídicas entrenadas se acercó a una practicante de la MGF que había estado activa durante 20 años y la convenció de abandonar la práctica".

"La principal ley que penaliza la MGF en Uganda es la Ley de prohibición de la mutilación genital femenina (2010), sin embargo, la aplicación sigue siendo débil principalmente debido a la falta de conciencia pública y a la limitada asignación de recursos económicos y técnicos por parte del gobierno para hacerla cumplir", añade Christine.

El trabajo a nivel comunitario, con practicantes, padres, madres y niñas en riesgo, junto con sobrevivientes, ha dado muestras de resultados prometedores.

"El Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina nos recuerda que no estamos solas en este trabajo, y que debemos coordinar [entre nosotras] para crear un movimiento más fuerte contra la MGF", sostiene Christine.

Lea la entrevista completa de Christine aquí.

Un jefe en Tanzania tiene la misión de cambiar las normas culturales

 

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El jefe Girihuida Gegasa Shulumbu. Photo: UN Women

El jefe Girihuida Gegasa Shulumbu, de 55 años, es líder tradicional de la región de Mara, uno de los bastiones de la MGF en el norte de Tanzania. Tras la presentación, en 2016, del proyecto conjunto Tokomeza Ukeketaji para la eliminación de la MGF, a cargo de ONU Mujeres y la Fundación Africana de Investigación Médica, se incorporó a la lucha dirigida a salvar a las niñas de la MGF y asegurar que permanecieran en la escuela.

“El proyecto Tokomeza Ukeketaji me hizo comprender que, como líder tradicional y custodio de la cultura, tengo el poder de influir en favor del cambio de normas y prácticas que hacen daño a otras personas, especialmente a las mujeres y las niñas”, plantea el Jefe Girihuida. 

"También tengo tres hijas y me gustaría asegurar que tengan un futuro más brillante. Muchas mujeres en Mara son pobres porque se les privó de la oportunidad de ir a la escuela. [La MGF] está retrasando el desarrollo de nuestra comunidad y de Tanzania en su conjunto."

“Estoy trabajando junto con otros hombres para abogar por ritos de iniciación alternativos que liberen a las niñas de la mutilación genital. En los últimos tres años, 96 líderes tradicionales han abandonado la práctica en mi región. Aunque el proyecto Tokomeza Ukeketaji terminó en 2018, seguimos trabajando para convencer a todas las personas de que abandonen la práctica, y hemos salvado a más de 1.500 niñas de entre 9 y 19 años de la MGF. ONU Mujeres nos está ayudando a mantener vivas nuestras campañas".

Lea más sobre su recorrido aquí y mire un vídeo sobre el modo en que ONU Mujeres está trabajando con líderes tradicionales y religiosos en toda África para terminar con la MGF y el matrimonio infantil.

Antiguas practicantes de la MGF se están convirtiendo en parte de la solución en Liberia

Hasta el año pasado, Yatta Fahnbulleh, de 65 años de edad, era propietaria de una de las más grandes "escuelas del bosque" (donde las niñas se sometían a una serie de rituales, incluida la MGF, para iniciarlas en la edad adulta) en Tienni, una comunidad del condado de Grand Cape Mount, en el noroeste de Liberia. Ella es una de las 300 antiguas practicantes de la MGF en Liberia que participó en el programa de medios de vida alternativos iniciado por ONU Mujeres en colaboración con Plan Internacional en el marco de la Iniciativa Spotlight de la UE-ONU, en diciembre de 2019.

“Ha llegado el momento de cambiar, después de 35 años dedicada a las actividades del bosque. Mucha gente me había pedido que dejara esa práctica, pero mi pregunta siempre ha sido: "¿qué haré entonces para ayudar a mi familia?" Ahora que [este programa] ha respondido a mi pregunta, me uniré a ustedes para sensibilizar sobre proyectos profesionales y de subsistencia”, declara Yatta.

Ahora está trabajando como abastecedora, y asegura que ver ahora a todos disfrutar de la comida que cocina, y recibir pago por cocinar, ha "cambiado su vida".

“Considero que el nuevo proyecto es una oportunidad fabulosa que todas las practicantes tradicionales de Liberia deberían sentirse orgullosas de aceptar”.

Lea la historia completa aquí.