Día Mundial del SIDA

Declaración de la Directora Ejecutiva: Conocer el estado serológico respecto del VIH para tomar decisiones informadas

Declaración de la Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas y Directora Ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, con ocasión del Día Mundial de la Lucha contra el SIDA, 1 de diciembre

Fecha: viernes, 30 de noviembre de 2018

El Día Mundial de la Lucha contra el SIDA centra nuestra atención tanto en los logros alcanzados como en aquellas personas con necesidades todavía urgentes que se tienen que solucionar.

Si bien diversas estrategias eficaces han permitido reducir a la mitad las muertes relacionadas con el SIDA desde 2004 y aumentar el acceso al tratamiento para aquellas personas que viven con el VIH, todavía hay un segmento crucial de la población que no sabe cómo protegerse ante la infección. Los datos del ONUSIDA procedentes de 37 países reflejan que únicamente el 30 por ciento de las mujeres jóvenes y el 36 por ciento de los hombres jóvenes cuentan con conocimientos exhaustivos y adecuados sobre cómo prevenir la infección del VIH. Si se combina la falta de información y educación con la falta de poder a la hora de negociar relaciones sexuales más seguras, las consecuencias son desastrosas. Estas se reflejan en la proporción de nuevas infecciones de VIH entre mujeres jóvenes. Es imprescindible dar la vuelta a esta situación que sufren las mujeres jóvenes y sus comunidades.

Los efectos de la desigualdad son más evidentes cuando están en juego vidas de personas jóvenes. Uno de estos efectos es la elevada cifra de nuevas infecciones de VIH entre mujeres jóvenes de edades que oscilan de los 15 a los 24 años. Este grupo etario es sólo el 12 por ciento de la población mundial, pero representa cerca del 20 por ciento de nuevas infecciones de VIH, de las cuales la gran mayoría (80 por ciento) corresponde al África Subsahariana (ONUSIDA, 2018). Sencillamente, estas jóvenes no tienen los recursos para protegerse.

La falta de conocimiento sobre cómo prevenir la infección se une a otros aspectos de desigualdad, como, por ejemplo: la probabilidad de abandonar la escuela sin haber terminado la educación; contraer matrimonio a una edad temprana y asumir la responsabilidad de las tareas domésticas y de la familia; vivir en distintas situaciones de pobreza; y, como muchas jóvenes de todo el mundo, estar inmersas en relaciones donde el poder y el control es desigual.

Día a día, las mujeres jóvenes se enfrentan a obstáculos que les impiden obtener información sobre el VIH y cómo prevenirlo, así como acceder a servicios. No todas las personas reciben educación completa sobre sexualidad; existen limitaciones para las niñas a la hora de acceder a servicios de salud sexual y reproductiva, por ejemplo, la necesidad de contar con el permiso de la madre y el padre. Por otra parte, tampoco hay una gran disponibilidad de servicios sensibles al género y que tengan en cuenta a la población joven, ni espacios seguros o redes de pares donde las mujeres jóvenes puedan hablar de sus necesidades sanitarias.

Saber lo que es el VIH —incluido el estado serológico propio— es fundamental para tomar decisiones informadas. Para poner fin a una posible epidemia en el futuro necesitamos que todas las personas sean capaces de acceder a la realización de pruebas, prevenir nuevas infecciones, recibir tratamiento y adquirir las habilidades para negociar relaciones sexuales más seguras.

Asimismo, necesitamos que los gobiernos se comprometan firmemente a poner fin a la epidemia, priorizar las necesidades de las mujeres jóvenes en las políticas nacionales sobre el VIH y las medidas a nivel local, y respaldar a las mujeres y a las niñas para que se sientan seguras y con confianza para exigir que se atiendan sus necesidades relacionadas con el VIH y otros aspectos de la salud.