El papel de la mujer en la transición democrática

Fecha: 23 Nov 2011

Alocución de la Sra. Lakshmi Puri Directora Ejecutiva Adjunta de ONU Mujeres para la Dirección de Apoyo Intergubernamental y Alianzas Estratégicas durante la Conferencia de Alto Nivel sobre Derechos Humanos Evento público de la red del Premio Sakharov “El papel de la mujer en la transición democrática. Parlamento Europeo Bruselas, 23 de noviembre de 2011.

[Cotejar con el texto pronunciado]

Es un honor para mí participar en este debate sobre el papel de la mujer en la transición democrática, de la red del Premio Sakharov. Quiero agradecer al Parlamento Europeo por organizar este evento y felicito a los que han recibido el Premio Sakharov por el trabajo que realizaron y que siguen realizando. Ustedes son una inspiración para todos.

La plena participación de las mujeres en la política nacional y local, en la economía, en los medios universitarios y en los medios de comunicación (por nombrar sólo algunos campos) es fundamental para la democracia y esencial para el logro de un desarrollo sostenible y de la paz en todos los contextos: en tiempos de paz, en los conflictos y después de ellos, y durante las transiciones políticas.

Si un sistema político no atiende la participación de las mujeres, si evita ser responsable de los derechos de las mujeres, decepcionará a la mitad de sus ciudadanos. La verdadera democracia está basada en el cumplimiento de los derechos humanos y de la igualdad entre los géneros. Si uno de estos dos componentes falla, los demás fallarán también. Una democracia débil sigue siendo una barrera importante para el goce de los derechos humanos, y el no respeto de los derechos humanos es un impedimento para una democracia eficaz.

Las mujeres representan 3.500 millones de ciudadanos, sin embargo, en muchos países, siguen enfrentándose a una serie de obstáculos para participar plenamente - como candidatas, como votantes y como funcionarias elegidas. Las consecuencias de esos obstáculos a la participación de las mujeres son bien conocidas.

Las mujeres representan menos del 10 por ciento de las líderes mundiales; en el mundo, hay un promedio de una mujer cada cinco miembros de los parlamentos; y el 30 por ciento de la masa crítica de la representación de las mujeres en los parlamentos ha sido alcanzada o sobrepasada sólo en 28 países. Las mujeres se han encontrado consistentemente limitadas por estereotipos de género tradicionales relativos a la habilidad de las mujeres de ocupar posiciones de dirección. Esto desafortunadamente es verdad incluso en democracias sanas. Hay que eliminar estos obstáculos.

Además, una verdadera democracia debe estar basada en un equilibrio de poderes y en la responsabilidad de las instituciones que permitirán a las mujeres obtener compensaciones cuando se violan sus derechos. Los procesos judiciales y parlamentarios de supervisión y otras instituciones deben actuar como garantes del estado de derecho y del goce de las mujeres de sus derechos humanos.

Garantizar que las vías de compensación existan para atender las necesidades de las mujeres y proteger sus derechos es un paso importante para lograr la igualdad. Hemos visto mujeres en todo el mundo que recurren a las cortes para obtener justicia y decisiones que las beneficien a sí mismas y a millones de otras mujeres en lo relativo a la ciudadanía, la herencia, el acoso sexual y otros temas.

La igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres son un asunto de justicia y de derechos humanos, y resultan además esenciales para lograr los derechos humanos para todos, a favor del desarrollo de las sociedades y del futuro colectivo del mundo. Debemos asegurarnos de sacar partido del potencial y de las capacidades de todos los ciudadanos, y no sólo de la mitad de la población. Necesitamos los mejores líderes que podamos encontrar para enfrentar los retos de la pobreza, el hambre, las enfermedades, la degradación medioambiental, la violencia; y muchos de esos líderes son mujeres.

Las mujeres aportan sus propios puntos de vista y perspectivas, mejorando la toma de decisiones. El empoderamiento de las mujeres también tiene sentido desde el punto de vista económico. El Banco Mundial y otras organizaciones han mostrado que si se aumenta el acceso de las mujeres a una educación de calidad, a buenos empleos, a la tierra y a otros recursos, se incrementa el crecimiento inclusivo, el desarrollo sostenible y la prosperidad a largo plazo.

El informe más reciente de la FAO sobre el Estado Mundial de la Agricultura estima que si se logra cerrar la brecha de productividad creada por el acceso desigual de las mujeres a los recursos productivos, se reducirá el porcentaje de personas subalimentadas entre un 12 y un 17 por ciento. Empoderar a las mujeres y a las niñas y crear un entorno propicio para que esos derechos sean una realidad es una gran responsabilidad.

Indudablemente, se han hecho progresos, y debemos continuar por el camino de nuestros éxitos. En 1911 las mujeres podían votar sólo en dos países en el mundo; hoy en día, un siglo más tarde, ese derecho es prácticamente universal. Hay actualmente unos 43 países que han adoptado alguna forma de cuota en las leyes electorales para aumentar la representación de las mujeres en los parlamentos nacionales. Este año, por primera vez desde que se fundaran las Naciones Unidas hace más de 60 años, fue una mujer quien abrió el debate general de la Asamblea General, la Presidenta Dilma Rousseff, primera mujer Presidenta de Brasil.

También se llevó a cabo un evento durante esa sesión con las mujeres líderes de todo el mundo, incluyendo la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Catherine Ashton, y todas firmaron una declaración conjunta con el fin de aumentar la participación política y la toma de decisiones de las mujeres en todos los países. ONU Mujeres se ha comprometido con esto, y apoya a los países del mundo a aumentar el rol de las mujeres como candidatas y votantes.

Hay hoy un reconocimiento evidente de que el logro de la igualdad de género es responsabilidad de todos nosotros. Este verano publicamos El progreso de las mujeres en el mundo: en busca de la justicia, primera publicación insignia de ONU Mujeres, que examinó cómo los países están fortaleciendo los marcos jurídicos y de políticas para hacer avanzar la igualdad de género. Allí se ve que:

139 Constituciones cuentan con una garantía en materia de igualdad de género; 117 países tienen leyes de paga equitativa para mujeres y hombres; 173 países garantizan la licencia de maternidad paga; 117 países tienen leyes o políticas que prohíben el acoso sexual en el lugar de trabajo; 125 países tienen leyes que declaran ilegal la violencia doméstica; y 115 países garantizan los mismos derechos a la propiedad para las mujeres.

Todos los países tendrían que seguir este camino y, por supuesto, todas estas leyes tienen que estar respaldadas por recursos adecuados y ser implementadas cabalmente de modo que las mujeres puedan beneficiarse de ellas.

En Medio Oriente y el Norte de África se está atravesando un momento crucial. Hemos quedado impresionados y emocionados con las mujeres y los hombres que arriesgan su vida por la democracia. La primavera árabe ha demostrado al mundo que las mujeres están preparadas y determinadas a luchar por los derechos humanos y la democracia. Ellas han protestado, junto a los hombres, por mejores condiciones de vida, igualdad y sistemas políticos que sean realmente responsables ante el público. Las mujeres quieren mantenerse en primera línea de estos procesos políticos que determinarán su futuro y el futuro de sus países.

Es esencial garantizar la plena participación de los hombres y de las mujeres en la integración de los derechos de las mujeres en las estructuras de transición y en las reformas que se implementen. Los derechos de las mujeres deben ser parte de los cimientos de este nuevo despertar y no algo que será atendido más tarde. El cambio llega si se trabaja en conjunto para lograr progresos concretos. Esto sólo será posible con la solidaridad de las mujeres y de los hombres, solidaridad que debe ser conseguida compartiendo las tareas y las responsabilidades diarias en nuestras casas, en nuestras comunidades, y en la vida pública.

En Egipto, Túnez, Libia y en otros países, la velocidad de la transición beneficia a los grupos ya organizados. Los grupos de mujeres requieren ser fortalecidos y necesitan nuestra ayuda para posicionarse (es decir, estar debidamente informados acerca de las oportunidades) con el fin de participar en el debate político. De otro modo, quedarán rezagados ante grupos mejor organizados que pueden no tener la igualdad de género entre sus principales prioridades.

En Túnez, celebramos en abril el logro de los responsables de los cambios políticos y de la sociedad civil de mujeres de algo que hubiera sido impensable sólo meses antes: un proyecto de ley electoral exigiendo la paridad total en la composición de la asamblea constituyente. No obstante, en las elecciones del 23 de octubre, hubo una baja representación de mujeres en la Asamblea Constituyente.

Antes de terminar, quiero recordarles que el próximo viernes se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. En la actualidad, 125 países tienen leyes específicas que tipifican como delito la violencia doméstica, lo que es un adelanto considerable comparado a una década atrás. Asimismo, el Consejo de Seguridad de la ONU reconoce hoy que la violencia sexual es una táctica deliberada de guerra; se han hecho adelantos considerables en la ley internacional que, por vez primera, hacen posible juzgar crímenes de violencia sexual cometidos durante y después de un conflicto.

Sin embargo, en el mundo hay 603 millones de mujeres que viven en países donde la violencia doméstica no se considera un delito. El feminicidio también se lleva demasiadas vidas. Más de 60 millones de niñas están casadas. La violencia contra las mujeres es una de las violaciones a los derechos humanos más generalizada y, sin embargo, es uno de los crímenes menos procesados. Es necesario que actuemos conjuntamente, y sé que muchos ganadores del Premio Sakharov ya lo están haciendo.

En lo relativo a la democracia, tenemos que garantizar que ésta se convierta en realidad para todos. Los gobiernos y las organizaciones internacionales deben apoyar a las personas valerosas y visionarias a las que hoy damos prueba de nuestro reconocimiento. ONU Mujeres aprecia y espera el compromiso continuo del Parlamento Europeo a favor de la igualdad de género, de los derechos humanos y de la democracia. Esperamos trabajar con todos los socios, incluyendo los ganadores del Premio Sakharov, en materia de igualdad de género, derechos humanos y democracia en el mundo.

Una vez más, felicitaciones en este día exitoso de la red Sakharov.