Este es el rostro del liderazgo: Nan Zar Ni Myint empodera a trabajadoras domésticas migrantes en Tailandia durante la pandemia

Las mujeres se han visto más afectadas por los efectos económicos de la pandemia de coronavirus, ya que hay más mujeres que trabajan en empleos mal pagados, inseguros e informales. Esto incluye a las trabajadoras domésticas migrantes. Nan Zar Ni Myint es una trabajadora doméstica de Myanmar y voluntaria en su comunidad, en Bangkok, Tailandia. Ha movilizado a su red de trabajadoras domésticas para apoyar a otras trabajadoras domésticas de Tailandia, especialmente durante la pandemia de COVID-19.

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Nan Zar Ni Myint works to raise awareness of the rights of migrant domestic workers in Thailand. Photo: UN Women/Kith&Kin
Nan Zar Ni Myint. Foto: UN Women/Kith&Kin

“Creo que todas las trabajadoras domésticas migrantes deben tener la posibilidad de ejercer sus derechos”, afirma Nan Zar Ni Myint. “Lamentablemente, no todo el mundo conoce sus derechos”.

Los hechos

  • A escala mundial, las mujeres migrantes y las minorías étnicas —junto con las mujeres de zonas rurales, las mujeres con discapacidad y las mujeres indígenas— siguen afrontando la discriminación y la exclusión de la vida pública. La igualdad de género y la buena gobernanza no se pueden alcanzar a no ser que la vida pública y la toma de decisiones incluya a las mujeres y las niñas en toda su diversidad.
  • El Sudeste Asiático y el Pacífico cuentan con una proporción significativa de los 67,1 millones de trabajadoras/es domésticas/os del mundo, concretamente 9,1 millones de trabajadoras/es. El 83 por ciento de ellos son mujeres. Sin embargo, únicamente un país de esta región —Filipinas— ha ratificado el C189 de la OIT - Convenio sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, 2011.
  • La violencia contra las mujeres en la vida política y pública las disuade de acceder al poder y silencia sus voces en la toma de decisiones. Las mujeres de la política, las que defienden los derechos, las líderes de organizaciones de mujeres y los grupos feministas son el blanco de los ataques tanto en línea como en persona. Las mujeres de color sufren violencia a niveles desproporcionados.
  • Se necesita una mayor colaboración entre líderes y grupos de mujeres —que han estado en la primera línea de la respuesta a la pandemia— para promover la inclusión de voces marginadas en la toma de decisiones. Es imprescindible forjar alianzas en torno a cuestiones específicas, como la violencia contra las mujeres y los derechos laborales de las trabajadoras domésticas, a fin de lograr el cambio transformador e inclusivo.

Para obtener más datos sobre el liderazgo de las mujeres, consulte el Informe del Secretario General de las Naciones Unidas.

Myint, una mujer de 37 años de edad de Myanmar, ha sido trabajadora doméstica en Tailandia durante 19 años. Hace cuatro años, mientras estudiaba inglés en Bangkok los domingos —su único día libre—, conoció a un grupo de trabajadoras domésticas de su país natal.

“La red de pares y las competencias lingüísticas que conseguí me permitieron acceder a más información”, explica. “Empecé a conocer los derechos de las trabajadoras domésticas migrantes”.

A medida que iba interactuando más con el grupo, descubrió que se infringían los derechos de muchas trabajadoras domésticas migrantes y que algunas de sus compañeras sufrían abusos y violencia. “Muchas trabajadoras domésticas trabajaban horas y horas, siete días a la semana”, afirma Myint. “A algunas, quienes las empleaban les habían requisado los documentos de identificación personal y de viaje. Con la pandemia de COVID-19, algunas incluso habían sufrido violencia de género mientras estaban confinadas en casa”.

“Una de ellas me dijo que había tenido suerte de haber firmado un contrato de trabajo estándar. Pero eso no es suerte: es un derecho”.

Actualmente, Myint ayuda voluntariamente a otras trabajadoras domésticas migrantes de Myanmar a fin de que conozcan sus derechos y los servicios disponibles para asistirlas cuando estos se infringen.

“Empecé a organizar reuniones y debates de manera informal para facilitar información sobre las leyes laborales de Tailandia, las condiciones de empleo, el salario mínimo, las horas de trabajo, los días de descanso, los derechos a conservar los documentos legales personales, y las leyes sobre la rescisión de empleo para las trabajadoras domésticas. Creo que es muy importante empoderar a las trabajadoras domésticas migrantes y compartir conocimientos y experiencias”, afirma Myint.

Prestación de apoyo crítico a las sobrevivientes de violencia

“Antes del brote de la COVID-19, podía reunirme con mi red de contactos y visitar a las compañeras que necesitaban apoyo. Ahora la pandemia ha repercutido en la manera en la que trabajo. Muchas trabajadoras domésticas trabajan confinadas. No podía desplazarme y la mayoría de las actividades se realizaban en línea. Teníamos que mantener el contacto a través de las redes sociales. Es difícil pero no me rindo”.

Myint y su red a menudo son el primer punto de contacto para las trabajadoras domésticas migrantes que sufren violencia. Prestan servicios fundamentales, como el asesoramiento de apoyo entre pares, la derivación a servicios y respaldo económico, así como la traducción de idiomas.

Hace tres meses, una trabajadora migrante se puso en contacto con la red cuando la persona que la empleaba la maltrató físicamente. La habían amenazado con guardar silencio, y tenía miedo porque no podía permitirse perder el trabajo durante la pandemia.

Myint vio su cara hinchada y los moretones al conocerla. En cuestión de días, pudo recaudar fondos a través de la red para respaldar a la sobreviviente y derivarla a servicios médicos y jurídicos. La sobreviviente recibió una indemnización por el maltrato y, con la ayuda de Myint, ahora tiene otro trabajo con un contrato estándar.

Un llamado por la igualdad de derechos para todo el mundo

En Tailandia, al igual que en otros países de la región de Asia y el Pacífico, desde hace tiempo las/os trabajadoras/es domésticas/os han sido un componente fundamental de muchas familias.

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“Empecé a organizar reuniones y debates de manera informal para facilitar información...Creo que es muy importante empoderar a las trabajadoras domésticas migrantes y compartir conocimientos y experiencias.”


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Tailandia es el principal destino de las/os trabajadoras/es domésticas/os migrantes desde Myanmar. No obstante, la plena protección en virtud de las leyes laborales actuales —como la del salario mínimo, la licencia por maternidad y prestaciones de seguridad social— no se aplica en la actualidad a las/os trabajadoras/es domésticas/os en Tailandia.

La falta de protecciones sociales ha repercutido de manera muy importante en las/os trabajadoras/es domésticas/os de la región durante la pandemia de COVID-19, puesto que a menudo pierden el empleo y no tienen redes de seguridad con las que contar.

Según el estudio de la OIT sobre las “Consecuencias de la crisis de la COVID-19 en términos de pérdidas de empleo y horas de trabajo entre los trabajadores domésticos”, en la región de Asia y el Pacífico el 72,3 por ciento de los trabajadores domésticos se vieron afectados significativamente hasta junio de 2020, de los cuales el 49 por ciento eran mujeres.

Como miembro de HomeNet Thailand, una organización que respalda a las/os trabajadoras/es domésticas/os, Myint también defiende la revisión de las normativas para prestar una mejor protección a las trabajadoras domésticas migrantes. Su mensaje a las autoridades es claro: “Garantizar que las leyes laborales se apliquen plenamente a las trabajadoras domésticas migrantes, alentar a quienes emplean a respetar sus derechos y establecer un contrato estándar que respete la ley”.

Myint, su red y HomeNet reciben el apoyo del programa Safe and Fair, implementado conjuntamente por ONU Mujeres y la OIT, en colaboración con la UNODC, como parte de la Iniciativa Spotlight plurianual de la UE y las Naciones Unidas para eliminar la violencia contra las mujeres y las niñas. El programa Safe and Fair respalda a las trabajadoras domésticas migrantes de Tailandia y en la región de la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN) mediante redes de pares. Desde 2018 hasta 2020, el programa respaldó a 3.210 trabajadoras migrantes a fin de que se organizaran en sindicatos, asociaciones y redes de pares, además de facilitar la formación de una nueva red de trabajadoras domésticas migrantes.